Disminución del deseo sexual en el embarazo y tras el parto: ¿cómo gestionar el sentimiento de culpa hacia la pareja?

Disminución del deseo sexual en el embarazo y tras el parto: ¿cómo gestionar el sentimiento de culpa hacia la pareja?
Desde que di a luz no me reconozco.
Me gustaría desear a mi pareja como antes.

Si desde el inicio del embarazo o tras el nacimiento del bebé has notado una reducción notable del deseo sexual, debes saber que es una experiencia lejos de ser insólita.

El embarazo y los meses posteriores al parto conllevan profundos cambios físicos, hormonales y emocionales, que pueden repercutir también en la sexualidad y en la vida íntima de la pareja.

Muchas personas viven este cambio en silencio, a veces con vergüenza o sentimiento de culpa. El deseo puede disminuir justo cuando se espera volver a la normalidad o estar disponibles e implicados sexualmente en la relación.

Cuando esta transformación se interpreta como un fracaso personal, como algo equivocado o como una señal de alejamiento de la pareja, puede convertirse en fuente de presión y sufrimiento añadidos. De esto queremos hablar precisamente: del deseo tras el embarazo y el parto, sin juicios y con expectativas más realistas.

Causas físicas y emocionales

Las razones detrás de un deseo que se debilita

Me siento más madre que mujer, y lo echo de menos.
Tengo miedo de no conseguir estar a la altura.

Comprender qué ocurre en esta etapa puede ayudar a vivir la disminución del deseo con más serenidad y sin juzgarnos. Cuando el malestar o el sentimiento de culpa se vuelven difíciles de gestionar, hablarlo con un psicólogo o sexólogo puede ayudar a comprender su origen y a encontrar nuevas formas de recuperar el equilibrio en la vida personal y en pareja.

Mientras tanto, exploremos juntos algunas posibles razones que están detrás de la disminución del deseo en el embarazo y tras el parto.

Los cambios del cuerpo y de las hormonas

  • Las variaciones hormonales propias de esta etapa pueden influir de manera directa en la libido y en la lubricación vaginal.
  • El agotamiento muy intenso y las noches sin dormir con un recién nacido dejan pocas energías para la intimidad.
  • Los dolores perineales, las cicatrices o la sequedad tras el parto pueden hacer que las relaciones sexuales resulten menos cómodas.

La transformación de la identidad

  • Quien acaba de tener un bebé puede sentirse “más padre o madre que pareja” y dejar en un segundo plano la dimensión erótica.
  • El miedo a hacer daño al bebé durante el embarazo, o el temor al dolor tras el parto, pueden generar una ansiedad que frena el deseo.
  • También el padre puede vivir un cambio, por ejemplo, al sentir que toda la atención se dirige ahora al bebé.

El papel de las expectativas externas

  • La presión social y familiar hacia la paternidad o la maternidad puede amplificar el sentimiento de inadecuación.
  • La idea de tener que ser “una pareja como las demás” corre el riesgo de convertir un cambio natural en un problema que se percibe más grave de lo que es.
  • Para quienes se convierten en padres o madres en una edad más avanzada, pueden sumarse preguntas sobre su valor y vitalidad.
Perspectiva clínica
Ese malestar que experimentas suele surgir al percibir el deseo de la otra persona como una responsabilidad que te toca solventar. Sin embargo, en este periodo, la libido no funciona como un mecanismo que puedas activar voluntariamente; representa una forma de comunicación física y emocional en plena metamorfosis profunda. Te invitamos a reflexionar: ¿cómo te sentirías si, en vez de buscar el retorno a tu yo del pasado, te permitieras comprender las necesidades de quién eres hoy?
Mónica Isabel Calandra Lombardozzi
Mónica Isabel Calandra Lombardozzi
Vivencias cotidianas

Situaciones en las que podrías identificarte

Mi marido piensa que ya no lo deseo.
Desde que nació nuestro hijo, nos evitamos.

A veces, reconocerse en situaciones concretas ayuda a sentirnos menos solos en lo que sentimos. Aquí tienes algunos ejemplos que podrían resonar con tu experiencia.

Durante el embarazo

  • En el primer trimestre, entre náuseas y agotamiento, la embarazada siente que se desvanecen las ganas de intimidad y experimenta un fuerte sentimiento de culpa hacia su pareja.
  • El temor a hacer daño al bebé lleva a evitar las relaciones sexuales, incluso cuando el deseo existiría.
  • El cuerpo que cambia con rapidez genera inseguridades respecto a la percepción de una misma y al modo de sentirse deseable.

