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Salud mental
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El experimento de la cárcel de Stanford y el efecto Lucifer

El experimento de la cárcel de Stanford y el efecto Lucifer
Nicoletta Signorelli
Nicoletta Signorelli
Psicóloga con orientación Psicoanalítica
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
12.2.2026
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¿Has oído hablar alguna vez del experimento de la cárcel de Stanford y del "efecto Lucifer" asociado a él? Estos han servido de inspiración de numerosas películas y obras literarias, y representan dos de los temas más famosos en el campo de la psicología social y forense. Pero, ¿en qué consisten exactamente?

El propósito del experimento de la cárcel de Stanford

El experimento de la cárcel de Stanford fue realizado en 1971 por el profesor Philip Zimbardo y sus colaboradores. Este equipo de académicos se propuso comprender cómo la influencia social del grupo al que pertenecían —en este caso, guardias y reclusos— podía afectar al comportamiento de cada uno de sus miembros (Haney et al., 1973).

Philip Zimbardo y la teoría del efecto Lucifer

Philip Zimbardo es un psicólogo estadounidense que se licenció en Yale en 1959. Como profesor de psicología, se interesó muy pronto por saber si el entorno carcelario podía influir en los comportamientos anómalos que se daban en él o si estos eran causados sobre todo por las características de personalidad de los reclusos y los guardias.

Para avanzar en esta investigación, creó y se hizo famoso por el "experimento Philip Zimbardo 1971", que dio origen a la teoría del efecto Lucifer. Para su experimento, Zimbardo se inspiró en los estudios de Milgram. De hecho, este último es conocido por otro experimento que causó mucho debate y que recibió su nombre.

El experimento de Milgram

El experimento de Milgram (Wenglinsky, 2018) se llevó a cabo en 1961 con el objetivo de estudiar si la obediencia a la autoridad podía influir en el comportamiento humano y de qué manera. Brevemente, en este experimento se pidió a los sujetos implicados que infligieran una descarga eléctrica a otros participantes —que en realidad eran cómplices en el experimento— cada vez que se equivocaran en un ejercicio.

Las descargas eléctricas no se administraban realmente, sino que los cómplices simulaban sentir dolor. Los resultados del experimento demostraron que muchas de las personas alistadas, a pesar de manifestar su desacuerdo con esta práctica violenta, obedecían incondicionalmente las órdenes dadas, trasladando su responsabilidad a quienes daban las órdenes.

efecto Lucifer
Foto de Pixabay

El experimento de la cárcel de Stanford

Para llevar a cabo el experimento de Philip Zimbardo, se instaló una reproducción de una penitenciaría, completa con celdas, en el pasillo del sótano del instituto de psicología de la Universidad de Stanford. Se seleccionó a veinticuatro estudiantes, lo más sanos y alejados posible de un estilo de vida delictivo, y se dividieron al azar entre quienes representarían a los reclusos y quienes se harían pasar por los guardias de la prisión.

Para que se pareciera más a las condiciones reales, se entregaron uniformes a ambos grupos. Además, a quienes representarían a los presos se les sacó de sus casas para simular un arresto, se les detuvo en la prisión simulada y se les dijo que estarían bajo estrecha vigilancia, sin intimidad y privados de sus pertenencias.

Al mismo tiempo, se organizaron turnos de ocho horas para los guardias de la prisión y se les encomendó la tarea de mantener el orden dentro de la prisión sin recurrir a la violencia física.

El experimento de la prisión de Stanford debía durar dos semanas, pero pronto los acontecimientos dieron un giro inesperado: al cabo de seis días, Zimbardo y sus colaboradores tuvieron que interrumpir el experimento al ver los efectos que estaba provocando.

Los efectos del experimento de Philip Zimbardo

Al cabo de poco tiempo, tanto los guardias como los presos empezaron a desarrollar comportamientos típicos de los dos roles sociales representados:

  • Algunos presos organizaban motines y creaban situaciones caóticas difíciles de gestionar.
  • Algunos guardias obligaban a los presos a realizar actividades degradantes, adoptando una actitud de acoso.

