Aunque el modelo familiar ha cambiado enormemente, al pasar de la rigidez normativa a una flexibilidad afectiva a menudo excesiva, el tema de la infalibilidad parental parece mantener su vigencia. Antes, la palabra del padre o la madre era indiscutible por ley, por respeto institucional. No se podía cuestionar la autoridad parental, sobre todo la paterna.
Aunque la sociedad del castigo, de la culpa y de la autoridad ha dado paso a una mayor comprensión y cercanía emocional, aunque aparente, es casi un tabú la posibilidad de reconocer sus errores delante de los hijos. Vamos a explorar este cambio social y el impacto que, desde un punto de vista psicológico, puede tener el padre o la madre infalible.
Un nuevo modelo de familia
Pedagogos (Novara, 2026), psicoanalistas (Recalcati, 2017) y psiquiatras (Crepet, 2022) señalan últimamente lo que para la psicología sistémica se conoce desde hace tiempo (Gambini, 2007). La familia ha cambiado de rumbo, de puntos de referencia, de normas y de valores.
En la familia contemporánea se observa un desplazamiento desde estilos de crianza más autoritarios, centrados en la norma y el castigo, hacia estilos que valoran más el afecto, el diálogo y la comprensión emocional. La evidencia sugiere que cuando estos elementos afectivos se combinan con límites claros (estilo autoritativo), son protectores para el desarrollo de niños y adolescentes; sin embargo, distintos autores han advertido del riesgo de que el cuidado afectivo se desvirtúe en formas de narcisismo parental, en las que el éxito del hijo se convierte en un “trofeo” y la relación se organiza alrededor del rendimiento, la presión y el uso del logro del niño como prueba del valor de los padres como “buen padre” o “buena madre”.
La transición ha provocado un acortamiento de la distancia entre los roles que, a menudo, puede generar confusión. Padres y madres que se reducen al papel de amigos y confidentes y lo consideran un éxito, un logro de su habilidad para penetrar las defensas adolescentes.
No es casual, quizá, que los profesionales observen un aumento de los trastornos de la personalidad. La sociedad del pasado podía generar sentimientos de culpa y neurosis ligadas a la interiorización de figuras parentales intransigentes (el célebre superyó de la teoría freudiana).
Hoy es mucho más común que el hijo se vea cargado de corrientes afectivas que lo transforman en extensión del sí-mismo parental: el niño funciona como objeto sobre el que los padres buscan confirmaciones de su valor. Esta dinámica favorece la formación de un “falso self” o máscara identitaria, descrita por Winnicott, mediante la cual el hijo se adapta a las expectativas parentales para ser querido y reconocido, a costa de perder contacto con su sí mismo o self.

Las ventajas de este nuevo modelo de familia corren el riesgo de quedar anuladas por sus aspectos críticos:
- Ventajas: diálogo, comprensión emocional, expresión afectiva, contención y flexibilidad.
- Aspectos críticos: una excesiva inversión narcisista en los hijos, que se convierten en criaturas a las que proteger, resguardar y llevar a un éxito indiscutible, lo que genera presiones enormes y estructuras extremadamente frágiles, incapaces de enfrentarse a la frustración, el error y la imperfección.
Cambia el modelo familiar, pero el padre o la madre es aún infalible
En este cambio de paradigma, parece que la infalibilidad parental ha permanecido como una constante. Hay, sin embargo, algunas diferencias:
- Modelo basado en la norma, la autoridad y el código paterno: el padre o la madre es infalible por estatus, por rol. Se erige en portavoz de una verdad indiscutible, bajo pena de castigo.
- Modelo basado en el empalago (distinto del afecto) y en la inversión narcisista del hijo como prolongación del yo: el padre o la madre es infalible porque está inmerso en su lucha personal por la perfección y por mantener su ideal de perfección.
¿Cuáles son los efectos psicológicos de la infalibilidad parental?
Ambos modelos tienen un impacto psicológico en la trayectoria evolutiva de los hijos.
- Modelo basado en la norma, la autoridad y el código paterno: se interioriza un severo juez interno que produce sentimiento de culpa cada vez que se infringe una norma o un valor de referencia. Se trata de una mirada interna que es expresión del ojo infalible del padre o la madre.
- Modelo basado en el empalago y en la inversión narcisista del hijo como prolongación del yo: el elemento clave es la presión que se genera sobre el hijo, que se convierte en el receptáculo de la inversión, de la expectativa y, en algunos casos, de las frustraciones y decepciones de los padres.
Son padres y madres que no se cuestionan, que están ocupados en generar un ser perfecto que confirme su valía. No hay verdadero diálogo y la presión recae por completo sobre los hijos, que no pueden equivocarse.
El error no se ve como parte del proceso de aprendizaje, sino como prueba del fracaso y del fracaso del padre o la madre de quien se es extensión. La personalidad se estructura así en torno a un falso self (Winnicott, 1969), una identidad postiza que permite adherirse a la expectativa parental a cambio de una promesa de amor.
Sé infalible por mí y como yo, y todo irá bien. La ansiedad y la presión alimentan así la escuela, las relaciones, la universidad, el trabajo. La personalidad corre el riesgo de fragilizarse y emerge una sensibilidad extrema a la vergüenza.

Afecto, contención y diálogo: antídotos contra la infalibilidad
¿Cuáles pueden ser los modelos alternativos de crianza?
La dimensión de la familia afectiva, capaz de diálogo, escucha empática y contención (el límite de la norma permanece, pero se vuelve flexible, con autoridad moral y no autoritario), de expresión de necesidades y demandas, de admisión y reconocimiento de los errores como parte del proceso, puede considerarse una alternativa válida.
Si la autoridad, por un lado, y las necesidades narcisistas, por otro, impiden abordar el error, la autoridad moral se fortalece con la posibilidad de pedir perdón, de reconocer que se ha cometido un error.
“Perdona, he levantado la voz, estaba enfadado por…”.
Se trata de una comunicación potente porque permite decir, al mismo tiempo:
- que se puede hablar de las emociones,
- que se puede reflexionar sobre los estados internos, así como también nombrarlos y reconocerlos.
- que se puede llegar a una ruptura, al error, sin el peso dramático del fracaso, sino con la estrategia madura y responsable de intentar reparar.
Una admisión de este tipo no hace más frágil al padre o a la madre; al contrario, lo vuelve valiente y responsable a los ojos del hijo, que puede aprender así a gestionar experiencias incómodas.
Un proceso de apoyo psicológico o de apoyo a la crianza de los hijos puede ayudar a reflexionar sobre estas dimensiones para no confundir autoridad y autoridad moral, infalibilidad rígida y función de contención. Esta última promueve el pensamiento, la apertura, la generatividad y el crecimiento, a salvo de la ansiedad y de la exigencia de rendimiento.
Si sientes que estás preparado/a, recuerda que acudir a un psicólogo puede ser el primer paso para empezar a hacer terapia. Junto a Unobravo, tienes la oportunidad de iniciar el camino hacia la mejora de tu salud emocional y la de tu familia.




