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El sueño del bebé y el de sus padres

El sueño del bebé y el de sus padres
Gabriella Petrosino
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
19.8.2026
El sueño del bebé y el de sus padres
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  • El sueño del bebé es muy distinto del de los adultos: en los primeros meses duerme entre 14 y 17 horas repartidas en episodios cortos, con un ritmo de sueño-vigilia todavía irregular.
  • Los despertares nocturnos son fisiológicos y pueden mantenerse hasta los tres años; forman parte del desarrollo del sistema nervioso y no son un problema que haya que “corregir”.
  • El colecho no es un mal hábito ni fomenta la inseguridad: acoger el deseo de cercanía del bebé favorece su sentido de seguridad y su autonomía futura.
  • Para reducir el riesgo de SMSL conviene poner al bebé boca arriba, usar un colchón firme sin objetos blandos, evitar el sobrecalentamiento y compartir la habitación, no la cama.
  • No existen fórmulas universales: informarse sobre la fisiología del sueño y, cuando haga falta, buscar el acompañamiento de un psicólogo o una psicóloga ayuda a toda la familia a encontrar su equilibrio.

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Con la llegada de un bebé, los hábitos nocturnos de los padres experimentan cambios profundos: a menudo buscamos consuelo en los consejos de quienes ya han vivido esta experiencia o probamos métodos novedosos que prometen dormir al pequeño con facilidad.

Conviene saber que esta dificultad es de todo menos rara: hasta un 30 % de los niños entre los 6 meses y los 5 años presenta insomnio infantil (Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos del Sueño en la Infancia y Adolescencia, 2011), un dato que puede ayudar a las familias a sentirse menos solas ante estos retos cotidianos.

Los bebés no son todos iguales

El sueño de los niños suele considerarse por los adultos más como un problema que resolver que como una auténtica necesidad fisiológica del bebé. Sin embargo, es fundamental recordar que el sueño en los primeros meses de vida está profundamente influido por una multiplicidad de factores.

No solo los ritmos de los recién nacidos son completamente distintos de los de los padres, sino que también intervienen elementos constitucionales, relacionales, los estilos de crianza y los aspectos culturales y sociales —como la decisión de que el bebé duerma con los padres o por separado— que desempeñan un papel determinante en el desarrollo del sueño (Rapisardi, 2024).

Por este motivo, es fundamental conocer la fisiología del sueño de los bebés y comprender mejor sus manifestaciones, de modo que los padres puedan estar bien informados para elegir la forma de descanso familiar que mejor se adapte a ellos.

Fisiología del sueño en los bebés

Dormir ocupa alrededor de un tercio de nuestra vida. Según la edad, tendrá una duración diferente: los recién nacidos, de hecho, duermen de media 15-20 horas, mientras que una persona mayor duerme unas 5-6 horas. El sueño de los bebés, por tanto, es muy distinto del sueño de los adultos. Los recién nacidos presentan un ritmo de sueño-vigilia bastante irregular, porque todavía no siguen los ritmos circadianos de un adulto.

Además, hasta el tercer mes de vida, los pequeños no segregan de forma estable la melatonina, la hormona que permite a nuestro cuerpo reconocer y estabilizar los ritmos de luz y oscuridad. De ahí nace la afirmación de que el bebé “confunde el día con la noche”.

Kelly Sikkema - Unsplash

¿Cuántas horas duerme un bebé? Datos y variaciones fisiológicas

En los primeros meses de vida, el sueño del bebé se caracteriza por una gran variabilidad, tanto en la duración como en la distribución entre el día y la noche. Según las recomendaciones de la National Sleep Foundation, los bebés de entre 0 y 3 meses deberían dormir entre 14 y 17 horas a lo largo de las 24 horas, aunque algunos pueden llegar hasta las 18-19 horas.

Conviene recordar que:

  • El sueño se divide en varios episodios: los recién nacidos no duermen durante periodos largos y continuos, sino que alternan breves fases de sueño y vigilia a lo largo del día y la noche.
  • Los despertares nocturnos son fisiológicos: es esperable que el bebé se despierte varias veces por la noche para alimentarse y recibir cuidados, y muchos recién nacidos presentan al menos 2–3 despertares nocturnos en los primeros meses. (National Sleep Foundation 2015).
  • La duración del sueño disminuye de forma gradual: a medida que el sistema nervioso madura y se consolida el sueño nocturno, la media de horas de sueño en 24 horas se reduce. Hacia los 4–12 meses, las recomendaciones de la American Academy of Sleep Medicine sitúan el total de sueño entre las 12 y las 16 horas (incluyendo las siestas).

Estas variaciones son del todo naturales y reflejan las necesidades de crecimiento y desarrollo del sistema nervioso del bebé.