Así, varias personas pertenecientes al grupo de presos desarrollaron rápidamente síntomas de trastornos depresivos, ira intensa y manifestaciones agudas de ansiedad. Por otra parte, algunas personas del grupo de los guardias desarrollaron un comportamiento tan agresivo y abusivo que los observadores interrumpieron el experimento.

El estudio de la información obtenida reveló que los presos eran propensos a experiencias de desindividuación, impotencia, depresión y tendencia a adoptar un comportamiento pasivo y sumiso. Mientras que los guardias, por su parte, habían desarrollado experiencias de desindividuación, pero habían adquirido un mayor sentido del poder y un comportamiento prevaricador y coercitivo.

En resumen, la rápida evolución de los comportamientos y el deterioro del bienestar psicológico de las personas participantes llevaron a la interrupción anticipada del estudio, lo que pone de relieve la fuerza de la influencia situacional y de los roles sociales asignados.

Instrucciones y manipulación: el papel de la autoridad

Uno de los aspectos que más debate ha generado sobre el experimento es cómo las instrucciones y la presencia de una figura de autoridad influyeron en el comportamiento de las personas participantes.

Philip Zimbardo, quien actuó como director del experimento y como “superintendente” de la prisión simulada, ofreció directrices claras a quienes desempeñaban el papel de guardias. Les animó a mantener el orden y evitar que las personas en el rol de prisioneras tomaran el control, pero les indicó que no recurrieran a la violencia física. Además, se comprobó que los guardias recibieron instrucciones precisas sobre cómo tratar a los prisioneros y que no se les informó que también eran sujetos del experimento (Le Texier, 2019).

En palabras de Zimbardo:

"Podéis crear en los prisioneros un sentimiento de aburrimiento, un sentimiento de miedo hasta cierto punto... Podéis crear la noción de arbitrariedad en que su vida está totalmente controlada por nosotros, por el sistema, por vosotros, yo y otros. Tendrán poca privacidad..." (Zimbardo, 1973).

Estas indicaciones, junto con la supervisión constante y la implicación activa del equipo investigador, hicieron que las personas en el rol de guardias sintieran que su autoridad estaba respaldada y que podían ejercerla de manera cada vez más estricta. El análisis exhaustivo del archivo del Experimento de la Cárcel de Stanford muestra que los experimentadores alentaron directamente a los guardias a adoptar roles y comportarse de manera dura, en línea con los principios del liderazgo de identidad (Haslam et al., 2019).

El ambiente de vigilancia y la falta de consecuencias externas favorecieron la aparición de conductas abusivas, lo que muestra cómo la percepción de autoridad puede influir de forma significativa en el comportamiento de cada persona.

¿Qué es el efecto Lucifer en el experimento de Philip Zimbardo?

“¿Los malos nacen o se hacen malos?”

A partir de los resultados obtenidos en el experimento de Stanford, Zimbardo extrajo la reflexión de que incluso las personas que tienden a tener principios, cuando se ven expuestas a situaciones específicas, pueden realizar acciones desreguladas y violentas, denominando a este resultado "efecto Lucifer".

Existe, por tanto, la posibilidad de que los "malos" se conviertan en malos por exposición a determinados contextos, situaciones y papeles desempeñados, a través de un mecanismo que podemos denominar "agresión situacional" y que podemos observar en el efecto Lucifer.

¿Qué es la agresividad situacional?

La agresividad forma parte del comportamiento humano típico y es posible ver cómo determinadas situaciones y contextos sociales pueden llevar a los seres humanos a adoptar comportamientos agresivos y violentos.

Observando el experimento de Zimbardo y el de Milgram, hemos visto cómo la pertenencia a un grupo socialmente controlador (los "guardias" de Zimbardo) fomenta el comportamiento agresivo, al igual que sentirse privado de responsabilidad si hay un sujeto que da órdenes (experimento de Milgram). Estas situaciones favorecen la pérdida de subjetividad individual y pueden llevar a no sentirse responsable de los propios actos.

experimento carcel Stanford
Foto de Pixabay

La psicología social y el experimento de la cárcel de Stanford

El experimento de la cárcel de Stanford es uno de los más famosos de la psicología social, que, entre otros tipos de psicología, se ocupa de investigar cómo los pensamientos, sentimientos y acciones de los individuos pueden verse influidos por la presencia real o implícita de otros individuos y, por tanto, cómo la sociedad puede condicionar nuestras vidas.

