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El genograma para remontar el río de los orígenes familiares

El genograma para remontar el río de los orígenes familiares
Redacción Unobravo
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Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Publicado el
30.10.2026
Última actualización el
30.10.2026
El genograma para remontar el río de los orígenes familiares
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  • El genograma es un diagrama que representa al menos tres generaciones de una familia, con sus vínculos, sus acontecimientos significativos y la calidad de sus relaciones.
  • Propuesto por M. Bowen, permite observar cómo algunas formas de relacionarnos, como las triangulaciones o los patrones transgeneracionales, pueden repetirse de una generación a otra.
  • En terapia familiar puede cumplir una función diagnóstica, terapéutica y formativa.
  • Se construye de forma colaborativa y gradual, y se respetan los tiempos y las emociones de cada persona.
  • Más que explicar el presente a partir del pasado, puede ayudar a dar un nuevo significado a la historia familiar y a identificar recursos.

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La reproducción en el ser humano no se entiende solo como un hecho biológico, sino también como un fenómeno de valor simbólico y cultural: hablamos, por tanto, de generatividad.

Este concepto lo introdujo el psicoanalista E. Erikson en su estudio de las etapas del desarrollo y lo definió como el deseo de la persona adulta de crear y guiar a una nueva generación (Erikson, 1950). Así, los hijos se convierten en la “posibilidad generativa” a través de la cual podemos dar continuidad a nuestra historia familiar y social.

En terapia, acceder a las experiencias de las generaciones anteriores puede ser útil para acompañar a la persona en su crecimiento personal y ayudarla a comprender mejor lo que vive en un momento concreto de su vida. Una herramienta muy útil para ello es el genograma. En este artículo exploramos qué es y cuáles son sus posibles usos en terapia.

¿Qué es el genograma?

El genograma tiene su origen en los diagramas familiares desarrollados por el psiquiatra M. Bowen en los años 60-70:  utilizó estos diagramas para estudiar el funcionamiento emocional de la familia a lo largo de varias generaciones y observar la transmisión de patrones relacionales y emocionales.

Se trata de un diagrama que organiza la información sobre el ciclo vital de la familia y ofrece una visión de conjunto sobre:

  • los vínculos familiares;
  • los acontecimientos más significativos, como nacimientos, abortos, fallecimientos, matrimonios y separaciones;
  • las conexiones y desconexiones afectivas entre generaciones.

El genograma y el árbol familiar

La continuidad de las generaciones y de los linajes familiares a lo largo del tiempo encuentra su representación en la imagen de un árbol familiar:

  • las raíces simbolizan los vínculos familiares con el pasado;
  • los brotes representan los vínculos con el futuro;
  • el tronco simboliza la unidad del linaje original y la multiplicidad de ramas que parten de él.

No obstante, conviene no confundir esta metáfora con el genograma:

  • el árbol genealógico representa principalmente parentescos y descendencia;
  • el genograma añade información clínica, relacional y emocional entre miembros de la familia.
August de Richelieu - Pexels

¿Para qué sirve el genograma?

En terapia familiar, el genograma puede utilizarse de tres formas y en tres ámbitos principales:

  • Diagnóstico: puede resultar de gran utilidad como herramienta de cribado. De hecho, un estudio muestra que los genogramas permiten recoger más información sobre la estructura familiar, los acontecimientos vitales importantes, las enfermedades recurrentes y la calidad de las relaciones familiares (Rogers y Cohn, 1987).
  • Terapéutico: esta información puede convertirse en una base compartida y respetuosa para explorar los significados, los recursos y las vulnerabilidades del sistema familiar.
  • Formación profesional: el genograma ayuda a desarrollar una mirada clínica más atenta a las dinámicas intergeneracionales y al contexto relacional.

Genograma clínico: cómo funciona la familia

El genograma no sirve solo para reconstruir el parentesco: es, sobre todo, un mapa relacional que ayuda a conectar acontecimientos, roles y vínculos a lo largo del tiempo. M. Bowen, fundador de la teoría de los sistemas familiares (Family Systems Theory), lo utilizó para observar cómo algunas formas de relacionarnos tienden a repetirse de una generación a otra (Bowen, 1978).

En el trabajo clínico, el genograma resulta útil cuando permite formular hipótesis sobre algunos procesos típicos de los sistemas familiares:

  • Diferenciación del self: hasta qué punto una persona consigue mantener su identidad emocional sin fusionarse con la familia ni desvincularse de ella.
  • Triangulaciones: cuando la tensión entre dos personas se descarga e implica a una tercera (a menudo un hijo o una hija), lo que estabiliza el sistema y, en algunos casos, se asocia a dificultades o síntomas.
  • Patrones transgeneracionales: repeticiones de decisiones, conflictos, alianzas o rupturas que, al hacerse visibles, pueden abordarse mejor en terapia.

