Estudiantes que se perciben distintos entre la ciudad y la familia: ¿cómo darle sentido a esta experiencia?
En la ciudad me siento yo misma; en casa ya no me reconozco.
Es como si tuviera dos vidas que nunca se hablan.
Durante la semana, en la ciudad, te sientes de una determinada manera: tienes tus ritmos, tus amigos, tus hábitos. Entre ellos, quizás, está también el consumo de cannabis, que a menudo se percibe como una parte habitual de la vida universitaria.
Luego llega el fin de semana, vuelves a casa con tu familia y todo parece borrarse. Es como si te pusieras otra ropa, como si te convirtieras en una persona distinta.
Esta sensación de llevar dos vidas paralelas, con ritmos y formas de sentirte diferentes según el lugar, puede generar confusión y un sentimiento de extrañeza hacia ti mismo.
No se trata de una verdadera división de la identidad, sino de un malestar emocional ligado a vivir dos roles que no logran dialogar entre sí. Si te identificas con todo esto, debes saber que es una experiencia más frecuente de lo que parece.
Entender qué ocurre
Las razones que hay detrás de esta sensación de vivir dos vidas
En casa nadie sabe nada, así que me convenzo de que todo va bien.
Cuando vuelvo con los míos me convierto de nuevo en el buen hijo de siempre.
Antes de nada, conviene recordar que reconocer este malestar ya es un paso importante. Para aclarar tu relación con el cannabis y esta sensación de vivir dos existencias separadas, el acompañamiento de un psicólogo o una psicóloga especializado/a puede ofrecerte herramientas para comprenderte mejor, sin sentirte juzgado/a. Y es que no siempre resulta fácil encontrar las respuestas por cuenta propia.
Mientras tanto, exploremos juntos/as algunas posibles razones que pueden estar en la base de esta percepción de sentirse distinto/a entre la ciudad y la familia.
El papel de los dos contextos sociales
- En la ciudad, el cannabis puede convertirse en parte de la gestión del estrés y de la vida social universitaria, mientras que en casa no tiene cabida.
- Cada entorno tiene sus normas implícitas, sus expectativas e incluso un lenguaje distinto, lo que puede llevarte a percibir dos versiones de ti difíciles de conciliar.
- El regreso a la familia puede reactivar roles del pasado —el estudiante modelo, el hijo, la hermana pequeña— que entran en conflicto con la identidad construida de forma autónoma.
Cuando el malestar permanece en un segundo plano
- El entorno familiar a menudo desconoce el consumo repetido de sustancias, o prefiere no abordarlo, lo que dificulta un diálogo real sobre el tema.
- La ausencia de señales evidentes durante los dos días en casa puede dar la impresión de que no hay nada de lo que preocuparse.
- En realidad, el malestar puede desplazarse al plano emocional y relacional, manifestándose como inquietud o irritación difíciles de relacionar con su origen.
Momentos concretos
Situaciones en las que puedes reconocerte
En cuanto subo al tren me siento libre de nuevo.
El domingo por la tarde me vuelvo irritable y no sé muy bien por qué.
A veces resulta más sencillo reconocer una experiencia cuando la vemos reflejada en situaciones concretas. Aquí tienes algunas escenas de la vida cotidiana en las que puede que te veas reflejado/a.
La sensación de cambiar de piel
- Durante la semana fumas cannabis con los compañeros de piso para pasar el rato juntos, pero el viernes, al subir al tren de vuelta a casa, ya sientes la necesidad de dejar en segundo plano esa parte de ti.
- Te das cuenta de que hablas, te mueves e incluso piensas de forma distinta según estés con los amigos de la ciudad o con la familia, como si cambiaras de guión.
- En la mesa con los tuyos evitas cualquier referencia a la vida universitaria real, por miedo a que te juzguen o malinterpreten.
Las señales que quizá atribuyes a otra causa
- El domingo por la tarde te sientes irritable o nervioso/a, y lo atribuyes a la melancolía del regreso, sin plantearte que pueda tener relación con la ausencia de la sustancia.
- Te cuesta contarles a los tuyos episodios de la vida universitaria, y ese silencio se convierte poco a poco en distancia emocional.
- Sientes un alivio casi inmediato cuando vuelves a la ciudad el domingo por la tarde, como si solo allí fuera posible ser realmente tú: una señal que merece más atención de la que solemos darle.
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Pequeños pasos posibles
Cómo darle sentido a esta experiencia
Empecé a escribir cómo me siento y veo las cosas con más claridad.
Hablarlo con alguien me ayudó a sentirme menos dividido.
Observar tus emociones en los dos contextos
Puedes empezar a fijarte con honestidad en cómo te sientes en casa y en la ciudad, preguntándote si el malestar que percibes durante el fin de semana está ligado a la ausencia de la sustancia o a dinámicas familiares todavía abiertas. Distinguir ambas cosas puede ayudarte a entender mejor lo que vives.