Tras la llegada del bebé

  • El agotamiento constante y el cuidado del recién nacido dejan a la pareja sin espacio para recuperar su sintonía, lo que genera malentendidos.
  • Una persona que da el pecho experimenta sequedad e incomodidad durante las relaciones sexuales, y esto aumenta la ansiedad y la sensación de inadecuación.
  • Quien acaba de tener un hijo se siente más como un punto de referencia para el bebé que como una persona con vida íntima propia.

La vivencia de la pareja

  • Una pareja interpreta la disminución del deseo como un rechazo personal, sin captar las causas físicas y emocionales que hay detrás de todo esto.
  • Tras haber vivido de cerca la experiencia del parto, la pareja también puede experimentar una disminución del deseo sexual, sin conseguir comprender de inmediato el motivo.
  • Quien se convierte en padre o madre más tarde teme no conseguir “seguir el ritmo” y vive con ansiedad la vuelta a la vida en pareja.
Un momento para parar
¿Te reconoces en alguna de estas situaciones?

¿La esfera sexual a veces te genera dudas o dificultades?

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Estrategias prácticas

Cómo recuperar la cercanía sin culpa

Hablarlo nos acercó más de lo que pensaba.
Pedir ayuda fue mi mejor decisión.
1

Reconocer que se trata de una fase natural

La disminución del deseo en esta etapa puede ser una respuesta del cuerpo y de la mente a los numerosos cambios en curso, y no algo de lo que sentirse culpable. Recordarlo puede ayudar a reducir el sentimiento de inadecuación y la presión que a menudo acabamos por ejercer sobre nosotros mismos.

2

Hablar abiertamente de cómo te sientes

Es importante compartir con tu pareja lo que vives, tus miedos y tus necesidades, en lugar de dejar que el silencio alimente la distancia y los malentendidos. Incluso expresar simplemente “me siento cansada” o “no depende de ti” puede ayudar a crear un espacio de mayor comprensión y cercanía.

3

Redefinir qué significa intimidad

La intimidad no coincide necesariamente con la relación sexual. Las caricias, los abrazos y los momentos de cercanía física pueden ayudar a mantener vivo el vínculo y a sentiros conectados también en esta etapa.

4

Respetar los tiempos personales de recuperación

Es importante no sentirse obligados a “volver a ser como antes” según plazos marcados por expectativas externas. Cada persona y cada pareja tiene su ritmo, y darse tiempo forma parte del proceso.

5

Acudir a los profesionales adecuados para los aspectos físicos

Para dudas relacionadas con el dolor, la sequedad o la vuelta a las relaciones sexuales, puedes hablarlo con el ginecólogo o con la matrona. Recibir información clara e indicaciones concretas puede ayudar a reducir la ansiedad y a afrontar esta etapa con más serenidad.

6

Valorar un acompañamiento psicológico

Iniciar un proceso de psicoterapia, individual o de pareja, puede ser un espacio valioso para explorar el sentimiento de culpa, la ansiedad relacionada con la sexualidad y los cambios de identidad. No hace falta esperar a que la situación se vuelva difícil: un psicólogo o sexólogo puede ayudarte a sentirte comprendido/a y a recuperar la serenidad.

7

Vivir el cambio en pareja

Puede ser útil implicar a tu pareja en la comprensión de lo que vives. Afrontar juntos esta etapa puede reducir los malentendidos y convertir una posible fuente de distancia en una ocasión de mayor cercanía y complicidad.

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Una mirada serena

Atravesar juntos una etapa de transición

Entendí que no hay nada equivocado en mí.
Recuperamos nuestro ritmo, con calma.

La disminución del deseo sexual en el embarazo y tras el parto es una experiencia muy extendida, no una anomalía individual de la que avergonzarse.

Muy a menudo, el sentimiento de culpa hacia la pareja nace más de las expectativas sociales y culturales que de la situación real que se vive en la pareja.

La calidad de la intimidad no se mide solo en la frecuencia de las relaciones sexuales, sino en la capacidad de seguir cerca y comprensivos incluso en los momentos de cambio.

Con paciencia y diálogo, el deseo tiende a restablecerse a largo plazo y seguir los ritmos de cada persona es importante, es decir, respetar sin forzar nada.

Si sientes que el sentimiento de culpa o la ansiedad pesan demasiado sobre ti o sobre la pareja, valorar el acompañamiento de un psicólogo o una psicóloga puede ayudarte a vivir esta etapa con más serenidad.

