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Trastornos mentales
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Histeria: orígenes y evolución del concepto freudiano

Histeria: orígenes y evolución del concepto freudiano
Maria Laura Giampaglia
Maria Laura Giampaglia
Psicoterapeuta con orientación Psicoanalítica
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
20.2.2026
Histeria: orígenes y evolución del concepto freudiano
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El término histeria deriva de "hystèra", que significa "útero". Antiguamente se hablaba de uteri transmotio, es decir, el útero agitado por los vapores que, según la creencia de la época, la virginidad hacía que la sangre y los fluidos se estancaran en la pelvis, obligándolos a escapar.

La histeria es un trastorno psíquico que ha cambiado de significado a lo largo del tiempo. En 1878, el médico Ernest-Charles Lasègue afirmó que "la histeria nunca ha sido definida y nunca lo será". Con esta afirmación, el famoso psiquiatra reiteraba concepciones remotas que estudiaban de forma elusiva las causas de la histeria.

En la actualidad, podemos definir la manifestación clínica de la histeria moderna de dos formas distintas:

  • en una perspectiva descriptiva, la histeria puede examinarse a partir de los síntomas observables, presentándose como una entidad clínica definida;
  • en una perspectiva relacional, la histeria puede definirse como una relación disfuncional con los demás.

La neurosis histérica, desde el psicoanálisis, se manifiesta de diversas formas, cuyos síntomas más relevantes son somáticos:

  • alteraciones motoras (contracturas musculares, dificultad para caminar, parálisis);
  • alteraciones de la sensibilidad (dolores locales, migrañas, anestesia de regiones circunscritas del cuerpo);
  • alteraciones sensoriales (ceguera, sordera, afonía).
Uday Mittal - Pexels

El pensamiento de Freud sobre la histeria

La aproximación de Freud al problema de la histeria, desde un punto de vista metodológico, es fundamental para comprender todo el entramado del psicoanálisis y su posterior desarrollo. En Estudios sobre la histeria, Freud sostenía que el origen de la histeria está en el desarrollo psicosexual.

Posteriormente, Freud se interesó por las enseñanzas de la escuela francesa de Charcot y la inglesa de Jackson, en particular los estudios sobre el origen traumático de los trastornos del lenguaje. Esto le permitió buscar las causas de la histeria no en una lesión del sistema nervioso sino en una lesión funcional o ligada a ideas y/o recuerdos traumáticos.

Freud equiparó la histeria con la neurosis traumática, atribuyendo inicialmente el origen de los síntomas histéricos a episodios traumáticos de seducción en la infancia que ocurrían realmente en el entorno familiar, según la llamada teoría de la seducción (Bogousslavsky & Dieguez, 2014). 

Sin embargo, más tarde se dio cuenta de que a menudo no había seducción real y modificó su postura, afirmando que los síntomas también podían ser el resultado de las fantasías inconscientes de los pacientes, y no necesariamente de sucesos ocurridos objetivamente (Bogousslavsky & Dieguez, 2014). 

El modelo de histeria desarrollado por Freud, basado en la idea de que la represión de experiencias dolorosas puede convertirse en síntomas físicos, convirtió el trastorno en una afección psiquiátrica (Kanaan, 2016).

Manifestaciones clínicas de la histeria según Freud

Freud identificó varias formas en las que puede manifestarse la histeria:

  • Paroxismos histéricos: crisis agudas y repentinas, a menudo acompañadas de convulsiones, pérdida de conciencia o comportamiento teatral. Estos episodios pueden desencadenarse por situaciones emocionalmente intensas y representan una forma en la que el conflicto psíquico encuentra su expresión en el cuerpo.
  • Síntomas de larga duración: parálisis, anestesia, alteraciones de la sensibilidad o de la motricidad que persisten en el tiempo. Estos síntomas no tienen explicación orgánica y a menudo afectan a partes del cuerpo vinculadas simbólicamente al conflicto inconsciente.
  • Manifestaciones viscerales: trastornos que afectan a los órganos internos, como problemas digestivos, palpitaciones o dificultades respiratorias. También en este caso, Freud subraya que el síntoma es la expresión de un profundo malestar psíquico.

Mecanismos de defensa en la histeria

Freud identificó ciertos mecanismos de defensa típicos de la histeria, que permiten al individuo hacer frente a conflictos y deseos inaceptables:

  • Conversión: el conflicto psíquico se transforma en un síntoma físico. Por ejemplo, una persona que experimenta una culpa inconsciente puede desarrollar parálisis en una mano, sin una causa médica identificable.
  • Represión: los pensamientos, recuerdos o emociones dolorosos se excluyen de la conciencia. Este proceso permite evitar el sufrimiento, pero puede provocar la aparición de síntomas somáticos.
  • Mímesis: tendencia a imitar inconscientemente síntomas observados en otras personas, a veces como forma de obtener atención o protección. Freud observó que este mecanismo era particularmente frecuente en contextos familiares o sociales en los que la histeria ya estaba presente.

