“Gran parte de nuestro estrés y de nuestra ansiedad provienen de la desconexión de nuestro cuerpo. Cuanto más nos arraigamos en el cuerpo, menos estrés y ansiedad sentiremos.” —Scott Jeffrey
A través del grounding, tomamos conciencia de nuestra posición, sabemos dónde estamos y quiénes somos. De este modo, podemos sentirnos:
- más conscientes de nosotros mismos,
- más capaces de expresarnos,
- más dueños de nosotros mismos.
Ejercicios prácticos de grounding
Los ejercicios de grounding o enraizamiento son una vía para conectar con el cuerpo, con las sensaciones y las emociones. Dedicar unos minutos por la mañana a percibir de verdad los pies, la respiración y reconectar con nosotros mismos puede ser un buen paso hacia el bienestar físico, emocional y mental.
En particular, en situaciones de ansiedad y estrés, el trabajo corporal ayuda a recuperar energía, aumentar la conciencia del cuerpo, aliviar las tensiones musculares y liberar el estrés acumulado. De hecho, grounding significa conectarse al suelo, y los ejercicios tienen que ver justo con esto, tanto en sentido literal como figurado.
Ejercicio 1: aquí y ahora
- Tómate un momento solo para ti; busca un lugar, en casa o al aire libre, donde nadie te moleste y donde puedas dedicarte la atención que mereces.
- Descalzo, con los pies paralelos y separados al ancho de la cadera, las puntas ligeramente hacia dentro y las rodillas flexionadas y relajadas.
- Pon la mano izquierda sobre el corazón y la derecha sobre el vientre, justo debajo del ombligo.
- Cierra los ojos y empieza a respirar con naturalidad, escucha tu respiración. ¿La notas? ¿En qué zona del cuerpo? Usa las manos para encontrarla. Después, vuelve a abrir los ojos.
- Lleva ahora tu atención a las piernas y los pies. Concéntrate en cómo la planta de los pies se apoya en el suelo.
- Intenta percibir el peso del cuerpo sobre las piernas y los pies, hasta el suelo.
- Imagina que de tus pies salen raíces que descienden hacia la tierra. Percibe cómo esas raíces te hacen sentir, poco a poco, con más firmeza y arraigo en el suelo.
- Ahora, con cada inspiración, baja poco a poco, flexiona las rodillas y cierra los ojos, como si entraras dentro de ti; con cada espiración, sube sin llegar a estirar del todo las rodillas y vuelve a abrir los ojos, como si retomaras el contacto con lo que hay fuera de ti. Inspira y espira siempre y solo por la boca; déjala abierta y, en la medida de lo posible, con la mandíbula relajada.
- Repite poco a poco hasta que sientas la respiración más profunda y relajada, y los pies más anclados al suelo.
- Vuelve a cerrar los ojos y escucha ahora tu cuerpo y tu respiración. Fíjate en si hay una palabra o una sensación que describa tu estado en el aquí y ahora.
Ejercicio 2: vibración
Retoma los puntos 1, 2 y 3 del ejercicio anterior y luego continúa:
- Flexiona el tronco hacia delante muy poco a poco, hasta tocar el suelo con los dedos de las manos.
- Siente el peso del cuerpo solo en las piernas y los pies; las manos rozan el suelo, pero no descargas ningún peso en los brazos ni en las manos.
- Deja caer la cabeza todo lo posible y respira con la boca abierta, con libertad y a fondo.
- Poco a poco, lleva el peso a la parte delantera de los pies y estira las rodillas (sin llegar a extenderlas del todo); después, vuelve a flexionarlas al bajar. Acompaña este movimiento con la respiración: inspira cuando flexionas las rodillas y espira cuando estiras las piernas.
- Observa si retienes la respiración o si fluye con libertad, y las sensaciones de tus pies y tus piernas.
- ¿Notas una vibración en las piernas? Si no es así, prueba a flexionar las rodillas más despacio y luego estíralas. Repite varias veces.
