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Hantavirus: de la información al miedo a una nueva pandemia

Hantavirus: de la información al miedo a una nueva pandemia
Enrico Reatini
Enrico Reatini
Psicólogo con orientación Cognitivo-Conductual
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
27.5.2026
Hantavirus: de la información al miedo a una nueva pandemia
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En los últimos años, la experiencia de la pandemia de COVID-19 ha dejado una profunda huella en la memoria colectiva y el bienestar psicológico de las personas. Como hemos aprendido en los últimos años, las epidemias representan un riesgo sanitario que también conlleva importantes consecuencias emocionales, sociales y económicas.

En concreto, la pandemia ha expuesto a muchas personas a un estrés prolongado, ansiedad, dificultades económicas y cambios radicales en su estilo de vida, lo que ha contribuido a aumentar su vulnerabilidad psicológica (Balasaraswathi et al., 2026).

Por este motivo, la aparición de noticias sobre virus como el hantavirus puede reactivar rápidamente intensos temores, incluso cuando los canales oficiales nos dicen que el riesgo real está contenido.

En este sentido, es importante recordar que las reacciones emocionales actuales dependen tanto de la situación presente como del impacto psicológico acumulado durante experiencias pandémicas anteriores, que pueden haber aumentado la sensibilidad individual y colectiva ante las nuevas amenazas sanitarias. Comprender estos mecanismos es crucial para gestionar la ansiedad y mantener el equilibrio emocional.

Procesamiento de información compleja: cuando el miedo no ayuda

Un elemento central en la construcción del miedo de que se produzca una nueva pandemia es la forma en que los medios de comunicación comunican la información. Una investigación reciente realizada con más de 160.000 personas en varios países ha demostrado que el lenguaje utilizado en los titulares de las noticias tiene un impacto directo en las percepciones y el comportamiento de las personas (Qian et al., 2024).

En concreto, el estudio demuestra que el uso de palabras y expresiones que evocan el miedo aumenta significativamente la percepción del riesgo. Cuanto más enfatizan los mensajes mediáticos el peligro y la amenaza, más tienden las personas a percibir la situación como grave e inminente. Este efecto es coherente con las teorías de la apelación al miedo (fear appeals), según las cuales los mensajes que activan emociones intensas hacen que el riesgo sea más destacado a nivel cognitivo y emocional.

Sin embargo, el hallazgo más relevante y contrario a la intuición se refiere al comportamiento. Se descubrió que la exposición a contenidos fuertemente alarmistas se asociaba a una disminución en la adopción de conductas preventivas, como el distanciamiento social, la higiene de manos o el uso de mascarillas (Qian et al., 2024). Este fenómeno, denominado "efecto bumerán", sugiere que el miedo excesivo puede desbordar las habilidades de afrontamiento de las personas, lo que conduce a la evitación, la negación o la sensación de impotencia.

En otras palabras, cuando la amenaza se percibe como demasiado grande y difícil de manejar, las personas pueden sentirse menos eficaces y, por tanto, menos motivadas para actuar. Además, la exposición constante a contenidos alarmistas puede generar una especie de "fatiga del miedo", reduciendo progresivamente la reactividad y la atención a las recomendaciones sanitarias.

La investigación también señala que estos efectos no dependen únicamente de los medios de comunicación, sino de la interacción con el contexto social. Ciertos factores, como vivir en zonas densamente pobladas o conocer a personas infectadas, pueden amplificar o atenuar el impacto de los mensajes mediáticos (Qian et al., 2024).

Así pues, la percepción del riesgo puede entenderse como el resultado de un complejo equilibrio entre la información, la experiencia personal y el contexto vital. Comprender el papel de los medios de comunicación es clave para leer las noticias de forma más crítica y proteger nuestro equilibrio psicológico, especialmente en momentos en los que el miedo a una nueva pandemia puede resurgir con fuerza.

Cuando la información se encuentra con nuestras vulnerabilidades

A nivel intrapersonal, uno de los componentes más impactantes cuando pensamos en una nueva pandemia es la intolerancia a la incertidumbre, es decir, la dificultad para tolerar situaciones ambiguas, impredecibles o no del todo controlables.

Ya durante la pandemia COVID-19, este factor demostró ser un importante predictor de la ansiedad, ya que los individuos con mayores niveles de intolerancia a la incertidumbre tendían a experimentar síntomas de ansiedad más intensos a lo largo del tiempo (Blendermann et al., 2021). Al mismo tiempo, estos individuos también mostraron una mayor variabilidad en la trayectoria de la ansiedad, con una reducción posiblemente más pronunciada a lo largo de los meses, lo que sugiere una compleja dinámica de adaptación.

Cuando surgen noticias sobre virus como el Hantavirus, la incertidumbre sobre su propagación, peligrosidad y consecuencias futuras puede reactivar estos mismos mecanismos. Esto puede ocurrir porque, en ausencia de información clara o definitiva, la mente tiende a "rellenar los espacios en blanco" con escenarios peyorativos, alimentando pensamientos catastrofistas y una sensación constante de alarma.