Estos mecanismos, según Freud, no son signos de debilidad o un deseo de engañar, sino estrategias inconscientes para hacer frente a conflictos internos que son demasiado dolorosos o inaceptables para ser experimentados conscientemente.

Un ejemplo clínico según Freud

Freud describió el caso de "Anna O.", una joven que presentaba parálisis, trastornos del habla y síntomas viscerales. A través del trabajo psicoanalítico, se descubrió que estos síntomas estaban relacionados con recuerdos traumáticos y emociones reprimidas. La comprensión y el tratamiento de estas experiencias se asociaron a una mejora de los síntomas, lo que confirmó la hipótesis de que la histeria podía tener su origen en conflictos psíquicos inconscientes.

De la histeria a los trastornos actuales: evolución diagnóstica 

El concepto de histeria, tal y como lo definió Freud, sufrió profundas transformaciones a lo largo del siglo XX, tanto en la práctica clínica como en la clasificación diagnóstica oficial.

En los primeros manuales de diagnóstico, como el DSM-I (1952), la histeria seguía presente como categoría específica. Sin embargo, con el paso de los años, el término se fue abandonando en favor de definiciones más precisas y menos estigmatizantes. En el DSM-III (1980) y ediciones posteriores, los síntomas que Freud atribuía a la histeria se reubicaron dentro de trastornos como:

  • Trastorno de conversión: caracterizado por la presencia de síntomas neurológicos (parálisis, ceguera, convulsiones) que no pueden explicarse por una afección médica, en consonancia con la descripción de Freud de la conversión.
  • Trastorno somático con síntomas somáticos y malestar significativo relacionado: incluye síntomas físicos persistentes que no tienen explicación orgánica, pero que causan un malestar significativo en la vida de la persona.
  • Trastorno histriónico de la personalidad: se refiere a patrones de emocionalidad excesiva y búsqueda de atención, elementos que Freud había observado en algunas formas de histeria.

La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) también ha seguido un camino similar, eliminando el término "histeria" y dividiendo los síntomas en categorías más específicas.

Esta evolución refleja una mayor comprensión de la complejidad de los trastornos psíquicos y un intento de superar las connotaciones negativas asociadas históricamente a la histeria. El modelo freudiano de la histeria, de hecho, se convirtió en un prototipo para las enfermedades psiquiátricas y dominó el pensamiento psiquiátrico durante gran parte del siglo XX, especialmente en Estados Unidos (Kanaan, 2016). 

No obstante, muchos de los mecanismos descritos por Freud siguen siendo fundamentales para comprender las manifestaciones psicosomáticas y los trastornos de la personalidad incluso en la clínica contemporánea.

Mixu - Pexels

Teorías posfreudianas de la histeria: evolución y nuevas perspectivas

Desde Freud, numerosos psicoanalistas han profundizado y ampliado la comprensión de la histeria, ofreciendo nuevas claves de interpretación y enriqueciendo el marco teórico. Cabe destacar que muchos conceptos fundamentales del psicoanálisis ya están presentes en los Estudios sobre la histeria, incluidos los conceptos de escisión y disociación, que se han reintegrado en la teoría psicoanalítica actual (Halberstadt-Freud, 1996).

  • Sándor Ferenczi (psicoanalista húngaro) hizo hincapié en la importancia del trauma real en la infancia, destacando cómo las experiencias traumáticas pueden dejar huellas profundas y contribuir al desarrollo de síntomas histéricos.
  • Jacques Lacan (psicoanalista francés) reinterpretó la histeria desde una perspectiva lingüística y relacional, haciendo hincapié en el deseo y en la posición del sujeto en relación con el Otro. Según Lacan, el sujeto se define a través de la pregunta "¿Qué soy yo para el Otro?", manifestando una búsqueda constante de identidad y reconocimiento.
  • Jean Laplanche (psicoanalista francés) destacó el papel de los "enigmas" dejados por los mensajes adultos en la infancia, que pueden generar conflictos inconscientes y síntomas histéricos.
  • Piera Aulagnier (psicoanalista francesa) exploró el tema de la identidad y la construcción del yo, destacando cómo la histeria puede representar una dificultad para integrar las diferentes partes de la historia personal.
  • Masud Khan (psicoanalista británico) hizo hincapié en las deficiencias del cuidado materno y las consecuencias del apego inseguro en el desarrollo de la personalidad histérica.

Estas perspectivas postfreudianas han permitido entender la histeria no solo como expresión de un conflicto o trauma sexual, sino también como una compleja dinámica relacional e identitaria, en la que el síntoma puede convertirse en un lenguaje a través del cual la persona intenta comunicar su malestar.

Recuperar el equilibrio con el apoyo adecuado puede ser posible

Comprender las raíces profundas de nuestras experiencias, como sugieren las teorías de la histeria, puede ser el primer paso para cuidar de uno mismo. Si sientes que las emociones, los síntomas físicos o las dificultades relacionales están afectando a tu bienestar, es útil saber que no estás solo: hoy existen herramientas y profesionales que pueden acompañarte hacia una mayor conciencia y serenidad. 

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Maria Laura Giampaglia
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