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Trastornos mentales
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min

Síndrome hikikomori, el aislamiento social voluntario

Síndrome hikikomori, el aislamiento social voluntario
Daniela Lombardo
Psicoterapeuta con orientación Sistémica-Relacional
Redacción
Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
15.1.2026
Síndrome hikikomori, el aislamiento social voluntario
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Afrontar el aislamiento social es posible

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Aislarse socialmente, no salir de casa o incluso permanecer en una habitación y salir solo para lo imprescindible, como ir al baño. Dejar de lado compromisos sociales con amistades y familia, o incluso no acudir a la escuela ni al trabajo. No hablamos del confinamiento que vivimos por la pandemia ni de la trama del último estreno de Netflix, sino del síndrome de hikikomori o el aislamiento social voluntario.

Aunque se describió por primera vez en Japón, no está vinculado únicamente a la cultura japonesa. Hay casos de hikikomori en muchos lugares del mundo y, por supuesto, también en España, donde se le conoce asimismo como síndrome de la puerta cerrada.

En este artículo, tratamos de arrojar algo de luz sobre las causas del síndrome hikikomori, sus síntomas, consecuencias, qué se puede hacer para afrontarlo y qué se sabe del síndrome de la puerta cerrada en nuestro país.

El psiquiatra japonés Tamaki Saito se refirió a este trastorno por primera vez en 1998 en su libro Sakateki hikikomori, una adolescencia sin fin. En aquel primer momento, lo definió así:

“Aquellos que se retiran completamente de la sociedad y permanecen en sus propias casas durante un periodo mayor a 6 meses, con un inicio en la última mitad de los 20 años y para quienes esta condición no se explica mejor por otro trastorno psiquiátrico”.

‍Hikikomori: de problema japonés a problema global

¿Por qué un problema japonés? La conducta de aislamiento social en Japón ha sido desencadenada por la importancia de dos factores. En primer lugar, la presión en las escuelas: su estricta educación con una uniformidad psicológica y mucho control por parte del profesorado (parte del alumnado siente que no se encaja y opta por quedarse en casa y gradualmente distanciarse de la convivencia social). En segundo lugar, la falta de recompensas al esfuerzo a la hora de incorporarse al mundo laboral que sufre de falta de oportunidades.

Una investigación realizada hace unos años señala la prevalencia del fenómeno hikikomori en el 1,2 % de la población japonesa (Kato et al., 2018). Asimismo, en 2016, el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón publicó los resultados de la encuesta La Vida de los Jóvenes, que incluyó a personas entre los 15 y los 39 años.

A raíz de esta encuesta, el gobierno japonés reconoció la necesidad de crear mecanismos para apoyar a la juventud afectada. Además, informó de la necesidad de continuar con estos estudios para identificar los factores que impactan directamente en el comportamiento. La encuesta manifestaba que padecer el síndrome de hikikomori no es solo un tema de salud mental, sino que asume que el ambiente social es un factor que también puede influir en estas conductas.

Aunque en un principio se pensó que era una problemática asociada a la cultura japonesa, pronto se reportaron casos en otros países.

sindrome hikikomori o sindrome de la puerta cerrada
Foto de Elderly Person (Pexels)

¿Cómo es la “juventud hikikomori”?

Las personas hikikomori experimentan un aislamiento social voluntario para escapar de todas las dinámicas sociales que les causan presión. Lo que en España se conoce como el síndrome de la puerta cerrada se da sobre todo a partir de los 14 años, aunque tiende fácilmente a convertirse en crónico y, por ello, también hay casos de personas con síndrome hikikomori adultas.

Varios estudios demuestran que los varones son más propensos a encerrarse en sí mismos y "aislarse del mundo" que las chicas, con un porcentaje que va del 60 al 80% de prevalencia en chicos. (Tajan, 2015).

Tipos de hikikomori: diversidad en las experiencias de aislamiento

El síndrome de hikikomori no es una experiencia única, sino que puede presentarse de diferentes maneras según la intensidad, el tiempo y el nivel de contacto con el entorno. Diversos especialistas han propuesto clasificaciones para comprender mejor esta variedad, lo que permite adaptar el acompañamiento a cada situación.

