Crecer sin poder expresar las emociones: ¿cómo se relaciona con el sentimiento de vacío en la edad adulta?

Crecer sin poder expresar las emociones: ¿cómo se relaciona con el sentimiento de vacío en la edad adulta?
Sé que algo no va bien, pero no sé ponerle nombre.
Me siento vacía y no consigo explicar por qué.

¿Sientes a veces una tristeza de fondo, un sentimiento de vacío que está ahí pero que no consigues definir con palabras precisas?

Muchas personas llegan a la edad adulta sin haber aprendido nunca un verdadero vocabulario para nombrar lo que sienten. Esto no quiere decir que no sientan nada, sino que esas emociones permanecen en una zona confusa, difícil de precisar.

Esta dificultad para reconocer y expresar los estados internos se llama a veces alexitimia o analfabetismo emocional. No se trata de una patología, sino de una manera de funcionar que a menudo se construye en la infancia.

Puede manifestarse como una especie de anestesia emocional, un sentimiento de vacío persistente o una confusión interna difícil de explicar a los demás. Y puede llevarte a sentirte insensible o diferente por ello.

Comprender de dónde nace esta dificultad puede ser un primer paso importante para empezar a reconectar con tu vida interior, sin sentir que hay algo malo en ti.

Las raíces en la infancia

De dónde puede nacer esta dificultad

En mi casa no se hablaba de cómo nos sentíamos por dentro.
Aprendí pronto a no dar importancia a lo que sentía.

Entender por qué resulta tan complicado conectar con lo que sientes no es un trabajo que tengas que hacer necesariamente en solitario.

En muchos casos, explorar junto a un psicólogo o una psicóloga las raíces de este sentimiento de vacío puede ayudarte a dar nombre a emociones que han permanecido silenciosas durante mucho tiempo, en un espacio en el que no te sientes juzgado/a.

Mientras tanto, exploremos juntos algunas posibles razones que pueden estar detrás de la dificultad para reconocer y expresar las emociones.

Un entorno en el que el dolor no encuentra espacio

  • Cuando en la familia la tristeza o el miedo se desalentaban o se les restaba importancia, con mensajes como "no montes un drama" o "piensa en quién está peor", facilitan aprender pronto que expresar lo que sentimos no es seguro ni bien recibido.
  • En un contexto así, el silencio emocional puede convertirse en una estrategia de adaptación, una manera de no generar incomodidad y sentirnos aceptados.
  • Cuando las experiencias de sufrimiento de la infancia no eran acogidas por un adulto capaz de reflejar y contener lo que el niño sentía, ese dolor tendía a silenciarse en lugar de procesarse.

Cuando falta quien ayude a poner nombre a las emociones

  • En los primeros años de vida, aprender a reconocer y regular los estados internos pasa a menudo por quienes nos cuidan. Sin esta sintonía afectiva, puede resultar más difícil desarrollar esa capacidad.
  • Quien crece en este tipo de entorno puede acostumbrarse a dirigir la atención más hacia los acontecimientos externos que hacia sus vivencias y perder poco a poco el contacto con las señales del cuerpo y de las emociones.
  • Con el tiempo, un sufrimiento que no encuentra la manera de representarse con palabras puede transformarse en esa sensación indefinida y persistente de abatimiento y vacío.
Perspectiva clínica
Ese silencio emocional que hoy vives como vacío pudo ser en su momento una forma de protección: una manera de adaptarte a un contexto en el que ciertas emociones no encontraban espacio. Desde una mirada psicoanalítica, resulta valioso entender ese silencio como una forma de protección y abrir un espacio para que lo no dicho pueda, poco a poco, encontrar palabras. La dificultad para identificar y describir las emociones constituye, precisamente, un rasgo central de la alexitimia.
Mónica Isabel Calandra Lombardozzi
Mónica Isabel Calandra Lombardozzi
Señales en el día a día

Situaciones en las que quizá te reconozcas

Me dicen que soy distante, pero yo solo me siento perdido.
Exploto de repente y ni yo mismo entiendo por qué.

Esta dificultad puede manifestarse de formas distintas, a menudo poco evidentes. Estas son algunas situaciones concretas en las que quizá te hayas visto reflejado/a.

