El trastorno del estado de ánimo es una de las afecciones psicológicas más frecuentes y, como su nombre indica, provoca alteraciones importantes en el estado de ánimo.
Entre los más extendidos y conocidos se encuentra la depresión. En España, según encuestas oficiales recientes (INE y Ministerio de Sanidad), alrededor de 2-2,5 millones de personas presentan un cuadro depresivo, lo que equivale al 5 % de la población mayor de 15 años de todo el país. En este artículo hablaremos de los trastornos del estado de ánimo: qué son, cómo reconocerlos y si tienen tratamiento. Empecemos por definir qué es un trastorno del estado de ánimo.
Trastornos del estado de ánimo: definición
Los trastornos del estado de ánimo afectan a las esferas emocional, cognitiva y conductual. Se caracterizan por una alteración disfuncional y duradera del estado de ánimo, por lo que también se denominan trastornos afectivos.
Esto puede llevar a experimentar tristeza profunda, apatía, irritabilidad o euforia. Estos estados suelen afectar negativamente a la vida diaria, complicando el trabajo, las relaciones y las actividades cotidianas.
La clasificación DSM-5 de los trastornos del estado de ánimo incluye dos categorías principales: trastornos del estado de ánimo depresivos (unipolares) y bipolares. Con la actualización del DSM-5 a DSM-5-TR se han realizado ajustes en la terminología y descripción de algunos trastornos para mejorar la precisión diagnóstica. Además, existen trastornos menores del estado de ánimo aunque potencialmente incapacitantes, como por ejemplo:
- Distimia: se integra al trastorno depresivo persistente.
- Ciclotimia: dentro de los trastornos bipolares y relacionado.
- Trastorno de adaptación con estado de ánimo deprimido: clasificado dentro de los trastornos relacionados con trauma y factores de estrés.
Estos trastornos afectivos se manifiestan con síntomas menos intensos que otros tipos de depresión, como la depresión mayor, y pueden aparecer en respuesta a acontecimientos vitales estresantes o en determinadas épocas, como en el caso de la depresión estacional (seguro que has escuchado hablar, por ejemplo, de la depresión otoñal y la depresión navideña).
Trastornos del estado de ánimo: cuáles son y sus características
Los trastornos del estado de ánimo unipolares o depresivos se caracterizan por periodos de tristeza, falta de interés, baja autoestima y pérdida de energía que pueden durar semanas o meses, mientras que un trastorno bipolar se caracteriza por alternar episodios depresivos con otros episodios de tono maníaco o hipomaníaco.
Una particularidad del trastorno bipolar del estado de ánimo son los ciclos rápidos. Se caracteriza por la presencia de cuatro o más episodios de depresión, manía, hipomanía o episodios mixtos en un año, que se alternan rápidamente y pueden ser muy intensos. A continuación, te dejamos una breve lista de trastornos del estado de ánimo bipolares y unipolares.
Trastornos del estado de ánimo unipolares:
- Trastorno depresivo mayor.
- Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo.
- Trastorno depresivo persistente (distimia).
- Trastorno disfórico premenstrual.
- Trastorno depresivo inducido por sustancias/medicación.
- Trastorno depresivo debido a otra afección médica.
Trastornos bipolares del estado de ánimo:
- Trastorno bipolar I.
- Trastorno bipolar II.
- Trastorno ciclotímico (con fluctuaciones crónicas de síntomas hipomaníacos y depresivos).
- Trastorno bipolar inducido por sustancias/medicación.
- Trastorno bipolar y trastornos relacionados con otra especificación.
- Trastorno bipolar debido a otra afección médica.
- Trastorno del estado de ánimo no especificado.

Subtipos de trastornos del estado de ánimo: descripción detallada
Los trastornos del estado de ánimo incluyen diferentes subtipos, cada uno con características clínicas propias que pueden influir en la manera en que las personas experimentan y regulan sus emociones. A continuación, se presentan los principales subtipos reconocidos por el DSM-5-TR (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª edición):
- Trastorno depresivo mayor: se manifiesta con episodios de tristeza profunda, pérdida de interés o placer en casi todas las actividades, sensación de fatiga, sentimientos de inutilidad o culpa excesiva, y pensamientos recurrentes relacionados con la muerte o el suicidio. Estos síntomas suelen estar presentes la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas. Se diagnostica con al menos cinco de estos síntomas.
