Existe una estrecha relación entre la piel y el sistema nervioso, lo que explica cómo las intensas alteraciones emocionales pueden afectar el estado de la piel. Esto puede dar lugar a manifestaciones psicodermatológicas como la dermatilomanía, que es la protagonista de esta entrada del blog.
La dermatilomanía, o trastorno de excoriación, es un cuadro clínico caracterizado por el acto impulsivo o deliberado de rascarse la piel hasta producir lesiones cutáneas. Las partes del cuerpo donde se produce más a menudo son:
- cara;
- manos;
- brazos;
- piernas.
Por lo general, las personas con este trastorno pasan una cantidad significativa de tiempo tocándose la piel persistentemente o resistiendo la tentación de hacerlo.
Cómo reconocer el trastorno de excoriación
El diagnóstico de dermatilomanía se realiza sobre la base de criterios clínicos específicos. Para poder decir que una persona sufre de trastorno de excoriación debe:
- Provocarse lesiones cutáneas de forma recurrente.
- Hacer repetidos intentos de reducir o dejar de tocarse la piel.
- Experimentar un malestar clínicamente significativo o un deterioro del funcionamiento en el ámbito social, laboral u otras áreas importantes.
Es habitual que las personas con dermatilomanía sientan impotencia, rabia por no poder parar, culpa y vergüenza por haberse causado ellas mismas las lesiones cutáneas. Además, al tener una fuerte influencia negativa en su aspecto físico, tratan de camuflarlo de todas las formas posibles, por ejemplo, con maquillaje, ropa o evitando lugares públicos (como playas, gimnasios, piscinas) donde las lesiones son visibles de cara al resto. Es importante destacar que el impacto emocional de la dermatilomanía puede ser tan severo que, según un estudio, el 33% de los sujetos con este trastorno intentaron suicidarse (Phillips & Taub, 1995). Si la persona siente un malestar hacia determinados aspectos de su cuerpo de una forma obsesiva (supuestos defectos percibidos como tal), podríamos estar ante un caso de dismorfia corporal.

Criterios diagnósticos de la dermatilomanía según el DSM-5 (Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales)
El diagnóstico de la dermatilomanía se realiza siguiendo los criterios clínicos definidos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5). Para identificar este trastorno, es importante que se cumplan los siguientes aspectos:
- Lesiones cutáneas recurrentes: la persona experimenta lesiones en la piel de manera repetida, habitualmente a través de rascado, pellizco o manipulación.
- Intentos fallidos de controlar el comportamiento: se observan intentos repetidos de reducir o detener el rascado o pellizco, aunque sin lograr un cambio duradero.
- Malestar clínicamente significativo: este comportamiento genera un malestar importante o afecta áreas sociales, laborales u otros aspectos relevantes de la vida cotidiana.
- No atribuible a otra condición médica o dermatológica: las lesiones no se explican mejor por la presencia de otra condición médica (como una enfermedad dermatológica) ni por el uso de sustancias.
- No se explica mejor por otro trastorno mental: este comportamiento no aparece exclusivamente en el contexto de otro trastorno mental, como pueden ser los delirios o las alucinaciones.
Estos criterios permiten diferenciar la dermatilomanía de otras condiciones dermatológicas o psicológicas, facilitando así un acompañamiento terapéutico más ajustado a las necesidades de cada persona.
Prevalencia y características epidemiológicas de la dermatilomanía
La dermatilomanía puede ser más común de lo que se suele pensar, aunque muchas personas no buscan apoyo debido a la vergüenza o a la falta de información. Según el DSM-5 (Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales), se estima que la prevalencia en la población general está entre el 1,4% y el 5,4%. Se observa una mayor incidencia en mujeres que en hombres. En la mayoría de los casos, la edad de inicio es la adolescencia, una etapa marcada por cambios hormonales y emocionales importantes, aunque también puede aparecer en la infancia o en la adultez. La prevalencia es mayor en mujeres, con una proporción estimada de 3:1 en comparación con los hombres (American Psychiatric Association, 2013). Además, las comorbilidades son frecuentes, incluyendo tricotilomanía, depresión, trastorno de ansiedad generalizada y otros trastornos impulsivos/compulsivos, especialmente TDAH y TOC (Grant & Chamberlain, 2022).