Construir un hilo entre las dos vidas
Compartir con tu familia aunque sea una parte real de tu día a día universitario puede reducir la sensación de vivir en dos mundos separados. No hace falta contarlo todo: incluso pequeñas dosis de autenticidad pueden acortar esa distancia.
Llevar un registro de cómo te sientes
Anotar tus sensaciones durante el fin de semana, quizás con un sencillo diario emocional, puede ayudarte a identificar momentos recurrentes de malestar ligados al regreso. Ver las cosas por escrito a menudo aclara lo que nos cuesta ver con claridad.
Aplazar el impulso cuando vuelves a la ciudad
Cuando vuelves a la ciudad y sientes ganas de fumar de inmediato, prueba a esperar unos minutos antes de actuar. Esa necesidad suele estar ligada a un momento de tensión emocional: darte una pausa puede hacer que la sensación disminuya y se vuelva más manejable.
Observar qué ocurre al reducir poco a poco
Intentar disminuir gradualmente el consumo también en la ciudad puede darte información valiosa: si el malestar en los días en casa cambia, tendrás una idea más clara de cuánto influye la sustancia en tu bienestar. Es una pequeña observación sin presiones.
Plantearte empezar un proceso terapéutico
Acudir a un psicólogo o una psicóloga especializado/a en la relación con las sustancias puede ofrecerte un espacio donde sentirte comprendido/a y acompañado/a, sin juicios. No es necesario esperar a que la situación se vuelva difícil: la terapia puede ser un proceso de reflexión útil para integrar las dos dimensiones de tu vida y recuperar un sentido de continuidad.
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Un paso a la vez
Hacia una identidad más coherente
No quiero seguir sintiéndome dos personas distintas.
Entender lo que siento ya ha sido un alivio.
Vivir en dos contextos tan distintos no significa tener dos identidades separadas, pero puede ser la señal de un malestar que no logra encontrar un espacio de expresión coherente.
El hecho de que el malestar no aflore cuando estás en casa no significa que no exista: su invisibilidad en los días con la familia forma parte de la dificultad, no es una prueba de su ausencia.
Reducir esta sensación de fractura no pasa por negar una de las dos dimensiones de tu vida, sino por integrar progresivamente tus experiencias, haciéndolas menos contradictorias y más cercanas a cómo te sientes de verdad.
Pedir ayuda no significa etiquetarte de ninguna forma, sino reconocer tu necesidad de entender mejor qué se esconde detrás de esta sensación de vivir dos vidas. Con el paso del tiempo y el acompañamiento adecuado de un psicólogo o una psicóloga, puede llegar a ser posible construir un sentido de ti más estable, que no dependa del lugar en el que estés.
El siguiente paso, si te sientes preparado/a
La terapia psicológica no es solo para quienes atraviesan una crisis, es un espacio de escucha para cuidar de tu bienestar mental.
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FAQ
Preguntas frecuentes
¿Por qué me siento una persona distinta cuando vuelvo a casa con mis padres?
En la ciudad, el cannabis puede convertirse en parte de la gestión del estrés y de la vida social universitaria, mientras que en casa no tiene cabida. Cada entorno tiene sus normas implícitas, sus expectativas e incluso un lenguaje distinto, lo que te lleva a percibir dos versiones de ti difíciles de conciliar. El regreso a la familia puede reactivar roles del pasado, como el estudiante modelo, el hijo o la hermana pequeña, que entran en conflicto con la identidad construida de forma autónoma. No se trata de una verdadera división de la identidad, sino de un malestar emocional ligado a vivir dos roles que no logran dialogar entre sí.
¿Cuáles son las señales que indican un malestar relacionado con esta doble vida?
El domingo por la tarde puedes sentirte irritable o nervioso/a y atribuirlo a la melancolía del regreso, sin plantearte que pueda tener relación con la ausencia de la sustancia. Puede costarte contarles a los tuyos episodios de la vida universitaria, y ese silencio se convierte poco a poco en distancia emocional. Sentir un alivio casi inmediato cuando vuelves a la ciudad el domingo por la tarde, como si solo allí fuera posible ser realmente tú, es una señal que merece más atención de la que solemos darle. En realidad, el malestar puede desplazarse al plano emocional y relacional, manifestándose como inquietud o irritación difíciles de relacionar con su origen.
¿Es natural sentirse dividido/a entre la vida universitaria y la familiar?
Sí, es una experiencia más frecuente de lo que parece. Muchos estudiantes viven esta sensación de llevar dos vidas paralelas, con ritmos y formas de sentirse diferentes según el lugar, que puede generar confusión y un sentimiento de extrañeza hacia uno mismo. Vivir en dos contextos tan distintos no significa tener dos identidades separadas, pero puede ser la señal de un malestar que no logra encontrar un espacio de expresión coherente. Reconocer ese malestar ya es un paso importante para empezar a comprenderlo mejor.