- Trastorno depresivo persistente (distimia): se caracteriza por un estado de ánimo deprimido que se mantiene de forma crónica durante al menos dos años (uno en niños y adolescentes), junto con síntomas como baja energía, autoestima disminuida y dificultades para tomar decisiones. Aunque los síntomas pueden ser menos intensos que en la depresión mayor, su persistencia puede afectar de manera significativa la calidad de vida.
- Trastorno bipolar I: se identifica por la presencia de al menos un episodio maníaco, que puede estar precedido o seguido por episodios depresivos mayores. Durante la manía, la persona puede experimentar un estado de ánimo inusualmente elevado, expansivo o irritable, con mayor energía, menos necesidad de dormir y conductas impulsivas.
- Trastorno bipolar II: se caracteriza por episodios recurrentes de depresión mayor y al menos un episodio de hipomanía (una forma menos intensa de manía). En algunas situaciones, la hipomanía puede estar asociada a una mejora temporal en el funcionamiento social o laboral, aunque no alcanza la intensidad de la manía.
- Trastorno ciclotímico: consiste en cambios crónicos del estado de ánimo, con numerosos periodos de síntomas hipomaníacos y depresivos que no cumplen los criterios completos para manía o depresión mayor. Estos síntomas suelen mantenerse durante al menos dos años en adultos (uno en niños y adolescentes).
- Trastorno disfórico premenstrual: puede afectar a algunas mujeres en la fase lútea del ciclo menstrual, con síntomas emocionales y físicos intensos, como irritabilidad, tristeza, ansiedad y cambios de humor marcados, que pueden interferir en la vida diaria.
- Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo: es un diagnóstico dirigido principalmente a niños y adolescentes, que se caracteriza por una irritabilidad persistente y episodios frecuentes de arrebatos de ira que resultan desproporcionados en relación con la situación.
Cada uno de estos subtipos requiere una evaluación cuidadosa por parte de un profesional de la salud mental para diferenciarlos de otros trastornos y poder orientar el tratamiento más adecuado.
Síntomas de los trastornos del estado de ánimo
Los trastornos del estado de ánimo unipolares pueden causar tristeza intensa, soledad, pérdida de interés, abulia, falta de energía, trastornos del sueño, cambios en el apetito, dificultades de concentración, astenia y disminución del deseo sexual.
En el caso de los trastornos del estado de ánimo bipolares, los síntomas de la fase maníaca incluyen euforia, irritabilidad, comportamiento impulsivo, disminución del juicio y deterioro de las funciones cognitivas, aumento de la energía, insomnio y alta autoestima.
La ideación suicida es un riesgo grave asociado a los trastornos del estado de ánimo y está vinculado principalmente a la fase depresiva. Es importante recordar que, aunque los trastornos del estado de ánimo y el suicidio pueden estar relacionados, el suicidio es un fenómeno multifactorial.
Síntomas que pueden variar según el tipo de trastorno del estado de ánimo
Aunque pueden existir síntomas comunes en los trastornos del estado de ánimo, cada subtipo muestra manifestaciones particulares que pueden facilitar su identificación. A continuación, presentamos los síntomas más característicos de los principales tipos:
- Depresión mayor:
- Tristeza persistente y llanto frecuente.
- Pérdida de interés o placer en actividades habituales.
- Cambios significativos en el apetito y el peso.
- Fatiga o pérdida de energía.
- Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva.
- Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
- Pensamientos recurrentes relacionados con la muerte o el suicidio.
- Trastorno depresivo persistente (distimia):
- Estado de ánimo deprimido la mayor parte del tiempo durante años.
- Baja autoestima y sensación de desesperanza.
- Dificultad para experimentar alegría o entusiasmo.
