Relaciones de pareja
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Sentimiento de soledad: qué es, cómo reconocerlo y cuándo pedir ayuda

Sentimiento de soledad: qué es, cómo reconocerlo y cuándo pedir ayuda
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Riccardo Todaro
Redacción
Psicólogo Psicoterapeuta Cognitivo–Conductual
Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica
PUBLICADO EL
13.3.2024

A lo largo de la historia, los teóricos de la evolución nos han dicho que el ser humano es un animal social. Nuestros antepasados vivieron en manadas, luego en tribus… y llegamos hasta la actualidad, en la que la sociedad y las instituciones reconocen la individualidad de cada persona como una entidad separada de todas las demás.

Esto significa, en muchos casos, no tener un sentido de pertenencia. Ahora nos encontramos con una proliferación de formas de interactuar, tanto virtuales como físicas. Sin embargo, parece que se ha vuelto mucho más fácil encontrarse inmerso en la propia soledad. ¿Esto es malo? Veamos qué es la soledad, qué valor tiene en la vida de las personas y la influencia que ejerce en sus mentes.

¿Qué es la soledad?

Hay de quien se dice “es una persona solitaria”, “le gusta estar solo/a” ¿Puede la soledad ser un placer?

Para comprender el significado de soledad es interesante observar la ambivalente traducción inglesa de este concepto: por un lado, se habla de ella como un momento de recogimiento e intimidad (solitude, en inglés), y por otro de la acepción negativa de la palabra en la que se habla de aislamiento (o loneliness, en su traducción inglesa). De hecho, la soledad tiene este significado dual, pero a menudo es el lado negativo, el más cercano a la depresión, el que domina al otro. De hecho, buscar la compañía de amigos y familiares es una de las acciones más recomendadas en las guías prácticas sobre cómo salir de una depresión.

La soledad, también en psicología, se yuxtapone a menudo con el término aislamiento. Una persona puede estar aislada por falta de empatía, sociopatía o trastornos en el establecimiento de relaciones, síndrome de hikikomori, debido a acontecimientos accidentales o a las decisiones de los demás. En general, se puede decir que la soledad crea situaciones incómodas a largo plazo. Es cierto que hay personas más apegadas a su propia intimidad, reservadas y solitarias, pero no es una condición que aporte placer a largo plazo.

Entonces, ¿es buena o mala la soledad? Lo cierto es que la soledad es una condición mental que puede ser constructiva, si se gestiona bien, pero si no es así puede conducir a estados depresivos. En este sentido, cuando esto ocurre, podríamos hablar de una soledad triste, una soledad que solo conduce a la desconexión y la desesperanza. En el caso de no ser bien gestionada, la soledad se hace insoportable, crea sufrimiento y también desconfianza en la persona, hasta el punto de entrar en un círculo vicioso en el que se tiene miedo a perder relaciones, pero también a crear otras nuevas, porque se puede sentir un sentimiento de rechazo, un sentimiento de soledad y vacío.

Soledad una pandemia silenciosa
Fotografía de Pixabay

¿La soledad es real o es un paradigma mental?

Es mejor hablar de soledad externa e interna. La soledad puede ser un estado de nuestra vida social o incluso solo una emoción que sentimos, sin retroalimentación real. La soledad "física", a menos que se deba a un trastorno psicológico reconocido, suele durar poco tiempo. Depende del momento de la vida de la persona, de su estado de ánimo, del grado de empatía con quienes le rodean o de otros acontecimientos externos.

La soledad interior tiene tiempos variables que a menudo no terminan hasta que la persona decide pedir ayuda psicológica. Se trata de una condición mental por la que, aun estando rodeado de gente y afecto, no se es capaz de apreciar esta cercanía y estas personas se sienten solas.

No hay que subestimar los síntomas de esta condición. ¿Cómo pueden manifestarse? Con un estado de sufrimiento profundo e inconsciente sobre el que es bueno intervenir inmediatamente. Se puede presentar en cualquier momento del día, de forma indiscriminada, como un trastorno que está ahí y que es imposible de erradicar. Y es que la soledad interior es un estado de sufrimiento al que no se puede poner fin con un chasquido de dedos.

