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Psicoterapia e inteligencia artificial: ¿qué impacto tendrá en la práctica clínica?

Psicoterapia e inteligencia artificial: ¿qué impacto tendrá en la práctica clínica?
Valerio Imondi
Valerio Imondi
Psicólogo con orientación Humanista-Bioenergética
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
5.8.2026
Psicoterapia e inteligencia artificial: ¿qué impacto tendrá en la práctica clínica?
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La integración de las tecnologías innovadoras en la práctica clínica transforma el rostro de la psicoterapia moderna. Una de estas tecnologías, que ha despertado un gran interés, es ChatGPT (Generative Pre-trained Transformer), un chatbot desarrollado por la empresa OpenAI.

En este artículo analizamos el impacto de la inteligencia artificial en la psicoterapia contemporánea y analizamos sus posibles aplicaciones, los retos éticos y los beneficios que esta tecnología puede ofrecer a los profesionales de la salud mental, además de sus posibles usos dañinos o peligrosos.

Lo haremos tomando como ejemplo el ya célebre producto de OpenAI, que aquí usamos como sinónimo de inteligencia artificial aunque, conviene recordarlo, es un modelo de lenguaje.

¿Debe preocupar ChatGPT a los psicólogos?

Desde la llegada de Internet ya no es posible hacer análisis a priori sobre las tecnologías emergentes. Este concepto se describe con el término inglés nowness, que alude a la inmediatez del desarrollo tecnológico y al intento de estudiarlo como fenómeno a medida que se desarrolla.

Junto a cada nueva herramienta tecnológica surge también un debate entre quienes adoptan rápidamente estas tecnologías y quienes muestran una actitud más prudente que, como ocurría en el pasado con otras tecnologías, solo se apaga cuando la tecnología en cuestión echa raíces en la cultura y en los hábitos de las personas.

La última revolución tecnológica tiene que ver con el chat más famoso de los últimos tiempos: ChatGPT. Pero, ¿por qué el nacimiento de esta nueva tecnología trae consigo tanta agitación y tanta preocupación?

En este artículo intentamos responder a esta pregunta y a muchas otras que afectan a la profesión psicológica, que se enfrenta ahora a esta herramienta.

ChatGPT: un modelo de lenguaje basado en inteligencia artificial

Igual que Google no es Internet, ChatGPT no es una inteligencia artificial o, al menos, no del todo. Sería más adecuado considerar ChatGPT por lo que es: un tipo de modelo de lenguaje basado en la arquitectura de transformadores y entrenado con un vasto conjunto de datos textuales para generar un texto coherente y responder a las preguntas y órdenes de los usuarios.

ChatGPT utiliza técnicas de deep learning para aprender de los datos de entrenamiento y generar respuestas lingüísticas adecuadas.

Es una inteligencia artificial de tipo “débil” o “restringida”: esto significa que el modelo está especializado en una actividad concreta, como la generación de un texto. Sin embargo, le faltan muchas de las cualidades de una inteligencia humana. De hecho, ChatGPT puede producir respuestas coherentes, pero también puede generar información errónea o poco adecuada.

Quizá todavía estamos lejos de crear la Inteligencia. Por ahora hemos creado un transformador generativo preentrenado muy potente, capaz de ofrecer respuestas de texto realmente completas, con acceso a casi todo el conocimiento humano, y capaz de aprender e interpolar contenidos entre sí.

No es del todo correcto considerar ChatGPT una inteligencia artificial general porque no tiene, como la inteligencia humana, la capacidad de razonar y adaptarse a situaciones nuevas de forma autónoma y encontrar insights capaces de revolucionar el entorno para hacerlo más adaptativo.

Tampoco debemos asustarnos si tendemos a atribuir características humanas a ChatGPT, porque esta tecnología está inspirada en el funcionamiento del lenguaje humano, ya que se diseñó justamente sobre su neurobiología. Tal y como ya ocurrió con Internet.

J. C. R. Licklider —nacido en 1915, licenciado en Psicología en 1937 y también en Matemáticas y Física— se incorporó a ARPA en los años sesenta y reunió a reconocidos científicos del ámbito académico de la Universidad de Stanford, el MIT y Berkeley para sentar las bases de una posible red de conexión entre centros de control, mediante ordenadores conectados entre sí pero capaces de mantener su propia individualidad.