- Problemas de sueño (insomnio o hipersomnia).
- Trastorno bipolar (I y II):
- Episodios depresivos similares a los descritos anteriormente.
- Episodios maníacos (bipolar I): euforia, aumento de la autoestima, menor necesidad de dormir, tendencia a hablar mucho, ideas grandiosas, conductas impulsivas y, en algunos casos, síntomas psicóticos.
- Episodios hipomaníacos (bipolar II): síntomas parecidos a la manía pero menos intensos y sin un impacto grave en el funcionamiento.
- Trastorno ciclotímico:
- Alternancia de síntomas hipomaníacos y depresivos leves, que pueden generar inestabilidad emocional y dificultades en las relaciones con otras personas.
- Trastorno disfórico premenstrual:
- Cambios de humor marcados, irritabilidad, ansiedad, tristeza y síntomas físicos como hinchazón o dolor en los senos, que suelen aparecer en la semana previa a la menstruación y mejorar tras su inicio.
Reconocer estos síntomas diferenciados puede ser importante para orientar el diagnóstico y el abordaje terapéutico más adecuado.
Causas de los trastornos del estado de ánimo
Pasemos ahora a la etiopatogenia de los trastornos del humor.
Los trastornos del estado de ánimo son complejos y multifactoriales, y en su desarrollo pueden influir diversas causas, entre ellas factores psicológicos (como el fenómeno de la indefensión aprendida), factores sociales, factores biológicos (como desequilibrios químicos en el cerebro) y predisposición genética.
En algunos casos, ciertos trastornos endocrinos (relacionados con la tiroides) o neurológicos (como tumores o enfermedades degenerativas) pueden provocar un trastorno del estado de ánimo.
Además de los componentes orgánicos, también cabe destacar las posibles causas iatrogénicas, es decir, las inducidas por sustancias o el uso de sustancias psicotrópicas. Los trastornos del humor también pueden estar vinculados a determinados acontecimientos vitales dolorosos, y surgir tras una pérdida o trauma, como un duelo complicado.
Correlación entre esquizofrenia y trastornos del estado de ánimo
Las personas con esquizofrenia pueden tener dificultades para expresar y percibir emociones, por lo que también manifiestan disfunciones emocionales. Además, en esta afección, las personas suelen experimentar un estado de ánimo negativo, que puede alterar de forma permanente y disfuncional su estado de ánimo.
Algunos estudios (Cardno & Owen, 2014) han demostrado una fuerte correlación entre la esquizofrenia y el trastorno del estado de ánimo, caracterizados ambos por la presencia de psicosis.
Sin embargo, la diferencia entre la psicosis en la esquizofrenia y los trastornos del estado de ánimo radica en que, mientras que en la esquizofrenia la psicosis es un síntoma central, en el trastorno del estado de ánimo generalmente solo se manifiesta durante los episodios maníacos o depresivos.
Trastornos de ansiedad y del estado de ánimo
La comorbilidad entre los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo es frecuente, se pueden encontrar síntomas simultáneos de ansiedad y depresión en las personas que los experimentan. El trastorno de pánico presenta altas tasas de comorbilidad con el trastorno bipolar durante las fases depresivas. En estos casos, la persona puede sentirse incapacitada y experimentar un mayor miedo a perder el control o volverse loca.
La coexistencia de trastornos de ansiedad, como el trastorno obsesivo-compulsivo o el trastorno de ansiedad generalizada, y del estado de ánimo se asocia a una mayor gravedad del trastorno, con un empeoramiento tanto de la ansiedad como de los síntomas afectivos.
Trastornos del estado de ánimo y trastornos de la personalidad
Los trastornos del estado de ánimo y los trastornos de la personalidad son dos categorías diferentes de patologías, pero a menudo se dan juntos y pueden influirse mutuamente.
En particular, los trastornos de la personalidad suelen caracterizarse por percepciones distorsionadas de uno mismo y de los demás y por dificultades en las relaciones interpersonales, en las que el componente emocional desempeña un papel fundamental.