La función diagnóstica del genograma

La representación gráfica del genograma permite comprender mejor el problema que se plantea en sesión, ya que visualiza y sitúa en el tiempo la información relevante de la historia de la persona y de su familia; cuanta más información recoge, más útil resulta. Por lo general, se representan al menos tres generaciones (abuelos, padres e hijos), lo que permite observar repeticiones y traspasos de roles a lo largo del tiempo (McGoldrick et al., 2008).

Según las necesidades de la persona, también puede complementarse con variantes específicas, como el genograma espiritual, un mapa multigeneracional que representa las afiliaciones religiosas o espirituales, los acontecimientos significativos y los conflictos dentro de la familia (Frame, 2000).

En la práctica clínica, el psicólogo puede orientarse con una lista de verificación para recoger:

  • Datos personales y composición: edad, convivencias, hijos biológicos o adoptivos, hermanastros.
  • Acontecimientos críticos: duelos, separaciones, abortos, fracasos, accidentes… que a menudo pueden representar momentos clave que reorganizan los vínculos.
  • Salud física y mental: diagnósticos, adicciones u hospitalizaciones, para comprender su impacto y los recursos disponibles.
  • Migraciones y cambios: mudanzas, exilios o rupturas con el entorno que pueden explicar la pérdida de la red social y el estrés.
  • Calidad de los vínculos: cercanía, conflicto, distancia y alianzas; aquí es donde el genograma se vuelve clínico.
  • Rupturas emocionales y secretos: silencios, exclusiones o temas prohibidos que señalan áreas de vulnerabilidad y de protección.

Al construir nuestro genograma, podemos descubrir mucha información sobre nuestra historia: pueden aflorar elementos que habían quedado en la sombra o incluso reprimidos, y activarse emociones intensas y reflexiones profundas sobre experiencias pasadas, pérdidas y conflictos familiares aún abiertos.

Este proceso, aunque delicado, puede favorecer el descubrimiento de nuevas conexiones emocionales y de significados distintos que atribuir a la historia familiar. Además, permite identificar y poner en valor recursos, competencias y conocimientos (Chrzastowski, 2011).

Cómo se construye un genograma

Construir un genograma en terapia familiar puede ser un proceso muy colaborativo, una forma de pensar juntos la historia y respetar los tiempos y los límites de cada persona. A menudo se parte de la familia actual y se retrocede poco a poco, a un ritmo compatible con las emociones que surgen.

En este proceso, también puede ser útil ampliar el genograma estándar con un sistema flexible de códigos de colores, que puede utilizarse tanto como herramienta de evaluación como tarea o actividad que la familia realiza durante el tratamiento (Lewis, 1989).

La construcción de un genograma suele recorrer varias fases:

  • Definir el objetivo: ¿qué esperamos entender mejor con este mapa?. La respuesta a esta pregunta puede ayudar a seleccionar la información útil.
  • Partir del presente: saber quién vive con quién, quién está dentro y quién fuera puede aclarar los límites y los roles actuales.
  • Remontarse de generación en generación: incluir a padres y abuelos, hermanos y hermanas, parejas e hijos puede hacer visibles repeticiones y momentos clave.
  • Utilizar preguntas guía: preguntarse ¿quién estaba cerca de quién? ¿Quién tomaba las decisiones? y ¿Qué pasaba en los momentos de crisis? puede centrar la atención en los vínculos.
  • Gestionar los vacíos de información: cuando faltan datos o hay secretos, se anota la incertidumbre sin rellenarla con suposiciones, ya que lo no dicho puede ser una información clínicamente relevante.
  • Observar la activación emocional: si surgen dolor o vergüenza, se baja el ritmo y se da sentido a la emoción antes de continuar.

El valor terapéutico del genograma

El valor terapéutico del genograma no reside en el dibujo en sí, sino en cómo ayuda a formular y comprobar hipótesis, al hacer más visibles conexiones que, contadas solo con palabras, pueden quedar fragmentadas.

En concreto, cuando se utiliza en el contexto de la terapia narrativa, el genograma ofrece una oportunidad concreta para explorar y volver a contar las historias familiares, lo que facilita procesos de reautoría (re-authoring) que pueden favorecer una comprensión más coherente y significativa de nuestra experiencia (Chrzastowski, 2011).