¿Por qué en familia no se nota mi malestar relacionado con el consumo de cannabis?
El entorno familiar a menudo desconoce el consumo repetido de sustancias, o prefiere no abordarlo, lo que dificulta un diálogo real sobre el tema. La ausencia de señales evidentes durante los dos días en casa puede dar la impresión de que no hay nada de lo que preocuparse. El hecho de que el malestar no aflore cuando estás en casa no significa que no exista: su invisibilidad en los días con la familia forma parte de la dificultad, no es una prueba de su ausencia.
¿Cómo puedo empezar a entender si mi malestar durante el fin de semana depende de la sustancia o de otra cosa?
Puedes empezar a fijarte con honestidad en cómo te sientes en casa y en la ciudad, preguntándote si el malestar que percibes durante el fin de semana está ligado a la ausencia de la sustancia o a dinámicas familiares todavía abiertas. Distinguir ambas cosas puede ayudarte a entender mejor lo que vives. Anotar tus sensaciones durante el fin de semana, quizás con un sencillo diario emocional, puede ayudarte a identificar momentos recurrentes de malestar ligados al regreso, porque ver las cosas por escrito a menudo aclara lo que nos cuesta ver con claridad.
¿Qué significa darle sentido a esta sensación de vivir dos vidas distintas?
Significa no negar ninguna de las dos dimensiones de tu vida, sino integrar progresivamente tus experiencias, haciéndolas menos contradictorias y más cercanas a cómo te sientes de verdad. Compartir con tu familia aunque sea una parte real de tu día a día universitario puede reducir la sensación de vivir en dos mundos separados: no hace falta contarlo todo, incluso pequeñas dosis de autenticidad pueden acortar esa distancia. Con el paso del tiempo y el acompañamiento adecuado, se puede llegar a construir una identidad más estable, que no dependa del lugar en el que estés.
Preguntas frecuentes sobre la terapia
¿Cuántos tipos de terapia hay en Unobravo?
Con Unobravo puedes realizar terapia psicológica individual o terapia de pareja, en función de tus necesidades. Por ejemplo, la terapia individual después de una infidelidad puede ser útil para mejorar la comunicación y afrontar los retos personales que influyen en las dinámicas relacionales. Tras una infidelidad, optar por la terapia individual o de pareja depende de las necesidad de cada uno.
¿Qué es y en qué consiste la terapia individual con Unobravo?
Un proceso de terapia individual puede ofrecer un espacio seguro para explorar tus emociones y comportamientos junto a un profesional de la salud mental.
Aunque no siempre sea fácil saber cómo encontrar apoyo y empezar un proceso terapéutico, con Unobravo no tendrás que preocuparte de cómo elegir un psicólogo. Solo necesitas rellenar el cuestionario y, en la primera cita gratuita, conocer al psicólogo que te haya sido asignado entre los psicólogos y psicólogas de Unobravo.
Si resulta ser el profesional adecuado para ti, emprenderéis juntos un proceso creado a medida para ti.
¿Por qué elegir la terapia online?
Con un psicólogo online de Unobravo puedes cuidar de ti estés donde estés. Podrás usar la App o la Web App para concertar tus citas, realizar las sesiones, chatear con tu psicólogo y realizar pagos seguros.
Todo cómodamente online, usando cualquier dispositivo y conectándote donde y cuando quieras.
¿Cuánto cuesta la terapia individual?
El precio del psicólogo presencial puede variar mucho, sin contar con el tiempo y el coste que supone desplazarse a la consulta del profesional.
Con Unobravo, cada sesión tiene un precio fijo y accesible de 45 € y también puedes hablar con tu psicólogo cuando estés de viaje, de vacaciones o en una pausa del trabajo, sin dedicar tiempo y dinero a desplazamientos.
Para conectar con tu bienestar psicológico, solo necesitas un click.
¿Cuánto dura un proceso de terapia individual?
La decisión de cuánto dura un proceso terapéutico la tomaréis entre tu psicólogo y tú: cada persona es única y también lo es el viaje hacia tu bienestar psicológico.
¿Cómo puedo saber si necesito hacer terapia?
Cada proceso terapéutico es único y la motivación o la necesidad de empezar a hacer terapia depende de cada uno. Es importante recordar que ir a terapia no solo ayuda a afrontar dificultades y a tratar trastornos, también es un apoyo para quienes desean emprender un proceso de crecimiento personal y proporciona herramientas y estrategias útiles para mejorar el bienestar cotidiano.
Es importante recordar que hacer terapia es una forma de autocuidado y no un signo de debilidad, así que no es necesario esperar a estar al límite para pedir ayuda.
¿Y ahora qué?
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