El ciclo del sueño en el bebé

El ciclo de sueño de un bebé es más corto que el de los adultos: dura unos 50 minutos, frente a los 90-120 minutos de los adultos, y los momentos de paso de la fase de sueño tranquilo y profundo (no REM) a la de sueño ligero y con intensa actividad cerebral (REM) son muy frecuentes.

Mientras que los adultos han aprendido a ignorar este breve despertar, los bebés se despiertan con más facilidad y necesitan más tiempo para volver a dormirse.

Sueño REM y NREM en el bebé

Al nacer, el porcentaje de sueño REM y NREM es casi equivalente, pero muy rápidamente la fase REM disminuye. Solo al tercer mes de edad estos dos estadios se definen, motivo por el cual antes de los tres meses un bebé no conseguiría dormir profundamente.

En esta fase, la arquitectura del sueño del bebé evoluciona de forma progresiva desde estados de sueño profundo y ligero hasta una distinción más clara entre sueño no REM y REM, con la aparición de los tres estadios del sueño no REM que se observa en torno a los 6 meses de vida (Rapisardi, 2024). Por eso, en los primeros meses es muy fácil que el bebé se despierte por ruidos, cambios de ambiente o actividades fisiológicas. Después del tercer mes, empiezan a distinguirse las fases de conciliación del sueño y de sueño más profundo.

¿Cuándo terminan los despertares nocturnos?

Con el crecimiento, la duración de cada despertar se reduce de forma progresiva hasta quedar en pocos segundos (como ocurre también en los adultos) y el niño aprende poco a poco a volver a dormirse de manera autónoma. Es, por tanto, fisiológico que durante los primeros años de vida los niños tengan despertares nocturnos, que contribuyen al correcto desarrollo de su sistema nervioso.

El sueño, por tanto, es una conquista del bebé que debería producirse de forma gradual, autónoma y respetar plenamente sus tiempos.

Simon Berger - Unsplash

Las fases del sueño del bebé: cómo reconocerlas en la práctica

El sueño del bebé alterna fases de sueño activo (REM) y sueño tranquilo (NREM), pero, como hemos dicho antes, estas fases están menos diferenciadas que las del adulto. En los primeros meses, el ciclo de sueño dura unos 50 minutos y se repite varias veces durante el día y la noche.

Estas son las principales fases y cómo se manifiestan:

  • Sueño activo (REM): el bebé puede mover los brazos y las piernas, hacer muecas, sonreír o emitir pequeños sonidos. Esta fase es importante para el desarrollo cerebral.
  • Sueño tranquilo (NREM): la respiración se vuelve más regular, el cuerpo se relaja y el bebé parece inmóvil. En esta fase el descanso es más profundo.
  • Transición entre fases: los pasos de una fase a otra son frecuentes y pueden ir acompañados de breves despertares o movimientos.

Reconocer estas señales puede ayudar a los padres a comprender mejor las necesidades de su bebé y a responder con más calma a sus despertares.

El colecho, entre mitos y prejuicios

Cuando hablamos del sueño en bebés y padres, podemos hablar de colecho o sueño compartido. Con este término se designa una práctica que consiste en hacer dormir al bebé en la misma habitación que los padres, en particular cerca de la madre, de modo que pueda responder pronto a las señales del bebé durante la noche y atender sus necesidades (por ejemplo, en caso de lactancia nocturna).

Esta práctica está extendida en muchas culturas y, en los últimos años, aunque todavía existan muchas opiniones contrapuestas al respecto, también en países occidentales se redescubre la importancia del contacto entre madres, padres y bebé. Los porcentajes de colecho (compartir la cama) entre los bebés varían notablemente entre países, y oscilan del 70 % al 80 % en diversos países asiáticos y latinoamericanos (Nelson et al., 2001).

De acuerdo con estos hallazgos, no se evidencia que compartir la cama ejerza un rol protector. Al contrario, se reitera la falta de seguridad en ciertas formas de colecho entre padres e hijos, señalando que los factores vinculados a esta práctica elevan la probabilidad del síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) en lactantes vulnerables. Aunque compartir la cama no se considera un factor de riesgo de manera independiente, queda claro que potencia los peligros al interactuar con otras variables de riesgo asociadas. (McGarvey et al. 2005)

Un instinto natural

La crítica que más se hace al colecho es que el bebé pueda ser malcriado por los padres y crezca como una persona insegura y dependiente. En realidad, estas creencias no tienen ningún fundamento científico y, aunque hoy el tema es muy debatido, psicólogos y pediatras parecen coincidir en que dormir junto a los padres no es un mal hábito, sino un instinto natural del pequeño, que necesita protección de sus padres. Satisfacerlo no pone en riesgo ni su autonomía ni su independencia.