Cuando las emociones permanecen confusas

  • Sentirte agitado o incómodo sin conseguir saber si se trata de rabia, tristeza o ansiedad, y resumirlo todo con un genérico: "me siento mal".
  • Darte cuenta de que reaccionas con aparente indiferencia ante hechos que deberían suscitar una emoción intensa, en un sentido o en otro.
  • Describir lo que te ocurre con gran riqueza de detalles concretos, pero sin apenas hacer referencia a cómo te has sentido, qué deseabas o qué temías.

Cuando el malestar encuentra otros caminos

  • Notar que las demás personas interpretan tu comportamiento como frío o distante, mientras que por dentro solo sientes confusión y la sensación de no saber explicarte.
  • Descubrir que compensas un malestar que no sabes nombrar con hábitos que no te hacen sentir mejor, como comer más de lo habitual, llenar cada momento de trabajo o buscar distracciones constantes.
  • Experimentar bajones repentinos, llantos o estallidos de rabia aparentemente sin motivo, que en realidad pueden ser la acumulación de un malestar que ha permanecido sin reconocer durante mucho tiempo.
Un momento para parar
¿Te reconoces en alguna de estas situaciones?

¿Te sientes apagado/a, sin energía o sin interés por las cosas?

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Pequeños pasos posibles

Cómo empezar a reconectar

Empecé a escribir y poco a poco me reconozco.
En terapia, poco a poco logro aprender a dar nombre a lo que siento.
1

Llevar un diario de emociones

Puedes intentar anotar cada día lo que te ha sucedido y tratar de asociar a cada momento palabras más concretas que un simple bien o mal. Es una manera de entrenar, poco a poco, la capacidad de poner nombre a lo que sientes.

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Escuchar las señales del cuerpo

Las emociones pasan a menudo por sensaciones físicas. Podrías dedicar unos minutos a concentrarte en dónde sientes tensión, calor o pesadez. Esto podría ser un primer paso para volver a conectar esas sensaciones con estados emocionales concretos.

3

Partir de las emociones básicas

Si te resulta difícil entender qué sientes, puedes empezar por las categorías más sencillas y preguntarte si lo que sientes se parece más a la tristeza, al miedo, a la rabia o a la alegría. A partir de ahí, con el tiempo, resulta más fácil captar los matices.

4

Darte tiempo sin juzgarte

Reconocer tus emociones es una habilidad que se puede entrenar poco a poco. Puedes recordarte que es natural avanzar despacio y que no hay nada de lo que culparte si al principio te resulta costoso.

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Hablarlo con una persona de confianza

Contarle a alguien con quien te sientes cómodo cómo te encuentras, aunque te cueste encontrar las palabras, puede aliviar ese sentimiento de soledad y ayudarte a sentirte menos solo con tu confusión interna.

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Valora el inicio de terapia con un psicólogo o una psicóloga

Iniciar un proceso de psicoterapia puede ofrecerte un espacio para construir, junto a quien te acompaña, tu vocabulario emocional y para conectar lo que sientes en el cuerpo con tus vivencias. Enfoques como la terapia centrada en las emociones pueden ser útiles en este sentido. No hace falta esperar a sentirte muy mal para pedir ayuda: es un espacio de crecimiento en el que puedes sentirte comprendido y acompañado.

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Hacia la autocompasión

Un diálogo interno que puedes retomar

No era insensible: solo había aprendido a callar.
Poco a poco aprendo a escucharme, sin prisas.

No reconocer o no saber expresar tus emociones no significa no sentirlas. A menudo esas emociones están ahí, incluso con intensidad, pero permanecen en una zona confusa y aún sin procesar.

El sentimiento de vacío que a veces se arrastra hasta la edad adulta puede entenderse como el resultado de una adaptación a un entorno que, en el pasado, no dejaba espacio al sufrimiento o a la vulnerabilidad. Reconocer que esta manera de ser se formó en respuesta a un contexto, y no por una carencia tuya, puede ayudarte a no sentirte culpable.

Poner nombre a esta dificultad y comprender sus posibles orígenes es ya un acto de autocuidado. Es un proceso que requiere tiempo, igual que lo requiere la construcción de cualquier vínculo importante, incluido el que mantienes con tu interior.

