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Efectos de la marihuana: riesgos, adicción y cómo dejarla

Efectos de la marihuana: riesgos, adicción y cómo dejarla
Redacción
Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
9.3.2026
Efectos de la marihuana: riesgos, adicción y cómo dejarla
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En los últimos años, el cannabis —también conocido como marihuana o hachís— se ha convertido en un tema de gran interés tanto social como científico y cada vez son más las personas que se cuestionan los efectos reales de esta sustancia sobre la mente y el cuerpo. La marihuana, en particular, suele estar en el centro de los debates: por un lado, se considera un posible recurso terapéutico y, por otro, una amenaza potencial para la salud mental.

Pero, ¿cuál es la verdad? Los efectos del cannabis pueden variar mucho de una persona a otra, afectando al pensamiento, las emociones y el comportamiento. En este artículo, intentaremos arrojar algo de luz sobre el tema, ofreciendo información basada en investigaciones recientes y respondiendo a las preguntas más comunes sobre esta sustancia, analizando los efectos de la marihuana pero también la adicción al cannabis.

Qué es el cannabis y cómo se consume

El cannabis es una planta utilizada por el ser humano desde hace miles de años con fines rituales, recreativos y terapéuticos. Sus flores y resinas contienen numerosos compuestos activos, conocidos como cannabinoides, que interactúan con el sistema endocannabinoide humano, implicado en la regulación de funciones como la memoria, el estado de ánimo, el apetito y la percepción del dolor.

Entre los cannabinoides, los dos más estudiados son:

  • Tetrahidrocannabinol (THC): responsable de efectos psicoactivos como la euforia, la alteración de la percepción y la modificación del pensamiento.
  • Cannabidiol (CBD): carente de efectos psicoactivos y sin toxicidad, conocido por sus potenciales propiedades analgésicas, anticonvulsivantes y ansiolíticas.

Un punto importante a tener en cuenta es que no todo el cannabis es igual: los niveles de THC de las variedades recreativas han aumentado considerablemente en los últimos años, incrementando también el riesgo de efectos adversos. Muchos consumidores dan por sentado que el cannabis actual es similar al de hace décadas, pero en realidad las concentraciones de principio activo (especialmente de THC) pueden ser mucho mayores que en el pasado.

Asimismo, también hay que tener en cuenta la variabilidad individual: la misma sustancia puede producir efectos muy diferentes en función de la dosis, la potencia, la edad, los antecedentes personales, la vulnerabilidad psicológica e incluso el estado emocional. El contexto y el estado interno de la persona ("set & setting") junto con las expectativas, pueden amplificar o atenuar la experiencia, un elemento a menudo subestimado por quienes asumen que, de todos modos, es solo hierba.

Cómo se consume el cannabis

Las principales formas disponibles son:

  • Marihuana: flores secas y trituradas.
  • Hachís: resina concentrada, con porcentajes a menudo más elevados de THC.

Los modos de consumo varían y alteran profundamente la experiencia:

  • Fumada (porros, pipas): efectos rápidos, máxima biodisponibilidad del THC.
  • Vaporizada: menos productos de combustión, aparición rápida.
  • Ingerido (galletas, caramelos): efectos más tardíos y prolongados, mayor riesgo de sobredosis involuntaria.

El consumo puede ser:

  • Recreativo, a menudo con fines de relajación o socialización.
  • Terapéutico, regulado y controlado por un médico para afecciones específicas (dolor crónico, náuseas de la quimioterapia, espasmos musculares, algunas formas de epilepsia).

No obstante, en España, el cannabis terapéutico solo es legal bajo prescripción médica y para las indicaciones establecidas por el Ministerio de Sanidad; el uso recreativo, en cambio, sigue siendo ilegal.

Foto di Aphiwat chuangchoem – Pexels

Diferencias entre consumo ocasional, abuso y dependencia

Cuando se habla de cannabis, es esencial distinguir entre uso ocasional, abuso y dependencia, evitando dos errores muy comunes: creer que todo uso es igual o, por el contrario, que solo hacen falta unos cuantos porros para ser adicto. Las categorías clínicas se basan en la frecuencia y en el impacto que la sustancia tiene en el funcionamiento de la persona.

Consumo ocasional de cannabis

Se sitúa en el rango de consumo menos problemático. Puede limitarse a momentos concretos, como situaciones sociales o recreativas, sin interferir abiertamente en el trabajo, los estudios o las relaciones. Sin embargo, conviene recordar un aspecto que a menudo se subestima: definir algo como ocasional no significa automáticamente que sea inofensivo. En individuos vulnerables —por ejemplo, adolescentes o personas con mucha ansiedad—, incluso el consumo esporádico puede provocar reacciones no deseadas, como pánico o paranoia.