Además de la intolerancia a la incertidumbre, otros factores psicológicos contribuyen al miedo a nuevas pandemias. Los estudios realizados durante la pandemia de gripe A H1N1 demostraron que la ansiedad relacionada con el contagio está asociada a variables como la ansiedad por la salud, el miedo a la contaminación y la sensibilidad al asco (Wheaton et al., 2012). Estos factores pueden conducir a conductas de control excesivo (como la monitorización continua de los síntomas o las noticias) y a estrategias de evitación, que a corto plazo reducen la ansiedad pero a largo plazo la mantienen.

En este sentido, el miedo a una nueva pandemia no es sólo una respuesta racional a un posible riesgo para la salud, sino el resultado de la interacción entre las vulnerabilidades individuales y el contexto externo. Comprender estos mecanismos permite reconocer las propias reacciones y empezar a romper los círculos viciosos que alimentan la ansiedad.

Gestionar la información interna y externa

El miedo a una nueva pandemia puede parecer muy difícil de gestionar, por lo que puede ser útil adoptar estrategias dirigidas a comprender y modificar los pensamientos y comportamientos que alimentan la ansiedad.

Un primer paso puede ser reconocer y cuestionar los pensamientos catastrofistas. Ante noticias sobre virus como el hantavirus, es fácil imaginar escenarios extremos ("habrá otra pandemia mundial"). Entrenarse para preguntarse qué pruebas apoyan estos pensamientos y si existen interpretaciones alternativas ayuda a reducir la tendencia a sobrestimar el riesgo.

Otra estrategia clave se refiere a la gestión de la exposición a la información. Estar continuamente pendiente de las noticias puede aumentar la ansiedad y mantener un estado de alerta constante. En cambio, establecer momentos concretos del día para informarse, eligiendo fuentes fiables, permite romper el círculo vicioso de la sobrevigilancia.

También es útil trabajar la intolerancia a la incertidumbre, aprendiendo poco a poco a aceptar que no todo se puede predecir o controlar. Pequeños ejercicios cotidianos, como posponer la búsqueda de seguridad o tolerar las dudas sin actuar de inmediato, ayudan a desarrollar una mayor flexibilidad psicológica.

Además de estos aspectos, la literatura destaca la importancia de integrar estrategias de regulación del estrés a nivel corporal y emocional. Las prácticas de mindfulness, los ejercicios de respiración y las técnicas de relajación ayudan a reducir la activación fisiológica, promoviendo un estado más tranquilo. La actividad física regular también ha demostrado ser eficaz para mejorar el bienestar mental y reducir los niveles de estrés.

Una revisión reciente señala que la integración de diferentes estrategias, incluidas las prácticas de mindfulness, la reestructuración de pensamientos, el ejercicio y las técnicas de relajación, tiene efectos positivos significativos en la reducción del estrés y el bienestar psicológico (Geetanjali et al., 2023). Del mismo modo, las intervenciones basadas en procesos de aceptación y atención plena han demostrado beneficios en la reducción del estrés y la mejora del funcionamiento personal al fomentar una relación más flexible con los pensamientos y emociones difíciles (Stafford-Brown y Pakenham, 2012).

En la vida cotidiana, mantener una rutina y participar en actividades significativas, incluso cuando la ansiedad impulsa a evitarlas, ayuda a restablecer una sensación de estabilidad y continuidad, elementos fundamentales para afrontar el miedo a una nueva pandemia.

La búsqueda de un nuevo equilibrio

El miedo a una nueva pandemia, reactivado por las noticias sobre virus como el Hantavirus, es una reacción comprensible a la luz de las experiencias recientes. Sin embargo, como hemos visto, este miedo no sólo depende del riesgo real, sino también de la interacción entre la información externa, la memoria emocional y las vulnerabilidades individuales.

Ser consciente de estos mecanismos ya es un primer paso importante. Significa reconocer que la intensidad de las emociones no es necesariamente un indicador objetivo de peligro, sino el resultado de procesos psicológicos complejos que pueden comprenderse y modularse.

Aprender a gestionar la forma en que nos informamos, toleramos la incertidumbre y regulamos nuestras reacciones emocionales nos permite construir una relación más equilibrada con lo que ocurre a nuestro alrededor. No se trata de ignorar los riesgos, sino de desarrollar herramientas para afrontarlos sin dejarse abrumar por ellos.

En un contexto global en el que la incertidumbre es inevitable, cultivar la flexibilidad psicológica y el sentido de la eficacia personal se convierte en algo crucial. Esto permite no sólo reducir la ansiedad relacionada con posibles escenarios futuros, sino también mantener una calidad de vida satisfactoria en el presente.

Si crees que el miedo se está volviendo difícil de gestionar o está afectando a tu bienestar diario, hablar con un profesional puede ser un paso útil para comprender mejor lo que estás experimentando y encontrar estrategias que se adapten a tus necesidades.

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