Gracias a esta estrategia fue posible intercambiar la información de forma radial y, si un centro sufría un ataque, el sistema entero no se veía afectado. Licklider llamó a esta red “red intergaláctica”, que de hecho es la antecesora de Internet. Su formación en psicología influyó en la construcción de este sistema, porque le permitió crear una red de conexiones igual que un cerebro humano.

ChatGPT: las posibles aplicaciones clínicas

Las aplicaciones de ChatGPT son innumerables y podemos aprovechar esta herramienta de muchas maneras. Esta versatilidad ha alcanzado también a la comunidad profesional de la psicología y ha despertado una alerta creciente. De hecho, hoy muchos psicólogos se preguntan si esta tecnología puede sustituir su trabajo y qué impacto tendrá en el futuro de la profesión.

Las noticias en los medios y en la red no resultan precisamente tranquilizadoras: hace poco, un usuario comentó en Reddit que “ChatGPT es mejor que mi psicólogo”.

El autor explicó el motivo de la frase: “Le hice una pregunta al bot incluyendo detalles personales sobre algunos problemas que tengo en este momento. ChatGPT respondió a toda mi pregunta. Cogió varias frases y se centró en ellas. Algo que no consigo ni siquiera con los psicólogos humanos. Me siento escuchado por ChatGPT, y eso me da miedo”.

Lo que afirma este usuario de Reddit se corresponde con un software extremadamente preciso y “complaciente”, capaz de analizar a la vez todas las partes del texto, asimilarlas y ofrecer una respuesta específica basada en la literatura existente. El resultado es sorprendente, pero, como bien sabe la comunidad de psicólogos, la psicoterapia es otra cosa.

Según un estudio realizado por Google Research en diciembre de 2022 (Singhal et al., 2023), los modelos de lenguaje gestionados por inteligencia artificial demostraron ser capaces de dar respuestas correctas a preguntas de tema médico, con una tasa de acierto superior al 90 % y muy similar a la humana.

Aunque muchos medios recomiendan, en cualquier caso, acudir a psicólogos humanos, es evidente que la calidad de las respuestas de ChatGPT o de herramientas similares es tremendamente alta. El estudio citado concluye con la siguiente afirmación:

“Es necesaria más investigación para garantizar la seguridad, la fiabilidad, la eficiencia y la privacidad de la tecnología. Además, habrá que evaluar con atención el uso ético de esta tecnología”.

Estamos muy lejos de poder ofrecer un servicio psicológico adecuado mediante inteligencia artificial y tecnologías como ChatGPT, pero sigue siendo una herramienta de autoayuda válida para interesarnos por el bienestar y el crecimiento personal, y para encontrar respuestas a nuestra curiosidad.

En los artículos analizados, parece que la percepción general es la de una psicoterapia hecha de consejos más o menos clínicos y de hojas de trabajo terapéuticas. A menudo se tiende a evaluar la capacidad terapéutica según las respuestas que recibe el paciente, en un silogismo: cuanto más precisa clínicamente es una respuesta, mejores son los psicólogos.

Dado que una respuesta con información clínica nunca será el equivalente de una psicoterapia, el riesgo que surge es el de generalizar el conjunto de procedimientos, herramientas y procesos que el psicólogo vive con su cliente o paciente.

El proceso terapéutico se parece más a una intervención personalizada, confeccionada ad hoc respetando la fragilidad de cada persona. De hecho, los objetivos de un tratamiento psicoterapéutico se orientan cada vez más a lograr una experiencia emocional correctiva y una relación terapéutica reparadora, más allá de la resolución de los síntomas.

Psicología, chatbots y perspectivas de futuro

No es la primera vez en la historia que se utiliza un bot para ofrecer acompañamiento psicológico. Woebot Health, por ejemplo, es un bot desarrollado por la Universidad de Stanford que funciona como una aplicación de apoyo emocional basada en un chatbot, que usa respuestas predefinidas para ofrecer una experiencia parecida a la de una conversación terapéutica.

Este chatbot utiliza técnicas de terapia cognitivo-conductual (TCC) con el objetivo de ayudar a las personas a identificar y cambiar los patrones de pensamiento y de comportamiento negativos.