Abuso del cannabis

El abuso indica un uso más frecuente y funcional. La sustancia se convierte en un medio para modular las emociones, el estrés o el aburrimiento. Aquí es donde aparecen los primeros signos de interferencia:

  • descenso del rendimiento,
  • dificultad para concentrarse,
  • desinterés por actividades antes gratificantes,
  • irritabilidad durante los periodos de abstinencia psicológica.

La persona puede convencerse a sí misma de que tiene el control porque aún puede gestionar ciertas responsabilidades, pero a menudo se trata de un punto ciego: es precisamente en esta fase cuando comienzan los intentos de soluciones disfuncionales (consumo para calmarse → aumento de la tolerancia → más consumo).

Adicción al cannabis o trastorno por consumo grave

Representa la forma clínicamente significativa del trastorno. Aquí el cannabis ya no es una opción, sino una necesidad. La persona dedica tiempo, recursos y atención a la búsqueda y al consumo; experimenta dificultades para reducir el consumo, a pesar del deseo de hacerlo; experimenta craving (deseo de consumo) y continúa consumiendo a pesar de ver claramente las consecuencias negativas:

  • ansiedad,
  • pérdida de motivación,
  • dificultades cognitivas,
  • problemas familiares o laborales.

Es importante subrayar que la dependencia del cannabis existe y puede ser intensa, aunque los síntomas de abstinencia no se parezcan a los de sustancias como los opiáceos o el alcohol.

El paso del uso al abuso y luego a la dependencia no es inevitable. No todos los consumidores ocasionales desarrollarán problemas; no todos los consumidores frecuentes se convertirán en adictos. Varios factores de vulnerabilidad marcan la diferencia:

  • la edad de inicio (cuanto antes se empieza, mayor es el riesgo),
  • la adaptación psicológica,
  • la comorbilidad con trastornos psiquiátricos,
  • el contexto social,
  • la disponibilidad de la sustancia,
  • la presencia de estrés o trauma persistentes.

Reconocer honestamente la posición de cada uno en estos patrones de consumo suele ser el primer paso hacia el cambio. No se trata de juzgar el comportamiento, sino de comprender si la sustancia está empezando a apoderarse de ámbitos de la vida que merecen ser protegidos.

Foto di RDNE Stock Project – Pexels

Efectos del cannabis en el cuerpo, la mente y el estado de ánimo

Los efectos de la marihuana y el hachís pueden ser muy variables y afectar tanto al cuerpo como a la mente. A corto plazo, muchas personas refieren una sensación de relajación, euforia y alteración de la percepción sensorial y temporal. Sin embargo, junto a estos efectos buscados, pueden aparecer ansiedad, paranoia, trastornos de la memoria y de la atención. En el plano físico, son frecuentes la sequedad de boca, el aumento del apetito, el enrojecimiento de los ojos y la taquicardia.

El consumo prolongado y regular puede tener un impacto más profundo y duradero. Las funciones cognitivas pueden verse afectadas por el consumo crónico: la memoria, la atención y la capacidad de aprendizaje pueden verse alteradas incluso mucho tiempo después del último consumo. Algunos estudios sugieren que estos efectos pueden ser reversibles con la interrupción, pero en los consumidores habituales pueden persistir.

En cuanto al estado de ánimo, el cannabis puede actuar inicialmente como ansiolítico o antidepresivo (por ejemplo, muchas personas buscan la droga para controlar síntomas de ansiedad o depresión), pero a largo plazo puede contribuir a empeorar los síntomas, aumentando el riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos como depresión mayor, trastornos de ansiedad y, en individuos vulnerables, psicosis.

Físicamente, fumar cannabis puede dañar los pulmones y el sistema cardiovascular, mientras que la ingestión oral plantea riesgos relacionados con la dosis y la lentitud de aparición de los efectos. Comprender estos riesgos es el primer paso para tomar decisiones con conocimiento de causa.

Signos y síntomas de la dependencia del cannabis

Reconocer la dependencia del cannabis no es sencillo. Muchos consumidores tienden a pensar que esta sustancia no puede ser realmente adictiva, pero esta creencia es engañosa: las pruebas clínicas y de investigación demuestran lo contrario.