Entre los tipos más reconocidos, se encuentran:

  • Hikikomori clásico: describe a personas que permanecen en su hogar durante al menos seis meses, con un contacto social muy limitado o nulo fuera del entorno familiar. Esta es la forma más estudiada y la que dio origen al término.
  • Jun-hikikomori: se refiere a quienes experimentan un aislamiento parcial; pueden salir ocasionalmente para actividades muy concretas (como compras rápidas o consultas médicas), pero suelen evitar la interacción social significativa. Este subtipo puede representar una fase previa o una forma menos intensa del síndrome.
  • Hikikomori social: en este caso, la persona mantiene algún contacto con el exterior, pero evita de manera constante las situaciones sociales presenciales, prefiriendo actividades en solitario o el uso de tecnologías para comunicarse de forma virtual.
  • Netogehaijin: este término japonés se utiliza para describir a quienes centran su vida social y de ocio en el entorno digital, especialmente mediante videojuegos en línea o redes sociales, reemplazando en gran medida las relaciones cara a cara. Aunque no todas las personas con síndrome de hikikomori son netogehaijin, este perfil es cada vez más común, sobre todo entre jóvenes.

Reconocer estas diferencias resulta esencial para identificar el síndrome en sus distintas etapas y adaptar el apoyo psicológico y social a las necesidades específicas de cada persona.

Las posibles causas del síndrome de hikikomori

Como hemos visto, el síndrome hikikomori y adolescencia parecen ir de la mano, pero, ¿por qué? Podemos simplificar las causas en tres categorías:

  • factores individuales;
  • factores familiares;
  • factores sociales.

En referencia a los aspectos individuales, las personas hikikomori parecen estar ligadas a la introversión, pueden experimentar vergüenza y miedo a no estar a la altura en las relaciones sociales, probablemente como consecuencia de una baja autoestima.

Los factores familiares que destacan entre las causas de retiro voluntario son variados. En la adolescencia, la relación conflictiva con los padres puede ser frecuente pero, en el caso de una persona hikikomori, las causas pueden estar ligadas, por ejemplo, al:

  • Tipo de apego (en la mayoría de los casos se trata de un apego inseguro ambivalente).
  • Familiaridad con trastornos mentales.
  • Dinámica familiar disfuncional como mala comunicación o falta de empatía de los padres hacia el hijo (conflictos familiares sin resolver).

De hecho, se ha reportado que el 61,5 % de los pacientes con síndrome de hikikomori presentaron dinámicas familiares disfuncionales (Malagón-Amor et al., 2020), lo que resalta la importancia de estos factores en el desarrollo del aislamiento social. Además, el maltrato o abuso familiar puede agravar significativamente la tendencia al retiro.

A las dificultades que surgen de estos elementos se suman las provocadas por el contexto social, entre ellas:

  • Los cambios económicos.
  • Mayor soledad colectiva provocada por el abuso de las nuevas tecnologías. (Aunque no es la razón por la que las personas deciden aislarse en casa, pero se lo pone más fácil a quienes muestran predisposición a padecer este síndrome).
  • Las experiencias traumáticas provocadas por episodios de acoso escolar.

Síntomas del síndrome de hikikomori, ¿cómo reconocerlos?

Los síntomas que experimentan las personas hikikomori se manifiestan de forma gradual y a medida que el problema avanza se agravan o se hacen más evidentes. Estos síntomas centrales suelen ser:

  • Aislarse o confinarse voluntariamente, durante al menos seis meses.
  • Encerrarse en un cuarto o habitación concreta de la casa.
  • Evitar cualquier acto que implique relacionarse en persona.
  • Dormir por el día.
  • Descuidar la salud y la higiene personal.
  • Utilizar redes sociales u otros medios digitales a modo de vida social.
  • Manifestar dificultades de expresión verbal.
  • Reaccionar de forma desproporcionada o incluso agresiva cuando se les cuestiona.

Asimismo, el aislamiento social y el hecho de no querer salir de casa (y a veces ni siquiera de la propia habitación) puede acarrear otros síntomas asociados o problemáticas como:

aislamiento social hikikomori
Foto Cottonbro Studio (Pexels)

Las consecuencias del aislamiento social voluntario

Las consecuencias del síndrome hikikomori pueden afectar enormemente la adolescencia de quienes lo sufren. No querer salir de casa puede provocar:

  • Inversión del sueño-vigilia y trastornos del sueño.
  • Depresión.
  • Fobia social u otros trastornos de ansiedad.
  • El desarrollo de una adicción patológica, como la adicción a las redes sociales y a internet.

En lo que respecta a este último punto, una investigación realizada por un equipo de académicos japoneses (Tateno et al., 2019) señala que:

"A medida que se popularizan las plataformas sociales, las personas están más conectadas a internet y el tiempo que pasan con otras personas en el mundo real sigue disminuyendo. Los varones suelen aislarse de la comunidad social para dedicarse a los juegos online, mientras que las mujeres utilizan internet para evitar ser excluidas de sus comunicaciones online."

