Las relaciones sentimentales ocupan un lugar central en la vida emocional y social de la mayoría de las personas. En la cultura española, el modelo monógamo y orientado a la duración sigue siendo la forma más extendida, reconocible y socialmente legitimada de relación sentimental: una sola pareja, dada por exclusiva e, idealmente, para siempre. En las últimas décadas, sin embargo, la literatura clínica y académica ha prestado una atención creciente a otras formas de relación y de organización de la intimidad, como las relaciones abiertas, el poliamor y la anarquía relacional y otros modelos relacionales consensuados.
Para entender cómo se orientan las personas en este escenario en evolución, Unobravo encuestó a 151 personas con el fin de explorar el grado de conocimiento, las experiencias, las creencias y los deseos. relacionados con la estructura de sus relaciones. Lo que emerge no es tanto un relato sobre la monogamia frente a la no monogamia, sino algo más silencioso y transversal: la distancia, presente en una parte importante de la muestra, entre lo que sienten respecto a sus vínculos y lo que llegan a expresar verbalmente.
Principales resultados:
- Solo el 19,2 % de las personas afirma estar "muy familiarizada" con el concepto de relaciones no monógamas o abiertas; algo más de la mitad (55,6 %) lo conoce al menos "algo".
- Apenas el 13,9 % cree que los seres humanos son monógamos "por naturaleza".
- Alrededor de 1 de cada 5 personas (19,2 %) está o ha estado en una relación no tradicionalmente monógama.
- El 46,4 % describe un diálogo claro y continuo con su pareja sobre la estructura de la relación (límites, exclusividad, expectativas); algo más de la mitad, no.
- El 65,6 % declara haberse quedado alguna vez en una relación principalmente por razones distintas al deseo de continuarla.
- Más de 8 de cada 10 personas (86,1 %) han sentido, al menos alguna vez, deseo de intimidad emocional o física con alguien distinto de su pareja.
- Cerca del 83 % vive la monogamia de larga duración principalmente como una fuente de seguridad, mientras que un 40,4 % ha sentido alguna vez que la idea de ser "todo" para otra persona resultaba abrumadora.
¿Cuánto se conoce la no monogamia?
La no monogamia es cada vez más visible en el plano cultural, pero esa visibilidad no implica necesariamente un conocimiento profundo sobre las distintas formas de no monogamia. Casi una de cada cinco personas (19,2 %) declara conocer el concepto "muy" bien y, aunque un 36,4 % adicional considera conocerlo "algo", una parte importante afirma haber solo "oído hablar de ello" (34,4 %) o no conocerlo "en absoluto" (9,9 %). Es un dato a tener presente para lo que sigue: muchas de las opiniones recogidas parecen formarse sobre un conocimiento directo relativamente limitado.
Muy pocas personas consideran la monogamia "natural"
Ante la pregunta de si los seres humanos son monógamos por naturaleza, solo el 13,9 % respondió que sí. Un grupo más amplio (29,8 %) respondió claramente que no, mientras que la mayoría, el 47 %, eligió "creo que varía de persona a persona", y el 9,3 % se declaró no seguro. La respuesta predominante no es un rechazo absoluto, sino un matiz: la opción más elegida fue que la monogamia 'varía de persona a persona', lo que sugiere que una parte importante de la muestra entiende este aspecto desde la perspectiva de las diferencias individuales más que como una característica universal.
La experiencia directa sigue siendo minoritaria

Frente a una creciente visibilidad cultural, la experiencia directa de las relaciones no monógamas sigue siendo poco frecuente: alrededor de 1 de cada 5 personas (19,2 %) declara haber vivido una relación de este tipo. Entre las personas solteras de la muestra, la preferencia por una relación monógama fue más frecuente que la preferencia por una relación no monógama (15,2 % frente a 0,7 %). Los resultados muestran que, aunque muchas personas expresan opiniones, expectativas y emociones sobre la estructura de las relaciones, una parte de la muestra lo hace sin haber tenido experiencia directa con modelos relacionales no monógamos.
En muchas parejas, ¿reglas explícitas o implícitas?
Es uno de los datos centrales de la encuesta, y en él España muestra un matiz propio. La respuesta más frecuente es el diálogo abierto: el 46,4 % de las personas describe un diálogo claro y continuo con su pareja sobre los términos de la relación, sus límites, su exclusividad, sus expectativas. Aun así, algo más de la mitad no describe ese diálogo continuo: el 25,8 % indicó que la estructura de la relación se dio por supuesta y no se habló explícitamente; el 21,2 % habló de ella solo una vez, al principio; y el 6,6 % indicó que intentó abordar el tema, pero que la conversación resultó demasiado incómoda.