El DSM-5-TR define el Trastorno por Consumo de Cannabis como un conjunto de signos conductuales, cognitivos y emocionales que indican una relación disfuncional con la sustancia. Un punto crítico a destacar es que no basta con consumir a menudo para hablar de adicción, pero tampoco basta con sentirse en control para excluirla. La pérdida de libertad para elegir es lo que marca la diferencia. He aquí las principales señales a las que hay que estar atento:

1. Necesidad creciente de consumir la sustancia: la necesidad imperiosa de consumir a diario o varias veces al día es un indicador clave. A menudo la persona racionaliza y se dice a si misma “es solo para relajarme", sin darse cuenta de que el consumo se ha vuelto automático. Una persona no adicta tiene elección; una persona adicta siente que no tiene elección en relación al consumo.

2. Aumento de la tolerancia: con el tiempo, se necesitan dosis mayores o productos más potentes para conseguir los mismos efectos. Este proceso suele subestimarse porque se percibe como una evolución normal del consumo, pero clínicamente indica una adaptación neurobiológica.

3. Síntomas de abstinencia: en el momento de la reducción o de la abstinencia, pueden aparecer irritabilidad, insomnio, tensión interna, ansiedad, disminución del apetito, alteraciones del humor y fuertes deseos de consumir. Muchos usuarios tienden a interpretar estas reacciones como estrés, sin reconocer que es la sustancia la que las genera.

4. Pérdida de control: a pesar de los intentos de reducción o abandono, el consumo continúa. Este es el núcleo diagnóstico del trastorno: la voluntad está ahí, pero no es suficiente.

5. Tiempo dedicado a la sustancia: gran parte del día se dedica a consumir, buscar o recuperarse de los efectos. Incluso cuando el consumo parece controlado, el pensamiento suele estar centrado en la sustancia.

6. Interferencia con la escuela, el trabajo o las relaciones: disminución de la motivación, dificultad para concentrarse, retrasos, conflictos interpersonales, desinterés por actividades anteriormente gratificantes.

7. Consumo continuado a pesar de las consecuencias negativas: incluso cuando la ansiedad, la apatía, el empeoramiento del estado de ánimo o los problemas familiares son evidentes, la persona sigue consumiendo la sustancia. Un signo a menudo ignorado es que la persona tiende a minimizar los efectos o a compararse con usuarios que consumen más.

Además de los criterios diagnósticos, pueden aparecer

  • alteraciones del sueño,
  • problemas de memoria y atención,
  • irritabilidad marcada,
  • mayor vulnerabilidad a la ansiedad o la paranoia,
  • menor interés por los objetivos personales.

En este punto es útil plantearse una pregunta crucial:

¿La sustancia está ampliando la vida o reduciéndola? 

Si está reduciendo el espacio, la energía, las relaciones o la libertad de decisión, es una señal que no debe ignorarse.

Las herramientas de autoevaluación en línea pueden ofrecer una orientación inicial, pero no sustituyen a una evaluación profesional. Hablar con un experto en adicciones permite comprender el nivel real de riesgo y contar con un apoyo profesional sin sentirse juzgado por ello.

Foto di XRP Relic – Unsplash

Abstinencia de cannabis: síntomas y tratamiento

La abstinencia de cannabis se produce cuando una persona reduce significativamente o interrumpe el consumo tras un período prolongado de consumo regular. A pesar de la creencia generalizada de que el cannabis no provoca síndrome de abstinencia, el DSM-5-TR reconoce un verdadero síndrome de abstinencia, con manifestaciones tanto físicas como psicológicas.

Los síntomas más comunes incluyen:

  • irritabilidad y nerviosismo,
  • aumento de la ansiedad o sensación de tensión interna,
  • alteraciones del sueño (dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes, sueños vívidos o pesadillas),
  • disminución del apetito,
  • alteraciones del estado de ánimo (irritabilidad, tristeza, mayor susceptibilidad emocional),
  • sudoración, dolor de cabeza, agitación física,
  • deseo intenso de volver a consumir.

Los síntomas suelen aparecer en las 24-48 horas siguientes a la interrupción, alcanzan su punto álgido entre el tercer y el séptimo día y tienden a remitir gradualmente a lo largo de 2-3 semanas. Algunas dificultades residuales, como la irritabilidad o los trastornos del sueño, pueden persistir durante más tiempo en los consumidores crónicos.

Un punto importante: muchas personas interpretan estos síntomas como estrés, sin relacionarlos con la abstinencia del cannabis, y esto puede dificultar la toma de conciencia del problema. Controlar la abstinencia de cannabis requiere estrategias específicas, como mantener una rutina regular, practicar técnicas de relajación (respiración profunda, meditación, yoga) y buscar el apoyo de amigos, familiares o grupos de apoyo. En algunos casos, puede ser útil consultar a un profesional de la salud mental para obtener un apoyo más estructurado.