No obstante, la adicción a internet y el aislamiento social están estrechamente relacionados, pero debemos recordar que la adicción a internet es una condición con sintomatología que le es propia y no todas las personas que la padecen sufren del síndrome de hikikomori.

La patología del hikikomori: el diagnóstico diferencial

En psicología, el síndrome hikikomori sigue siendo objeto de estudio y presenta algunas dudas en cuanto a su clasificación. A partir de la revisión realizada por el psiquiatra A. R. Teo, que ha analizado numerosos estudios sobre el tema, surgen algunos elementos interesantes como el diagnóstico diferencial para el síndrome de aislamiento voluntario:

"La principal característica del hikikomori es el retraimiento o aislamiento social. Esto, en sí mismo, tiene obviamente un amplio diagnóstico diferencial: enfermedades psicóticas como la esquizofrenia; trastornos de ansiedad como el trastorno de estrés postraumático o el trastorno de ansiedad social; trastorno depresivo mayor u otros trastornos del estado de ánimo; y trastornos de personalidad, como el trastorno esquizoide de la personalidad o el trastorno de la personalidad por evitación, son algunas de las muchas consideraciones."

Reconocimiento clínico y manuales diagnósticos

El síndrome de hikikomori ha sido objeto de debate dentro de la comunidad científica en relación con su reconocimiento formal en los manuales diagnósticos internacionales. Aunque actualmente no se considera un trastorno independiente en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR) ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), ambos manuales reconocen síntomas y situaciones relacionadas, como el trastorno de ansiedad social, la depresión mayor o los trastornos de la personalidad.

La falta de un criterio diagnóstico universal puede dificultar la comparación de datos entre diferentes países, pero existe consenso en la importancia de realizar una evaluación profesional cuidadosa para diferenciar este síndrome de otras condiciones clínicas. El interés internacional en aumento ha impulsado propuestas para que el hikikomori sea reconocido como una entidad diagnóstica propia en futuras ediciones de los manuales, lo que podría facilitar su identificación y el inicio temprano de un acompañamiento adecuado.

Aislamiento social y Covid-19: ¿qué relación hay?

La ansiedad social provocada por el confinamiento ha causado numerosas consecuencias en el bienestar psicológico de las personas y, en algunos casos, ha fomentado distintos tipos de depresión, fobias y aislamiento social. Pero el aislamiento vivido para frenar la propagación del coronavirus y los síntomas del hikikomori presentan una diferencia que no hay que olvidar: la que existe entre el aislamiento obligado, por causa de fuerza mayor, y el aislamiento deseado, buscado y mantenido.

Quienes se vieron confinados por la pandemia experimentaron a menudo ansiedad junto a la sensación de soledad física. Sin embargo, el síndrome hikikomori es más bien un aislamiento físico prolongado acompañado de un fuerte aislamiento psicológico, con sentimientos de fracaso, con sensación de falta de reconocimiento social o aceptación por parte del mundo exterior.

Foto de Julia M Cameron (Pexels) 

Aislamiento social y síndrome de hikikomori en España

En España, se sabe poco aún del síndrome hikikomori o síndrome de la puerta cerrada.  Siendo esta última la terminología con la cual se lo reconoce este fenómeno.

Hace unos años, el Hospital del Mar de Barcelona creó un servicio de atención domiciliaria para personas con trastornos mentales graves y fue así como logró identificar alrededor de 200 personas con hikikomori en la ciudad de Barcelona. Pero, ¿cuál es el principal problema en nuestro país? La dificultad en su detección y la falta de atención domiciliaria.

Un estudio sobre el síndrome en España (Malagón-Amor et al., 2015), realizado en un total de 164 casos, concluyó que los hikikomori eran predominantemente hombres jóvenes, con una edad media de inicio de hikikomori de 40 años y un período medio de aislamiento social de tres años. Solo tres personas no tenían síntomas sugestivos de trastorno mental. La psicosis y la ansiedad fueron los trastornos comórbidos más frecuentes.

Síndrome de hikikomori y terapia psicológica

“¿Cuáles son los remedios para el aislamiento social? ¿Y cómo ayudar a una persona con síndrome de hikikomori?”

Alguien con síndrome de hikikomori rara vez acudirá a un psicólogo de motu propio, pero contar con apoyo psicológico es de gran ayuda tanto si se trata de una experiencia en primera persona como si se necesita apoyo para la familia, que a menudo no sabe cómo tratar a un hijo diagnosticado de hikikomori.