Esto explica la correspondencia entre los trastornos del estado de ánimo y los trastornos de la personalidad y por qué estos trastornos coexisten. Las personas con este tipo de patologías también pueden desarrollar trastornos de la personalidad debido a la influencia de la experiencia de determinados estados emocionales prolongados en la percepción de uno mismo y de los demás.
La inestabilidad anímica, la depresión y la impulsividad son síntomas comunes que pueden vincular los trastornos del estado de ánimo con el trastorno límite de la personalidad, lo que explica su posible correlación.

Trastornos del estado de ánimo y adicciones
El alcohol y los trastornos del estado de ánimo pueden estar frecuentemente relacionados. Los efectos de las drogas, sobre todo el abuso y la adicción a sustancias como el alcohol o el cannabis, tienen un impacto significativo en nuestro cerebro y el consumo continuado puede tener un efecto agravante en el estado afectivo.
En ocasiones, las personas con trastornos del estado de ánimo pueden desarrollar comportamientos compulsivos o adictivos como mecanismos de afrontamiento, como puede ocurrir con la adicción al sexo, la oniomanía o adicción a las compras, etc. Estas condiciones pueden surgir como intentos de manejar la intensa inestabilidad emocional y el bajo estado de ánimo que caracterizan a estos trastornos.
Del mismo modo, la dependencia emocional también puede tener un impacto negativo en el estado de ánimo. Cuando las relaciones terminan, las personas con este tipo de adicción conductual pueden experimentar síntomas similares a los del síndrome de abstinencia, como estado de ánimo deprimido, ansiedad e insomnio.
Trastornos del estado de ánimo y etapas de la vida
Los trastornos del estado de ánimo pueden aparecer en distintas etapas de la vida, con síntomas como irritabilidad, cambios de humor frecuentes, tristeza persistente y ansiedad. Veamos con más detalle su aparición según las distintas etapas de la vida.
Trastornos del estado de ánimo en la infancia
En la infancia, además de los síntomas enumerados anteriormente, puede haber una disminución del rendimiento escolar, aislamiento, síntomas psicosomáticos y conductas agresivas que se acompañan de cierta desregulación emocional. Los trastornos del estado de ánimo y el trastorno de comportamiento, como el trastorno negativista desafiante, se asocian con frecuencia.
Otra comorbilidad frecuente en la infancia es la existente entre el TDAH y el trastorno del estado de ánimo. Una evaluación precisa y oportuna, realizada por profesionales especialistas en psicología infantil, es importante para identificar la causa y el tratamiento adecuado, que en muchos casos debe involucrar también al entorno familiar del niño y otros contextos de vida.
Adolescentes y trastornos del humor
La adolescencia es una época de gran transición física y psicológica, y una alteración del estado de ánimo puede verse influida por estos cambios, así como por las presiones sociales y los desafíos emocionales que los adolescentes enfrentan a diario.
Los síntomas de un trastorno del estado de ánimo en la adolescencia pueden diferir de los de las personas adultas y pueden presentarse de manera diferente según el género. Parece que las chicas son más propensas a experimentar un trastorno del estado de ánimo a través de síntomas como la ansiedad, cambios en el apetito, insatisfacción con el propio cuerpo y baja autoestima, mientras que los chicos son más propensos a experimentar apatía, pérdida de placer e interés.
Ancianos y trastornos del estado de ánimo
En la época de la vejez, el trastorno del estado de ánimo puede estar relacionado con afecciones médicas como la demencia, los accidentes cerebrovasculares y la enfermedad de Parkinson. Además, la aparición de estos trastornos también puede verse influida por acontecimientos vitales estresantes, como la pérdida del cónyuge o la propia independencia.

Trastornos del estado de ánimo: tratamiento
¿Cómo se tratan los trastornos del estado de ánimo? El tratamiento es de naturaleza multidisciplinar, combinando la intervención farmacológica con terapias psicológicas. Por lo tanto, requiere un enfoque que integre tanto la psiquiatría como la psicología.
