Las extrasístoles son latidos cardíacos prematuros que pueden percibirse como palpitaciones, un “salto” del corazón o un latido irregular. Muchas personas experimentan este fenómeno de forma ocasional y, en la mayoría de los casos, es benigno y está relacionado con periodos de estrés o cansancio. Sin embargo, para algunas personas las extrasístoles son una fuente de preocupación intensa, que alimenta la ansiedad y el temor por su salud.
En este artículo veremos qué son las extrasístoles, cuándo pueden estar relacionadas con la ansiedad y cómo distinguir los síntomas de un estado ansioso de los de un problema cardíaco real. Si alguna vez te has preguntado si tus extrasístoles están relacionadas con la ansiedad o son señal de algo más serio, aquí encontrarás información útil y tranquilizadora, con un lenguaje accesible pero clínicamente preciso.
Qué son las extrasístoles: definición, tipos y causas
Para entenderlo mejor, las extrasístoles son latidos añadidos, es decir, contracciones cardíacas que se producen antes del ritmo normal del corazón. Imagina el corazón como un metrónomo: cada latido debería ser regular, pero a veces puede producirse un “clic” anticipado. Para algunas personas puede ser imperceptible, mientras que para otras puede sentirse como un verdadero salto en el pecho.
Las extrasístoles pueden ser de dos tipos principales:
- Extrasístoles auriculares: se originan en las cavidades superiores del corazón (las aurículas).
- Extrasístoles ventriculares: se producen en las cavidades inferiores (los ventrículos).
Ambos tipos suelen ser benignos, sobre todo en ausencia de otras patologías cardíacas, aunque su naturaleza puede variar según la frecuencia y la presencia de afecciones clínicas subyacentes.
Las causas de las extrasístoles son múltiples y pueden estar relacionadas con factores tanto psicológicos como físicos. La ansiedad y el estrés se encuentran entre los principales factores psicológicos que pueden desencadenar las extrasístoles. En situaciones de gran agitación, el cuerpo libera adrenalina, que puede influir en el ritmo cardíaco. También sustancias como la cafeína, el alcohol y algunos medicamentos pueden contribuir a la aparición de estos latidos irregulares. En algunos casos, las extrasístoles pueden ser una señal de alarma de patologías cardíacas subyacentes.
En definitiva, entre las causas más comunes están:
- estrés y ansiedad,
- consumo de cafeína o alcohol,
- cansancio y falta de sueño,
- alteraciones electrolíticas,
- patologías cardíacas preexistentes,
- medicamentos estimulantes.
Aunque las extrasístoles puedan parecer alarmantes, en la mayoría de los casos no son peligrosas. La clave está en comprender el cuerpo y, si es necesario, consultar a un médico para profundizar.
Síntomas de las extrasístoles y señales de alarma
Las extrasístoles son un fenómeno común y, a menudo, benigno. Muchas personas pueden experimentar estos latidos irregulares al menos una vez en la vida. Sin embargo, es importante saber cuándo estos síntomas pueden ser una señal de alarma. A continuación encontrarás los síntomas más comunes y las señales que requieren una valoración médica:
Síntomas benignos:
- sensación de “corazón en la garganta” o de salto del latido,
- episodios breves de palpitaciones,
- sensación de vacío en el pecho,
- latido irregular percibido en reposo,
- ansiedad relacionada con la percepción del latido.
Señales de alarma:
- palpitaciones prolongadas y frecuentes,
- dolor torácico asociado a las extrasístoles,
- disnea o dificultad respiratoria repentina,
- desmayos o mareos intensos,
- extrasístoles que empeoran con la actividad física.
Si reconoces una o más de estas señales de alarma, es fundamental consultar a un médico para un estudio diagnóstico más profundo. La prevención y el seguimiento son las claves para mantener el corazón sano y afrontar con calma los posibles síntomas relacionados con las extrasístoles.

La relación entre ansiedad, estrés y extrasístoles
Las situaciones de ansiedad y estrés pueden influir en nuestro latido cardíaco y volverlo irregular. Cuando percibimos una amenaza, el cuerpo se prepara para la respuesta de lucha o huida: el corazón acelera el ritmo para enviar más sangre a los músculos, los músculos se tensan y la respiración se vuelve más rápida. Estos cambios fisiológicos son una respuesta normal mediada por las hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina.
Estudios recientes han observado que los indicadores de ansiedad y depresión son significativamente más elevados en pacientes con extrasístole supraventricular, según escalas psicométricas validadas (Mikhaylov et al., 2020).
