¿Qué es el pánico? El término proviene del dios Pan, una divinidad de la mitología griega con aspecto de sátiro. Se dice que Pan asustaba a cualquiera que lo molestara durante su descanso emitiendo gritos terroríficos. De aquí provienen las expresiones “terror pánico” o “entrar en pánico”. Pero, ¿qué es un ataque de pánico?
El Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-5-TR) lo define como la aparición súbita de miedo intenso o de malestar intenso que alcanza su máxima expresión en minutos.
Para entender qué son los ataques de pánico y cómo se manifiestan, podemos pensar en el vértigo que sentimos en un parque de atracciones o en la sensación de mareo que sentíamos al hacer la voltereta cuando éramos pequeños. Estas mismas sensaciones se sienten antes de un ataque de pánico y, al aparecer fuera de contexto, se interpretan como una señal de peligro inminente para nuestra vida.
Cómo es un ataque de pánico y cómo podemos reconocerlo
El ataque de pánico o la crisis de pánico es una condición que se caracteriza por una ansiedad claramente intensa. Pero, ¿qué le sucede al cuerpo en un ataque de pánico que nos ayuda a reconocerlo? ¿Cómo se manifiestan los ataques de pánico?
Podemos reconocer una crisis de pánico por el hecho de que es un fenómeno con un principio y un final definidos, cuyos principales síntomas son: dificultad para respirar, taquicardia, sudoración y temblores. Estos síntomas, como un efecto dominó, se retroalimentan y van acompañados del miedo a perder el control, morir o enloquecer.
Quienes los experimentan suelen describirlos, especialmente las primeras veces, como experiencias terribles, repentinas y devastadoras. Son vivencias muy debilitantes incluso a nivel físico. Veamos algunas de sus características principales a continuación.
¿Cuánto dura un ataque de pánico?
En lo que respecta a cuánto puede durar un ataque de pánico, su duración no suele superar los 20-30 minutos. Este tiempo puede parecer mucho más largo para quienes viven el ataque de pánico en primera persona que para las personas que lo rodean.
En casos excepcionales, pueden entrar en juego factores externos que afecten a la duración del ataque de pánico y que obstaculicen su resolución espontánea. Nos encontramos ante un ataque de pánico prolongado cuando los síntomas se mantienen a causa de:
- la preocupación excesiva de los miembros de la familia o de las personas que rodean a quien sufre el ataque de pánico,
- la búsqueda espasmódica de intervención médica, que no está disponible de forma inmediata,
- los comportamientos inapropiados al intentar ayudar a la persona que está experimentando la crisis de pánico.
Respecto a la frecuencia de los ataques de pánico, la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) diferencia entre el trastorno de pánico moderado, cuando en un mes se producen al menos cuatro ataques de pánico, y el grave, cuando se producen al menos cuatro episodios de pánico en una semana.
¿Se puede tener un ataque de pánico durmiendo?
Algunas personas pueden despertarse repentinamente con síntomas de un ataque de pánico (con síntomas frecuentes como disnea y sudores nocturnos por ansiedad). Se estima que entre el 15 % y el 45 % de los pacientes presentan ataques de pánico nocturnos, que se producen sobre todo durante el sueño no REM y cuando están a punto de despertarse.

¿Qué pasa después de un ataque de pánico?
Con frecuencia la persona siente somnolencia, desconcierto y falta de energía. Después de un ataque de pánico se puede experimentar una tensión constante, relacionada con la fuerte preocupación de que el pánico vuelva a producirse.
Mediante el proceso de racionalización, puede que la persona, tras los primeros ataques de pánico, generalice la experiencia y evite situaciones similares o potencialmente ansiógenas, al percibirlas como desencadenantes de la crisis de pánico. Esto puede dar lugar, por ejemplo, a un miedo a las multitudes, sobre todo si los primeros ataques de pánico se producen en lugares concurridos. La conducta de evitación puede ser el camino directo hacia la agorafobia o la claustrofobia.
Diferencia entre ataque de pánico y de ansiedad
¿Cómo podemos saber si se trata de un ataque de pánico o de ansiedad? La crisis de ansiedad conlleva síntomas físicos persistentes, que van aumentando en intensidad y se activan con disparadores específicos. Se perciben síntomas como:
- fatiga,
- problemas de sueño,
- ritmo cardíaco acelerado,
- tensión muscular.
