La catatonia (o catatonía) es un síndrome neuropsiquiátrico complejo que se manifiesta a través de una serie de alteraciones psicomotoras y conductuales. Puede asociarse a diversas afecciones psiquiátricas y médicas, lo que plantea un reto tanto diagnóstico como terapéutico. El término catatónico tiene un significado clínico preciso que va más allá de la simple inmovilidad: indica un estado que se caracteriza por síntomas específicos relacionados con el movimiento, el comportamiento y la reactividad.
En este artículo, exploramos el significado de catatónico, las características de la catatonia, sus posibles causas, los criterios diagnósticos y las opciones de tratamiento disponibles en la actualidad. El objetivo es proporcionar una imagen clara y actualizada de esta afección para promover una mayor concienciación y sensibilidad clínicas.
Catatonia: definición, síntomas y subtipos
La palabra catatonia proviene del griego kata- (abajo) y -tonos (tensión) e indica una condición en la que la tensión del cuerpo parece colapsar. En el contexto clínico, el término adquiere un significado aún más específico.
La catatonía es un síndrome psicomotor que se caracteriza por una combinación de síntomas que pueden incluir inmovilidad, mutismo, rigidez muscular, y también agitación y comportamientos repetitivos.
Síntomas y criterios diagnósticos
Por lo tanto, el significado de catatónico se refiere a una persona que presenta estos síntomas, no por elección, sino como expresión de un trastorno neuropsiquiátrico. Según los criterios diagnósticos del manual diagnóstico DSM-5-TR, la catatonia se define por la presencia de al menos 3 de los 12 síntomas enumerados en el manual, entre los que se incluyen:
- Estupor (ausencia de actividad psicomotora, con reactividad reducida al entorno).
- Catalepsia (capacidad de mantener posiciones impuestas).
- Flexibilidad cérea (resistencia al movimiento corporal por parte del examinador).
- Mutismo (ausencia o reducción significativa del habla).
- Negativismo (resistencia o ausencia de respuesta a instrucciones o estímulos externos).
- Posturas asumidas espontáneamente y mantenidas en contra de la gravedad.
- Estereotipias (movimientos repetitivos y no intencionados).
- Agitación sin influencia de estímulos externos.
- Ecolalia (repetición automática de palabras o frases de un interlocutor).
- Ecopraxia (imitación automática de los movimientos de otra persona).
- Manierismos (comportamientos o movimientos extraños, teatrales o exagerados).
- Muecas (expresiones faciales inusuales, repetidas e inadecuadas al contexto).
Una persona en estado catatónico puede alternar largos periodos de inmovilidad con episodios repentinos de agitación, lo cual desorienta a quien le observa. El significado de catatónico en este contexto radica en la aparente falta de sentido y de voluntad de estos comportamientos: no son elecciones, sino síntomas de un trastorno profundo.
Diagnóstico, signos de alerta y comorbilidad
El diagnóstico de la catatonia puede ser complejo, ya que sus síntomas pueden solaparse con los de otros trastornos neurológicos o psiquiátricos. Los criterios clínicos se basan en la observación de comportamientos específicos y su persistencia en el tiempo. Además, instrumentos como la Escala de Calificación de Bush-Francis para la catatonia ayudan a cuantificar la gravedad de los síntomas y a seguir la evolución del cuadro clínico.
El diagnóstico diferencial es crucial, ya que algunos síntomas similares pueden estar causados por afecciones médicas, intoxicaciones u otros trastornos neurológicos. Las principales afecciones en las que puede aparecer la catatonia incluyen:
- los trastornos del espectro autista,
- los trastornos del estado de ánimo como la depresión o el trastorno bipolar,
- los trastornos psicóticos como la esquizofrenia.
La presencia de comorbilidades puede complicar el manejo terapéutico y afectar al pronóstico, lo que requiere un abordaje integrado y multidisciplinar.
Por ejemplo, en los trastornos del espectro autista, los comportamientos catatónicos pueden confundirse con la rigidez conductual típica de estos pacientes. Por lo tanto, el diagnóstico de catatonia requiere atención, experiencia y la capacidad de distinguir este cuadro de otras afecciones similares para garantizar un tratamiento adecuado y oportuno para el paciente.

