La psicoterapia cognitiva se desarrolla durante las décadas de 1950 y 1960 a partir de los estudios de dos terapeutas de formación psicoanalítica: Albert Ellis (terapia racional - 1950) y Aaron T. Beck (terapia cognitiva - 1960). Su objetivo era desarrollar una forma de terapia en la que el terapeuta tuviera un papel más directivo. A pesar de algunas diferencias, ambos parten de la idea de que los pensamientos producen emociones y de que, cuando son disfuncionales, también pueden generar malestar psicológico.
La técnica principal de la terapia cognitiva estándar es la reestructuración cognitiva, con la que el psicólogo ayuda a la persona a cuestionar los pensamientos disfuncionales y a crear otros nuevos, más funcionales.
Sin embargo, a comienzos de los años noventa, la terapia cognitiva amplía el énfasis tradicional en el contenido de los pensamientos. Las llamadas terapias de tercera ola incorporaron la aceptación, la atención plena, la metacognición, entre otros elementos. Así, la atención empieza a desplazarse del qué se piensa al cómo se piensa. La Acceptance and Commitment Therapy (ACT) de Steven C. Hayes y la terapia metacognitiva (MCT) de Adrian Wells nacen precisamente en este contexto.
La Acceptance and Commitment Therapy (ACT)
La ACT tiene como objetivo central la flexibilidad psicológica e integra la aceptación, la defusión cognitiva, el contacto con el momento presente, el yo-como-contexto, la clarificación de valores y la acción comprometida. Un elemento fundamental de la ACT es la acción comprometida (committed action): un comportamiento guiado por los valores, sostenido por objetivos flexibles y progresivos que se traducen en pasos concretos a lo largo del tiempo.
El modelo de la ACT se ha representado de forma gráfica como un hexágono, llamado hexaflex. Se basa en seis habilidades que la ACT busca enseñar mediante ejercicios prácticos y el uso de metáforas. Para profundizar en estas habilidades, puede ser útil leer el libro La trampa de la felicidad, del Dr. Russ Harris, médico y terapeuta.
Los demonios en la barca
En varios puntos del libro, el Dr. Harris invita a usar la imaginación y a imaginarnos a bordo de una barca. Escondidos bajo cubierta están nuestros peores demonios. Mientras la barca va a la deriva, permanecen tranquilos. Pero, en cuanto dirigimos el timón hacia una meta deseada, estos monstruos emergen y nos gritan pensamientos desagradables.
Los demonios representan experiencias internas difíciles: pensamientos, emociones, recuerdos, sensaciones físicas y urgencias de evitar. Frases como “no valgo nada” o “es solo una pérdida de tiempo” son pensamientos que pueden llevarnos a renunciar a nuestros objetivos. Sin embargo, es importante recordar que no pueden hacernos daño físico: son solo palabras e imágenes. En la vida cotidiana, a menudo creemos demasiado en estos pensamientos y les permitimos desanimarnos, hasta el punto de evitar aquello que sería significativo para nosotros.

Expansión y defusión
Con la técnica de la expansión, el psicólogo con orientación ACT guía a la persona para que contacte en su cuerpo con la emoción desagradable que siente y describa sus características, como la forma, la consistencia y el color. La invitación es a respirar dentro de la emoción y hacerle sitio, para poder acogerla y aceptarla. Con la defusión cognitiva, en cambio, el psicólogo ayuda a la persona a observar los pensamientos tal como son: reducir la fusión con ellos y valorar si seguirlos literalmente ayuda a actuar de acuerdo con los valores personales.
Los seis procesos del Hexaflex de la ACT: una visión práctica
El modelo de la Acceptance and Commitment Therapy, conocido como Hexaflex, se apoya en seis procesos psicológicos fundamentales que trabajan juntos para favorecer la flexibilidad psicológica. Esta capacidad nos permite adaptarnos a los cambios de la vida sin perder el contacto con nuestros valores y actuando de forma coherente con ellos.
Estos son los seis procesos clave de la ACT, cada uno acompañado de un ejemplo práctico:
- Aceptación: consiste en abrirse a las emociones y los pensamientos desagradables, sin intentar evitarlos ni controlarlos. Por ejemplo, una persona que siente ansiedad antes de hablar en público puede aprender a reconocer y acoger esa emoción, en lugar de combatirla.