Por el contrario, el ataque de pánico irrumpe sin avisar y tiene síntomas físicos extremadamente intrusivos:
- sudoración,
- temblores,
- dificultad para respirar,
- dolor en el pecho por ansiedad.
Todos estos síntomas físicos activan un intenso miedo a morir, a enloquecer y a perder el control.
Ataque de pánico y trastorno de pánico
Cuando dichos ataques se presentan con frecuencia y a poca distancia unos de otros, la psicología los define como “trastornos de pánico” y los incluye dentro del capítulo dedicado a los trastornos de ansiedad (DSM-5-TR).
Según el DSM-5-TR, el trastorno de pánico se puede diagnosticar cuando los ataques de pánico son repentinos y continuos y van acompañados de ansiedad anticipatoria y evitación de las situaciones en las que se ha desencadenado el pánico con anterioridad, lo que compromete de forma significativa la vida de la persona.
Por supuesto, el trastorno de pánico es diagnosticable cuando estos síntomas no se explican por otra afección médica o por la ingesta de sustancias. El abuso de sustancias es frecuente en personas con trastornos de ansiedad, por lo que su tratamiento debe considerarse parte del manejo integral del trastorno de pánico (Torpy et al., 2011).
Aunque los ataques de pánico son típicos del trastorno de pánico, también podemos encontrarlos en muchos otros trastornos mentales. De hecho, el DSM-5-TR considera el ataque de pánico como un “especificador” que puede acompañar a otros diagnósticos como:
- el trastorno de ansiedad social,
- el trastorno de ansiedad generalizada,
- las fobias,
- el trastorno de estrés postraumático,
- los trastornos de la personalidad,
- la adicción a sustancias.
Asimismo, es frecuente encontrarlos asociados a la depresión o al trastorno bipolar.
Ataque de pánico: síntomas
¿Cuáles son los síntomas de un ataque de pánico? Los síntomas físicos presentes en un ataque de pánico deben ser al menos cuatro de los que se incluyen a continuación. Estos pueden ser los 13 síntomas de un ataque de pánico:
- palpitaciones y taquicardias por ansiedad,
- sudoración,
- desde temblores hasta grandes sacudidas,
- disnea, sensación de ahogo,
- sensación de asfixia,
- dolor en el pecho,
- náuseas,
- sensación de inestabilidad y desequilibrio,
- desrealización, es decir, cuando la realidad externa parece extraña e irreal,
- despersonalización o tener la sensación de estar separado de nuestro propio cuerpo,
- miedo a perder el control, enloquecer o morir,
- parestesias, por ejemplo, sensación de entumecimiento u hormigueo,
- escalofríos o sofocos.
Además de estos síntomas, también pueden presentarse ocasionalmente acúfenos, punzadas de dolor muscular o distorsiones visuales como escotomas (manchas negras, coloreadas o brillantes que aparecen en el campo visual). Los síntomas de un ataque de pánico pueden presentarse sin un motivo aparente, de repente, o estar relacionados con lugares o situaciones específicas.
Los síntomas de los ataques de pánico no son iguales para todos, sino que podemos encontrar diferentes combinaciones. Algunas personas experimentan principalmente síntomas cardiovasculares (taquicardia, palpitaciones, dolor en el pecho), lo que les induce a pensar en un infarto. Otras tienen sobre todo síntomas de pánico pseudoneurológicos, como confusión mental, sensación de vértigo y mareo, ansiedad nerviosa y visión borrosa.
En cambio, otras personas presentan síntomas del ataque de pánico relacionados con el aparato respiratorio y experimentan dificultad para respirar (disnea) y asfixia. Al experimentar los síntomas respiratorios del ataque de pánico es habitual que la persona piense que no puede respirar o que está a punto de ahogarse.

Síntomas psicológicos de los ataques de pánico
Además de los síntomas físicos, los ataques de pánico pueden presentarse junto a síntomas psicológicos que, en muchas ocasiones, resultan igual de intensos y generan gran malestar. Estos síntomas pueden influir en la percepción, el pensamiento y las emociones de la persona durante el episodio.
- Miedo intenso e irracional: suele aparecer de manera repentina y puede estar relacionado con la sensación de perder el control, de volverse loco o de que algo grave pueda ocurrir.
- Sensación de irrealidad (desrealización): es posible que la persona sienta que el entorno le resulta extraño o que se percibe desconectada de la realidad.
- Sensación de desapego de uno mismo (despersonalización): a veces se experimenta la sensación de estar separado del propio cuerpo o de observarse desde fuera.
