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El apoyo psicológico a los padres separados

El apoyo psicológico a los padres separados
Federica Caso
Federica Caso
Psicóloga con orientación Gestalt
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
24.7.2026
El apoyo psicológico a los padres separados
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En este artículo abordamos el tema de la separación desde la perspectiva de los padres. Describimos cuáles pueden ser las consecuencias emocionales y psicológicas para un padre o una madre que atraviesa una separación, así como los retos que caracterizan este momento y las formas en que se manifiesta el dolor de padres separados. También analizamos qué recursos pueden ayudar a afrontar este momento delicado de la historia familiar.

Padres separados: una fotografía de la España actual

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en España las rupturas matrimoniales llevan décadas manteniéndose en cifras elevadas. Un punto de inflexión llegó con la Ley 15/2005, de 8 de julio (el conocido como “divorcio exprés”), que simplificó y agilizó los trámites de separación y divorcio.

Mientras que en el pasado la calidad de la relación entre los miembros de la pareja no figuraba entre los factores sociales y psicológicos que contribuían a la estabilidad de un matrimonio, en los últimos años hemos asistido a un cambio de rumbo decisivo.

La calidad de la relación de pareja tiene hoy un papel central en la decisión de seguir juntos o no. Además, la mayor atención al bienestar individual y la necesidad de satisfacer las necesidades personales, unidas a un menor control social, hacen que los miembros de la pareja reconsideren en distintos momentos el pacto que los unió (Cigoli y Scabini, 2000).

Este proceso de reconsideración del pacto puede desembocar, entre otros desenlaces, en la disolución del vínculo conyugal, cuando no se consigue, no se quiere o no se encuentran recursos posibles para establecer un nuevo pacto que satisfaga las nuevas necesidades que  surgen con el paso del tiempo.

Sea cual sea el motivo de la separación, padres e hijos se enfrentan a un momento complejo de la historia evolutiva familiar; un momento que, si no se gestiona de manera correcta, puede convertirse en un factor de riesgo para el bienestar psicológico de la persona y del sistema familiar.

Pixabay – Pexels

Separación y divorcio en España: datos actualizados

Según la Estadística de Nulidades, Separaciones y Divorcios del INE, en 2023 se registraron en España 80.065 casos de separación y divorcio, de los cuales 76.685 fueron divorcios (un 5,7 % menos que el año anterior). La gran mayoría de los divorcios (el 81,6 %) fueron no contenciosos, es decir, de mutuo acuerdo, frente a un 18,4 % contenciosos (INE, 2024).

Estos datos reflejan una tendencia ya consolidada hacia una mayor atención al bienestar individual y a la calidad de la relación de pareja, como ya ha señalado la literatura nacional e internacional (Fruggeri, 2018).

Además, según la Encuesta Continua de Hogares del INE, cerca del 19 % de los hogares monoparentales están encabezados por un hombre, lo que refleja el número creciente de padres que asumen en solitario buena parte de la crianza tras una ruptura (INE, 2021).

Las consecuencias psicológicas de la separación para los miembros de la familia

En toda separación, cada integrante de la familia es portador de un torbellino de emociones y vivencias que, si no se acogen y elaboran de manera adecuada, pueden dar lugar a distintas formas y manifestaciones de sufrimiento psicológico.

Cuando la separación se vive solo como una fractura y falta un espacio adecuado para elaborar las emociones que la acompañan, el dolor puede quedar bloqueado e incidir en el bienestar psicológico de los familiares implicados. El riesgo es que en esta ruptura interna se enquisten emociones no elaboradas que, a su vez, pueden dar lugar a cuadros sintomáticos más o menos graves que afectan al organismo a nivel somático y, en general, a nivel psíquico.

Antes de entrar de lleno en la perspectiva paterna, recorramos ahora brevemente el pasillo de emociones y vivencias que experimentan los hijos y, en general, dos progenitores en proceso de separación.

El sentimiento de culpa es uno de los que con más frecuencia experimentan los hijos de una pareja que se separa. A él se suman la sensación de impotencia y de inutilidad, la desconfianza, el sentimiento de abandono y el impulso de tener que posicionarse, proteger o cuidar del progenitor que en ese momento perciben como más frágil o como parte perjudicada.