Desde el punto de vista clínico, es un aspecto relevante porque los supuestos no explicitados son difíciles de revisar. Las expectativas que nunca se han dicho en voz alta no pueden verificarse, actualizarse ni repararse con facilidad cuando las circunstancias cambian. En este contexto, la terapia de pareja puede facilitar un espacio seguro y estructurado en el que poner en palabras expectativas, límites y acuerdos que, en el día a día de la relación, a menudo quedan implícitos.
Quedarse por miedo, costumbre o culpa
La mayoría, el 65,6 %, declara haberse quedado, al menos una vez, en una relación principalmente por razones distintas al deseo de continuar la relación: el miedo a la soledad, la seguridad económica, las expectativas sociales o, simplemente, el hecho de que la relación fuera "suficientemente buena". El 23,8 % dice que no, mientras que el 8,6 % se declara no seguro. Es un dato para leer sin juicio: quedarse en una relación por motivos como la seguridad, el cuidado, la costumbre o las circunstancias personales puede responder a múltiples factores y no debe interpretarse automáticamente desde una perspectiva moral.
El deseo fuera de la pareja es una experiencia común a más de 8 de cada 10 personas
Solo el 12,6 % de las personas afirma no haber sentido nunca deseo de intimidad emocional o física con alguien distinto de su pareja. La mayoría refiere haber experimentado, al menos en alguna ocasión, deseo de intimidad emocional o física con otra persona: a veces (48,3 %), casi nunca (17,2 %) o a menudo (20,5 %). En otras palabras, más de 8 de cada 10 personas (86,1 %) han sentido, al menos ocasionalmente, alguna forma de deseo fuera de la pareja. Conviene decirlo con claridad, porque es un dato fácil de malinterpretar: sentir deseo por otra persona no implica necesariamente actuar en consecuencia ni constituye, por sí mismo, un indicador de que la relación presente dificultades o está deteriorándose.
Quién lo pensó, pero se quedó en silencio
Una cosa es el deseo y otra es hablarlo. Alrededor del 27,8 % de las personas han considerado la idea de proponer a su pareja una relación alternativa, pero han decidido no hacerlo. Entre los motivos (se podía indicar más de uno), el más frecuente fue el miedo a herir a la pareja, señalado por el 13,2 % del total, por delante del miedo al conflicto (10,6 %), de "otros motivos" (7,3 %), del miedo al rechazo (5,3 %), del temor a que la pareja disfrutara más que uno mismo (4,0 %) y del miedo al juicio social (2,6 %). El motivo señalado con mayor frecuencia fue el miedo a herir a la pareja, por delante de otros motivos como el miedo al conflicto, al rechazo o al juicio social. Es un dato humano y, al mismo tiempo, revelador: el mismo instinto protector que hace reticente a hacer daño puede impedir que conversaciones importantes lleguen a producirse.
Monogamia de por vida: ¿seguridad o presión?

Ante la pregunta de cómo viven la monogamia de larga duración, la opción más frecuente fue asociarla a la seguridad. El 46,4 % la describe como "pura seguridad" y un 36,4 % adicional como "principalmente seguridad, con un poco de presión": en total, cerca del 83 % la asocia principalmente como una fuente de protección. Una parte más reducida, el 11,3 %, la describe como "principalmente presión, con un poco de seguridad" y el 6 % como "pura presión". En conjunto, alrededor de 1 de cada 6 personas la asocia principalmente con la presión o tensión. Este resultado aporta contexto al conjunto del informe: las dudas, los deseos y las conversaciones no mantenidas descritas anteriormente coexisten, en esta muestra, con una valoración mayoritariamente positiva de la monogamia como fuente de seguridad.
¿Ser todo para una persona puede resultar agotador?
Alrededor de cuatro de cada diez personas (40,4 %) afirma que ser, al mismo tiempo, amante, mejor amigo/a y confidente de la pareja se ha vuelto, en algún momento, abrumador o agotador; el 37,1 % dice que no y un significativo 22,5 % se declara no seguro. Es una pregunta que toca un cambio profundo en el modo en que pensamos la relación de pareja.
La literatura sobre relaciones ha descrito cómo, en el último siglo, a la pareja se le han atribuido tareas cada vez más amplias: no solo compañía y seguridad, sino también intimidad, pasión, reconocimiento y crecimiento personal. En el modelo de la pareja moderna "all-or-nothing" (todo o nada), propuesto por Eli Finkel, pedir a una única relación que responda a tantas necesidades elevadas puede hacerla extraordinariamente satisfactoria cuando funciona, pero también más expuesta al desgaste cuando las expectativas superan el tiempo, la energía y los recursos disponibles.
Desde una perspectiva clínica, no es que una sola persona deba serlo todo, ni que no pueda bastar, sino que distribuir las necesidades emocionales entre amistades y comunidad, en lugar de concentrarse por completo en un único vínculo, puede aligerar el peso sobre la relación. Cuando ese peso se vuelve difícil de sostener, un proceso de terapia de pareja también puede ayudar a hacer explícitas o a redefinir las expectativas mutuas.