- Dificultad para concentrarse: durante el ataque, los pensamientos pueden volverse confusos o desorganizados, lo que puede dificultar tomar decisiones o comprender lo que está sucediendo.
- Miedo a perder el control: algunas personas sienten temor de hacer algo vergonzoso o peligroso durante el episodio, lo que puede aumentar la ansiedad.
Estos síntomas psicológicos pueden variar en intensidad y duración, y suelen contribuir a la sensación de amenaza inminente que acompaña a los ataques de pánico.
Ataques de pánico: causas desencadenantes
¿Qué provoca un ataque de pánico? En la etiopatogenia de los ataques de pánico, las causas psicológicas figuran entre las explicaciones más aceptadas científicamente y se refieren a interpretaciones catastróficas erróneas de sensaciones físicas o mentales.
Para explicar por qué se producen los ataques de pánico, el modelo etiológico con más autoridad en psicología es formulado por Clark en 1986. Según este investigador, el inicio del ataque de pánico se produce de forma aleatoria, cuando la persona centra su atención en sensaciones físicas desagradables que se interpretan como una señal de peligro inminente. Lo único que hace la preocupación por estos síntomas físicos es amplificarlos y dar lugar a lo que se conoce como el “círculo vicioso del pánico”.
Por eso, entre las causas de los ataques de pánico se encuentran una serie de factores psicológicos de vulnerabilidad individual, como un enfoque atencional orientado al cuerpo, en el que la persona presenta una atención selectiva hacia las sensaciones físicas y sus cambios. Además, la hipervigilancia, es decir, la creencia de que las sensaciones físicas son señales de peligro, puede llevar a que la persona esté excesivamente pendiente de ellas.
Otro factor relevante es la catastrofización, donde se magnifica el peligro asociado al ataque de pánico y se sobreestima tanto la probabilidad de que se produzca como las consecuencias; por ejemplo, si la persona teme desmayarse, considera esta eventualidad inaceptable y una fuente de vergüenza extrema.
Recientemente, se ha demostrado por primera vez que los ataques de pánico pueden ser predecibles mediante datos objetivos recogidos por dispositivos wearables de consumo (McGinnis et al., 2023), lo que abre nuevas posibilidades para la comprensión y el manejo preventivo de estos episodios.
Factores de riesgo de los ataques de pánico
Comprender los factores de riesgo de los ataques de pánico puede ser un primer paso importante para identificar posibles predisposiciones y así reducir la probabilidad de que ocurran. Según estudios clínicos y el DSM-5-TR, los ataques de pánico pueden estar relacionados con una combinación de factores genéticos, biológicos, psicológicos y ambientales.
- Predisposición genética: cuando familiares de primer grado han experimentado ataques de pánico o trastornos de ansiedad, existe una mayor probabilidad de que otras personas de la familia también los experimenten. Esto sugiere una cierta vulnerabilidad hereditaria.
- Factores biológicos: algunas alteraciones en la regulación de neurotransmisores como la serotonina y la noradrenalina pueden influir en la aparición de ataques de pánico. Además, una mayor sensibilidad a los cambios internos del cuerpo, como el ritmo cardíaco o la respiración, puede facilitar que se desencadenen episodios de pánico.
- Factores psicológicos: como ya hemos mencionado, interpretar las sensaciones físicas de manera catastrófica, tener tendencia al perfeccionismo o experimentar una baja tolerancia a la incertidumbre son elementos que pueden favorecer la aparición de ataques de pánico.
- Factores ambientales: vivir experiencias estresantes recientes, como la pérdida de un ser querido, cambios importantes en la vida o situaciones de abuso, puede actuar como desencadenante. El consumo de sustancias estimulantes, como la cafeína o algunas drogas, también puede aumentar el riesgo.
Reconocer estos factores no significa que una persona vaya a desarrollar necesariamente ataques de pánico, pero puede ayudar a comprender por qué algunas personas pueden ser más vulnerables que otras.
Cómo prevenir los ataques de pánico
Para evitar que se produzcan otros ataques de pánico tras el primer episodio, es importante informarse adecuadamente sobre qué es un ataque de pánico y cómo gestionarlo. Sufrir un ataque de pánico es una experiencia bastante común, que afecta en torno al 10 % de la población por lo que no necesariamente debe ser motivo de alarma.