¿Qué significa "experimento social" y cuáles son las características del experimento en psicología social?

Un experimento social es una de las principales herramientas utilizadas por los investigadores en psicología social, mediante la cual se investigan el comportamiento y las reacciones de determinados individuos en un contexto, situación o interacción específicos.

Estos experimentos son necesarios para probar o refutar hipótesis mediante la manipulación intencionada de determinados factores con el fin de investigar sus efectos. Las personas (denominadas "sujetos experimentales") seleccionadas en función de lo que se quiere analizar son examinadas y sometidas a determinadas situaciones controladas para estudiar sus efectos.

La experimentación social es bastante compleja, porque para poder decir que el elemento X es capaz de influir en el elemento Y, hay que asegurarse de que no se manipulan también inadvertidamente otros factores Z: al tratarse de experimentos relativos a la interacción entre los individuos y el entorno, no es tan fácil tener el control de todas las variables implicadas.

Cuanto más se puedan controlar las variables presentes y más se siga un método científico específico, más válido será el experimento, ya que podrá reproducirse y, por tanto, ser objeto de nuevas investigaciones.

La suerte (y la desdicha) del experimento de la cárcel de Stanford

El experimento de Philip Zimbardo ha sido objeto de numerosas críticas por parte de diversos estudiosos, hasta el punto de que aún hoy se debate sobre él. En particular, se cree que se dio demasiada importancia a los resultados que confirmaban la hipótesis de partida, mientras que no se tuvo en cuenta de forma adecuada el hecho contrario, es decir, que muchos guardias en realidad no desarrollaron ninguna conducta prevaricadora.

Asimismo, investigaciones recientes sobre los archivos del experimento y entrevistas con 15 participantes cuestionan aún más la validez científica del experimento de la cárcel de Stanford (Le Texier, 2019). Hay muchos elementos que pueden haber influido en los resultados del experimento, como por ejemplo:

  • La presencia de varios supervisores (entre ellos, por cierto, el propio Zimbardo) que, de hecho, no hicieron que el comportamiento de los guardias y los reclusos fuera completamente autónomo.
  • La información proporcionada durante la inscripción puede haber inducido expectativas en los participantes que les orienten hacia un comportamiento más extremo.

En definitiva, se considera que en determinadas conductas influyeron elementos de terceros que Zimbardo y su equipo no tuvieron debidamente en cuenta.

Por ejemplo, investigaciones posteriores sugieren que la selección de participantes con ciertas disposiciones personales pudo haber influido en los comportamientos abusivos observados en el experimento de la cárcel de Stanford, lo que respalda una interpretación basada en la interacción persona-situación más que en una explicación puramente situacional (Carnahan & McFarland, 2007).

Además, no podemos dejar de mencionar las cuestiones éticas y de derechos humanos que se plantearon a lo largo del experimento. Una situación así no se permitiría en la actualidad.

Implicaciones éticas y debate posterior

El experimento de la cárcel de Stanford generó también un intenso debate ético tanto en la comunidad científica como en la sociedad. Tras la finalización anticipada del estudio, muchas personas expertas expresaron inquietud por la falta de protección a quienes participaron y por la supervisión limitada de su bienestar psicológico.

Entre las principales preocupaciones éticas que surgieron se encuentran:

  • Consentimiento informado insuficiente: aunque las personas participantes firmaron un consentimiento, no recibieron información completa sobre la posibilidad de experimentar daños psicológicos significativos.
  • Falta de intervención temprana: el equipo de investigación, incluido Zimbardo, tardó en intervenir a pesar de que ya se observaban señales claras de sufrimiento y situaciones de abuso.
  • Confusión de roles entre investigador y autoridad: la implicación activa de Zimbardo como "superintendente" pudo haber dificultado que mantuviera la objetividad y la capacidad de proteger a quienes participaron.

A raíz de este experimento y de otros similares, se reforzaron los protocolos éticos en la investigación psicológica. Se crearon comités de revisión ética y se establecieron normas más estrictas para proteger a las personas que participan en estudios. El caso Stanford sigue siendo un ejemplo relevante de los riesgos y responsabilidades que implica la investigación en psicología social.

