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Trastornos mentales
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Cleptomanía: síntomas, causas y tratamiento

Cleptomanía: síntomas, causas y tratamiento
Ilaria Tonelli
Ilaria Tonelli
Psicóloga con orientación Psicodinámica
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
8.5.2026
Cleptomanía: síntomas, causas y tratamiento
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La cleptomanía es un trastorno psicológico que se caracteriza por presentar un impulso recurrente e incontrolable de robar objetos que a menudo no tienen un valor económico significativo ni una utilidad personal para la persona que los sustrae. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) lo clasifica como un trastorno del control de los impulsos.

Cleptomanía: significado

La etimología del término “cleptomanía” proviene del griego antiguo: "kleptō"(“robar”, y "manía" , que se traduce como "manía" o "locura".

Este trastorno fue descrito por primera vez en la literatura médica a principios del siglo XIX como una forma de “locura moral”, por el médico suizo André Matthey, que utilizó el término klopemanie para referirse a los ladrones que robaban objetos inútiles de forma impulsiva. Más tarde, dos psiquiatras franceses, Jean-Étienne Dominique Esquirol y Charles Chrétien Henri Marc, lo cambiaron por el término kleptomanie (Sipowicz & Kujawski, 2018).

Qué es la cleptomanía

La cleptomanía no se trata de un simple hurto motivado por la necesidad o el deseo de poseer algo, sino de un trastorno en el que el robo está guiado por un impulso irrefrenable, que a menudo va acompañado de un sentimiento de culpa o vergüenza (Grant & Kim, 2002).

Es fundamental distinguir la cleptomanía del robo en tiendas u otros tipos de robo intencionado. Quienes roban en tiendas lo hacen conscientemente para obtener un beneficio tangible, es decir, una ganancia económica o una posesión personal. Los objetos robados suelen ser vendibles o deseados y el acto de robar es racional y planificado.

En cambio, en el caso de la cleptomanía, el robo no es premeditado ni está motivado por una necesidad material. Una persona con trastorno cleptómano siente una creciente tensión o ansiedad antes del acto y siente alivio o gratificación inmediata al realizarlo. Sin embargo, esta sensación suele ir seguida de remordimiento o malestar, ya que el acto en sí entra en conflicto con los valores y la moral de la persona.

La cleptomanía es una enfermedad poco frecuente, pero puede ser muy incapacitante y afectar a las relaciones personales y a la vida cotidiana del individuo. Suele asociarse a otros trastornos psicológicos, como la depresión, la ansiedad o el trastorno obsesivo-compulsivo (McElroy et al., 1991). Esta combinación puede hacer que el diagnóstico y el tratamiento sean más complejos, ya que los síntomas pueden coincidir o dificultar la identificación de cada condición.

Prevalencia de la cleptomanía

Como mencionamos más arriba, la cleptomanía es un trastorno poco frecuente, aunque la frecuencia con la que aparece puede variar según los estudios y los criterios diagnósticos utilizados. En cuanto a su aparición, se trata de un trastorno que, por lo general, comienza en la adolescencia o al inicio de la adultez, aunque en algunos casos puede pasar desapercibido durante mucho tiempo.

En EEUU, se estima que hay en torno a 1,2 millones de personas cleptómanas, en su mayoría mujeres; lo que representa aproximadamente al 0,3 %-0,6 % de la población general (Grant & Kim, 2006). Sin embargo, aunque diferentes estudios señalan que las mujeres representan entre el 60 % y el 80 % de los casos identificados, es posible que los hombres estén menos representados en los diagnósticos debido a factores sociales y culturales (Grant & Kim, 2006).

La cleptomanía puede aparecer en contextos culturales y socioeconómicos diversos, lo que indica que no se limita a un grupo específico de personas.

Cleptomanía: causas

La cleptomanía es un trastorno complejo en el que intervienen múltiples factores emocionales, cognitivos y biológicos. No existe una única causa definitiva, sino una combinación de elementos que contribuyen al desarrollo de este trastorno.