Cómo abandonar el consumo: estrategias y beneficios

Descubrir cómo dejar de fumar marihuana es un proceso personal que puede abordarse con estrategias específicas y el apoyo adecuado.

Puede ser útil identificar tus desencadenantes, es decir, las situaciones o emociones que te impulsan a consumir cannabis, e intentar modificarlas o evitarlas. Así como sustituir el hábito por actividades alternativas, como deportes o aficiones, puede ayudarte a afrontar el aburrimiento o el estrés sin recurrir a la sustancia. Además, hablar con amigos o familiares de confianza puede ofrecer un importante apoyo emocional.

Si uno se da cuenta de que el consumo de cannabis está teniendo un impacto negativo en su vida, buscar apoyo profesional es un paso valiente y crucial. Un psicólogo puede ayudar a trabajar en las motivaciones, reforzar la determinación y desarrollar estrategias personalizadas para gestionar las recaídas.

Ayudar a alguien que fuma cannabis y ha desarrollado una adicción puede parecer un reto complicado, pero no es imposible. La comprensión, la paciencia y el apoyo emocional son las claves fundamentales para mantener el camino hacia la recuperación.

Dejar de consumir cannabis puede reportar numerosos beneficios:

  • mayor claridad mental,
  • mejora de la memoria y la concentración,
  • aumento de la motivación,
  • mejora del estado de ánimo,
  • disminución de la ansiedad,
  • recuperación de las relaciones sociales,
  • optimización del rendimiento en el trabajo o en la escuela,
  • reducción de los riesgos legales.
Foto di RDNE Stock Project – Pexels

Cannabis medicinal: usos y riesgos

El término  cannabis medicinal se refiere al uso controlado del cannabis con fines médicos, dentro de un itinerario sanitario estructurado y solo con receta especializada. En España, su uso está regulado desde 2025, a través del Real Decreto 903/2025 que establece las condiciones de prescripción, elaboración y dispensación en el ámbito hospitalario para indicaciones concretas definidas por el Ministerio de Sanidad. 

Es importante recordar un punto que a menudo se malinterpreta: cannabis medicinal no significa cannabis más seguro, sino cannabis con una composición estandarizada y una dosificación controlada.

Las principales afecciones para las que se puede recetar incluyen:

  • dolor crónico que no responde a otros tratamientos,
  • espasticidad asociada a la esclerosis múltiple o a lesiones de la médula espinal,
  • náuseas y vómitos por quimioterapia, radioterapia o terapia antirretrovírica,
  • ciertas formas de epilepsia resistente (en casos seleccionados y con productos específicos).

En España, una única forma farmacéutica es la solución oral oleosa de preparados estandarizados de cannabis (THC y/o CBD), elaborada como fórmula magistral hospitalaria, porque permite un seguimiento clínico más seguro que los productos no regulados. Como cualquier medicamento, el cannabis medicinal tiene beneficios potenciales, pero también limitaciones y contraindicaciones. Conviene cuestionar un supuesto común: el hecho de que sea natural no significa que esté exento de riesgos.

Posibles efectos secundarios:

  • somnolencia y disminución de los reflejos,
  • mareos o hipotensión,
  • alteraciones del humor (irritabilidad, ansiedad, euforia),
  • dificultades de concentración o de memoria,
  • náuseas o sequedad de boca,
  • riesgo, aunque reducido en un contexto médico, de efectos psicoactivos no deseados.

Limitaciones clínicas importantes:

  • no es eficaz en todos los pacientes, ya que la respuesta clínica puede ser  muy variable,
  • puede interactuar con fármacos sedantes, anticoagulantes, antiepilépticos,
  • requiere un control cuidadoso de la dosis y los síntomas.

Principales contraindicaciones:

  • embarazo y lactancia
  • antecedentes de trastornos psicóticos o predisposición familiar,
  • ciertas afecciones cardiovasculares,
  • adolescencia (casi siempre desaconsejada, salvo en casos excepcionales y supervisados).

Por este motivo, el cannabis medicinal solo debe consumirse bajo supervisión médica y bajo prescripción médica.

Evaluar un nuevo comienzo

Darse cuenta de que se ha llegado a un punto de inflexión en la trayectoria personal no es fácil, sobre todo cuando se trata de valorar un nuevo comienzo con respecto al cannabis. La decisión de dejar de fumar requiere concienciación, motivación y el deseo de hacer un cambio positivo.

Hay muchos recursos dispuestos a ayudarte: programas de apoyo, material informativo y profesionales cualificados. Pedir ayuda es un acto de valentía y autodeterminación. Si crees que ha llegado el momento de dar un paso hacia un nuevo comienzo, considera la posibilidad de encontrar al profesional adecuado para ti.

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