‍Las consecuencias psicológicas del encarcelamiento

Transitar por las prisiones no es tarea fácil, ni para los reclusos ni para los guardias. Son instituciones totales (Goffman, 1961) capaces de influir fuertemente en los individuos que se encuentran en su interior.

En particular, pueden crear situaciones en las que se acentúa la pérdida de la propia individualidad y se acaba por adherirse a las características del propio grupo de forma estandarizada y rígida. Las emociones suelen ser:

Estas caracterizan tanto a los guardias como a los reclusos, aunque pueden conducir a resultados diferentes: en los reclusos adoptan la forma de apatía general, aburrimiento, rebelión y actos agresivos; en los guardias pueden conducir a comportamientos prevaricadores y a la promulgación de castigos perversos.

En estos entornos, es esencial buscar apoyo psicológico para evitar en la medida de lo posible un aplanamiento de la capacidad de pensar y actuar con conciencia.

La salud de los presos y de los funcionarios de prisiones

A lo largo de los años, se ha prestado cada vez más atención a la salud mental y física de los guardias de prisiones y a la forma en que estos centros pueden responder a la necesidad tanto de apartar a la persona peligrosa del contexto social, como de reeducar al mismo tiempo al sujeto para que sea capaz de retomar su vida sin hacer daño a los demás.

La atención ya no se centra únicamente en la función punitiva, sino en la rehabilitación del preso, de la que se encargan psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, educadores y funcionarios de prisiones.

Llevar a cabo estos objetivos no es fácil, tanto por la escasez de personal como por la masificación de las prisiones y el enorme compromiso que requiere desmantelar un viejo sistema hecho de castigos y poca atención a los derechos humanos.

¿Cuál es el papel del psicólogo en prisión?

El psicólogo en las instituciones penitenciarias es una figura muy importante para el bienestar psicológico de los reclusos, pero también de los funcionarios de prisiones. Tiene la tarea de proporcionar atención y apoyo al recluso, valorando también cuál puede ser el mejor tratamiento penitenciario útil para su reeducación de cara a su futura reinserción en la sociedad.

También se encarga de prestar asistencia al personal penitenciario en relación con los problemas laborales y la prevención del agotamiento.

Libros y películas sobre el efecto Lucifer

Para quienes quieran aprender más sobre el tema y para las personas aficionadas a los crímenes reales, sugerimos la lectura de El efecto Lucifer. El porqué de la maldad, el libro escrito por Philip Zimbardo. Además, como se mencionaba al principio de este artículo, el efecto Lucifer y el experimento de la cárcel de Stanford también han influido en el cine.

Estas son algunas de las películas inspiradas en el efecto Lucifer:

  • El experimento, película de P. Scheuring
  • El experimento. Se buscan cobayas humanas, película de O. Hirschbiegel
  • El efecto Lucifer (El experimento de la prisión de Stanford), película de K. P. Alvarez.

Lecciones y reflexiones actuales sobre el experimento de Stanford

A más de cinco décadas del experimento de la cárcel de Stanford, sus hallazgos continúan invitando a reflexionar sobre la naturaleza humana y cómo el contexto puede influir en el comportamiento de las personas. El estudio mostró que incluso quienes suelen ser consideradas personas equilibradas y éticas pueden llegar a mostrar conductas extremas cuando se encuentran bajo presión situacional y ante una figura de autoridad reconocida.

Algunas de las lecciones más relevantes que se pueden extraer hoy en día son:

  • La importancia de los sistemas y contextos: el entorno y las normas sociales pueden influir tanto en las características individuales como en la conducta.
  • La necesidad de límites éticos claros: priorizar la protección de la dignidad y el bienestar de las personas resulta fundamental en cualquier investigación o institución.
  • El valor de la autoconciencia y la responsabilidad: reconocer la tendencia humana a adaptarse a roles impuestos puede ayudarnos a afrontar la presión de grupo y evitar la obediencia sin cuestionamientos.

El experimento de Stanford sigue siendo un recordatorio de la importancia de cuestionar la autoridad, cultivar la empatía y crear entornos que favorezcan el respeto y la humanidad, tanto en la investigación como en la vida cotidiana.

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