En muchos casos, la dermatilomanía puede persistir en el tiempo si no se recibe un acompañamiento adecuado. Estos datos permiten dimensionar la situación y subrayan la importancia de identificarla a tiempo para prevenir posibles complicaciones.
Creer que las emociones negativas se desvanecerán
La persona que padece trastorno de excoriación intenta calmar la ansiedad o el miedo pellizcándose y rascándose la piel, así percibe un alivio inmediato. Esta sensación, por supuesto, es temporal ya que a la gratificación inmediata le seguirá la ansiedad de haber perdido el control y se desencadenará un círculo vicioso que reforzará la acción compulsiva.
La dermatilomanía parece tener dos funciones principales:
- Regular las emociones.
- Recompensar psíquicamente a quien la padece, desencadenando, sin embargo, una adicción.
En algunos casos, este problema se relaciona más con el trastorno dismórfico corporal, que implica una preocupación excesiva por un defecto físico real que la persona percibe. Es en esos casos en los que la persona se enfocará más en esas áreas “imperfectas” y empezará a tocarse los granos, descamaciones, lunares, cicatrices previas, etc.
La dermatilomanía, ¿es un trastorno obsesivo compulsivo?
En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) encontramos la dermatilomanía dentro del capítulo de trastornos del espectro obsesivo-compulsivo, pero no dentro del propio TOC.
Esto se debe a que las conductas repetitivas centradas en el cuerpo (característica principal de la dermatilomanía) no están guiadas por pensamientos intrusivos no deseados (obsesiones) y no tienen como objetivo evitar posibles daños a uno mismo o a los demás, sino reducir el estrés.
Además, en el TOC las obsesiones y compulsiones pueden estar relacionadas con una amplia gama de preocupaciones y temas: orientación sexual, contaminación o la relación con la pareja (en este último caso hablamos de TOC de amores). En cambio, en el trastorno de excoriación se trata siempre de un intento de aliviar un estado de tensión.

¿Qué se puede hacer?
Manejar la dermatilomanía puede llegar a ser realmente complejo. Además de iniciar un tratamiento dermatológico, también será necesario profundizar en el foco del problema (cuándo, por qué motivos, de qué forma se presenta) y eso se puede lograr con ayuda psicológica. Para lograr resultados efectivos, es fundamental adoptar un enfoque multidisciplinar que contemple tanto el manejo de la enfermedad psiquiátrica subyacente, como el tratamiento tópico de las lesiones y el control del prurito (Malayala et al., 2021). Uno de los tratamientos más utilizados y que consigue mayores resultados es la terapia cognitivo conductual, dirigida a revertir los hábitos compulsivos a través del autoseguimiento y el control de estímulos.
La primera fase servirá para recopilar la información necesaria:
- Origen e inicio de los síntomas.
- Cómo y cuándo ocurre.
- Sobre cuáles son las consecuencias y sobre todo las causas.
En la segunda fase, el psicólogo ayudará a la persona a manejar el síntoma mediante el uso de estrategias específicas, entre las que se destaca el entrenamiento de reversión de hábitos (TRH por sus siglas en inglés). Es una técnica que tiene como objetivo aumentar la conciencia de los pensamientos, situaciones, emociones y sensaciones que provocan el rascado automático de la piel, y fomentar la adquisición de conductas competitivas que puedan reducirlo.
Tratamientos igualmente cualificados que aplican el compromiso y la concienciación para reducir la emoción disfuncional subyacente al trastorno de excoriación son:
- Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT).
- Terapia dialéctica conductual (DBT).
Complicaciones físicas y posibles consecuencias a largo plazo
La dermatilomanía puede influir tanto en el bienestar emocional como en la salud física, y a veces genera consecuencias físicas relevantes si no se aborda de manera adecuada. Algunas de las complicaciones que pueden presentarse con mayor frecuencia incluyen: infecciones cutáneas, ya que las lesiones abiertas pueden facilitar la aparición de infecciones, que en ciertos casos requieren atención médica e incluso el uso de antibióticos. Además, puede causar lesiones cutáneas graves, como heridas extensas con exposición del tejido muscular y riesgo de infección (Malayala et al., 2021).
