El lorazepam es una de las benzodiazepinas más utilizadas en España para el tratamiento sintomático de la ansiedad y del insomnio, y a su alrededor suelen aparecer dudas y temores, sobre todo por el riesgo de dependencia. Es el principio activo de medicamentos como Orfidal y actúa con rapidez sobre el sistema nervioso.
Su prescripción está indicada principalmente para estados de ansiedad intensa, severa o incapacitante, así como para el insomnio grave relacionado, siempre de forma temporal y a corto plazo. En esta página vemos qué es y cómo funciona, para qué se prescribe, cuáles son sus contraindicaciones y efectos adversos, por qué debe usarse solo durante periodos breves y de qué manera el apoyo farmacológico puede integrarse en el proceso psicoterapéutico..
De qué clase forma parte y con qué nombres se comercializa
El lorazepam pertenece a la clase de las benzodiazepinas y, más concretamente, al grupo de las de acción intermedia, una característica que se refiere a cuánto tiempo permanece activo el fármaco en el organismo después de tomarlo. Es uno de los ansiolíticos más prescritos en España, indicado clínicamente para el manejo temporal de cuadros de ansiedad severa e insomnio incapacitante.
El mismo principio activo se comercializa con nombres diferentes. En España la marca comercial más conocida es Orfidal, junto a varios genéricos (Lorazepam Normon, Cinfa o Kern, entre otros).
Independienteme de la marca o presentación comercial, el principio activo es el mismo. Las formulaciones disponibles varían según las necesidades clínicas e incluyen comprimidos, algunos bucodispersables (permiten una absorción rápida o facilitan la toma a personas con problemas de deglución), y la solución inyectable de uso hospitalario.
Cómo funciona y para qué se usa el lorazepam
El lorazepam actúa sobre el sistema nervioso central potenciando la actividad del GABA, el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro. El GABA actúa como un freno natural que reduce la excitabilidad de las neuronas, y el lorazepam potencia ese efecto, de modo que el sistema nervioso se vuelve menos reactivo a los estímulos que generan tensión.
Es importante aclarar que la ansiedad y el insomnio no dependen únicamente de la química cerebral, sino de una interacción de factores biológicos, psicológicos y del entorno. El lorazepam actúa modulando la respuesta neuroquímica, pero no resuelve las causas emocionales o situacionales que originan el malestar.
En la práctica, el lorazepam destaca por su rapidez de acción, ya que tras su administración por vía oral el efecto suele percibirse en 30-60 minutos.
Otro rasgo relevante es que no produce metabolitos activos, es decir, no se transforma en sustancias que sigan actuando tras su eliminación, lo cual reduce el riesgo de acumulación. Aun así, tener un menor riesgo de acumulación no significa que no pueda generar adicción: el riesgo de dependencia no depende únicamente del tiempo que el fármaco permanezca en el cuerpo, sino principalmente de la dosis, la duración del tratamiento y la vulnerabilidad de cada persona.
De acuerdo con la AEMPS, su uso está indicado exclusivamente para el tratamiento a corto plazo de los estados de ansiedad y la tensión intensos, cuando limitan la actividad de la persona o le causan un malestar importante, incluida la ansiedad asociada a la depresión, y al insomnio relacionado con la ansiedad. En el ámbito hospitalario, también se utiliza como medicación previa a intervenciones médicas o quirúrgicas para reducir la ansiedad puntual (preanestesia).
Al tratarse de una acción sintomática, el lorazepam alivia los síntomas pero no resuelve las causas subyacentes de la ansiedad, por lo que las guías recomiendan un uso a corto plazo, generalmente no superior a 8-12 semanas, incluyendo el periodo de retirada gradual.
En la población infantil y adolescente, su uso es muy excepcional y requiere una valoración rigurosa por parte de un especialista, ya que la AEMPS no recomienda su uso en menores de 12 años para tratar la ansiedad o el insomnio. En todos los casos es el médico quien determina la duración y la dosis, guiándose estrictamente por el principio de emplear la menor dosis eficaz durante el menor tiempo posible.