¿Puede una sola persona satisfacerlo todo?
La encuesta también preguntó si una sola persona puede satisfacer todas las necesidades emocionales, sexuales e intelectuales a lo largo de toda la vida. La respuesta más frecuente fue afirmativa, pero condicionada: el 47 % respondió "sí, pero requiere esfuerzo". Un 35,8 % lo consideró "una expectativa poco realista", mientras que el 14,6 % respondió "sí, absolutamente" y un 2,6 % no lo había pensado nunca. La mayoría, por tanto, no descarta la idea, pero la asocia al esfuerzo más que a algo dado por hecho.
¿Qué significa que una pareja abra su relación?
"Abrir" una relación suele indicar la elección de una pareja de permitirse, de común acuerdo, vínculos románticos o sexuales con otras personas sin dejar de ser pareja: es una de las diversas formas de no monogamia consensuada. Ante la pregunta de qué señala más a menudo una decisión así, las lecturas se reparten de forma casi pareja entre quienes no generalizan y quienes la interpretan en negativo: el 41,1 % eligió "neutral / depende", el 42,4 % la considera una señal de que la pareja atraviesa dificultades y el 16,6 % la interpreta como un signo de fuerza o confianza. La interpretación negativa resulta más del doble que la positiva, lo que parece indicar la presencia de un estigma aún persistente.
Vale la pena contrastarlo con la evidencia disponible: los estudios que comparan relaciones consensualmente no monógamas y monógamas no suelen encontrar diferencias fiables en términos de satisfacción, compromiso o confianza, aunque los resultados son dispares y proceden en gran parte de muestras ajenas a España. La idea extendida de que abrir una relación sea señal de problemas no encuentra, cuando menos, un respaldo sólido en los datos.
Las palabras asociadas a las relaciones monógamas y no monógamas
Las dos últimas preguntas, opcionales, pedían a las personas que indicaran una sola palabra que asociaran, respectivamente, a las relaciones no monógamas o abiertas y a las relaciones monógamas o tradicionales.
Entre las palabras asociadas a la no monogamia destacan "libertad" y "confianza", junto a "comunicación", pero también aparecen con frecuencia términos como "infidelidad", "inseguridad", "libertinaje" y "deslealtad".
Entre las asociadas a la monogamia predominan "seguridad", "confianza", "estabilidad", "tradición", "amor" y "fidelidad", junto a menciones aisladas de "agobio", "costumbre" o "impuesto".
Las respuestas reflejan el mismo patrón observado en toda la encuesta: la no monogamia se asocia a la libertad, pero también a la inseguridad; la monogamia, a la seguridad, pero también, para algunas personas, al peso de la costumbre. Cada modelo parece intercambiar un temor por otro, lo que remite al tema central: la variable decisiva podría no ser tanto la estructura en sí, cuanto el hecho de que sus términos se comprendan y se compartan.
"Monogamia por defecto": lo que creemos y lo que no siempre decimos
Considerados en conjunto, los principales resultados de la encuesta muestran un patrón común. Solo el 13,9 % de las personas cree que los seres humanos son monógamos por naturaleza. Más de 8 de cada 10 han deseado intimidad con alguien distinto de su pareja. El 65,6 % prefiere haberse quedado en una relación por razones que iban más allá del deseo real de continuarla. Al mismo tiempo, cerca del 83 % asocia la monogamia de larga duración principalmente con seguridad, y el 46,4 % describe un diálogo claro y continuo sobre la estructura de su relación, aunque algo más de la mitad, no.
En conjunto, estos datos describen experiencias internas -la duda, el deseo, el quedarse por otras razones- que son comunes y ordinarias, y que coexisten, en esta muestra, con una valoración mayoritariamente positiva de la monogamia como fuente de seguridad. Las emociones que complican la monogamia son frecuentes, incluso entre quienes eligen y valoran la monogamia.
Desde una perspectiva clínica, estos resultados no apoyan un modelo relacional concreto sobre otro.. Es que, en cualquier estructura relacional, el paso más útil puede ser hacer explícito lo implícito: hablar de los límites, de las expectativas y del significado de la exclusividad, en lugar de dar por supuesto un entendimiento compartido que podría no existir. Es coherente con lo que sugiere la evidencia más amplia: la forma que adopta una relación predice su calidad menos de lo que lo hacen la claridad, la honestidad y la comunicación sostenida en su interior. Cuando iniciar esa conversación en soledad resulta difícil, un proceso de terapia de pareja puede ofrecer el espacio y las herramientas para abordarla.
Fuentes
Finkel et al., "The Suffocation of Marriage" (Current Directions in Psychological Science, 2014) y "The All-or-Nothing Marriage" (2017).
Conley et al. (2017) y Rubel & Bogaert (2015), sobre comparaciones de calidad relacional entre relaciones consensualmente no monógamas y monógamas.