No poder permitirse el objeto deseado no suele ser la causa subyacente del robo. No hay más que pensar en algunas de las celebridades que padecen cleptomanía y que, desde luego, no han robado por no tener suficiente dinero, desde la actriz Winona Ryder hasta Megan Fox, desde Lindsay Lohan hasta Britney Spears, pasando por Beth Ditto.

La cleptomanía se suele asociar a disfunciones en la regulación de las emociones y el procesamiento cognitivo. Algunas de las causas principales son la necesidad inconsciente de aliviar la tensión, la ansiedad y el estrés relacionados con las emociones negativas. Robar genera un alivio temporal, que posteriormente suele acarrear sentimientos de culpa y vergüenza.

La literatura neurocientífica (Grant et al., 2007) sugiere que el trastorno puede estar relacionado con un mal funcionamiento del sistema dopaminérgico, que regula el placer y la gratificación. Esto puede llevar a una dependencia psicológica del acto de robar para obtener un “subidón” de dopamina. La repetición del robo y el alivio temporal que este produce pueden reforzar el comportamiento a lo largo del tiempo y crear un ciclo de adicción.

La cleptomanía puede aparecer a cualquier edad, pero suele manifestarse durante la adolescencia o al principio de la edad adulta. Sin embargo, no es raro que permanezca sin diagnosticar durante años.

El trastorno se asocia con frecuencia a comorbilidades psicológicas, como trastornos del estado de ánimo relacionados con la depresión o la ansiedad, trastornos del comportamiento obsesivo-compulsivo y adicciones psicológicas y a sustancias.

¿La cleptomanía es hereditaria?

Algunas investigaciones sugieren que puede existir un componente genético. Diversos estudios de antecedentes familiares han explorado el riesgo de desarrollar cleptomanía o trastornos relacionados (como el trastorno obsesivo-compulsivo o las adicciones) en familiares de primer grado de individuos afectados (Grant, 2003). Sin embargo, no está garantizado que sea hereditaria, ya que los factores ambientales también desempeñan un papel importante.

Numerosos estudios sobre adaptación familiar y gemelos han demostrado el importante papel de las influencias hereditarias en las diferencias individuales relacionadas con las adicciones (por ejemplo, Agrawal & Lynskey, 2008). Sin embargo, para la mayoría de los tipos de adicción, los resultados relativos a la asociación genética son limitantes o inconsitentes.

Hasta la fecha, la investigación sobre adicciones se ha centrado principalmente en las adicciones relacionadas con sustancias. A pesar de la creciente atención científica a diversas adicciones conductuales y la inclusión del juego patológico como adicción comportamental en la categoría “Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos” de la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5; American Psychiatric Association, 2013), la investigación que examina las adicciones conductuales aún está empezando.

Por lo tanto, se necesitan más estudios de asociación genética que incluyan fenotipos de adicciones conductuales. Parece que, incluso en el caso de los fenómenos de adicción más ampliamente estudiados, los conocimientos sobre los mecanismos psicológicos y genéticos subyacentes siguen siendo escasos.

En lo que respecta al comportamiento disfuncional, también existe la hipótesis de que esté influenciado por el factor ambiental. Sin embargo, esto no es predictivo, ya que se ha visto que, en la cleptomanía, el robo no se lleva a cabo por una necesidad real.

cuáles son las causas de la cleptomanía
Foto de Jeremiah Lazo (Unsplash)

¿Existe alguna relación entre la cleptomanía y la sexualidad?

Algunas teorías psicoanalíticas sugerían un vínculo entre la cleptomanía y la represión de las pulsiones sexuales (Fullerton, 2007), pero estas hipótesis no han encontrado una confirmación científica sólida. Sin embargo, se ha observado que la cleptomanía puede estar asociada a un aumento de la tensión psicofísica, que incluye la tensión sexual. En algunos casos, el impulso de robar podría ser una forma de gestionar impulsos reprimidos, pero no se ha demostrado empíricamente una relación directa con la sexualidad.

Según la interpretación del modelo psicoanalítico, la cleptomanía es un impulso al que no se puede resistir, pero, sobre todo, el robo tiene por objeto resolver estados internos de tensión extrema debidos a la angustia de la culpabilidad.