Es importante señalar que términos como “depresión ansiosa” o “ansiedad y extrasístoles” los emplean a menudo los usuarios para describir su vivencia, pero en el ámbito clínico se habla de trastornos de ansiedad o trastornos depresivos según los criterios del DSM-5-TR (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). Aun así, la presencia de síntomas ansiosos sí puede aumentar la percepción y la frecuencia de las extrasístoles.
En algunas personas, esta respuesta puede favorecer la aparición de extrasístoles, es decir, latidos anticipados que interrumpen el ritmo regular del corazón. Se trata de un fenómeno común y normalmente benigno, pero puede resultar alarmante, sobre todo si ya nos encontramos en un estado de alerta.
En algunos casos, la ansiedad y el estrés pueden crear un verdadero círculo vicioso: la percepción de las extrasístoles puede aumentar el nivel de preocupación, lo que lleva a un aumento de su frecuencia y de su percepción. También la preocupación anticipatoria, como el pensamiento “¿y si vuelven?”, puede mantener alto el nivel de estrés y favorecer la reaparición del síntoma.
Para romper este círculo vicioso, es importante aprender a reconocer y gestionar la ansiedad y el estrés. Las técnicas de relajación, la respiración consciente, el mindfulness y, en algunos casos, un proceso terapéutico pueden ayudar a recuperar el equilibrio y a reducir la frecuencia de las extrasístoles relacionadas con factores emocionales.
Cómo distinguir las extrasístoles benignas de una señal de alarma
Comprender cuándo las extrasístoles son benignas y cuándo pueden ser una señal de alarma es fundamental para cuidar la salud.
En líneas generales, las extrasístoles se consideran benignas si aparecen de forma esporádica, no se asocian a otros síntomas y se manifiestan en un corazón estructuralmente sano. En esas circunstancias, a menudo no se requiere ningún tratamiento, más allá de alcanzar un estado de tranquilidad y la gestión de los factores desencadenantes, como el estrés y el consumo de sustancias excitantes.
Sin embargo, conviene subrayar que los pacientes con arritmias extrasistólicas asociadas a enfermedad coronaria y otras afecciones cardíacas son más propensos a desarrollar trastornos de ansiedad y depresión, lo que sugiere la necesidad de un seguimiento psicológico y cardiológico más atento en estos casos (Mikhaylov et al., 2020).
Hay situaciones en las que las extrasístoles pueden ser la señal de alarma de una afección cardíaca más seria. Si las extrasístoles son muy frecuentes y se asocian a síntomas como dolor torácico, disnea, síncope o pérdida de consciencia, es fundamental acudir de inmediato a un médico. También unos antecedentes familiares de muerte súbita o de patologías cardíacas pueden constituir un factor de riesgo.
Si te reconoces en alguna de estas situaciones, no lo dejes pasar y pide una valoración especializada. Un control a tiempo puede marcar la diferencia.
Cómo distinguir las extrasístoles de otras arritmias
Comprender la naturaleza de las extrasístoles puede ayudar a distinguirlas de otras arritmias cardíacas. Las extrasístoles son latidos cardíacos anticipados que interrumpen el ritmo regular del corazón y que a menudo se perciben como un “salto” o un latido irregular. Su origen puede estar tanto en las aurículas (extrasístoles auriculares) como en los ventrículos (extrasístoles ventriculares). Suelen ser aisladas y no alteran de forma prolongada el ritmo cardíaco.
Otras arritmias, como la fibrilación auricular, la taquicardia supraventricular o la bradicardia, se caracterizan por una alteración más persistente del ritmo cardíaco. Por ejemplo, en la fibrilación auricular el corazón late de forma irregular y rápida, mientras que en la bradicardia el ritmo es excesivamente lento. Los síntomas pueden solaparse, pero las extrasístoles suelen manifestarse como episodios aislados y breves.
Por el contrario, las arritmias pueden provocar síntomas más graves y duraderos, como palpitaciones persistentes, dolor torácico, vértigo o pérdida de consciencia.
El origen de las arritmias puede estar relacionado con condiciones estructurales o eléctricas del corazón, mientras que las extrasístoles suelen desencadenarse por el estrés, la ansiedad o el consumo de cafeína u otras sustancias estimulantes. Si sientes que experimentas un trastorno distinto de las extrasístoles, no esperes para consultar a un especialista.
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Estrategias para gestionar la ansiedad y las extrasístoles
Gestionar las extrasístoles y la ansiedad asociada puede ser complejo, pero existen estrategias prácticas que pueden favorecer un mayor bienestar. Además del posible tratamiento médico, el apoyo psicológico y un estilo de vida saludable desempeñan un papel fundamental en la reducción de los síntomas y del malestar percibido.