- Defusión cognitiva: ayuda a tomar distancia de los pensamientos y observarlos como simples eventos mentales. Un ejercicio típico es repetir un pensamiento negativo en voz alta hasta que pierde su carga emocional.
- Contacto con el momento presente: invita a llevar la atención al aquí y ahora, en lugar de perderse en los recuerdos o en las preocupaciones por el futuro. Por ejemplo, concentrarse en la respiración o en las sensaciones corporales durante un paseo.
- El yo como contexto: promueve la conciencia de ser más que los pensamientos o las emociones. Se trata de reconocer que, incluso cuando sentimos emociones intensas, existe una parte estable y observadora de nosotros mismos.
- Clarificación de valores: ayuda a identificar lo que de verdad es importante para la persona, como la familia, la amistad o el crecimiento personal. Este proceso guía las decisiones y las acciones cotidianas.
- Acción comprometida: consiste en dar pasos concretos hacia los valores, incluso ante las dificultades. Por ejemplo, una persona que valora la salud puede empezar a hacer actividad física de forma regular, a pesar de la pereza o del miedo a no conseguirlo.
Estos seis procesos no son pasos rígidos, sino áreas de trabajo que el psicólogo con orientación ACT integra de forma flexible, que las adapta a las necesidades de la persona.
Las bases teóricas de la ACT: la Relational Frame Theory y la flexibilidad psicológica
La ACT se apoya en un sólido marco teórico llamado Relational Frame Theory (RFT), desarrollado de forma conjunta por Steven C. Hayes, Dermot Barnes-Holmes y Brian Roche. La RFT explica cómo el lenguaje y la capacidad de crear relaciones entre conceptos influyen en profundidad en la manera en que pensamos, sentimos y nos comportamos.
Según la RFT, nuestra mente tiende a conectar pensamientos, emociones y recuerdos a través de relaciones aprendidas con el tiempo. Este proceso, que por un lado es útil para aprender y comunicarnos, por otro puede llevarnos a quedar atrapados en esquemas de pensamiento rígidos y dolorosos.
La respuesta de la ACT a esta complejidad es la flexibilidad psicológica: la capacidad de permanecer presentes, aceptar la experiencia interna y actuar de forma coherente con los valores, incluso cuando afrontamos emociones difíciles. Numerosos estudios han demostrado que una mayor flexibilidad psicológica se podría asociar a un mejor bienestar psicológico y a una reducción de los síntomas de ansiedad y depresión (Kashdan y Rottenberg, 2010).
Esta perspectiva ayuda a entender por qué la ACT no busca eliminar los pensamientos negativos, sino cambiar la forma en que nos relacionamos con ellos y favorecer una vida más rica y significativa.
Eficacia clínica de la ACT: datos y aplicaciones
La Acceptance and Commitment Therapy ha sido objeto de numerosos estudios clínicos que han evaluado su eficacia en distintos ámbitos de la salud mental. Según un metaanálisis publicado en Psychotherapy and Psychosomatics, la ACT ha mostrado resultados positivos en el tratamiento de trastornos como la ansiedad, la depresión, el dolor crónico y los trastornos por consumo de sustancias (A-Tjak et al., 2015).
Además, la ACT también se ha mostrado que podría ser eficaz en el tratamiento psicológico de numerosos trastornos psiquiátricos, entre ellos la psicosis, la depresión, el trastorno obsesivo-compulsivo, la tricotilomanía, el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de estrés postraumático, el trastorno límite de la personalidad y los trastornos alimentarios (Ducasse y Fond, 2015).
Algunos datos significativos:
- Trastornos de ansiedad: la ACT ha mostrado una reducción de los síntomas de ansiedad similar o superior a la de las terapias cognitivas tradicionales, con efectos que se mantienen en el tiempo (Arch et al., 2012).
- Depresión: estudios aleatorizados y controlados (ECA) han evidenciado que la ACT puede contribuir a una disminución de los síntomas depresivos y a una mejora de la calidad de vida (Forman et al., 2007).