También los progenitores experimentan vivencias complejas, que varían según los motivos de la separación. En general, pueden sentir la percepción de “fracaso” de un proyecto, la culpa hacia los hijos, la vivencia de abandono por parte de la pareja y una profunda sensación de desorientación, además de rabia y una sensación de libertad recuperada.

Las emociones de un padre separado

Profundicemos ahora en la separación desde la perspectiva específica del padre. Pero antes, echemos un vistazo rápido al marco legal: en España, la corresponsabilidad parental y la custodia compartida —reconocida legalmente por la Ley 15/2005— se asientan sobre el principio del interés superior del menor y el derecho de los hijos a mantener una relación continuada y estable con ambos progenitores, que han de compartir de forma equilibrada las responsabilidades de cuidado y educación.

Aun así, en la práctica la madre sigue siendo con frecuencia la progenitora custodia: según el INE, en 2023 la custodia se otorgó a la madre en el 47,8 % de los divorcios con hijos, fue compartida en el 48,4 % y se concedió al padre en solo el 3,5 % (INE, 2024). 

Esto pone de manifiesto que, para muchos padres, la posibilidad de estar con sus hijos se concreta sobre todo en momentos previstos, coordinados con el otro progenitor en el caso de una separación de mutuo acuerdo, o establecidos por un tercero —normalmente el juez— en el caso de una separación contenciosa.

Esta situación conlleva inevitablemente una reducción de la espontaneidad del encuentro con los hijos, que antes se daba en la cotidianidad compartida. En consecuencia, el padre puede experimentar vivencias como:

  • el dolor por la pérdida de un espacio-tiempo natural y espontáneo con sus hijos,
  • la frustración de tener que someterse a una “regulación” de los encuentros establecida por un tercero,
  • la preocupación por los posibles efectos que esta ausencia de cotidianidad compartida puede tener en la relación con los hijos.
Nathan Cowley – Pexels

Otro reto que afronta la mayoría de los padres durante una separación es la necesidad de dejar el hogar familiar. Este cambio puede tener un impacto notable a nivel psicológico, porque abandonar su casa implica separarse no solo del espacio material, sino también del espacio vivido. Esto puede activar, en grados más o menos conscientes, vivencias de pérdida y, por tanto, un nuevo duelo que elaborar.

Además, la mudanza puede suponer un aumento de los gastos, ya que habrá que hacer frente a una nueva vivienda, a los gastos legales y, al mismo tiempo, asumir los gastos familiares, como la pensión de los hijos o una posible hipoteca compartida aún en curso.

Estas cargas económicas pueden convertirse en un motivo añadido de preocupación, estrés y frustración para los padres.

Los riesgos y las consecuencias psicológicas para un padre

Un padre que afronta una separación puede verse, por tanto, en la necesidad de revisar, reestructurar y cuestionar su identidad parental. Al igual que la madre, su tarea es preservar su función como progenitor.

En este proceso, la madre desempeña un papel crucial para salvaguardar la parentalidad del padre no custodio. Cuando, en separaciones muy conflictivas, falta este apoyo mutuo entre progenitores, puede surgir el riesgo de una progresiva exclusión del padre de la vida familiar cotidiana: la madre vincula a los hijos a sí misma y a su familia de origen, mientras el padre se ve privado de su función parental, hasta el punto de que su papel acaba por disolverse por completo (Scabini y Cigoli, 2000).

Podemos encontrar otro riesgo para el padre en la dificultad —muy a menudo ligada a estereotipos de género— de entrar en contacto con las emociones asociadas al divorcio. Pero ¿para qué sirve entrar en contacto?

En la terapia Gestalt, la teoría del ciclo de contacto (Perls, Hefferline y Goodman, 1951) explica cómo el contacto pleno con las sensaciones, las emociones y los pensamientos permite desarrollar una plena conciencia de ellos y, por tanto, elaborarlos. Cuando entramos en una o varias formas de “evitación” de ciertas vivencias molestas, estamos “interrumpiendo” el contacto y, de este modo, corremos el riesgo de favorecer el desarrollo de un sufrimiento que puede manifestarse en el plano emocional, cognitivo o corporal.