También pueden presentarse cicatrices permanentes: el rascado repetido puede dejar marcas visibles y cicatrices, lo que puede influir en la autoestima y la percepción de la propia imagen. Otro efecto posible son los cambios en la pigmentación: algunas personas pueden observar la aparición de manchas más oscuras o claras en las áreas afectadas, y en ocasiones estos cambios pueden ser persistentes. En situaciones poco frecuentes, el riesgo de complicaciones graves aumenta, ya que las infecciones pueden extenderse y dar lugar a complicaciones más serias, como la septicemia. Por todo esto, es importante abordar la dermatilomanía de manera integral, combinando el acompañamiento psicológico con el cuidado dermatológico.
Tratamientos farmacológicos en la dermatilomanía
Aunque la intervención psicológica suele ser esencial, en algunas situaciones de dermatilomanía también se pueden valorar tratamientos farmacológicos para ayudar a disminuir la intensidad de los síntomas.
Entre las alternativas más estudiadas se encuentran:
- Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): medicamentos como la fluoxetina o la sertralina pueden contribuir a reducir la impulsividad y la ansiedad asociadas a este trastorno. Diversos estudios clínicos han respaldado su eficacia (Grant et al., 2012).
- N-acetilcisteína: este suplemento ha mostrado resultados alentadores en la disminución del rascado compulsivo, posiblemente gracias a su acción sobre el sistema glutamatérgico (Grant et al., 2009).
- Memantina: aunque se utiliza con menor frecuencia, algunos estudios sugieren que puede aportar beneficios en casos que no responden a otros tratamientos, actuando sobre los receptores NMDA y ayudando a modular la impulsividad.
La elección del tratamiento farmacológico debe adaptarse a cada persona y siempre contar con la supervisión de un profesional de la salud mental, considerando la historia clínica y las posibles interacciones.
Estrategias prácticas para el manejo de la dermatilomanía
Además de la terapia psicológica, existen estrategias prácticas que pueden contribuir a reducir el rascado compulsivo y a mejorar el manejo de los impulsos.
Algunas de las técnicas más utilizadas son:
- Entrenamiento en reversión de hábitos: esta técnica ayuda a identificar las señales que suelen aparecer antes del rascado y a sustituir esa conducta por una acción diferente, como apretar una pelota antiestrés o cerrar los puños.
- Registro de episodios: anotar cuándo, dónde y cómo ocurre el rascado puede facilitar una mayor conciencia sobre el patrón y ayudar a identificar posibles desencadenantes emocionales o situaciones específicas.
- Uso de barreras físicas: cubrir las zonas más afectadas con apósitos o con ropa puede dificultar el acceso y contribuir a reducir la frecuencia del comportamiento.
- Técnicas de relajación y mindfulness: aprender a gestionar la ansiedad y el estrés mediante ejercicios de respiración, meditación o atención plena puede ayudar a disminuir la necesidad de recurrir al rascado como forma de alivio.
Adaptar estas estrategias a las necesidades de cada persona puede favorecer los resultados del tratamiento y contribuir a una recuperación más estable.
Salir de la pesadilla es posible
El primer paso es tomar conciencia del problema, en ocasiones quienes se pellizcan y rascan la piel lo hacen de forma tan automática que ni siquiera se dan cuenta. También es importante no subestimar lo que ocurre y creer que es una simple mala costumbre que, a base de voluntad, se solucionará.
Existen varias técnicas de relajación, como el entrenamiento autógeno, la meditación, estar en contacto con la naturaleza, practicar actividades como el deporte o la interpretación (los beneficios del teatro a nivel psicológico son interesantes) que pueden contribuir a controlar los nervios y a relajarse.
De todos modos, y como indicamos antes, acudir al psicólogo y a un dermatólogo ayudará a abordar este problema. ¡Da el paso y empieza a recuperar tu bienestar!
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