Contraindicaciones, advertencias y precauciones
El lorazepam no es adecuado para todo el mundo, y hay situaciones en las que está contraindicado o exige especial atención.
Las contraindicaciones absolutas afectan a quien:
- tiene alergia conocida al lorazepam o a otras benzodiazepinas,
- padece miastenia gravis, una enfermedad neuromuscular que causa debilidad,
- presenta insuficiencia respiratoria grave,
- tiene una insuficiencia hepática grave,
- sufre síndrome de apnea del sueño.
Asimismo, la combinación con otros medicamentos que deprimen el sistema nervioso central , especialmente los analgésicos opioides o sedantes, constituye una interacción de alto riesgo. Esta asociación puede multiplicar el riesgo de sedación profunda o depresión respiratoria, por lo que solo debe realizarse si un médico lo evalúa indispensable y bajo una supervisión muy estrecha.
En el embarazo el lorazepam no debe usarse, sobre todo en el primer trimestre, y durante la lactancia se desaconseja porque pasa a la leche materna, así que cualquier decisión debe tomarse con el médico.
Como puede provocar somnolencia, sedación y menor coordinación, es importante evitar conducir o manejar maquinaria durante el tratamiento.
Las personas mayores son más sensibles, con mayor riesgo de caídas, y suelen usar dosis más bajas, por lo que conviene mantener un seguimiento junto con el médico. En caso de padecer una reducción en la función del hígado o de los riñones, la eliminación del medicamento del organismo se ralentiza, por lo que el médico deberá ajustar la pauta posológica para prevenir acumulaciones indeseadas y reducir el riesgo de toxicidad.
El consumo de alcohol debe evitarse por completo durante todo el tratamiento porque la combinación potencia los efectos depresores sobre el sistema nervioso central, lo que aumenta de forma muy significativa el riesgo de sedación profunda, pérdida de reflejos, depresión respiratoria y accidentes graves. Quien tiene una historia de dependencia de sustancias o del alcohol puede estar más expuesto al riesgo de dependencia y requiere un seguimiento estrecho.
Es importante aclarar que el lorazepam no es un antidepresivo y no está indicado para tratar la depresión de fondo. Las guías clínicas advierten de que el uso aislado de benzodiazepinas en cuadros depresivos puede enmascarar o agravar los síntomas. Por ello, si existe un trastorno depresivo de base, el lorazepam únicamente puede utilizarse como apoyo puntual para la ansiedad o el insomnio asociados, debiendo acompañarse siempre del tratamiento psicológico o farmacológico específico para la depresión.
Efectos secundarios
Como todos los medicamentos, el lorazepam puede causar efectos adversos, aunque no todas las personas los manifiestan. Se distinguen según la frecuencia con la que aparecen.
- Muy frecuentes (más de 1 de cada 10 personas): somnolencia, sedación y fatiga.
- Frecuentes (hasta 1 de cada 10): mareos y vértigo, debilidad muscular, inestabilidad, confusión y menor coordinación.
- Poco frecuentes: cambios en el estado de ánimo e irritabilidad, variaciones del deseo sexual, náuseas y visión borrosa.
- Raros: reacciones paradójicas (agitación, agresividad o alucinaciones, más frecuentes en personas mayores y niños), reacciones alérgicas graves y amnesia anterógrada, es decir, la dificultad para formar nuevos recuerdos.
Muchos de estos efectos tienden a atenuarse en las primeras semanas. Si estos síntomas persisten, causan malestar o dificultan el día a día, es aconsejable consultar con el médico para reevaluar el tratamiento o ajustar la pauta, sin esperar a la siguiente consulta.
El riesgo de dependencia es uno de los aspectos más relevantes y afecta a todas las benzodiazepinas como grupo farmacológico. El lorazepam puede generar dependencia física y psicológica, sobre todo con un uso prolongado o a dosis altas.
Con el tiempo también puede desarrollarse tolerancia, un proceso por el cual el organismo se adapta al medicamento y la dosis habitual produce un efecto menor que al inicio del tratamiento. Si notas ese cambio, coméntalo con el médico y no modifiques la dosis por tu cuenta.