El uso prolongado de Woebot Health suele considerarse una ayuda válida para gestionar sentimientos contradictorios y pensamientos negativos; además, propone ejercicios interesantes y contacta con quien lo usa de forma constante y empática. También hace un seguimiento de la evolución de las emociones y de los progresos conseguidos.

Woebot Health se percibe como una buena herramienta de apoyo: puede ofrecer ideas valiosas, está disponible 24/7, garantiza la privacidad de los usuarios y es capaz de dar estrategias de afrontamiento personalizadas. Sin embargo, no es adecuado para afrontar casos graves o situaciones de crisis. Además, la comunicación por chat no permite una comunicación libre.

Con el avance de la IA, es probable que los chatbots de psicoterapia se vuelvan más personalizados y se adapten a las necesidades y preferencias concretas de cada usuario. Según las respuestas y los comentarios del usuario, estas mejoras podrían incluir:

  • la adaptación del lenguaje,
  • el estilo de conversación,
  • el enfoque terapéutico.

Además, con el aprendizaje automático, los chatbots podrán “aprender” de las interacciones con los usuarios y mejorar sus respuestas y técnicas terapéuticas con el tiempo.

Otra perspectiva interesante es la integración de los chatbots de psicoterapia con otras tecnologías de salud digital. Por ejemplo, podrían conectarse a apps de seguimiento de la salud mental, dispositivos wearables y plataformas de telemedicina, y ofrecer así un acompañamiento más completo e integrado de la salud mental.

¿Se puede usar la inteligencia artificial para resolver el malestar psicológico?

Es una pregunta candente que trae consigo muchas dudas, tanto sobre el futuro de la profesión psicológica como sobre el futuro del tratamiento psicológico.

La historia del usuario de Reddit confirma que ChatGPT puede ofrecer información, apoyo inicial o estrategias generales que algunas personas perciban como útiles, pero no puede considerarse un tratamiento psicológico ni asumirse que alivie los síntomas. ¿Pueden este modelo de lenguaje o la inteligencia artificial llevar un proceso de psicoterapia con los mismos resultados que un proceso realizado por un psicólogo humano?

El Dr. Gianni Lanari, psicólogo responsable del Servicio de Urgencias Psicológicas de Roma Este, afirma que la IA puede utilizarse para complementar la atención al bienestar psicológico. Este profesional señala que la inteligencia artificial puede ser útil para:

  • analizar grandes cantidades de datos;
  • identificar los factores de riesgo de los trastornos psicológicos;
  • desarrollar nuevos tratamientos personalizados.

También afirma que la IA todavía no puede sustituir a los psicólogos, pero sí puede resultar útil para dar apoyo y para ayudar a las personas a poner en práctica las estrategias aprendidas durante la psicoterapia tradicional. En cualquier caso, el contacto humano sigue siendo fundamental para la salud mental y para el bienestar a largo plazo.

Esto podría aclarar la confusión que se ha generado: ChatGPT puede apoyar al profesional en el diagnóstico o en la elaboración de materiales terapéuticos coherentes con el problema de la persona, y se convierte así en una de las herramientas psicológicas integradas en la psicoterapia.

ChatGPT puede adoptar una forma muy empática de comunicar y una precisión minuciosa al dar respuestas, a pesar del gran riesgo de errores. No representa necesariamente una amenaza para los profesionales, sino que podría ofrecer un primer apoyo en la primera orientación ante un problema médico o psicológico.

En octubre de 2022, un estudio transversal publicado en JAMA Internal Medicine (Ayers et al., 2023) analizó y comparó 195 pares de preguntas y respuestas, publicadas en un foro online que ofrece un espacio para plantear preguntas de tipo clínico y asistencial y recibir respuesta de profesionales verificados. Este foro tiene una comunidad de 474.000 usuarios.

Los profesionales clínicos que evaluaron las respuestas, dadas por los médicos y por ChatGPT, prefirieron las de la inteligencia artificial en el 78 % de los casos, sobre un total de 585 valoraciones.

En conjunto, las respuestas de ChatGPT se consideraron de mejor calidad: la media se calificó como buena, mientras que la de los profesionales se calificó como aceptable.

Las respuestas calificadas de calidad “menos que aceptable”, es decir, escasas o muy escasas, fueron mayores en el grupo de los profesionales (37 % frente a 2 %), mientras que la proporción de respuestas buenas o muy buenas fue claramente más alta en ChatGPT (22 % frente a 78 %).