Durante la sesión, es importante observar algunos elementos frecuentes:

  • Repeticiones y redundancias: separaciones recurrentes, conflictos similares o roles que se transmiten, que pueden sugerir un guion familiar.
  • Coincidencias temporales: acontecimientos que se concentran en el tiempo (duelos, nacimientos, migraciones) y que pueden explicar la vulnerabilidad en fases concretas del ciclo vital.
  • Alianzas y distancias: quién se apoya en quién, quién está aislado o quién hace de mediador, lo que orienta el trabajo hacia los límites y la comunicación.
  • Triangulaciones: cuando un hijo o una hija se convierte en regulador del conflicto entre adultos; reconocerlas ayuda a desplazar el foco de la culpa a la dinámica.

La devolución de lo que ha surgido durante la elaboración del genograma plantea una hipótesis como provisional (¿podría ser que…?), pide confirmación o corrección y la conecta con el presente (¿cómo entra hoy esta dinámica en vuestras discusiones o en vuestras decisiones?).

Ejemplo clínico 1: separaciones repetidas y alianzas intergeneracionales

En el genograma de una familia que llega a consulta por los problemas de conducta de un adolescente, aparecen tres separaciones en dos generaciones y una constante: tras cada ruptura de pareja, uno de los hijos se convierte en el principal confidente del padre o la madre que se queda sin pareja.

El mapa pone de manifiesto que el adolescente ocupa hoy una posición similar a la que tuvo su padre de joven: muy cerca de la madre y muy distante del padre, con frecuentes mensajes implícitos del tipo “tú me entiendes mejor que él”. Esta configuración puede interpretarse como una triangulación: el hijo puede contribuir a estabilizar la tensión de pareja, pero también puede verse expuesto a una carga emocional que no corresponde a su edad.

En este ejemplo, el genograma orienta la intervención hacia:

  • reducir la coalición madre-hijo sin culpabilizar;
  • apoyar al padre para que recupere un rol parental no competitivo;
  • construir límites más claros entre los temas de pareja y los temas parentales.

Así, el síntoma del chico puede releerse como la señal de un equilibrio familiar que podría beneficiarse de una reorganización.

Ejemplo clínico 2: duelos, nacimientos y fechas que se repiten

Una pareja pide ayuda tras el nacimiento de su primer hijo: la madre describe una ansiedad intensa y el miedo a no poder con todo. En el genograma, construido con calma, se observa que en la línea materna hay duelos significativos ocurridos en torno a nacimientos: una abuela que perdió a su madre poco después del parto y una tía que murió durante un embarazo.

Sin convertir las coincidencias en explicaciones mágicas, el mapa ayuda a dar sentido: en esta historia familiar, la maternidad se asocia también al peligro y a la pérdida, algo que puede reactivarse en el presente como una alarma emocional. El trabajo terapéutico puede incluir entonces:

  • reconocer y nombrar el vínculo entre el acontecimiento actual y la memoria familiar;
  • distinguir el aquí y ahora del allí y entonces y apoyar la diferenciación del self;
  • crear rituales de recuerdo o relatos compartidos que integren el duelo y reduzcan la necesidad de evitar el tema.

De este modo, el genograma puede convertirse en un puente entre las emociones actuales y los significados transgeneracionales, sin reducir a la persona a su genealogía.

El genograma en la formación profesional

Construir y representar de forma gráfica su historia familiar permite al psicólogo en formación aprender a establecer un contacto significativo y auténtico con la persona y la familia en terapia. En este sentido, el genograma no es solo una herramienta diagnóstica dirigida al otro, sino que también se convierte en un ejercicio de autorreflexión.

A través del análisis de sus dinámicas intergeneracionales, el profesional puede identificar sus puntos ciegos y sus posibles prejuicios, y aprender a distinguir entre sus vivencias personales y las del sistema que observa. Esta conciencia es la base para mantener una posición de neutralidad activa y evitar fenómenos de contratransferencia que podrían contaminar el proceso clínico.

Brady Knoll - PVF

Curiosidad, neutralidad y seguridad emocional

En la formación, el genograma es útil porque entrena una postura clínica concreta: curiosa, respetuosa y sin juicios. Al explorar la historia familiar, es fácil que surjan lealtades, vergüenza, rabia o idealizaciones, y el psicólogo aprende a mantenerse en contacto con la emoción sin dejarse arrastrar a alianzas implícitas.