El siguiente paso, si te sientes preparado/a

La terapia psicológica no es solo para quienes atraviesan una crisis, es un espacio de escucha para cuidar de tu bienestar mental.

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FAQ

Preguntas frecuentes

Las variaciones hormonales propias de esta etapa pueden influir de manera directa en la libido y en la lubricación vaginal. El agotamiento muy intenso y las noches sin dormir con un recién nacido dejan pocas energías para la intimidad, mientras que los dolores perineales, las cicatrices o la sequedad tras el parto pueden hacer que las relaciones sexuales resulten menos cómodas. A esto se suma una transformación de la identidad: quien acaba de tener un bebé puede sentirse más padre o madre que pareja y dejar en un segundo plano la dimensión erótica. También la presión social y familiar hacia la paternidad o la maternidad puede amplificar el sentimiento de inadecuación y convertir un cambio natural en un problema que se percibe más grave de lo que es.

Sí, es una experiencia lejos de ser insólita, aunque muchas personas la viven en silencio, a veces con vergüenza o sentimiento de culpa. Cuando esta transformación se interpreta como un fracaso personal, como algo equivocado o como una señal de alejamiento de la pareja, puede convertirse en fuente de presión y sufrimiento añadidos. En realidad, el sentimiento de culpa nace más de las expectativas sociales y culturales que de la situación real que se vive en la pareja: la disminución del deseo en esta etapa puede ser una respuesta del cuerpo y de la mente a los numerosos cambios en curso, y no algo de lo que sentirse culpable.

Sí, también la pareja que no ha llevado el embarazo puede vivir un cambio, por ejemplo, al sentir que toda la atención se dirige ahora al bebé. Tras haber vivido de cerca la experiencia del parto, la pareja también puede experimentar una disminución del deseo sexual, sin conseguir comprender de inmediato el motivo. A veces la pareja interpreta la disminución del deseo como un rechazo personal, sin captar las causas físicas y emocionales que hay detrás de todo esto, por lo que es importante compartir abiertamente lo que se vive, los miedos y las necesidades personales.

La intimidad no coincide necesariamente con la relación sexual: las caricias, los abrazos y los momentos de cercanía física pueden ayudar a mantener vivo el vínculo y a sentiros conectados también en esta etapa. La calidad de la intimidad no se mide solo en la frecuencia de las relaciones sexuales, sino en la capacidad de seguir cerca y comprensivos incluso en los momentos de cambio. Redefinir qué significa intimidad puede así ayudar a vivir esta etapa con menos presión, sin sentirse obligados a volver a ser como antes según plazos marcados por expectativas externas.

Cada persona y cada pareja tiene su ritmo, y darse tiempo forma parte del proceso: es importante no sentirse obligados a volver a ser como antes según plazos marcados por expectativas externas. Con paciencia y diálogo, el deseo tiende a restablecerse a largo plazo y seguir los ritmos de cada persona, que es importante respetar sin forzar nada. La disminución del deseo sexual en el embarazo y tras el parto es una experiencia muy extendida, no una anomalía individual de la que avergonzarse, y es útil recordarlo para reducir el sentimiento de inadecuación y la presión que a menudo acabamos por ejercer sobre nosotros mismos.

Para dudas relacionadas con el dolor, la sequedad o la vuelta a las relaciones sexuales, se puede hablar con el ginecólogo o con la matrona. Recibir información clara e indicaciones concretas puede ayudar a reducir la ansiedad y a afrontar esta etapa con más serenidad. Junto a los aspectos físicos, cuando el malestar o el sentimiento de culpa se vuelven difíciles de gestionar, hablarlo con un psicólogo o sexólogo puede ayudar a comprender su origen y a encontrar nuevas formas de recuperar el equilibrio en la vida personal y en pareja.

Preguntas frecuentes sobre la terapia

Con Unobravo puedes realizar terapia psicológica individual o terapia de pareja, en función de tus necesidades. Por ejemplo, la terapia individual después de una infidelidad puede ser útil para mejorar la comunicación y afrontar los retos personales que influyen en las dinámicas relacionales. Tras una infidelidad, optar por la terapia individual o de pareja depende de las necesidad de cada uno.

Un proceso de terapia individual puede ofrecer un espacio seguro para explorar tus emociones y comportamientos junto a un profesional de la salud mental.

Aunque no siempre sea fácil saber cómo encontrar apoyo y empezar un proceso terapéutico, con Unobravo no tendrás que preocuparte de cómo elegir un psicólogo. Solo necesitas rellenar el cuestionario y, en la primera cita gratuita, conocer al psicólogo que te haya sido asignado entre los psicólogos y psicólogas de Unobravo.