Soledad deseada y soledad no deseada

Por soledad deseada entendemos ese estado de vida en el que una persona se desconecta conscientemente del resto para estar sola. Es una persona que vive en soledad porque quiere. Porque sí, la soledad es parte de la vida y a veces es necesaria. Para muchos, es un momento íntimo en el que explorar la propia interioridad, una operación muy útil para el crecimiento personal y emocional. En esa condición, si bien la persona está sola no lo percibe como tal.

La soledad no deseada, en cambio, es peligrosa; duele, pesa, te invade, y nunca te acostumbras a ella. Vivir en soledad sin quererlo es siempre sinónimo de soledad interior, que empuja a la persona a sentir soledad incluso cuando está rodeada de otras, con las que se establecen relaciones superficiales que no permiten sentir comprensión y que dejan la sensación de en realidad no tener amigos. A veces, el dolor surge cuando la persona se aleja temporalmente de las relaciones. Mientras está en compañía, todo parece estar bien, pero el sentimiento de soledad aflora cuando se queda a solas consigo misma. 

Los datos del Observatorio estatal de la soledad no deseada son demoledores. En España se estima que el 11,6% de las personas sufren soledad no deseada (datos del 2016). Durante los meses posteriores a la explosión de la pandemia de la Covid-19, entre abril y julio de 2020, este porcentaje se situó en el 18,8%. En el conjunto de la Unión Europea, se estima que unos 30 millones de personas se sienten solas con frecuencia. Y según el Observatorio estatal de la soledad no deseada, numerosos estudios señalan que la soledad no deseada es mayor en los adolescentes y jóvenes, y en las personas mayores. Además, las personas con discapacidad, y otros grupos como las personas cuidadoras, inmigrantes, o las personas retornadas, entre otros, son especialmente susceptibles de padecer soledad no deseada.

A menudo, y es normal, una persona se encuentra sola después de un duelo, un divorcio, cuando se ha sufrido violencia, durante una enfermedad... En este caso, hay que trabajar en el análisis de las causas del sentimiento de soledad, antes de que se convierta en un trastorno que lleve a la persona a sentirse excluida. Son casos que, si no se tratan, pueden conducir a estados de depresión. 

¿Cuántos tipos de soledad existen?

La soledad puede manifestarse de distintas formas y en ámbitos diversos, cada una con sus propias características y formas de abordarla.

Soledad existencial

La soledad existencial refleja la naturaleza más “filosófica” de nuestra existencia, haciendo énfasis en el viaje solitario que transitamos de la vida hacia la muerte. Aunque puede ser un catalizador para crecer como personas, también es cierto que nos recuerda la importancia de vivir con un propósito y conectar con los demás en este viaje compartido que es la vida.

Soledad emocional

La soledad emocional surge de la carencia de conexiones íntimas y de la falta de apoyo emocional. Hacer frente a esta soledad implica cultivar relaciones interpersonales significativas y abrirse a la posibilidad de crear nuevos vínculos, reconociendo que la calidad de nuestras conexiones afecta de forma directa en nuestro bienestar psicológico.

Soledad social

Este tipo de soledad se relaciona con sentirse apartado de grupos sociales más amplios. Combatirla implica buscar la inclusión en nuevos círculos y comunidades, recordando que la pertenencia y la conexión son necesidades fundamentales para el bienestar psicológico.

Síntomas de un estado de soledad interior

Hay personas que viven en soledad y son felices. Estar en soledad para pensar o hacer lo que se quiera es una cosa; ahora bien, experimentar la sensación de sentirse solo o sentir una profunda soledad es otra. 