Subtipos de catatonia
En la literatura clínica se describen varios cuadros de catatonia, entre ellos:
- La catatonia estuporosa: que se caracteriza por la inmovilidad, el mutismo y la catalepsia. La persona parece "apagada", pero puede estar consciente y percibir su entorno.
- La catatonia excitada: en la que predomina la agitación, con movimientos estereotipados, ecolalia y ecopraxia. La persona puede mostrar comportamientos impulsivos o arriesgados.
- La catatonia maligna: representa la forma más grave y potencialmente mortal, asociada a fiebre, inestabilidad en la autonomía y riesgo de colapso sistémico.
Reconocer el subtipo también es fundamental porque el pronóstico y el enfoque terapéutico cambian drásticamente. La catatonia estuporosa puede responder bien a las benzodiacepinas o a la terapia electroconvulsiva, mientras que la forma maligna requiere una intervención rápida e intensiva para evitar daños irreversibles o la muerte.
Causas de la catatonia y trastornos asociados
La catatonia puede ser la manifestación de varias afecciones subyacentes y suele estar relacionada con trastornos psiquiátricos como:
- la depresión mayor,
- la esquizofrenia,
- el trastorno bipolar.
Sin embargo, también puede ser consecuencia de problemas neurológicos o médicos, como lesiones cerebrales, infecciones o alteraciones metabólicas graves.
Determinados fármacos, estupefacientes o estados de intoxicación pueden desencadenar un estado catatónico. Por lo tanto, ante una persona con catatonia, el profesional clínico debe investigar cuidadosamente la historia y el contexto vital del paciente, valorando tanto la presencia de trastornos psiquiátricos previos como cualquier factor desencadenante reciente.
Reconocer las causas de la catatonia es el primer paso para establecer un tratamiento eficaz y devolver a la persona la capacidad de recuperar su bienestar.
Evolución, pronóstico y consecuencias a largo plazo de la catatonia
El curso de la catatonia es variable y depende de factores como la gravedad, la causa desencadenante y lo temprano que se establece la intervención terapéutica.
En algunos casos, el síndrome puede mostrar una mejoría espontánea, especialmente cuando está relacionado con afecciones transitorias o reversibles. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la catatonia requiere un tratamiento específico para evitar complicaciones potencialmente graves.
El pronóstico suele ser favorable si la afección se reconoce y se trata precozmente, con una buena probabilidad de remisión clínica de los síntomas en muchos pacientes. Sin embargo, en ausencia de una intervención temprana, la catatonia puede evolucionar a formas más graves, como la catatonia maligna, que se caracteriza por la inestabilidad de la autonomía y el riesgo de muerte.
Las consecuencias a largo plazo pueden incluir déficits cognitivos, discapacidad funcional y un mayor riesgo de recaída.
Riesgos y complicaciones de la catatonia no tratada
Afrontar la catatonia sin intervención médica puede exponer a la persona a graves complicaciones. La propia naturaleza del síndrome, que se caracteriza por la inmovilidad o agitación extremas, puede acarrear consecuencias médicas directas como:
- úlceras por presión,
- infecciones respiratorias,
- deshidratación,
- desnutrición.
A nivel psiquiátrico, la ausencia de tratamiento puede agravar la sintomatología, exponiendo a la persona a un riesgo creciente de aislamiento social y de deterioro del funcionamiento emocional y relacional. Ante estas posibles evoluciones, es esencial reconocer a tiempo las señales de alerta y activar rápidamente un tratamiento adecuado.

Qué tratamientos existen para la catatonia
El tratamiento de la catatonia requiere una intervención multidisciplinar y temprana. Las estrategias terapéuticas tienen como objetivo reducir el cuadro clínico en el menor tiempo posible, para minimizar las complicaciones médicas y psiquiátricas.
Las principales opciones de tratamiento incluyen:
- Las benzodiacepinas representan el tratamiento de primera línea. Fármacos como el lorazepam pueden mejorar rápidamente los síntomas catatónicos, a menudo tras solo unas pocas administraciones.
- La terapia electroconvulsiva (TEC) está indicada cuando las benzodiacepinas son ineficaces o en casos más graves, como la catatonia maligna. La TEC se considera generalmente un procedimiento seguro y eficaz, y puede permitir la remisión incluso de cuadros catatónicos refractarios en un tiempo relativamente corto.
- El tratamiento de la causa subyacente es esencial en los casos en que la catatonia es secundaria a afecciones médicas o neurológicas.
- Las terapias de apoyo como la rehabilitación, la fisioterapia y el apoyo nutricional son esenciales para prevenir las complicaciones relacionadas con la inmovilidad y favorecer la recuperación funcional.
En el tratamiento de la catatonia intervienen varios profesionales: psiquiatras, neurólogos, internistas, fisioterapeutas, nutricionistas y personal de enfermería especializado. Un enfoque integrado y coordinado es la clave para garantizar una atención eficaz y mejorar los resultados a largo plazo de los pacientes.
Apoyo a familiares y cuidadores
Los familiares y cuidadores de personas con catatonia también pueden necesitar apoyo psicológico para gestionar el impacto emocional de esta enfermedad. Comprender el cuadro clínico, mantener una comunicación empática y buscar el acompañamiento de profesionales y grupos de apoyo son estrategias esenciales para hacer frente al tratamiento junto al ser querido.
Es importante sentirse parte de una red de apoyo, en la que se proteja el bienestar del paciente y su familia de forma integral y atenta.
Un paso hacia el bienestar
La catatonia es una enfermedad compleja, pero no es una condena. Un diagnóstico precoz y una intervención temprana pueden cambiar radicalmente el curso del síndrome y devolver la calidad de vida y el bienestar a quienes lo padecen. Si al leer el artículo has reconocido algunas señales de alarma en familiares o en ti mismo/a, no dudes en acudir a un profesional de la salud mental lo antes posible.
Un tratamiento adecuado puede marcar la diferencia. Si necesitas apoyo para dar el primer paso, Unobravo está aquí para escucharte y acompañarte, a tu ritmo.




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