- Dolor crónico: la ACT está recomendada por guías internacionales, como las de la American Psychological Association, para el manejo del dolor crónico, gracias a su capacidad para mejorar el funcionamiento cotidiano y reducir el sufrimiento emocional en muchos casos (Veehof et al., 2016).
- Trastornos por consumo de sustancias: la ACT se ha mostrado eficaz para ayudar a las personas a reducir el consumo y a prevenir las recaídas en algunos casos, trabajando la aceptación de las emociones y el compromiso con los valores (Lee et al., 2015).
La Acceptance and Commitment Therapy se aplica tanto en contextos individuales como de grupo, y se adapta a distintas franjas de edad, desde la infancia hasta la edad adulta. Su flexibilidad la convierte en un recurso valioso para afrontar múltiples retos psicológicos, y ha demostrado utilidad también en otros ámbitos médicos, como el manejo del dolor crónico, la adicción a sustancias, la deshabituación tabáquica, el manejo de la epilepsia, la autogestión de la diabetes, la gestión del estrés laboral, de los acúfenos y de la esclerosis múltiple (Ducasse y Fond, 2015). Además, la ACT puede impartirse en forma de breves talleres de grupo (Dindo et al., 2017).

La terapia metacognitiva (MCT)
La MCT atribuye el sufrimiento al síndrome cognitivo-atencional (Cognitive Attentional Syndrome, CAS), un estilo perseverativo caracterizado por:
- rumiación y preocupación repetitiva;
- monitorización de la amenaza;
- evitación y supresión;
- estrategias de afrontamiento disfuncionales.
A diferencia de la ACT, la MCT busca modificar las creencias metacognitivas que mantienen el CAS, enseñando a interrumpir los ciclos de pensamiento perseverativo. El objetivo es desarrollar la detached mindfulness y el control atencional, es decir, observar los pensamientos sin engancharse a ellos y redirigir de forma voluntaria la atención hacia donde hace falta. Así, los pensamientos intrusivos pierden impacto funcional sobre el comportamiento y el tono emocional, aunque puedan permanecer en segundo plano sin guiar las decisiones.
La detached mindfulness
En la terapia metacognitiva (MCT), la detached mindfulness (DM) busca observar los pensamientos como eventos mentales sin engancharse a ellos, adoptando una posición descentrada. La DM se enseña mediante instrucciones experienciales breves y ejercicios de descentramiento y control atencional (por ejemplo, notar una palabra o una imagen mental y dejarla pasar); de hecho, no se pide concentrarse en el cuerpo ni conectar con el momento presente, como en el mindfulness.
Un ejemplo de ejercicio de detached mindfulness: etiqueta un pensamiento (por ejemplo, “soy un fracaso”) como “solo un pensamiento”, obsérvalo durante unos segundos como una palabra o imagen que pasa y devuelve de forma voluntaria la atención a la tarea presente; repítelo sin discutir el contenido ni suprimirlo.
Aprender a dirigir la atención
En la MCT se muestra cómo la supresión de los pensamientos es una estrategia que mantiene el síndrome cognitivo-atencional: a menudo aumenta la relevancia y la recurrencia del contenido en lugar de resolver el problema. La MCT utiliza ejercicios de control atencional, en particular la Attention Training Technique (ATT), para desplazar de forma intencionada el foco entre estímulos o canales; los pensamientos no enfocados pueden quedar en segundo plano con menor impacto funcional, sin necesidad de intentar eliminarlos.
¿Cuál de las dos terapias es más eficaz?
En la literatura hay pruebas científicas a favor tanto de la MCT como de la ACT. La cuestión no es cuál es más eficaz en términos absolutos. Cada persona tiene sus particularidades y es única. Cuando pides acompañamiento psicológico, el psicólogo que se te asigne —y, por tanto, también el enfoque que utilizará— se elige en función de tus características y de tu petición personal.
Empieza a cuidar de tu bienestar psicológico
Si sientes la necesidad de empezar un proceso de acompañamiento psicológico, en Unobravo puedes encontrar al profesional que mejor se adapte a tus necesidades. Solo tienes que completar el cuestionario online para concretar el primer paso hacia tu bienestar emocional.