La finalización del tratamiento nunca debe realizarse por cuenta propia, sino mediante un plan de retirada progresivo diseñado y supervisado por el médico. Interrumpir el lorazepam de forma brusca puede desencadenar un síndrome de abstinencia, con síntomas como ansiedad, insomnio, temblores e irritabilidad, y en los casos más graves convulsiones.
Junto al síndrome de abstinencia, puede aparecer el denominado "efecto rebote": un fenómeno temporal por el cual los síntomas originales (como la ansiedad o el insomnio) reaparecen con una intensidad superior a la inicial tras retirar el fármaco. Es importante comprender que el efecto rebote suele ser transitorio y no implica un empeoramiento definitivo. De esta manera, una retirada gradual es esencial, reduciendo las dosis de forma progresiva según un plan acordado con el médico.
Interacciones con otros medicamentos y sobredosis
Antes de empezar el tratamiento con lorazepam es importante informar al médico o al farmacéutico de todos los medicamentos o cualquier otra sustancia que se toma, incluidos complementos, productos de herbolario y medicamentos sin receta.
Como todas las benzodiazepinas, el lorazepam puede interactuar con numerosas sustancias, y algunas combinaciones exigen ajustar la dosis o revisar el tratamiento. Las interacciones principales incluyen:
- Otros depresores del sistema nervioso central, como antipsicóticos, antidepresivos, hipnóticos, sedantes y barbitúricos, que potencian la sedación y el riesgo de depresión respiratoria.
- Opioides (como morfina, tramadol o codeína), con posible somnolencia intensa, depresión respiratoria y, en los casos graves, coma.
- Antiepilépticos como el valproato, que puede reducir el metabolismo del lorazepam, por lo que a veces se baja la dosis.
- Anestésicos generales y antihistamínicos sedantes, que amplifican los efectos sedantes.
- Inhibidores de las enzimas hepáticas y el probenecid, que aumentan los niveles de lorazepam en sangre.
- Alcohol, que potencia la depresión del sistema nervioso central.
La evaluación de estas interacciones y la decisión de combinar medicamentos corresponde exclusivamente al profesional médico, que valorará la relación entre los beneficios y los posibles riesgos para cada persona en concreto.
La sobredosis requiere atención médica inmediata. Los síntomas pueden incluir:
- somnolencia muy intensa y difícil de contrarrestar,
- confusión y desorientación,
- ataxia, es decir, dificultad para coordinar los movimientos,
- reducción del tono muscular y descenso de la presión arterial,
- depresión respiratoria, con respiración lenta y superficial,
- en los casos más graves, pérdida de conciencia.
Si sospechas una sobredosis, en ti o en otra persona, llama de inmediato al 112 o acude al servicio de Urgencias sin esperar a que los síntomas empeoren.

Lorazepam y psicoterapia: dos herramientas en el proceso de cuidado
El tratamiento farmacológico y la psicoterapia actúan en niveles distintos y pueden complementarse en fases específicas del proceso clínico. Por un lado, el lorazepam ofrece un alivio sintomático y temporal de los síntomas agudos, como la ansiedad intensa o la dificultad para dormir, y crea una ventana de respiro en la que el cuerpo está menos en alerta.
Por otro lado, especialmente enfoques con amplia evidencia científica como la terapia cognitivo-conductual, aborda las causas del problema, ayudando a identificar los patrones de pensamiento y conducta que mantienen la ansiedad y a desarrollar herramientas psicológicas duraderas para gestionarla.
Si ya tomas lorazepam, un proceso terapéutico puede acompañarte a explorar las causas del malestar y, con el tiempo, hacer menos necesario el apoyo farmacológico, siempre con una reducción gradual pautada por el médico.
En una fase aguda durante la terapia, la valoración de un apoyo farmacológico temporal es una decisión que debe ser consultada, evaluada y pautada por un médico.
Con el cuestionario de Unobravo puedes encontrar un psicólogo o una psicóloga que se adapte a tus necesidades y valorar juntos qué tipo de apoyo se ajusta mejor a tu situación.



