Cada año, en enero, vuelve puntualmente la referencia al Blue Monday, definido como el día más triste del año.
El Blue Monday hace referencia a una fecha precisa, un lunes, a menudo acompañado de explicaciones rápidas: el frío, el final de las vacaciones, el cansancio, los buenos propósitos fallidos. Es una narrativa que arraiga fácilmente porque intercepta algo real: muchas personas, en este periodo postvacacional, se esfuerzan más, se sienten agotadas, desmotivadas, con menos entusiasmo, más irritables o más tristes.
Sin embargo, el problema no está en reconocer este cansancio, sino en reducirlo a un día concreto, como si el malestar emocional pudiera circunscribirse, contenerse y archivarse en el calendario. Por desgracia, el sufrimiento psicológico no funciona así y de tal premisa nace este artículo.
El Blue Monday: cuando una simple explicación se vuelve engañosa
El concepto de Blue Monday tiene su origen en una fórmula que supuestamente "calculaba" el día más triste del año combinando varios factores, pero esta fórmula carece de base científica y nunca ha sido reconocida por la comunidad psicológica.
En este sentido, es importante destacar que no existen estudios fiables que demuestren un aumento significativo de la depresión en un día concreto de enero en comparación con otros momentos del año. Sin embargo, el Blue Monday sigue siendo relatado, compartido y retuiteado.
Esto suele ocurrir porque las explicaciones sencillas tienen un gran poder: tranquilizar, hacer más "manejable" el malestar y permitir que no se profundice demasiado. Sin embargo, cuando se trata de salud mental, la simplificación tiene un coste, ya que corremos el riesgo de banalizar el sufrimiento, confundir diferentes estados emocionales y reforzar la idea de que "ya se pasará solo".

Tristeza, cansancio, apatía: no todo es lo mismo
Sentirse decaído no es automáticamente lo mismo que estar deprimido. Puede parecer una frase banal pero es importante decirlo, ya que la tristeza forma parte de todas nuestras vidas, al igual que el cansancio o la falta de motivación. La diferencia no está solo en lo mal que se siente una persona, sino en otras variables importantes:
- desde hace cuánto tiempo,
- con que frecuencia,
- qué impacto tiene dicha afección en la vida diaria.
La depresión no es un "mal día", sino una afección que tiende a infiltrarse en las rutinas, las relaciones y la forma en que una persona se ve a sí misma y el futuro. A menudo no se presenta de forma evidente y puede manifestarse como:
- pérdida de interés,
- sensación de vacío,
- fatiga constante,
- dificultad para sentir placer,
- pensamientos de autodesvalorización que se vuelven habituales.
Esta forma "silenciosa" es precisamente la que hace que la depresión sea tan fácil de ignorar o normalizar.
La depresión está muy extendida, pero a menudo es invisible
Según las estimaciones más recientes de la Organización Mundial de la Salud (2025), aproximadamente el 4 % de la población mundial padece depresión, lo que incluye al 5,7 % de los adultos (el 4,6 % entre los hombres y el 6,9 % entre las mujeres) y al 5,9 % de los adultos mayores de 70 años.
En todo el mundo, hay aproximadamente 332 millones de personas que viven con depresión. Asimismo, este trastorno es aproximadamente 1,5 veces más frecuente en mujeres que en hombres. Por ejemplo, a nivel mundial, más del 10 % de las mujeres embarazadas y que acaban de dar a luz experimentan una forma de depresión (Woody et al., 2017).
Sin embargo, a pesar de estas cifras, muchas personas no se identifican con una idea "clásica" de depresión, ya que no se sienten "lo suficientemente tristes", "lo suficientemente atascados" o "lo suficientemente desesperados" como para pensar que tienen un problema, y esta percepción contribuye a retrasar la búsqueda de ayuda.
¿Qué se desprende de los datos?
Junto a los datos epidemiológicos, existen instrumentos que permiten observar el fenómeno desde otro ángulo: los cuestionarios o test de autoevaluación. Sin embargo, es esencial aclarar que este tipo de instrumentos no son diagnósticos, no sustituyen a una evaluación clínica y no describen a la población general.