Las respuestas de la inteligencia artificial también se consideraron más empáticas: el 41 % de las respuestas de los profesionales era menos empático que las de la inteligencia artificial, y la proporción de respuestas calificadas como poco empáticas era mayor en las de los médicos (80 % frente a 15 %).

Por último, las respuestas de los médicos eran, de media, más breves que las de ChatGPT.

El resultado de este estudio deja ver una perspectiva importante: un chatbot como ChatGPT no puede sustituir la relación humana, pero es un estímulo para mejorar y para integrar la herramienta en la práctica clínica. También podría simplificar y agilizar la respuesta clínica, siempre previa verificación de la información por parte del profesional.

Como ocurre en muchos campos en los que ChatGPT puede intervenir, también a la comunidad de los psicólogos se le pide actualizarse en este sentido, desarrollar nuevas formas de trabajo, poner en valor su estilo personal y enseñar a sus pacientes a utilizar estas herramientas de forma crítica y segura.

Por ejemplo, al redactar este artículo se le preguntó al chat cuáles son las 10 reglas para guiar al paciente hacia un uso responsable de ChatGPT en la búsqueda de respuestas terapéuticas. El resultado se recoge a continuación, debidamente editado.

Si quisiéramos plantear unas pautas para un uso responsable de ChatGPT en terapia, podrían ser estas:

  • Conciencia de los límites: explicar al paciente que GPT es un modelo de lenguaje basado en la inteligencia artificial y que no tiene comprensión personal ni emocional; puede dar respuestas genéricas basadas en modelos de lenguaje, pero carece de capacidad empática y de la capacidad de entender los matices individuales.
  • Uso de fuentes fiables: animar al paciente a contrastar siempre la información encontrada con fuentes de confianza; la terapia y la salud mental son cuestiones complejas, así que es esencial obtener información precisa de profesionales cualificados y de fuentes fiables.
  • Comunicación con el psicólogo: subrayar la importancia de mantener una comunicación abierta con tu psicólogo y de compartir cualquier duda o preocupación sobre la información encontrada en internet.
  • Evitar el autodiagnóstico: animar al paciente a no intentar autodiagnosticarse con herramientas como ChatGPT; solo un psicólogo cualificado puede ofrecer un diagnóstico preciso a partir de una evaluación completa.
  • Conciencia de los posibles sesgos: informar al paciente de que los modelos de lenguaje como GPT-3.5 no siempre ofrecen respuestas neutras u objetivas; pueden reflejar los sesgos y prejuicios presentes en los datos con los que se han entrenado.
  • Respeto de la privacidad: enseñar al paciente a no compartir información personal sensible o confidencial con modelos de inteligencia artificial u otros recursos online.
  • Uso complementario, no sustitutivo: subrayar que ChatGPT u otros recursos online pueden considerarse herramientas de apoyo, pero nunca deberían sustituir la terapia ni el acompañamiento de un psicólogo cualificado.
  • Gestión del tiempo: animar al paciente a poner límites de tiempo cuando use recursos online para buscar información terapéutica, para no volverse excesivamente dependiente de estas herramientas.
  • Filtro emocional: invitar al paciente a tener presente que los modelos de inteligencia artificial no pueden entender las emociones humanas, así que es importante no esperar respuestas personalizadas ni empatía de ellos.
  • Bienestar global: recordar al paciente que la salud mental es un proceso complejo e individual; animarle a centrarse en prácticas de autocuidado, como una dieta equilibrada, el ejercicio físico, la meditación o aficiones que favorezcan el bienestar psicológico general.

Dilemas éticos sobre el uso de la IA en las ciencias médicas

La innovación tecnológica integrada en la práctica clínica trae consigo numerosas implicaciones éticas que pueden afectar a cuestiones muy importantes cuando está en juego la salud de las personas.