Por lo tanto, lo que el psicoanálisis sugiere es un profundo deseo de ser castigado en virtud de un acto compensatorio por las propias acciones. De modo que la persona con trastorno cleptómano busca la humillación y la expiación de un “pecado”, y consigue, a través del acto de robar, una serenidad transitoria.

Cleptomanía: síntomas y características

La cleptomanía se puede reconocer mediante una serie de señales conductuales y psicológicas específicas.

Es importante diferenciar entre este trastorno y otras formas de robo intencionado, ya que la persona que padece cleptomanía actúa en respuesta a impulsos incontrolables y no por una necesidad material o económica. Una persona con cleptomanía está visiblemente agitada antes de cometer el robo, mientras que después se siente muy aliviada por haber conseguido un placer liberador. Como los objetos robados no tienen ningún valor real para la persona, a veces puede devolverlos o hacer que los encuentre la persona que ha sufrido el robo.

Después del robo, la persona suele experimentar remordimiento, culpabilidad o malestar emocional. Sin embargo, estos sentimientos no son suficientes para impedir que los episodios se vuelvan a repetir en el futuro. El robo no se lleva a cabo por venganza, beneficio económico, protesta o necesidad material, sino que se trata de un acto puramente impulsivo y sin planificar.

La persona que sufre cleptomanía a menudo se ve aislada socialmente o vive en un estado de evitación de todas aquellas situaciones en las que le puedan juzgar.

El proceso diagnóstico de la cleptomanía

El diagnóstico de la cleptomanía requiere una evaluación clínica completa realizada por un profesional de la salud mental. Este proceso suele incluir entrevistas clínicas estructuradas, cuestionarios específicos y una revisión detallada de la historia personal y familiar de la persona.

Durante la evaluación, el especialista explora:

  • La frecuencia y el patrón de los robos: se analiza si los episodios se repiten y si siguen un patrón impulsivo.
  • Las emociones asociadas: se indaga sobre la posible presencia de tensión antes del robo y el alivio o placer que puede experimentarse después del acto.
  • La motivación detrás del comportamiento: se descarta que el robo sea consecuencia de necesidades materiales, deseos de venganza o síntomas psicóticos.
  • La presencia de otros trastornos: se evalúa si existen otras condiciones, como depresión, ansiedad, trastornos obsesivo-compulsivos o consumo de sustancias, que puedan influir en el comportamiento.

En algunos casos, se pueden utilizar herramientas psicométricas o cuestionarios validados para apoyar el diagnóstico, aunque la entrevista clínica suele ser el método principal. Es fundamental que el proceso se realice en un entorno de confianza y libre de juicios, para que la persona pueda compartir sus experiencias con tranquilidad y sinceridad.

Criterios diagnósticos de la cleptomanía según el DSM-5

El DSM-5 describe criterios concretos para identificar la cleptomanía, diferenciándola de otros trastornos relacionados con el control de los impulsos y de conductas delictivas que han sido planificadas. Los criterios principales incluyen:

  • Impulsos recurrentes para robar objetos que no son necesarios para uso personal ni por su valor económico. Esto significa que la persona no roba por necesidad material ni para obtener un beneficio concreto.
  • Aumento de la tensión inmediatamente antes de cometer el robo. La persona puede experimentar una sensación creciente de ansiedad o malestar antes del acto.
  • Sensación de placer, gratificación o alivio en el momento de cometer el robo. Robar puede ofrecer un alivio temporal ante la tensión interna.
  • El robo no se comete por ira, venganza o alucinaciones. Es decir, el acto no responde a un deseo de dañar a otras personas, ni es consecuencia de delirios o alteraciones en la percepción.
  • El comportamiento no se explica mejor por otro trastorno mental (como un episodio maníaco, un trastorno de conducta o un trastorno antisocial de la personalidad) ni por el consumo de sustancias.

Estos criterios permiten a los profesionales de la salud mental distinguir la cleptomanía de otros comportamientos delictivos o impulsivos, facilitando así un diagnóstico más preciso y la elección de un tratamiento adecuado.

Estrategias para identificar el trastorno sin estigmatizar

Dado que la cleptomanía suele ir acompañada de vergüenza o culpabilidad, es crucial abordar la situación con sensibilidad y comprensión. Existen algunas estrategias que pueden ayudar a reconocer el trastorno sin etiquetar ni culpar a la persona.