- Cuando sientas que es suficiente, coloca las manos detrás de la nuca y sube poco a poco hasta la posición erguida. Es importante subir con mucha suavidad y desenrolla la espalda vértebra a vértebra, con las piernas arraigadas y las rodillas flexionadas: la última parte del cuerpo que sube es la cabeza. Fíjate si hay una palabra o una sensación que describa tu estado en el aquí y ahora.

Ejercicios de grounding con la respiración
La respiración consciente es una de las herramientas más sencillas y eficaces para arraigarse en el presente, ya que ofrece un ancla inmediata en las situaciones de estrés. Un ejercicio de grounding que muchas personas encuentran útil consiste en llevar la atención a la respiración, sin modificarla, simplemente observar el aire que entra y sale del cuerpo.
En apoyo de la eficacia de estas prácticas, se ha demostrado de forma experimental que una hora de ejercicios de grounding mejora el estado de ánimo de manera estadísticamente significativa (Chevalier, 2015).
Para que el ejercicio sea aún más eficaz, a algunas personas les resulta útil la respiración diafragmática:
- sentarte o tumbarte en una posición cómoda, con una mano sobre el pecho y otra sobre el vientre;
- inspira poco a poco por la nariz y nota cómo el vientre se eleva bajo la mano;
- espira por la boca y deja que el vientre descienda;
- continua unos minutos y concéntrate en las sensaciones físicas de la respiración.
Esta práctica puede ayudar a calmar el sistema nervioso y a devolver la mente al momento presente, lo que favorece una sensación de arraigo y seguridad.
Ejercicios de grounding basados en los cinco sentidos
Además de los ejercicios corporales, existen técnicas de grounding que implican los cinco sentidos. Estos ejercicios pueden resultar especialmente útiles cuando necesitas devolver la atención al presente con rapidez, por ejemplo, durante un ataque de ansiedad o en situaciones de mucho estrés.
Un ejercicio muy extendido es el llamado “5-4-3-2-1”:
- 5 cosas que ves: mira a tu alrededor y nombra cinco objetos o detalles que percibas en el entorno.
- 4 cosas que oyes: concéntrate en los sonidos que percibes, cercanos y lejanos.
- 3 cosas que tocas: lleva la atención a las sensaciones táctiles, como la silla en la que te sientas o el roce de la ropa sobre la piel.
- 2 cosas que hueles: busca dos olores en el aire, aunque sean muy leves.
- 1 cosa que saboreas: fíjate en el sabor que tienes en la boca o prueba algo pequeño, como un caramelo.
Esta técnica puede ayudar a interrumpir el flujo de los pensamientos que generan ansiedad y a arraigarte en el aquí y ahora; aprovecha la fuerza de los sentidos para recuperar estabilidad.
Cómo integrar el grounding en tu rutina diaria
Para obtener beneficios duraderos de los ejercicios de grounding, puede ser útil incorporarlos a tu rutina diaria. Estos son algunos consejos prácticos:
- Establece un momento fijo: dedicar aunque sea cinco minutos al día a un ejercicio de grounding puede aportar beneficios a largo plazo.
- Aprovecha las pausas: a lo largo del día, puedes servirte de pequeñas pausas para respirar hondo, sentir los pies en el suelo u observar lo que te rodea.
- Crea recordatorios: un objeto simbólico, como una piedra o una pulsera, puede recordarte que te arraigues en los momentos de estrés.
- Registra tus progresos: llevar un diario de las sensaciones antes y después de los ejercicios y anotar los cambios en el nivel de ansiedad, tensión o bienestar puede ser útil.
Con el paso del tiempo, el grounding puede convertirse en un recurso valioso para afrontar los retos diarios con mayor equilibrio y presencia.

Estrategias de grounding adaptables a distintos contextos
Los ejercicios de grounding pueden adaptarse a distintos entornos y situaciones, lo que los hace accesibles incluso cuando no dispones de mucho tiempo o espacio.