Las consecuencias de la soledad no deseada incluyen experimentar aislamiento, una sensación de abandono e incomprensión, y muchas veces estos sentimientos de soledad van unidos a carencias emocionales que devienen en problemas psicológicos como ansiedad y depresión. Es más, en algunos casos, esta soledad puede ser el motor de trastornos como el síndrome de Noé, una condición que provoca que la persona acumule de forma compulsiva animales, a veces en un intento de dejar de sentirse solo o sola. Por eso, cuando se experimentan ciertos síntomas, es bueno ir al psicólogo.

Entre los síntomas se encuentran algunos sociales, mentales y somáticos:

  • Dificultad para sentir interés por crear vínculos.
  • Inseguridad y sensación de incapacidad.
  • Miedo al juicio de los demás.
  • Percepción del vacío interior.
  • Estrés y ansiedad.
  • Desconcentración.
  • Respuestas inflamatorias del cuerpo.
  • Recaídas frecuentes en dolencias menores.
  • Arritmias.
  • Dificultad para dormir, insomnio
  • Hipertensión.
sentirse solo rodeado de gente
Fotografía de Pixabay

Cómo combatir la soledad

Muchas personas se preguntan cómo afrontar la soledad, especialmente cuando no se cuenta con el apoyo inmediato de amigos o personas de confianza. Básicamente, combatir la soledad no deseada comienza con reconocer su presencia y entender que, aunque pueda sentirse abrumadora, hay algunas estrategias efectivas para gestionarla. 

Uno de los consejos para combatir la soledad más útiles es abrazar actividades que fomenten la conexión con otras personas; por ejemplo, hacer ejercicio físico, participar en actividades de voluntariado o apuntarse a formaciones grupales puede ser un buen primer movimiento para establecer nuevos lazos.

Saber cómo lidiar con la soledad implica también la importancia de construir relaciones significativas, incluso en un contexto no presencial. Internet ha hecho posible que conectar con otros a través de intereses compartidos sea más accesible que nunca. Por ejemplo, explorar comunidades online con aficiones similares o unirse a foros o grupos de discusión puede ser también un paso valioso para superar la soledad.

Con todo, hay que tener en cuenta que superar la soledad no deseada, dejar de sentir ese vacío y desconexión existencial, no es un proceso que se logre de la noche a la mañana. Requiere paciencia, esfuerzo consciente y, a veces, el apoyo de profesionales de la salud mental, como veremos a continuación.

Cuándo pedir ayuda

Hay personas que se esfuerzan por aprender a vivir en soledad y encontrar paz y satisfacción en su propia compañía. Muchas veces, aprender a vivir con la soledad, convivir con ella en vez de luchar contra su presencia, puede ser un proceso útil y valioso. 

Sin embargo, no todas las personas experimentan una soledad deseada y, cuando esta se vuelve insoportable, cuando se experimenta una sensación constante de sufrimiento que no permite vivir plenamente la vida cotidiana, entonces es recomendable pedir ayuda, ya que en este estado es fácil caer en un estado depresivo que solo puede empeorar con el tiempo.

Un psicólogo ayuda a analizar el origen del trastorno y a procesar las experiencias emocionales que lo provocan, así como a ayudarte a realizar algunas reflexiones sobre la soledad, como por qué ocurre, qué emociones provoca, qué sentido puede tener en tu vida, etc. El objetivo de la terapia es fomentar la confianza de la persona en sí misma, su autoestima y, por último, en las relaciones interpersonales. Trabajar la soledad en terapia puede llevar tiempo, pero los resultados pueden llegar a ser muy satisfactorios.

La soledad, al igual que quienes se han habituado a vivir en el pasado, puede convertirse en una condición permanente, un espacio confortable en el que la persona se acostumbre a vivir y, día tras día, se haga más complejo salir de él. Es un círculo vicioso que solo crea más sufrimiento, incluso si, después de un tiempo, la persona que lo sufre se convence de que está bien como está. Hay que ganar confianza propia y en los demás, abrirse y superar el miedo a relacionarse. Solo así se puede salir del estado de soledad interior y reconstruir el sentido de pertenencia al mundo.

Este contenido es de tipo divulgativo y no puede reemplazar el diagnóstico de un profesional.

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