Si resulta ser el profesional adecuado para ti, emprenderéis juntos un proceso creado a medida para ti.

Con un psicólogo online de Unobravo puedes cuidar de ti estés donde estés. Podrás usar la App o la Web App para concertar tus citas, realizar las sesiones, chatear con tu psicólogo y realizar pagos seguros.

Todo cómodamente online, usando cualquier dispositivo y conectándote donde y cuando quieras.

El precio del psicólogo presencial puede variar mucho, sin contar con el tiempo y el coste que supone desplazarse a la consulta del profesional.

Con Unobravo, cada sesión tiene un precio fijo y accesible de 45 € y también puedes hablar con tu psicólogo cuando estés de viaje, de vacaciones o en una pausa del trabajo, sin dedicar tiempo y dinero a desplazamientos.

Para conectar con tu bienestar psicológico, solo necesitas un click.

La decisión de cuánto dura un proceso terapéutico la tomaréis entre tu psicólogo y tú: cada persona es única y también lo es el viaje hacia tu bienestar psicológico.

Cada proceso terapéutico es único y la motivación o la necesidad de empezar a hacer terapia depende de cada uno. Es importante recordar que ir a terapia no solo ayuda a afrontar dificultades y a tratar trastornos, también es un apoyo para quienes desean emprender un proceso de crecimiento personal y proporciona herramientas y estrategias útiles para mejorar el bienestar cotidiano.

Es importante recordar que hacer terapia es una forma de autocuidado y no un signo de debilidad, así que no es necesario esperar a estar al límite para pedir ayuda.

¿Puede ayudar la terapia de pareja en este caso?

Un cambio en la esfera íntima puede crear distancia si no se comprende ni se comunica, pero no significa que la relación esté comprometida. La terapia de pareja puede ofrecer un espacio protegido donde hablar de lo que se siente sin miedo a ser juzgados o malinterpretados. A menudo, el verdadero obstáculo no es la disminución del deseo en sí, sino el silencio que la rodea. Un proceso compartido puede ayudar a construir un lenguaje común para afrontar esta etapa y reforzar la complicidad en lugar de dejar que los malentendidos se acumulen con el paso del tiempo.

El psicólogo ayuda a la pareja a explorar, con delicadeza, las vivencias relacionadas con el cambio del cuerpo, el agotamiento y el nuevo papel como padres, sin forzar nunca el relato de detalles íntimos que no se está preparado para compartir. El trabajo se centra a menudo en la comunicación: entender cómo expresar necesidades y miedos sin que se interpreten como rechazos. Se puede hablar de la intimidad en un sentido amplio e incluir gestos de cercanía distintos de la relación sexual, para recuperar poco a poco una conexión auténtica.

Cuando uno de los dos vive el cambio como un alejamiento afectivo, mientras que el otro lo vive como una etapa física y emocional muy intensa, los malentendidos pueden crecer con facilidad. La terapia de pareja puede ofrecer un contexto en el que ambas perspectivas se escuchan sin culpabilizar. El psicólogo ayuda a distinguir entre lo que tiene que ver con el cuerpo y el agotamiento, y lo que tiene que ver con la relación, aportar claridad y reducir las proyecciones mutuas que a menudo nacen del miedo a perder la sintonía.

Depende de lo que sientas que quieres explorar en este momento. Una terapia individual puede ayudarte a trabajar el sentimiento de culpa, la imagen de ti mismo/a y los cambios relacionados con la nueva identidad como padre o madre. Una terapia de pareja, en cambio, se centra en la relación y en cómo atravesar juntos esta etapa de transición. Los dos procesos no compiten entre sí: algunas parejas eligen emprenderlos en paralelo, para trabajar tanto la vivencia personal como la calidad del vínculo compartido.

Es posible presentar la terapia como un espacio para entenderse mejor en una etapa de grandes cambios, en lugar de como una respuesta a un problema grave. Frases como “podríamos hablarlo con alguien que nos ayude a comunicarnos mejor” suelen recibirse con menos resistencia que los tonos alarmados. Es útil subrayar que no hace falta esperar a que la distancia crezca: empezar a hacer terapia cuando la relación aún es sólida puede facilitar afrontar juntos las transformaciones de este periodo y reforzar la confianza mutua.

[Foto link]: [Link immagine]

[Foto Alt]: Mujer calienta un biberón en la cocina de noche, mientras su pareja la observa sentado a la mesa en penumbra

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