Para prevenir la reaparición de los ataques de pánico puede ser útil ir al psicólogo, junto al cual se puede:
- entender mejor qué es el pánico y cómo se diferencia del trastorno de pánico,
- intervenir en la reducción de la ansiedad anticipatoria, en caso de presentarla,
- valorar la presencia de cambios en los hábitos o comportamientos de evitación de situaciones en las que se haya producido el ataque de pánico,
- hacer experimentos conductuales, como la exposición interoceptiva,
- aprender la respiración diafragmática.

Qué hacer ante un ataque de pánico
Preguntarnos “¿qué hacer cuando me dan ataques de pánico?” es totalmente normal. Pero, antes de nada, veamos cómo ayudar a una persona a controlar un ataque de pánico:
- Mantén la calma: las emociones pueden ser contagiosas. Una actitud calmada y relajada transmite el mensaje implícito de que todo va bien y que el ataque de pánico se puede gestionar.
- Ayúdala a ralentizar su respiración: una respiración superficial y entrecortada empeora los síntomas. Una de las técnicas para superar el ataque de pánico consiste en respirar contando en la mente 1001, 1002, 1003 mientras se inspira y 1004, 1005, 1006 mientras se expira.
- Aleja a las personas que se note que están angustiadas: los pensamientos catastróficos de la persona que vive el ataque de pánico pueden empeorar al ver a personas asustadas o aprensivas.
- Ayúdala a redirigir su atención: entre los remedios para los ataques de pánico, es útil guiar la atención de la persona lejos de las sensaciones físicas que provocan el pánico. Intenta distraerla con pequeñas peticiones coherentes con el contexto, por ejemplo, “¿Qué tal oyes? ¿Puedes oír el ruido de los coches que pasan?”.
Ante un ataque de pánico, algunos comportamientos pueden ser contraproducentes, como puede ser dejarse llevar por la preocupación. Si se trata de pánico y no de un infarto, ir a urgencias tampoco ayuda a combatir un ataque de pánico. En el hospital, es probable que a la persona con pánico que teme sufrir un infarto se le de prioridad roja y se le someta a una serie de exámenes para descartar problemas cardíacos, para luego terminar recibiendo un ansiolítico.
Todo esto contribuye a que la persona refuerce una serie de creencias erróneas e interiorice que:
- “si me han dado prioridad roja, tengo que ir al hospital cuando tengo estos síntomas”,
- “corría peligro, incluso los médicos pensaban que era un infarto”,
- “si no pido ayuda, no seré capaz de gestionar solo el ataque de pánico”,
- “los ansiolíticos me ayudan a superar el pánico”.
¿Los ataques de pánico se curan?
Los ataques de pánico tienen cura y existen diferentes tratamientos disponibles. Pero, ¿cómo se curan los ataques de pánico y a quién podemos consultar?
En Europa, para la cura de los ataques y el trastorno de pánico se toma como punto de referencia las directrices del NICE, según las cuales las intervenciones que han probado ser eficaces al mantener los resultados a lo largo del tiempo son, en orden descendiente, la terapia psicológica, el tratamiento farmacológico y la autoayuda.
En el caso de los ataques de pánico más graves, puede estar indicada la terapia secuencial, que incluye un tratamiento inicial con psicofármacos que se va suspendiendo gradualmente con el inicio de la terapia para ataques de pánico.
Terapia psicológica
El tratamiento psicoterapéutico de elección para los ataques de pánico es la terapia cognitivo-conductual (TCC). Este tipo de proceso terapéutico debe estar guiado por un psicólogo experimentado.
Un psicólogo o psicóloga puede trabajar con la persona para reconocer las situaciones en las que aparecen los ataques de pánico o las dinámicas que lo preceden, utilizando técnicas para recuperar el control de la mente y del cuerpo. Entre las técnicas principales que se utilizan en la terapia de los ataques de pánico encontramos:
- la exposición interoceptiva,
- la reestructuración cognitiva,
- la respiración diafragmática,
- la exposición directa a las situaciones en las que se manifiesta el pánico.
Tratamiento farmacológico
Los ataques de pánico también pueden curarse con fármacos, pero se trata de una intervención de segundo orden. La terapia psicológica es el tratamiento que presenta menos probabilidad de recaída a largo plazo.
Los fármacos de primera elección son los antidepresivos ISRS, mientras que las directrices no recomiendan los ansiolíticos como la benzodiacepina. Aunque la idea de que los ataques de pánico pueden curarse con ansiolíticos está muy extendida, estos, en presencia de una comorbilidad con la depresión, podrían llegar incluso a agudizar los síntomas. De modo que es importante recordar que el tratamiento farmacológico siempre se debe seguir bajo estricta supervisión y prescripción del psiquiatra.