- En casa: puedes dedicar unos minutos a ejercicios de respiración, visualizaciones guiadas o prácticas corporales como las descritas antes.
- En la naturaleza: caminar descalzo sobre la hierba, la arena o la tierra puede ser una forma eficaz de sentir arraigo. Incluso apoyar las manos en un árbol o sentarte en contacto con el suelo puede favorecer el grounding.
- En el trabajo o en lugares públicos: ejercicios como la respiración consciente, el contacto con un objeto (por ejemplo, una piedra lisa o una pulsera) o la técnica de los cinco sentidos pueden practicarse sin llamar la atención.
- En momentos de crisis: si aparece mucha ansiedad o pánico, concentrarte en sensaciones físicas simples (como el contacto de los pies con el suelo) puede ayudar a recuperar estabilidad.
Probar distintas estrategias permite encontrar las que mejor se adaptan a tus necesidades y a tu estilo de vida.
Cuándo practicar los ejercicios de grounding
Los ejercicios de grounding pueden practicarse en distintos momentos del día y en múltiples contextos. Estas son algunas situaciones en las que pueden resultar especialmente útiles:
- Al despertar: empezar el día con un ejercicio de arraigo puede ayudarte a comenzar con más energía y presencia.
- En momentos de ansiedad o estrés: cuando notas síntomas como respiración entrecortada, pulso acelerado o confusión mental, el grounding puede ayudarte a recuperar la calma y la lucidez.
- Antes de afrontar situaciones exigentes: una entrevista de trabajo, un examen o una presentación pueden generar tensión; arraigarte en el cuerpo puede ayudarte a manejar mejor las emociones.
- Después de un día intenso: practicar ejercicios de grounding por la noche puede favorecer la relajación y la recuperación de energías.
- Ante síntomas de disociación: si percibes una sensación de “desconexión” de la realidad o de tu cuerpo, el grounding puede ayudarte a recuperar estabilidad.
No existe un momento adecuado ni equivocado: lo importante es escuchar tus necesidades y concederte unos minutos para reconectar contigo.
Beneficios de los ejercicios de grounding
Los ejercicios de grounding pueden ofrecer numerosos beneficios, tanto a nivel físico como psicológico. Practicarlos con regularidad puede ayudarte a:
- Reducir la ansiedad y el estrés: al llevar la atención al cuerpo y al momento presente, puedes interrumpir el ciclo de los pensamientos que generan ansiedad y favorecer la relajación.
- Gestionar la disociación: en situaciones de mucho estrés o trauma, algunas personas pueden sentirse desconectadas de su cuerpo. El grounding puede ayudar a recuperar un sentido de presencia y de unidad.
- Aumentar la conciencia corporal: aprender a percibir las sensaciones físicas permite reconocer pronto las señales de tensión o malestar.
- Mejorar la regulación emocional: sentir arraigo puede facilitar la gestión de las emociones intensas y favorecer respuestas más equilibradas.
- Favorecer la relajación muscular: muchos ejercicios de grounding pueden ayudar a aliviar las tensiones acumuladas, sobre todo en zonas como las piernas, los pies y la espalda.
Estos beneficios pueden hacer del grounding un recurso especialmente útil en momentos de crisis, durante los ataques de pánico o, simplemente, como herramienta de prevención y cuidado del bienestar diario.
Cuida de tu bienestar físico y emocional
Cuidar de tu bienestar y aprender a arraigarte en el cuerpo y en el presente puede ser un primer paso valioso para afrontar la ansiedad, el estrés y los retos de cada día.
Si sientes que necesitas profundizar en estas prácticas o buscas un acompañamiento personalizado para recuperar la estabilidad y el equilibrio emocional, empezar a hacer terapia puede ser de ayuda. En Unobravo puedes encontrar un psicólogo o una psicóloga online que se adapte a tus necesidades y te acompañe con empatía y profesionalidad.

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