Veamos algunos aspectos a los que conviene prestar especial atención durante el trabajo psicoterapéutico:

  • Multiparcialidad: dar espacio a cada versión de los hechos, sin decidir “quién tiene razón”, para reducir la polarización.
  • Preguntas circulares: preguntar cómo ve cada persona las relaciones entre los demás (En tu opinión, ¿qué pasa entre mamá y la abuela cuando…?), para ampliar la perspectiva.
  • Lenguaje no culpabilizador: hablar de dinámicas y funciones más que de culpas, lo que facilita el enganche terapéutico.
  • Consentimiento y límites: aclarar qué se anota y qué no, sobre todo en temas sensibles, para aumentar la seguridad emocional.

En este marco, el genograma no es un test, sino un dispositivo relacional que refuerza la alianza terapéutica y hace el trabajo más compartido. Se trata de una herramienta polifacética y flexible y, al mismo tiempo, de un recurso valioso tanto para el psicólogo como para la persona que lo construye. Puede ayudar a dar un nuevo significado a los acontecimientos del presente a partir del pasado y abrir, para el futuro, la posibilidad de una continuidad innovadora.

Dar un nuevo significado a lo que has vivido

Si reconoces en tu historia familiar vínculos, acontecimientos o dinámicas que aún influyen en tu presente, no tienes por qué afrontarlos por tu cuenta. La psicoterapia puede ayudarte a dar un nuevo significado a lo que has vivido, a comprender mejor los patrones que se repiten y, en algunos casos, a encontrar formas más libres y auténticas de vivir tus relaciones.

En Unobravo puedes empezar un proceso terapéutico online con un psicólogo o una psicóloga que te ayude a explorar tu mapa familiar, a tu ritmo.

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FAQ

El genograma es un diagrama que representa al menos tres generaciones de una familia e incluye los vínculos, los acontecimientos significativos y la calidad de las relaciones.
El genograma en terapia familiar sirve para trazar un mapa de las dinámicas y los patrones intergeneracionales (roles, alianzas, conflictos), con el fin de formular hipótesis clínicas y orientar el trabajo terapéutico.
La diferencia entre un árbol genealógico y un genograma es que el primero muestra sobre todo parentescos y descendencias, mientras que el genograma también incluye los acontecimientos significativos y la calidad de los vínculos (cercanía, conflicto, distancia).
En un genograma clínico suelen representarse al menos tres generaciones (abuelos, padres e hijos), ya que es el mínimo útil para observar repeticiones y traspasos de roles a lo largo del tiempo.
En un genograma clínico se incluye la composición familiar, los acontecimientos críticos (duelos, separaciones, abortos), la salud física y mental, las migraciones, la calidad de los vínculos y las posibles rupturas emocionales o secretos.
El genograma es una herramienta diagnóstica y terapéutica a la vez: puede apoyar el cribado y la comprensión del problema (función diagnóstica) y convertirse en una base compartida para explorar significados, recursos y vulnerabilidades (función terapéutica).
Las triangulaciones, desde el enfoque sistémico, son configuraciones en las que la tensión entre dos personas implica a una tercera (a menudo un hijo o una hija). En el genograma aparecen como alianzas recurrentes que estabilizan el sistema, pero que pueden generar cargas emocionales.
¿Tienes más preguntas?
Hablar con un profesional podría ayudarte a resolver tus dudas.
  • Bowen, M. (1978). Family therapy in clinical practice. Jason Aronson.
  • Chrzastowski, S. K. (2011). A narrative perspective on genograms: Revisiting classical family therapy methods. Clinical Child Psychology and Psychiatry, 16(4), 635–644. https://doi.org/10.1177/1359104511400966
  • Erikson, E. H. (1950). Childhood and society. W. W. Norton & Company.
  • Frame, M. W. (2000). The spiritual genogram in family therapy. Journal of Marital and Family Therapy, 26(2), 211–216. https://doi.org/10.1111/j.1752-0606.2000.tb00290.x
  • Lewis, K. G. (1989). The use of color-coded genograms in family therapy. Journal of Marital and Family Therapy, 15(2), 169–176. https://doi.org/10.1111/j.1752-0606.1989.tb00795.x
  • McGoldrick, M., Gerson, R., & Petry, S. (2008). Genograms: Assessment and intervention (3.ª ed.). W. W. Norton & Company.
  • Rogers, J. C., & Cohn, P. (1987). Impact of a screening family genogram on first encounters in primary care. Family practice, 4(4), 291–301. https://doi.org/10.1093/fampra/4.4.291

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