Las pruebas para diagnosticar los trastornos del estado de ánimo usualmente utilizadas incluyen diversos test de depresión y otros cuestionarios:
- La escala de inventario de Beck (BDI), el cuestionario de autoevaluación de la depresión de Beck. Evalúa gravedad de síntomas depresivos
- La escala de calificación de depresión de Hamilton, diseñada para valorizar la severidad del cuadro.
- El Cuestionario de Trastornos del Estado de Ánimo (MDQ) es un cribado para evaluar la probabilidad de trastorno bipolar.
La pauta para el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo sugiere un enfoque personalizado basado en la gravedad del trastorno, los síntomas específicos de la persona y los factores de riesgo asociados. Sin embargo, actualmente solo entre el 21 % y el 42 % de las personas con trastornos del estado de ánimo que inician tratamiento logran una recuperación completa (Fawcett, 1994).
Criterios diagnósticos y proceso de evaluación clínica
El diagnóstico de los trastornos del estado de ánimo se apoya en criterios definidos por manuales internacionales como el DSM-5-TR (Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales) y la CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades). Estos criterios ofrecen a los profesionales de la salud mental una guía para identificar la presencia, la duración y la intensidad de los síntomas, así como su impacto en la vida cotidiana.
El proceso de evaluación clínica suele incluir:
- Entrevista clínica estructurada: El profesional explora los antecedentes personales y familiares, así como la historia y la evolución de los síntomas a lo largo del tiempo.
- Aplicación de cuestionarios y escalas validadas: Herramientas como el Inventario de Depresión de Beck (BDI) o la Escala de Manía de Young ayudan a cuantificar la gravedad de los síntomas y a seguir su evolución.
- Criterios temporales y funcionales: Para realizar el diagnóstico, los síntomas deben mantenerse durante un periodo mínimo (por ejemplo, dos semanas en el caso de la depresión mayor) y generar un impacto significativo en el funcionamiento social, laboral o familiar.
- Descartar causas orgánicas o inducidas por sustancias: Es importante diferenciar los trastornos del estado de ánimo de alteraciones relacionadas con enfermedades médicas, consumo de sustancias o efectos secundarios de medicamentos.
Un profesional cualificado debe realizar la evaluación clínica, para así determinar el diagnóstico más adecuado y proponer el tratamiento que mejor se adapte a cada situación.
Cómo reconocer señales de alerta y buscar apoyo profesional
Reconocer a tiempo los trastornos del estado de ánimo puede influir positivamente en el proceso de recuperación y en el pronóstico. Tanto quienes experimentan estos cambios como sus familiares pueden prestar atención a algunas señales de alerta:
- Cambios persistentes en el estado de ánimo: tristeza, irritabilidad o euforia que se mantienen durante varias semanas y no se relacionan con situaciones concretas.
- Pérdida de interés por actividades habituales: disminución del disfrute en pasatiempos, relaciones o responsabilidades que antes resultaban agradables.
- Alteraciones en el sueño y el apetito: dificultades para dormir o dormir en exceso, así como cambios notables en el peso sin una causa clara.
- Dificultad para concentrarse o tomar decisiones: obstáculos para mantener la atención en tareas cotidianas o laborales.
- Aislamiento social: tendencia a evitar el contacto con amistades, familiares o personas del entorno laboral.
- Pensamientos de autolesión o suicidio: comentarios o conductas que pueden reflejar desesperanza o deseos de hacerse daño.
Si se observan varias de estas señales, puede ser útil buscar apoyo profesional cuanto antes. Mientras se accede a un especialista de la salud mental, algunas estrategias que pueden acompañar este proceso son:
- Hablar de manera abierta con personas de confianza sobre los propios sentimientos.
- Mantener rutinas sencillas de sueño, alimentación y actividad física.
- Evitar el consumo de alcohol y otras sustancias que puedan influir negativamente en los síntomas.
- Recordar que pedir ayuda representa un acto de valentía y es un primer paso hacia el bienestar.
El acompañamiento de familiares y amistades resulta valioso, aunque la orientación profesional es fundamental para un diagnóstico y tratamiento adecuados.