En este aspecto, una de las ventajas de la psicología online es no tener que salir de casa para ponerse en tratamiento, lo cual es útil en estos casos en los que dar el primer paso para salir del aislamiento social y físico es todo un reto.

Tratamientos y abordajes terapéuticos en el síndrome de hikikomori

El tratamiento del síndrome de hikikomori suele requerir un enfoque integral y adaptado a cada persona, que combine intervenciones psicológicas, sociales y, en algunos casos, médicas. La evidencia clínica muestra que la colaboración entre profesionales de la salud mental, la familia y la propia persona afectada puede favorecer la recuperación.

Entre los principales abordajes se encuentran:

  • La intervención psicológica individual: la terapia cognitivo-conductual suele ser una de las opciones más utilizadas, ya que puede ayudar a identificar y modificar los pensamientos y conductas que mantienen el aislamiento. Trabajar la autoestima, la gestión de la ansiedad social y el desarrollo de habilidades sociales suele ser prioritario.
  • El abordaje familiar: involucrar a la familia en el proceso terapéutico resulta fundamental, ya que el entorno puede facilitar o dificultar la salida del aislamiento. La psicoeducación y el acompañamiento a familiares pueden mejorar la comunicación y reducir la sobreprotección o la incomprensión.
  • La intervención social y comunitaria: en algunos casos, puede ser necesario un apoyo externo que facilite la reintegración progresiva en la vida social, educativa o laboral. Los programas de acompañamiento, talleres grupales y actividades supervisadas pueden resultar de gran ayuda.
  • El tratamiento médico-psiquiátrico: cuando existen trastornos asociados, como depresión o ansiedad intensa, puede ser necesario el uso de medicación bajo supervisión médica. Sin embargo, la farmacoterapia por sí sola habitualmente no basta para abordar el núcleo del síndrome.

El proceso de recuperación suele ser gradual y puede dividirse en fases: desde la toma de conciencia y la motivación para el cambio, pasando por la exposición progresiva a situaciones sociales, hasta la consolidación de una vida más autónoma y conectada. La flexibilidad y el respeto al ritmo de cada persona son aspectos esenciales en todo momento.

Síndrome de hikikomori: recomendaciones para familiares y personas cercanas

El papel de la familia y del entorno cercano puede ser fundamental en el acompañamiento de una persona que experimenta síndrome de hikikomori. De hecho, se ha reportado que el 51,9 % de las familias colaboraron activamente en el plan terapéutico, lo que subraya la importancia de su implicación en el proceso de recuperación (Malagón-Amor et al., 2020).

Muchas veces, el aislamiento puede generar sentimientos como impotencia, frustración o culpa en quienes acompañan, por lo que contar con pautas claras puede marcar una diferencia significativa. Algunas recomendaciones prácticas pueden ser:

  • mantener una comunicación abierta y sin juicios;
  • evitar reproches o presiones excesivas resulta importante.

Escuchar y mostrar comprensión puede ayudar a que la persona no se sienta aún más incomprendida o rechazada.

También es fundamental observar señales de alerta: los cambios notables en los hábitos de sueño, alimentación, higiene o el abandono de actividades cotidianas pueden indicar que el aislamiento se está intensificando. Detectar estos signos a tiempo facilita la posibilidad de buscar ayuda profesional.

Asimismo, fomentar pequeños logros y valorar cualquier avance, por pequeño que sea, contribuye a fortalecer la autoestima y la motivación para el cambio. Buscar apoyo profesional cualificado, como el acompañamiento de psicólogos o psiquiatras con experiencia en el síndrome de hikikomori, puede ser clave para orientar a la familia y diseñar un plan de intervención adaptado.

Cuidar el propio bienestar es esencial, ya que las personas que acompañan también pueden necesitar apoyo emocional o espacios de autocuidado para afrontar el desgaste que puede suponer esta situación. Acompañar a una persona con hikikomori suele requerir paciencia, empatía y la convicción de que, con el apoyo adecuado, es posible avanzar hacia una vida más conectada y satisfactoria.

El primer paso hacia una vida más conectada

El síndrome de hikikomori puede parecer una barrera difícil de superar, tanto para quienes lo experimentan como para sus seres queridos. Sin embargo, no es necesario afrontarlo en soledad: en Unobravo confiamos en el valor de la escucha, la empatía y el acompañamiento profesional para favorecer el bienestar y fortalecer los vínculos con los demás.

Si percibes que el aislamiento social está influyendo en tu vida o en la de una persona cercana, la terapia psicológica online puede ofrecerte la oportunidad de dar ese primer paso desde casa, a tu propio ritmo y con la tranquilidad de contar con profesionales cualificados.

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Daniela Lombardo
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