En este sentido, dado que la separación es un acontecimiento muy cargado de vivencias emocionalmente complejas, si la persona y la familia no cuentan con recursos adecuados y suficientes para acoger y gestionar estas vivencias, estas pueden constituir la base para el desarrollo de un sufrimiento psicológico, en forma de síntomas ansioso-depresivos, somáticos o de conductas adictivas.

Las consecuencias prácticas de la separación para los padres

Más allá de las emociones intensas, la separación conlleva para muchos padres una serie de consecuencias prácticas que pueden incidir profundamente en su bienestar diario. Las dificultades económicas son especialmente relevantes: a menudo los padres separados tienen que asumir a la vez los gastos de una nueva vivienda, la pensión de los hijos y, en algunos casos, el pago de una hipoteca compartida.

Estas dificultades económicas pueden repercutir también en la vida cotidiana de los hijos, al condicionar actividades como las extraescolares, el deporte o las vacaciones. Desde el punto de vista habitacional y relacional, muchos hombres pasan a vivir solos tras la separación, mientras que otros forman una nueva pareja.

La separación también puede llevar a una reducción de los contactos con amigos y familiares, ya sea por motivos logísticos o por el sentimiento de vergüenza o aislamiento que puede aparecer, lo que aumenta el riesgo de soledad y malestar psicológico.

En el plano legal, los padres deben afrontar a menudo procedimientos complejos para definir la custodia, el régimen de visitas y la gestión de los bienes comunes, aspectos que pueden generar más estrés y sensación de impotencia. Estas dificultades prácticas se entrelazan con las vivencias emocionales y hacen de la separación un acontecimiento que afecta a la persona en su totalidad.

En España, las familias monoparentales —frecuentemente resultado de una separación o divorcio— se enfrentan con más frecuencia a dificultades económicas y de vivienda que otros hogares con hijos: distintos análisis de los Indicadores de Calidad de Vida del INE muestran que más de la mitad de estas familias no puede afrontar gastos imprevistos y que alrededor de dos quintas partes se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, con una proporción importante destinando más del 40 % de sus ingresos a la vivienda, lo que deja poco margen para otras necesidades básicas y actividades de los hijos.

La investigación sobre uso del tiempo en hogares monoparentales también indica que la elevada carga de trabajo doméstico y de cuidados recae en gran medida sobre un solo progenitor, lo que limita su disponibilidad para el ocio compartido, el apoyo escolar y determinadas actividades extraescolares, especialmente cuando los recursos económicos y la red de apoyo son escasos.

Custodia compartida: marco normativo y realidad vivida

La legislación española, a través de la reforma del artículo 92 del Código Civil por la Ley 15/2005, contempla la corresponsabilidad parental y la custodia compartida como uno de los regímenes posibles de guarda y custodia, cuya adopción debe decidirse en función del interés superior del menor.

La jurisprudencia del Tribunal Supremo (por ejemplo, la STS 257/2013) ha consolidado la idea de que la custodia compartida no es un régimen excepcional, sino una opción normal e incluso deseable siempre que resulte compatible con dicho interés, lo que se refleja en que, según el INE, en 2023 la custodia compartida se otorgó en el 48,4 % de los divorcios con hijos y, por primera vez, superó a la custodia exclusiva atribuida a la madre (INE, 2024).

Sin embargo, en la práctica, la madre suele ser con frecuencia la progenitora custodia principal, mientras que el padre mantiene un papel de visitas reguladas. Esto puede generar en los padres la percepción de una parentalidad “a tiempo parcial” y la dificultad de mantener una presencia significativa en la vida de sus hijos.

Estudios internacionales, como el de Shapiro y Lambert (1999), han mostrado que la calidad de la relación padre-hijo tras la separación no depende solo de la cantidad de tiempo que pasan juntos, sino también de la calidad de las interacciones y de la colaboración entre los progenitores. La presencia de conflictos intensos puede dificultar la construcción de un nuevo equilibrio familiar, lo que hace aún más importante el apoyo psicológico y social.