Se podría, incluso, afirmar lo contrario: dormir en la habitación de los padres da al pequeño la posibilidad de desarrollar pronto un sentido de seguridad e independencia. El bebé aprende rápido que sus padres están listos para acudir cuando los necesite, y siente una seguridad interior. Así, cuanto más se acoja su deseo de dependencia cuando es pequeño, más fácilmente podrá volverse autónomo de adulto.

Gestionar mejor los despertares nocturnos

El colecho permite una mejor gestión de los despertares nocturnos que, como ya hemos dicho, son muy frecuentes hasta los 2-3 años de edad. La calidad del sueño no se ve afectada porque los despertares son brevísimos, y la cercanía de los padres tranquiliza al pequeño y le permite volver a dormirse rápidamente. Además, los padres no se ven obligados a levantarse, así que consiguen dormir mejor y durante más tiempo.

Pequeños consejos para los padres

Conviene recordar la importancia de prevenir el síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). En España, el SMSL es la principal causa de mortalidad posneonatal —entre el mes y el año de vida— al igual que en los países desarrollados, y supone el 40-50 % de esa mortalidad (Sánchez Ruiz-Cabello et al., 2013).

Por este motivo, los pediatras recomiendan algunas precauciones para reducir el riesgo de SMSL, como la posición boca arriba durante el sueño, el uso de un colchón firme y evitar la presencia de cualquier objeto o juguete en la cuna.

Estas sencillas atenciones, unidas a un estilo de vida saludable durante el embarazo y a un entorno seguro para el sueño del bebé, pueden contribuir de forma significativa a la prevención de esta trágica posibilidad.

Guías internacionales y seguridad del sueño del bebé

La seguridad del sueño del bebé puede ser un tema central para muchos padres, sobre todo en los primeros meses de vida. Las principales sociedades científicas, como la American Academy of Pediatrics (AAP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), han publicado recomendaciones claras para reducir los riesgos y favorecer un sueño seguro.

Según las guías de la AAP actualizadas en 2022, puede ser fundamental:

  • Hacer dormir al bebé siempre boca arriba: esta posición reduce de forma significativa el riesgo de SMSL.
  • Utilizar un colchón firme y sin objetos blandos: cojines, peluches y mantas pueden aumentar el riesgo de asfixia.
  • Evitar el sobrecalentamiento: mantener la habitación entre los 18 y los 20 °C y vestir al bebé de forma adecuada, sin abrigarlo en exceso.
  • Compartir la habitación, no la cama: la AAP recomienda que el bebé duerma en la misma habitación que los padres, pero sobre una superficie separada, al menos durante los primeros 6-12 meses de vida.
  • Amamantar cuando sea posible: la lactancia se asocia a una reducción del riesgo de SMSL según la OMS (2023).

Seguir estas indicaciones puede ayudar a crear un entorno de sueño más seguro y tranquilo para el bebé, reduciendo los riesgos y favoreciendo el bienestar de toda la familia.

Marcos Paulo Prado - Unsplash

Muy útiles e interesantes son también las recomendaciones para mejorar la calidad del sueño, tanto de los padres como del pequeño, que la psicóloga perinatal Alessandra Bortolotti propone en su libro E se poi prende il vizio?:

  • No agitar al pequeño antes de dormir con carreras o juegos, sino favorecer rituales que faciliten la relajación, como leer rimas, bajar las luces, apagar la televisión y retirar todo lo que pueda captar la atención del niño.
  • No sobreestimular al niño durante el día. El entorno doméstico y los lugares que frecuentan nuestros hijos ya tienen en sí mismos todo lo necesario para su crecimiento.
  • Tener en cuenta lo que ha ocurrido durante el día: no todos los días son iguales.
  • Escuchar todo lo que el niño nos comunica mientras se duerme y transmitirle seguridad y contención emocional si muestra dificultades.

Checklist práctica para una rutina del sueño eficaz

Establecer una rutina tranquila y predecible puede ayudar al bebé a reconocer el momento de dormir y a sentirse más seguro. Esta es una checklist práctica, basada en las recomendaciones de la American Academy of Pediatrics (2022):

  • Elegir un horario regular: acostar al bebé siempre a la misma hora favorece la regulación de los ritmos de sueño-vigilia.
  • Crear un ambiente tranquilo: bajar las luces, reducir los ruidos y mantener una temperatura confortable ayuda a la relajación.
  • Introducir pequeños rituales: un baño caliente, una caricia, una nana o la lectura de una rima pueden convertirse en señales tranquilizadoras.
  • Evitar estímulos excesivos antes de dormir: los juegos movidos, las pantallas y las luces fuertes pueden dificultar la conciliación del sueño.
  • Responder con calma a los despertares: durante los despertares nocturnos, mantener un tono de voz bajo y gestos delicados ayuda al bebé a volver a dormirse con más facilidad.