Cuando se observan robos repetidos de objetos y patrones de comportamiento relacionados, hay que evitar acusar abiertamente a la persona. Si se sospecha que una persona sufre cleptomanía, es recomendable acercarse a ella de forma empática, evitando reproches e intentando en su lugar entablar una conversación respetuosa para fomentar el diálogo y la comprensión.

Es importante dejar claro que el comportamiento no define a la persona, por ejemplo, utilizando frases como: “parece que estás pasando por un mal momento” en lugar de “eres un ladrón”. Además, es crucial animar a la persona a consultar a un psicólogo y a un psiquiatra para iniciar un tratamiento psicológico apoyado con medicación. A veces es necesaria una buena psicoeducación en la que se informe a la persona de que su enfermedad está reconocida y puede tratarse.

Consecuencias físicas y psicológicas de la cleptomanía

La cleptomanía puede tener efectos importantes sobre la salud mental e, indirectamente, también sobre la salud física. Desde el punto de vista psicológico, la persona experimenta con frecuencia remordimientos y autocrítica, lo que puede conducir a una disminución de la autoestima. La frustración que sigue a la incapacidad de controlarse puede conducir a un aumento de la ansiedad y la depresión.

Esto hace que la persona caiga en una espiral de estrés crónico debido al miedo a ser descubierta y enfrentarse a consecuencias legales. Además, la cleptomanía, que a menudo se asocia al trastorno obsesivo-compulsivo o al abuso de sustancias, puede confundirse con el robo intencionado.

Desde el punto de vista físico, el estrés psicológico continuo puede provocar trastornos como insomnio, problemas gastrointestinales y dolores de cabeza.

Como ya se ha mencionado, la cleptomanía comparte algunas características con otras adicciones comportamentales, como el juego patológico, en lo que respecta a la sensación de bienestar y gratificación que se experimenta como resultado de robar. Sin embargo, a diferencia de otras adicciones, la cleptomanía no siempre está asociada a un deseo consciente de lograr gratificación, sino que la persona es presa de un impulso incontrolable.

La cleptomanía puede deteriorar gravemente las relaciones interpersonales, ya que las personas cercanas a quienes la padecen pueden experimentar sentimientos de desconfianza, traición y decepción. Además, se ha observado que el 24,3 % de las personas con cleptomanía estudiadas habían intentado suicidarse (Odlaug et al., 2012), lo que evidencia el profundo impacto emocional y psicológico que esta condición puede tener tanto en quienes la sufren como en su entorno cercano.

Esto hace que las personas que sufren cleptomanía puedan alejarse de amigos y familiares, lo que aumenta el riesgo de aislamiento. Asimismo, el arresto o la denuncia por robo pueden dañar la reputación de la persona y su relación con la comunidad o los compañeros de trabajo.

Foto de Cemrecan Yurtman (Pexels)

¿Cómo se cura la cleptomanía? Tratamiento

La cleptomanía es un trastorno complejo, pero que se puede tratar. Por lo general, el enfoque que se considera más eficaz es un enfoque combinado que integre la psicoterapia, técnicas de gestión de los impulsos y, en algunos casos, la terapia farmacológica.

Los enfoques terapéuticos indicados para el tratamiento del trastorno cleptómano son el cognitivo-conductual, el dialéctico-conductual y el psicodinámico. A la psicoterapia también se puede sumar el apoyo de técnicas de relajación como el mindfulness y el yoga para aprender a controlar y a relajar la tensión corporal.

Un proceso terapéutico personalizado es esencial para ayudar a quienes sufren cleptomanía a entender los motivos profundos de su comportamiento. Asimismo, adquirir herramientas para gestionar los impulsos de manera eficaz permite reforzar la autoestima con el fin de construir relaciones sanas.

En algunos casos, los fármacos pueden utilizarse como apoyo a la psicoterapia, por ejemplo, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), los estabilizadores del estado de ánimo y los antagonistas de los opioides. De hecho, el tratamiento farmacológico con ISRS, otros antidepresivos, estabilizadores del ánimo y antagonistas de los receptores opioides, cuando se emplea como complemento de la terapia cognitivo-conductual, ha mostrado resultados prometedores en el manejo de la cleptomanía (Durst et al., 2001).