Si sientes que este vacío te acompaña desde hace tiempo, valorar el inicio de un proceso terapéutico con un psicólogo o una psicóloga puede ser una manera de reconectar con lo que sientes, en un espacio donde percibirte acogido sin prisa y sin juicios.

El siguiente paso, si te sientes preparado/a

La terapia psicológica no es solo para quienes atraviesan una crisis, es un espacio de escucha para cuidar de tu bienestar mental.

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FAQ

Preguntas frecuentes

Es el nombre que a veces se da a la dificultad para reconocer y expresar los estados internos. No se trata de una patología, sino de una manera de funcionar que a menudo se construye en la infancia. No significa no sentir emociones: esas emociones están ahí, incluso con intensidad, pero permanecen en una zona confusa, difícil de precisar y aún sin procesar. Puede manifestarse como una especie de anestesia emocional, un sentimiento de vacío persistente o una confusión interna difícil de explicar a los demás, y puede llevarte a sentirte insensible o diferente por ello.

Puede nacer de un entorno en el que el dolor no encontraba espacio, donde la tristeza o el miedo se desalentaban o se restaba importancia con mensajes como: no montes un drama. En un contexto así, el silencio emocional puede convertirse en una estrategia de adaptación para sentirnos aceptados. También puede nacer de una falta de sintonía afectiva en los primeros años de vida, cuando quienes nos cuidan no ayudan a poner nombre a las emociones: en ese caso podemos perder poco a poco el contacto con las señales del cuerpo y de las emociones, y ese sufrimiento puede transformarse en una sensación indefinida y persistente de abatimiento y vacío.

Una señal puede ser sentirse agitado o incómodo sin saber si se trata de rabia, tristeza o ansiedad, y resumir todo con un genérico "me siento mal", o reaccionar con aparente indiferencia ante hechos que deberían suscitar una emoción intensa. Otra señal es describir lo que ocurre con gran riqueza de detalles concretos, pero sin apenas hacer referencia a cómo nos hemos sentido. El malestar también puede encontrar otros caminos, como ser percibidos como fríos o distantes por los demás, compensar con hábitos que no hacen sentir mejor, o experimentar bajones repentinos, llantos o estallidos de rabia aparentemente sin motivo.

Puede ocurrir que te des cuenta de que reaccionas con aparente indiferencia ante hechos que deberían suscitar una emoción intensa, en un sentido o en otro, y que notes que las demás personas interpretan tu comportamiento como frío o distante, mientras que por dentro solo sientes confusión y la sensación de no saber explicarte. Esto no significa no sentir nada: ese silencio emocional que se vive como vacío pudo ser en el pasado una forma de protección, una manera de adaptarte a un contexto en el que ciertas emociones no encontraban espacio.

Puedes intentar llevar un diario de emociones y anotar cada día lo que ha sucedido y buscar palabras más concretas que un simple bien o mal. También puede ayudar escuchar las señales del cuerpo y dedicar unos minutos a concentrarte en dónde sientes tensión, calor o pesadez. Cuando te resulte difícil entender qué sientes, puedes partir de las emociones básicas y preguntarte si lo que sientes se parece más a la tristeza, al miedo, a la rabia o a la alegría. También es útil darte más tiempo sin juzgarte y hablarlo con una persona de confianza, para aliviar el sentimiento de soledad.

Preguntas frecuentes sobre la terapia

Con Unobravo puedes realizar terapia psicológica individual o terapia de pareja, en función de tus necesidades. Por ejemplo, la terapia individual después de una infidelidad puede ser útil para mejorar la comunicación y afrontar los retos personales que influyen en las dinámicas relacionales. Tras una infidelidad, optar por la terapia individual o de pareja depende de las necesidad de cada uno.

Un proceso de terapia individual puede ofrecer un espacio seguro para explorar tus emociones y comportamientos junto a un profesional de la salud mental.

Aunque no siempre sea fácil saber cómo encontrar apoyo y empezar un proceso terapéutico, con Unobravo no tendrás que preocuparte de cómo elegir un psicólogo. Solo necesitas rellenar el cuestionario y, en la primera cita gratuita, conocer al psicólogo que te haya sido asignado entre los psicólogos y psicólogas de Unobravo.