Impacto social y epidemiología de los trastornos del estado de ánimo
Los trastornos del estado de ánimo pueden influir de manera significativa en la vida de muchas personas en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 280 millones de personas experimentan depresión, lo que corresponde aproximadamente al 4 % de la población global (OMS, 2025). Además, el trastorno bipolar afecta a cerca del 1 % de la población mundial (OMS, 2025).
El impacto social de estos trastornos puede ser amplio, ya que a menudo se asocia con ausencias laborales, desafíos en las relaciones interpersonales y un aumento en el riesgo de suicidio. La depresión se considera una de las principales causas de años vividos con discapacidad (YLD) en personas adultas jóvenes y de mediana edad (Naciones Unidas, 2017). Además, se prevé que para 2030 la depresión será la principal causa de carga de enfermedad a nivel mundial (OMS, 2011).
La prevalencia de estos trastornos varía en función del país, el género y la etapa de la vida. Por ejemplo, las mujeres tienden a presentar tasas más elevadas de depresión que los hombres, y tanto adolescentes como personas adultas mayores pueden ser especialmente vulnerables. Estos datos resaltan la importancia de una detección temprana y del acceso a tratamientos eficaces para ayudar a reducir el impacto personal y social de los trastornos del estado de ánimo.
Ejemplos clínicos: cómo los trastornos del estado de ánimo pueden influir en la vida diaria
Para comprender mejor cómo pueden influir los trastornos del estado de ánimo en la vida diaria, resulta útil observar algunas situaciones cotidianas:
- Caso de depresión mayor: una persona que antes disfrutaba de su trabajo y de compartir momentos con amigos comienza a aislarse, pierde interés en sus actividades habituales y experimenta una fatiga persistente. Aunque sus seres queridos le ofrecen apoyo, puede resultarle complicado expresar lo que siente y, en ocasiones, puede pensar que la situación no va a cambiar.
- Caso de trastorno bipolar: un joven alterna periodos en los que se siente con mucha energía, duerme poco y realiza gastos impulsivos, con otros en los que se muestra apático, triste y sin motivación para levantarse de la cama. Estos cambios pueden influir en su rendimiento académico y en sus relaciones personales.
- Caso de distimia: una mujer lleva años sintiéndose apagada y con poca ilusión, aunque consigue cumplir con sus responsabilidades laborales y familiares. Sin embargo, la sensación de insatisfacción y baja autoestima suele acompañarla de manera casi constante.
Estos ejemplos muestran que los trastornos del estado de ánimo pueden afectar el bienestar emocional, la productividad y la calidad de vida. Por eso, ante la presencia de estos síntomas, es importante considerar la opción de buscar apoyo profesional.
Métodos de tratamiento de los trastornos del estado de ánimo
La terapia psiquiátrica para los trastornos del estado de ánimo implica el uso de psicofármacos como antidepresivos, estabilizadores del estado de ánimo y antipsicóticos atípicos. En los últimos años, se han incorporado nuevos medicamentos, como la ketamina intranasal e intravenosa, que están disponibles como opciones de tratamiento para el trastorno depresivo mayor y el trastorno bipolar. Además, tratamientos somáticos como la estimulación cerebral profunda y los estimuladores del nervio vago se están utilizando para tratar la depresión resistente al tratamiento (Rakofsky & Rapaport, 2018).
Sin embargo, los medicamentos no son el único camino: la psicoterapia es sin duda una importante fuente de ayuda, especialmente si se lleva a cabo con un especialista en trastorno del estado de ánimo. Entre las técnicas para el tratamiento de estos trastornos, la terapia cognitivo-conductual (TCC) demuestra su eficacia.
La terapia cognitivo-conductual aplicada a los trastornos del estado de ánimo ayuda a identificar y cambiar los pensamientos y comportamientos disfuncionales que pueden contribuir a los síntomas del trastorno del estado de ánimo, particularmente en la depresión. Esta terapia se centra en los procesos cognitivos y conductuales para comprender y gestionar las emociones y, por ello, es especialmente eficaz en el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo.
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