Cuándo es recomendable buscar ayuda médica y considerar un diagnóstico diferencial
Es fundamental reconocer cuándo puede ser útil buscar apoyo médico ante los ataques de pánico. Si los episodios ocurren con frecuencia, tienen una intensidad significativa o afectan la vida diaria, suele ser recomendable consultar con un profesional de la salud mental. Además, cuando los síntomas físicos son muy intensos (por ejemplo, dolor en el pecho, dificultad marcada para respirar o desmayos), es importante descartar otras posibles causas médicas, como afecciones cardíacas o respiratorias.
El diagnóstico diferencial resulta esencial porque los síntomas de un ataque de pánico pueden parecerse a los de otras condiciones de salud, como:
- Enfermedades cardíacas: el dolor en el pecho y las palpitaciones pueden asemejarse a los síntomas de un infarto.
- Trastornos respiratorios: la dificultad para respirar puede parecerse a un episodio de asma.
- Problemas neurológicos: el mareo o la sensación de despersonalización pueden recordar a una crisis epiléptica o a una migraña.
Por este motivo, un diagnóstico preciso realizado por una persona profesional es clave para recibir un tratamiento adecuado y reducir el riesgo de complicaciones. Según el DSM-5 (Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales), para diagnosticar un ataque de pánico es necesario descartar otras causas médicas y confirmar que los síntomas no se relacionan con el consumo de sustancias u otras enfermedades.
Autoayuda para los ataques de pánico
Las personas que sufren de ataques de pánico pueden curarse solas, pero esta opción no siempre es recomendable. Aunque existen, las pruebas de la eficacia del autotratamiento son poco sólidas o limitadas.
Comprar manuales de autoayuda y realizar ejercicios de autotratamiento para los ataques de pánico o participar en grupos de apoyo es posible, pero el riesgo de que resulte contraproducente es alto. Por eso, incluso si se opta por este tipo de solución, recomendamos encarecidamente contar con la orientación de un profesional experto al que poder pedir ayuda y asesoramiento de forma periódica.
Consecuencias a largo plazo de los ataques de pánico no tratados
Cuando los ataques de pánico no reciben un tratamiento adecuado, pueden influir de manera importante en la calidad de vida de la persona. Entre las complicaciones más habituales se encuentran: el desarrollo de trastornos de ansiedad asociados, ya que la presencia recurrente de ataques de pánico puede favorecer la aparición de trastorno de pánico, agorafobia u otros trastornos de ansiedad.
Además, los ataques de pánico frecuentes pueden evolucionar a un trastorno de pánico que se asocia con agorafobia, deterioro del funcionamiento psíquico y social, mayor prevalencia de abuso de alcohol, depresión y, especialmente, intentos suicidas (Stäubli, 1993).
También pueden presentarse conductas de evitación, donde la persona intenta prevenir nuevas crisis evitando lugares, situaciones o actividades que relaciona con el pánico, lo que puede limitar su vida social, laboral y familiar.
El aislamiento social es otra complicación frecuente, ya que el temor a experimentar un ataque de pánico en público puede llevar a un aislamiento progresivo y a la pérdida de vínculos significativos. Asimismo, pueden surgir dificultades en la autoestima y la autoconfianza, pues la sensación de no poder manejar los síntomas influye negativamente en la percepción que la persona tiene de sí misma.
Existe, además, un riesgo de uso problemático de sustancias, dado que algunas personas pueden recurrir al alcohol, ansiolíticos u otras sustancias para intentar aliviar los síntomas, lo que puede favorecer la aparición de dependencia.
Finalmente, el impacto en la salud física también es relevante, ya que el estrés mantenido asociado a los ataques de pánico puede contribuir al desarrollo de dificultades cardiovasculares, digestivas o del sueño. Por este motivo, resulta fundamental buscar apoyo profesional ante la presencia de ataques de pánico recurrentes, para reducir el riesgo de que estas complicaciones se mantengan y puedan afectar al bienestar a largo plazo.
Si sientes que los ataques de pánico están afectando tu bienestar o el de alguien cercano, en Unobravo puedes encontrar el apoyo que necesites. Puedes dar el primer paso rellenando nuestro cuestionario para encontrar un psicólogo o psicóloga online que se adapte a tus necesidades y objetivos.

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