Si resulta ser el profesional adecuado para ti, emprenderéis juntos un proceso creado a medida para ti.

Con un psicólogo online de Unobravo puedes cuidar de ti estés donde estés. Podrás usar la App o la Web App para concertar tus citas, realizar las sesiones, chatear con tu psicólogo y realizar pagos seguros.

Todo cómodamente online, usando cualquier dispositivo y conectándote donde y cuando quieras.

El precio del psicólogo presencial puede variar mucho, sin contar con el tiempo y el coste que supone desplazarse a la consulta del profesional.

Con Unobravo, cada sesión tiene un precio fijo y accesible de 45 € y también puedes hablar con tu psicólogo cuando estés de viaje, de vacaciones o en una pausa del trabajo, sin dedicar tiempo y dinero a desplazamientos.

Para conectar con tu bienestar psicológico, solo necesitas un click.

La decisión de cuánto dura un proceso terapéutico la tomaréis entre tu psicólogo y tú: cada persona es única y también lo es el viaje hacia tu bienestar psicológico.

Cada proceso terapéutico es único y la motivación o la necesidad de empezar a hacer terapia depende de cada uno. Es importante recordar que ir a terapia no solo ayuda a afrontar dificultades y a tratar trastornos, también es un apoyo para quienes desean emprender un proceso de crecimiento personal y proporciona herramientas y estrategias útiles para mejorar el bienestar cotidiano.

Es importante recordar que hacer terapia es una forma de autocuidado y no un signo de debilidad, así que no es necesario esperar a estar al límite para pedir ayuda.

¿Puede ayudar la terapia de pareja en este caso?

Cuando resulta difícil reconocer y comunicar lo que sentimos, tu pareja puede percibir distancia o frialdad, aunque por dentro solo haya confusión. Esto puede generar malentendidos repetidos, no por falta de cariño, sino por una dificultad real para traducir en palabras las propias vivencias. La terapia de pareja puede ofrecer un espacio en el que aprender juntos a descifrar estos momentos y ayudar a los dos a entender qué ocurre realmente detrás de ciertos silencios o reacciones que parecen incomprensibles.

No son procesos que compitan entre sí. Un trabajo individual puede ayudarte a construir poco a poco un vocabulario emocional más rico, mientras que la terapia de pareja puede ofrecer un espacio dedicado a cómo esta dificultad se refleja en la relación cotidiana. Algunas personas eligen compaginar ambos procesos; otras prefieren empezar por uno para después plantearse el otro si lo consideran necesario. La elección depende de lo que sientas más urgente en este momento y de lo que desees explorar primero.

Puedes partir precisamente de esta dificultad y decir que a veces no encuentras las palabras adecuadas y que te gustaría recibir ayuda para construir juntos una manera distinta de comunicaros. La terapia de pareja es también un espacio pensado para quienes no consiguen expresarse con facilidad. Proponerla como una oportunidad para conoceros mejor, en lugar de como una petición de ayuda por algo que no funciona, puede hacer que la propuesta resulte menos difícil de aceptar.

El psicólogo o la psicóloga puede ayudar a los dos a bajar el ritmo de la conversación y ofrecer herramientas para traducir sensaciones corporales o estados confusos en palabras más precisas. También se trabaja a menudo la escucha mutua, de modo que el otro miembro de la pareja aprenda a reconocer señales no verbales sin sentirse excluido. No hace falta llegar ya sabiendo expresarse bien: el proceso está pensado para construir poco a poco esta capacidad compartida.

La terapia de pareja no necesita una crisis para ser útil. Puede ser un espacio para profundizar en la intimidad emocional incluso cuando la relación va bien y ayudar a los dos a descubrir matices personales y del otro que en la rutina diaria quedan poco explorados. Si sientes que falta cierta profundidad en la manera en que compartís lo que sentís, este proceso puede ofrecer herramientas concretas para construirla juntos, sin esperar a que se convierta en un problema.

[Foto link]: [Link immagine]

[Foto Alt]: Mujer sentada a una mesa de cocina con un cuaderno abierto, mirada perdida y una taza de té al lado

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