Recursos de apoyo y estrategias prácticas para los padres separados

Afrontar la separación puede resultar menos costoso si se conocen y se aprovechan los recursos disponibles, tanto presenciales como online. En España existen asociaciones, servicios de orientación y puntos de encuentro que ofrecen apoyo psicológico, asesoramiento legal y espacios de escucha para las familias en proceso de separación.

  • Asociaciones de apoyo: existen grupos y asociaciones dedicados a los padres y a las familias separadas que ofrecen grupos de ayuda mutua, asesoramiento y actividades de sensibilización sobre los derechos de los hijos y de ambos progenitores.
  • Servicios psicológicos y de mediación familiar: muchos ayuntamientos y centros de atención a la familia ponen a disposición servicios gratuitos o de bajo coste de orientación psicológica y mediación familiar, útiles para orientarse en las fases más delicadas de la separación.
  • Estrategias de afrontamiento: aprender a gestionar el estrés mediante técnicas de relajación, mindfulness o actividad física pueden ayudar a mantener el equilibrio emocional. La literatura internacional sugiere que el apoyo social y la participación en grupos de encuentro entre iguales son factores protectores importantes (Shapiro y Lambert, 1999).

A continuación se detallan asociaciones válidas como recurso de apoyo en España:

  • ASEPADI (Asociación Española para la Defensa y Protección de Padres Divorciados y/o Separados): ofrece apoyo y recursos a padres divorciados.
  • SOS PAPÁ – Asociación Pro Derechos del Niño: dispone de asesoría jurídica telefónica gratuita para socios, especialmente útil en procesos de separación y custodia.
  • APFS (Asociación de Padres de Familia Separados): asociación con presencia estatal que ofrece información, apoyo y espacios de divulgación para padres separados.
  • UNAF (Unión de Asociaciones Familiares): ofrece servicios de mediación familiar gratuitos para ayudar a gestionar conflictos tras la ruptura.

Reconocer que se necesita ayuda y pedir apoyo no es una señal de debilidad, sino un paso fundamental para cuidar del bienestar personal y del de los hijos.

La intervención psicológica con los padres separados

La sesión de terapia individual constituye un espacio personal en el que poder traer y, junto al psicólogo, elaborar y desactivar vivencias como la tristeza, el dolor, la rabia, la preocupación, el sentimiento de culpa o la sensación de impotencia. La sesión se convierte así en un espacio para prevenir el desarrollo de sintomatologías más importantes de tipo ansioso-depresivo, postraumático o somático.

Incluso cuando ya se desarrollan síntomas más complejos, el psicólogo puede acompañar a la persona que atraviesa este momento de dificultad con técnicas e instrumentos específicos de evaluación e intervención.

En cuanto a la parentalidad, un apoyo valioso para el progenitor es el parent training, una intervención basada en distintos enfoques y metodologías, orientada a reforzar las competencias y los recursos del progenitor que tiene dificultades en la relación con sus hijos.

En la terapia sistémico-familiar, la terapia de pareja es un instrumento de intervención útil para ayudar a la pareja a separarse y atravesar el conflicto de forma constructiva. Los excónyuges se enfrentan, de hecho, a tareas complejas como elaborar el fin del vínculo de pareja, reconocer lo significativo que vivieron juntos y redefinir los nuevos límites relacionales y familiares.

Otra tarea será la de proteger y sostener la parentalidad del otro, algo que no es sencillo ni está exento de nuevos conflictos y asuntos sin resolver.

En esta fase, un psicólogo de pareja puede ayudar a los miembros de la expareja a leer las dinámicas específicas de su familia y a construir un nuevo equilibrio como progenitores. El objetivo no es reconstruir la pareja, sino acompañar una separación más consciente y proteger el bienestar de los hijos.

Asimismo, puedes construir una vinculación más equilibrada y satisfactoria con el apoyo de un profesional de la salud mental. Si sientes que necesitas apoyo para afrontar lo que estás viviendo, en Unobravo puedes encontrar un psicólogo que se adapte a tus necesidades y te proporcione acompañamiento para poder recuperar tu bienestar emocional y el de tu familia.

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