Por ejemplo, la respiración profunda a seis respiraciones por minuto se ha asociado a una reducción de la frecuencia de las extrasístoles ventriculares prematuras (PVC, por sus siglas en inglés) en una joven de 18 años con PVC frecuentes, ansiedad y palpitaciones (Prakash et al., 2006). Sin embargo, cada persona es única y no existen soluciones universales: es importante encontrar las estrategias que mejor se adapten a tus necesidades, a ser posible con el apoyo de psicólogos especialistas en gestión de ansiedad.
Estas son algunas estrategias que podrías encontrar útiles:
- Técnicas de relajación: la respiración profunda, la relajación muscular progresiva y la meditación mindfulness pueden ayudar a calmar el sistema nervioso y a reducir la ansiedad. Son herramientas que puedes aprender con facilidad, también a través de apps específicas o con la ayuda de un psicólogo, y que puedes utilizar cuando notas los primeros indicios de agitación.
- Cambios en el estilo de vida: la actividad física regular, una alimentación equilibrada y un sueño de calidad son aliados valiosos para la salud de tu corazón y de tu mente. Evitar sustancias excitantes como la cafeína, la nicotina y el alcohol puede reducir las extrasístoles relacionadas con estos estimulantes.
- Gestión del estrés: aprender a reconocer los factores de estrés y adoptar estrategias de afrontamiento eficaces es fundamental. El apoyo de un psicólogo puede guiarte en la exploración de tus recursos internos y en la adquisición de nuevas herramientas para afrontar los retos cotidianos.
- Rutina y regularidad: mantener hábitos regulares, sobre todo en lo relativo al sueño y a las comidas, ayuda a estabilizar el ritmo de tu cuerpo y a reducir el impacto del estrés.
- Apoyo social: compartir tus preocupaciones con personas de confianza puede aligerar el peso de la ansiedad y ofrecerte nuevas perspectivas. No subestimes el poder de una red de apoyo, que puede incluir amigos, familiares o grupos de autoayuda.
- Seguimiento consciente: lleva un registro de tus síntomas y de las situaciones que los desencadenan. Esto te permitirá reconocer patrones recurrentes e intervenir de forma específica.
Recuerda que no estás solo/a en esta experiencia. Buscar apoyo es una señal de fortaleza y de autocuidado. Con el tiempo y las estrategias adecuadas, es posible recuperar el equilibrio y vivir con mayor calma.
El apoyo psicológico y el papel del médico
Afrontar las extrasístoles relacionadas con la ansiedad puede ser un proceso complejo, en el que el apoyo psicológico puede marcar de verdad la diferencia. La ansiedad puede desencadenar o amplificar los síntomas y poner en marcha un círculo vicioso de preocupación e hipervigilancia. Un psicólogo o una psicóloga puede ayudarte a explorar tus emociones y a comprender los mecanismos que conectan mente y cuerpo, y acompañarte en la adquisición de estrategias para gestionar el estrés y la ansiedad.
El médico, por su parte, es la figura clave en el diagnóstico y en la elección del tratamiento más adecuado para las extrasístoles. Solo él puede valorar la necesidad de pruebas diagnósticas o de un tratamiento farmacológico. El trabajo conjunto del médico y del psicólogo puede ofrecerte un enfoque integrado, respetuoso con tu singularidad y orientado a tu bienestar global.
Cuándo acudir al médico
Es importante reconocer cuándo ha llegado el momento de acudir a un médico. Si las extrasístoles son frecuentes, persistentes o van acompañadas de síntomas como dolor torácico, desmayos, dificultad para respirar o palpitaciones graves, es fundamental consultar a un especialista. Estas señales podrían indicar afecciones más serias que requieren atención inmediata.
Buscar ayuda a tiempo puede marcar la diferencia en la prevención de complicaciones y a la hora de garantizar una intervención adecuada. No subestimes nunca las señales que te envía tu cuerpo: tu salud es una prioridad y merece toda la atención necesaria.
Un nuevo comienzo para tu bienestar
Las extrasístoles no son solo una cuestión de salud cardíaca, sino que pueden ser una señal de alarma sobre el equilibrio global de nuestra salud. Escuchar tu cuerpo es el primer paso hacia el bienestar. La prevención empieza por la consciencia: no ignores las señales que te envía tu corazón.
Adoptar un estilo de vida saludable, gestionar el estrés y la ansiedad y acudir a psicólogos/as cualificados son decisiones que pueden marcar la diferencia. Recuerda que no estás solo/a en este proceso; el apoyo de médicos y psicólogos, y el calor de las personas cercanas, son recursos valiosos. Tu bienestar es un proceso que merece atención y cuidado.
Si sientes que tus preocupaciones relacionadas con las extrasístoles afectan a tu bienestar psicológico, puedes plantearte la posibilidad de empezar un proceso de apoyo psicológico con Unobravo.
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