La procrastinación consiste en posponer tareas importantes, aunque sepamos que hacerlo puede tener consecuencias negativas. La persona que procrastina suele experimentar una rumiación constante y una sensación persistente de malestar. Si la persona no tuviera la intención real de terminar el proyecto, no hablaríamos de procrastinación, sino de una renuncia a actuar.
En cambio, quienes conviven con una persona que procrastina o se relaciona con ella, se topa con una sensación de vaguedad y confusión, al encontrarse ante decisiones poco claras.
¿Por qué la procrastinación nos hace sentir mal?
A fuerza de procrastinar, aplazamos lo que de verdad importa y nos alejamos poco a poco de los objetivos y de la vida que realmente queremos construir. Se genera un círculo vicioso difícil de romper: nos gustaría parar, pero es un gesto tan habitual y que cuesta tan poco que, terminamos manteniendo el mismo patrón de conducta. Y ahí está el nudo de la cuestión.
Para afrontar una situación, a menudo necesitamos autodisciplina, tiempo y dedicación. Cuando faltan estos elementos, se crea un bloqueo a la hora de actuar y podemos sentirnos desconectados de nuestros objetivos y de aquello que es importante para nosotros.

Cómo gestionar la procrastinación
Al aplazar día tras día y de estación en estación, tarde o temprano acabamos atrapados en un círculo de insatisfacción y frustración, paralizados por pensamientos repetitivos. La procrastinación puede tener consecuencias negativas no solo en nuestra vida, sino también en la de quienes nos rodean.
Sin embargo, también podemos reflexionar sobre las razones que nos llevan a posponer determinadas tareas. En algunos casos, darse un tiempo para reflexionar puede resultar beneficioso. Prestar atención a cómo nos sentimos y observar nuestros comportamientos puede ayudarnos a comprender mejor nuestros estados emocionales.
Los perfiles de la persona que procrastina
Para comprender mejor las características y las motivaciones de una persona que procrastina, podemos recurrir a unas grandes categorías en las que todos, al menos en algunas decisiones de la vida, nos reconoceremos.
El procrastinador inseguro
No actúa por miedo al juicio de los demás, a fracasar o incluso a tener éxito; no quiere “estropear” la imagen que los demás tienen de él y le cuesta actuar en situaciones que supondrán un cambio en su identidad.
Por ejemplo: unamadre que dedica todo su tiempo al cuidado de su familia podría posponer el cuidar de sí misma porque teme que los demás la vean como alguien que “descuida” a los hijos o a la pareja.

El procrastinador perfeccionista
Tiende a complicarse la vida pensando en todos los detalles posibles e imaginables;
- no conoce las medias tintas: o lo hace todo a la perfección o no hace nada;
- se queda a medias en los proyectos porque le abruma la cantidad de detalles que van surgiendo;
- piensa a menudo en las expectativas de los demás y en lo que dirán cuando haya terminado el proyecto;
- se siente en la obligación de hacerse cargo de todos los problemas (dejando de lado los suyos).
El procrastinador soñador
Tiene una actitud muy positiva;
- inicia numerosos proyectos, pero luego se pierde en la fase de planificación y nunca llega a nada concreto;
- compra cursos, libros y todo lo necesario para sacar adelante un proyecto pero, cuando llega la parte de ejecutarlo, se encuentra con numerosas dificultades y a menudo se desanima, y el interés se apaga;
- siente que no consigue sacar adelante sus proyectos y que fracasa con facilidad;
- en casos extremos, llega a tener crisis de identidad.

El procrastinador perezoso
Su pensamiento más recurrente es: “debería hacer… pero no tengo ganas de hacer nada”;
- dice que “trabaja muy bien bajo presión”, así que lo deja todo para el último momento;
- tiene la costumbre de posponer repetidamente la hora de levantarse por la mañana y también la hora de empezar el día;
- no tiene muy claros los planes para hacer realidad sus objetivos;
- cuando no hay una fecha límite, entra en una parálisis total: aplaza indefinidamente todos los proyectos;
- se siente muy a gusto en su zona de confort y, por eso, es muy resistente al cambio, sea cual sea.
El procrastinador desorganizado
Dice que nunca tiene tiempo; lo planifica todo al detalle, pero su planificación casi nunca es realista; le entra el pánico en cuanto algo sale mal y en sus días caóticos nunca hay margen para recuperarse, y las horas nunca le parecen suficientes y, aunque siempre está ocupado, nunca llega a los resultados que le gustaría.
Estas descripciones pueden ayudarnos a dibujar y acotar la dinámica interior que separa a una persona de sus objetivos, metas y deseos más profundos. Un proceso terapéutico puede ser de ayuda no solo para tomar conciencia de las razones que se esconden detrás de la procrastinación, sino también para identificar estrategias eficaces para superarla.
Si sientes que la procrastinación te frena, contar con el acompañamiento de un psicólogo o una psicóloga puede ayudarte a dar el primer paso hacia el cambio.



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