La elección del tratamiento farmacológico depende de la valoración clínica y de la posible presencia de otros trastornos.

Técnicas específicas en el tratamiento de la cleptomanía

Dentro de la terapia cognitivo-conductual, existen técnicas específicas que pueden resultar útiles para abordar este trastorno. Algunas de las técnicas más empleadas son:

  • Sensibilización encubierta: consiste en imaginar de manera detallada las posibles consecuencias negativas de robar, como el sentimiento de culpa o las repercusiones legales. Este ejercicio busca asociar el impulso de robar con sensaciones desagradables, lo que puede ayudar a reducir la probabilidad de repetir el comportamiento.
  • Terapia de aversión: implica crear una respuesta negativa ante el impulso de robar. Por ejemplo, se puede asociar el deseo de robar con una experiencia física incómoda, como apretar una banda elástica en la muñeca, para disminuir la gratificación que puede generar el acto.
  • Entrenamiento en habilidades de afrontamiento: ayuda a la persona a identificar y gestionar los desencadenantes emocionales que pueden preceder al robo, favoreciendo el desarrollo de estrategias alternativas para afrontar la ansiedad o la tensión.
  • Prevención de recaídas: se orienta a anticipar situaciones de riesgo y planificar respuestas que permitan evitar la repetición del comportamiento.

La combinación de estas técnicas, junto con el apoyo emocional y la psicoeducación, puede favorecer una mejor calidad de vida en las personas con cleptomanía y ayudar a reducir el impacto del trastorno en su vida cotidiana.

Recomendaciones prácticas para afrontar la cleptomanía

Afrontar la cleptomanía puede representar un reto tanto para quienes la experimentan como para sus seres queridos. Existen algunas recomendaciones prácticas que pueden facilitar la búsqueda de apoyo y acompañar de manera efectiva durante el proceso terapéutico.

Para personas que sospechan que pueden presentar cleptomanía

  • Reconocer el problema sin juzgarse: aceptar que se trata de un trastorno psicológico, y no de una falta de voluntad o de valores personales, puede ser un primer paso importante.
  • Buscar ayuda profesional: acudir a un psicólogo o psiquiatra especializado en trastornos del control de los impulsos puede facilitar el acceso a un diagnóstico y tratamiento apropiados.
  • Registrar los episodios: anotar cuándo, cómo y en qué situaciones surgen los impulsos de tomar objetos puede ayudar a identificar patrones y factores desencadenantes.
  • Practicar técnicas de autocuidado: incorporar actividades que ayuden a reducir el estrés, como la meditación, el ejercicio físico o el contacto social, puede contribuir a disminuir la frecuencia de los impulsos.

Para familiares y personas cercanas

  • Abordar la conversación con empatía: es preferible evitar acusaciones o reproches, y expresar la preocupación desde el afecto, utilizando frases como "me preocupa cómo te sientes" en lugar de etiquetas.
  • Informarse sobre el trastorno: comprender que la cleptomanía es una condición médica puede ayudar a reducir el estigma y a brindar un apoyo más comprensivo.
  • Fomentar la búsqueda de ayuda profesional: animar a la persona a consultar a un especialista y acompañarla en este proceso si así lo desea puede ser de gran ayuda.
  • Evitar la sobreprotección o el control excesivo: es importante permitir que la persona asuma la responsabilidad de su proceso terapéutico, brindando apoyo sin limitar su autonomía.

Un acompañamiento respetuoso y la comprensión pueden ser fundamentales para que la persona con cleptomanía se sienta apoyada y motivada a iniciar su proceso de recuperación.

En conclusión, la persona con cleptomanía es un individuo que tiene una profunda fragilidad para saber gestionar sus impulsos y necesita contar con apoyo y acompañamiento para gestionar su trastorno. La detección precoz del trastorno sigue siendo esencial para poder tratarlo adecuadamente y proteger a la persona del aislamiento y la frustración interna.

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