Su importancia reside en el hecho de que describen lo que relatan las personas que sienten la necesidad de cuestionar su estado emocional. Los siguientes datos proceden de 77.220 respuestas anónimas a un cuestionario de autoevaluación de la depresión administrado por Unobravo.
Interés y placer: cuando las cosas dejan de "llegar”
A la pregunta sobre la falta de interés o placer por hacer cosas, en torno al 41 % de las personas que rellenaron el test refiere este síntoma casi todos los días. Este dato es especialmente relevante porque la pérdida de interés no suele reconocerse como un signo de sufrimiento, sino que se interpreta como pereza, falta de motivación o simple cansancio. Sin embargo, la realidad es que cuando el placer desaparece de forma persistente, es importante prestarle atención.
Estado de ánimo depresivo: no solo tristeza pasajera
Cuando se les preguntó si se sentían decaídos, deprimidos o sin esperanzas, casi el 40 % de las personas respondieron "casi todos los días", mientras que un 24 % refirió este estado durante más de la mitad de los días. Esto sugiere que, para muchas personas, tener un bajo estado de ánimo no es una excepción, sino una presencia constante que les acompaña semana tras semana.
El cuerpo como primer mensajero
La depresión también habla a través del cuerpo, a menudo incluso antes que las palabras. Los datos muestran que:
- casi al 44 % declara tener problemas de sueño casi todos los días,
- en torno al 46 % se siente cansado o con poca energía casi a diario,
- más de un tercio refiere cambios en el apetito.
A menudo, estos síntomas se tratan por separado, sin captar el conjunto.
Autoestima, concentración y diálogo interno
La mitad de las personas que rellenaron el test afirman tener pensamientos negativos sobre sí mismas casi todos los días: sentir que son un fracaso, haber decepcionado a los demás, sentirse mal consigo mismas. No se trata solo de "inseguridad", sino de un diálogo interno que puede llegar a ser rígido, acusador y agotador. La dificultad para concentrarse también está muy extendida, con un impacto directo en la vida laboral y relacional.

Los pensamientos más difíciles de expresar
Una parte significativa de las personas que han respondido al cuestionario informó de la presencia de pensamientos de muerte o de hacerse daño, con frecuencias que no pueden pasarse por alto.
Es importante reiterar que estos datos no indican automáticamente un riesgo inminente, pero sí niveles de angustia que merecen ser escuchados y atendidos. Cuando estos pensamientos están presentes, aunque no vayan acompañados de intenciones concretas, indican que algo se ha vuelto demasiado difícil de soportar en solitario.
Lo que realmente nos dicen estas cifras
Estas cifras no sirven para crear alarmismo, sino para recordarnos que el sufrimiento psicológico es a menudo cotidiano, repetitivo, invisible, y por tanto no estalla en un día concreto, no coincide con una recurrencia. En este sentido, el Blue Monday corre el riesgo de convertirse en una distracción: una forma de hablar de la tristeza sin hablar realmente de depresión.
En consecuencia, si queremos hablar seriamente de salud mental, es necesario un cambio de perspectiva, por lo que la pregunta no debería ser "¿cuál es el día más triste del año?", sino más bien:
- ¿Cuántas personas están mal desde hace tiempo sin sentirse con derecho a decirlo?
- ¿Cuántas personas conviven con síntomas depresivos sin reconocerlos?
- ¿Cuántas personas posponen la búsqueda de ayuda porque piensan que tienen que arreglárselas solas?
Hablar de depresión significa reconocer la complejidad, sin trivializar ni asustar, así como crear un lenguaje que permita que las personas se sientan identificadas, en lugar de equivocadas.
Más allá del Blue Monday: Unobravo puede ayudarte
En conclusión, este artículo quiere abrir paso a la reflexión: el objetivo no es dejar de hablar del Blue Monday, sino "simplemente" no detenerse ahí y, por el contrario, aprovechar estas ocasiones para proporcionar información correcta, distinguir claramente entre el malestar pasajero y el sufrimiento persistente, y —sobre todo— recordar que pedir ayuda no es un fracaso.
La depresión no necesita una cita para existir, sino atención continua, espacios de escucha y posibilidades concretas de tratamiento; una verdadera responsabilidad que dura todo el año.