Algunos de los puntos fundamentales sobre los que conviene llamar la atención de profesionales, investigadores y legisladores son los siguientes:

  • Privacidad de los datos: las empresas tecnológicas recopilan una cantidad enorme de datos personales. Cómo, cuándo y por qué se utilizan esos datos, y de qué forma se protegen, son cuestiones éticas importantes. Por ejemplo, ¿es ético usar los datos de los usuarios con fines de marketing sin su consentimiento explícito? ¿Cómo se puede proteger la privacidad de los usuarios o pacientes?
  • Inteligencia artificial: ¿cómo debería programarse la IA para tomar decisiones que podrían afectar a la vida humana? Por ejemplo, pensando en su posible incorporación a los coches autónomos, en caso de accidente, ¿cómo actuarían si tuvieran que elegir entre salvar la vida del conductor o la de un peatón? Para tomar esa decisión no basta con un cálculo algorítmico, como en el famoso dilema del tranvía formulado en 1967 por Philippa Ruth Foot. ¿Qué haría la IA si tuviera que decidir entre salvar la vida de una persona a costa de la de otra?
  • Fiabilidad y precisión de las respuestas: las respuestas generadas por ChatGPT deben ser precisas, pertinentes y apropiadas para el contexto terapéutico. La falta de precisión en las respuestas podría causar confusión o dañar la confianza del paciente en la IA y en el proceso terapéutico. ¿Sería capaz un paciente de detectar el error?
  • Empatía y relación terapéutica: la empatía y la relación terapéutica son componentes fundamentales de la psicoterapia. ChatGPT puede reproducir el aspecto formal de la conversación, pero carece de la empatía y de la comprensión profunda de las emociones humanas que solo un psicólogo humano puede aportar. ¿Sería capaz ChatGPT de entender del todo los estados emocionales y las experiencias relacionales dañinas que generan algunos trastornos psicológicos?
  • Riesgos de dependencia y aislamiento: el uso excesivo de ChatGPT podría llevar a algunos pacientes a desarrollar una dependencia excesiva de la tecnología y a aislarse de las interacciones humanas. Es importante equilibrar el uso de la IA con la importancia de un apoyo social real y de interacciones humanas significativas. ¿Quién podría reducir el aislamiento de las personas que deciden confiar únicamente en relaciones digitales con bots?
  • Control y sesgos de la IA: las herramientas de IA como ChatGPT pueden verse influidas por los datos con los que se entrenan, y esto podría generar sesgos hacia determinados grupos o respuestas inadecuadas para algunas personas. ¿Quién puede vigilar las creencias generadas por error por la IA, a pequeña y a gran escala?

El secreto de la vida, el universo y todo lo demás

Estamos muy lejos de generar un avatar consciente capaz de sustituir a los psicólogos. Al contrario: ChatGPT puede llegar donde el profesional no alcanza y representa una de las muchas herramientas que pueden integrarse en la práctica clínica, capaz de crear soluciones de texto inmediatas.

El profesional podría utilizarlas para crear un ejercicio, una sugestión, una historia terapéutica o un cuestionario para proponer al paciente o cliente. Lo que cambia es la gestión del procedimiento, que corresponde al sentido crítico y clínico de los psicólogos y no de los pacientes, al menos en lo que respecta a la práctica de la psicoterapia.

De hecho, un psicólogo tiene el sentido clínico y la visión de conjunto, los objetivos y las direcciones con las que navegar hacia el bienestar psicológico.

Podría usarse como herramienta de cribado inicial, para ayudar a identificar a los pacientes que necesitan una intervención inmediata. También podría utilizarse para dar apoyo entre las sesiones de terapia, ofreciendo consejos y técnicas de coping en tiempo real.

En la novela Guía del autoestopista galáctico, Douglas Adams describe un diálogo con Pensamiento Profundo, una IA capaz de calcular y expresar de forma discursiva el secreto de la vida, el universo y todo lo demás.

En esa escena, tras un largo viaje de cálculo, Pensamiento Profundo anuncia a los presentes que ha descubierto el secreto de la vida, pero advierte que la humanidad quizá no esté preparada para una revelación de tal magnitud. Cuando por fin lo revela, la respuesta desconcierta a todos: el secreto es, sencillamente, “hacer una pregunta”.

“Pensamiento Profundo” es un ordenador creado para dar respuesta a la pregunta más importante de todas; del mismo modo, también nosotros hemos creado una IA para responder a cualquier pregunta que tengamos, quizá incluso a la pregunta fundamental.

Conviene, entonces, tener en cuenta lo que Adams pone en boca del supercomputador: que la respuesta es tan importante como la propia pregunta. En la práctica de la psicoterapia, lo que de verdad importa es la pregunta que los pacientes dirigen a los psicólogos y la que los psicólogos dirigen a los pacientes.

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