Estos sencillos hábitos, si se repiten con constancia, pueden hacer que el momento de dormir sea más tranquilo tanto para el bebé como para los padres.

Pero, más que cualquier otra sugerencia, conviene recordar que no existen reglas ni manuales con soluciones prefabricadas. Nadie, más que los padres, sabe qué es lo mejor para su pequeño. Por tanto, cada madre y cada padre deben dejarse guiar por su instinto, por sus capacidades y por lo que el bebé les comunica.

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FAQ

En los primeros meses, los bebés duermen de media entre 14 y 17 horas al día, aunque algunos pueden llegar hasta las 18-19 horas.
El sueño de los bebés es irregular porque todavía no siguen los ritmos circadianos de los adultos y no segregan de forma estable la melatonina hasta el tercer mes.
Sí, los trastornos del sueño en los niños son frecuentes: hasta un 30 % de los pequeños entre los 6 meses y los 5 años presenta alguna dificultad del sueño, así que es algo bastante común.
El sueño de los bebés está influido por factores constitucionales, relacionales, por los estilos de crianza y por aspectos culturales y sociales.
Se dice así porque en los primeros meses los bebés no producen melatonina de forma estable y todavía no distinguen entre la luz y la oscuridad.
Los padres pueden afrontar estas dificultades informándose sobre la fisiología del sueño de los bebés y elegir la forma de descanso que mejor se adapte a su familia.
¿Tienes más preguntas?
Hablar con un profesional podría ayudarte a resolver tus dudas.
  • McGarvey C, McDonnell M, Hamilton K, O'Regan M, Matthews T. (2006). An 8 year study of risk factors for SIDS: bed-sharing versus non-bed-sharing. Arch Dis Child. 2006 Apr;91(4):318-23. https://link.springer.com/article/10.5664/jcsm.5866 
  • Moon, R. Y., Carlin, R. F., Hand, I., & Task Force on Sudden Infant Death Syndrome. (2022). Sleep-related infant deaths: Updated 2022 recommendations for reducing infant deaths in the sleep environment. Pediatrics, 150(1), e2022057990. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35726558/
  • Hirshkowitz M, Whiton K, Albert SM, Alessi C, Bruni O, DonCarlos L, Hazen N, Herman J, Katz ES, Kheirandish-Gozal L, Neubauer DN, O'Donnell AE, Ohayon M, Peever J, Rawding R, Sachdeva RC, Setters B, Vitiello MV, Ware JC & Adams Hillard PJ. (2015).National Sleep Foundation's sleep time duration recommendations: methodology and results summary, 1(1):40-43. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29073412/
  • Nelson, E. A., Taylor, B. J., Jenik, A., Vance, J., Walmsley, K., Pollard, K., Freemantle, M., Ewing, D., Einspieler, C., Engele, H., Ritter, P., Hildes-Ripstein, G. E., Arancibia, M., Ji, X., Li, H., Bedard, C., Helweg-Larsen, K., Sidenius, K., Karlqvist, S., … Nepomyashchaya, V. (2001). International child care practices study: Infant sleeping environment. Early Human Development, 62(1), 43–55. https://doi.org/10.1016/S0378-3782(01)00116-5
  • Paruthi, S., Brooks, L. J., D’Ambrosio, C., Hall, W. A., Kotagal, S., Lloyd, R. M., … Wise, M. S. (2016). Recommended amount of sleep for pediatric populations: A consensus statement of the American Academy of Sleep Medicine. Journal of Clinical Sleep Medicine, 12(6), 785–786. https://doi.org/10.5664/jcsm.5866
  • Rapisardi, G. (2024). Il sonno infantile. Istituto Superiore di Sanità. https://www.epicentro.iss.it/allattamento/pdf/7-8-novembre-2024/Rapisardi_7-8Nov24.pdf
  • Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos del Sueño en la Infancia y Adolescencia en Atención Primaria. (2011). Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos del Sueño en la Infancia y Adolescencia en Atención Primaria (Guías de Práctica Clínica en el SNS). Ministerio de Ciencia e Innovación. https://portal.guiasalud.es/wp-content/uploads/2018/12/GPC_489_Trastorno_sueno_infadol_Lain_Entr_compl.pdf
  • Sánchez Ruiz-Cabello, F. J., Ortiz González, L. C., & Grupo PrevInfad/PAPPS Infancia y Adolescencia. (2013). Síndrome de la muerte súbita del lactante (parte 1): factores de riesgo. Revista Pediatría de Atención Primaria, 15(60), 361–370. https://doi.org/10.4321/S1139-76322013000500017

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