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Trastorno del espectro autista (TEA): definición, signos, causas y cómo diagnosticarlo

Trastorno del espectro autista (TEA): definición, signos, causas y cómo diagnosticarlo
Unai Aso
Psicólogo con orientación cognitivo-conductual
Unai Aso
Redacción
Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Publicado el
20.11.2025
Última actualización el
20.11.2025
Trastorno del espectro autista (TEA): definición, signos, causas y cómo diagnosticarlo
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La historia del autismo se remonta al siglo XX. En 1943, Leo Kanner y Hans Asperger describieron casos de niños con características similares, lo que condujo al reconocimiento del trastorno del espectro autista (TEA).

A lo largo del tiempo, la comprensión y el diagnóstico del autismo han evolucionado, pasando de una visión más limitada a una comprensión más amplia y compasiva de las diferencias neurológicas y sociales asociadas con el TEA.

En los últimos años, el término "espectro autista" se ha adoptado para reflejar la variabilidad en la presentación y gravedad de esta condición. A continuación, explicamos en qué consiste el TEA, cuáles son sus síntomas, causas, cómo se diagnostica y qué soluciones existen para mejorar la vida de las personas autistas.

¿Qué es el autismo?

El autismo, conocido también como trastorno del espectro autista (autistic spectrum disorder, en inglés), es un trastorno del neurodesarrollo y representa una gama de condiciones que se caracterizan por déficit de habilidades sociales, comportamientos repetitivos y diferencias en la comunicación verbal y no verbal. Según la OMS (2025), se estima que 1 de cada 127 personas en el mundo tiene autismo.

El término autismo se suele utilizar para describir una condición dentro del trastorno del espectro autista (TEA), mientras que el término TEA es un término más amplio que incluye una variedad de manifestaciones y grados de autismo. Es decir, la diferencia entre TEA y autismo reside en que, mientras que el autismo puede hacer referencia a una forma clásica del trastorno, el trastorno del espectro autista abarca un rango más amplio de síntomas y comportamientos.

La definición de autismo ha evolucionado con el tiempo, y se ha ampliado para incluir diversas manifestaciones y grados de severidad. Aunque hay expertos que consideran que el autismo es una enfermedad o una condición del neurodesarrollo, desde hace unos años, dentro del paradigma de la neurodiversidad, el TEA se ha definido como una forma única de percibir, interactuar y comunicarse con el mundo (esto también puede ocurrir, por ejemplo, en la superdotación intelectual).

Desde este enfoque, se enfatiza que las personas con autismo presentan diferencias en áreas como la comunicación social, la sensibilidad sensorial y los patrones de comportamiento e intereses, pero estas diferencias no se consideran patológicas en sí mismas, sino como parte del espectro de la diversidad humana.

La comprensión de lo que significa ser autista varía ampliamente incluso entre individuos, ya que cada persona con TEA tiene un conjunto único de fortalezas y dificultades, así como una manera de percibirse a sí misma y de percibir el mundo que le rodea.

Asimismo, el significado de esta condición también ha ido cambiando a lo largo del tiempo debido a la creciente comprensión y aceptación de la neurodiversidad. Un cambio de perspectiva que ha sido impulsado en gran medida por las personas autistas y sus defensores, quienes abogan por una mayor comprensión y respeto hacia las diferencias neurodivergentes.

Hay distintas clases de autismo
Foto de Yogendra Singh (Pexels)

Autismo: síntomas y signos

Los síntomas del autismo pueden variar significativamente de una persona a otra:

  • En bebés, los signos tempranos de autismo pueden manifestarse como una respuesta limitada a la interacción social. Los rasgos del TEA no se limitan a las diferencias en la comunicación y la interacción; también pueden incluir sensibilidades sensoriales y, en algunos casos, conductas reactivas, como autolesiones o agresiones, asociadas a desregulación y sobrecarga sensorial, lo que a veces se denominan “crisis autistas” (no hay que confundirlo con berrinches clásicos o un trastorno negativista desafiante, sino que son respuestas abrumadoras a experiencias muy estresantes o confusas para la persona autista).
  • En niños de 2 a 3 años, estos pueden incluir retrasos en el habla y la comunicación, falta de interés en jugar con otros niños y comportamientos repetitivos. Las características del autismo también abarcan dificultades para establecer contacto visual y en la interpretación de expresiones faciales y gestos.

Aunque siempre se suele hablar de TEA infantil, las personas adultas autistas también existen, con sus diferencias y particularidades. El autismo en adultos se manifiesta a menudo con:

  • dificultades en la comunicación social y en el establecimiento de relaciones,
  • intereses intensamente enfocados,
  • una preferencia por rutinas consistentes.

Los adultos autistas pueden tener ciertas dificultades a la hora de interpretar señales sociales no verbales y pueden ser especialmente sensibles a estímulos sensoriales como luces brillantes o ruidos fuertes.

Cómo reconocer los signos del autismo

A continuación, para una mejor identificación, presentamos un listado de los principales signos y síntomas para saber cómo detectar el autismo:

  • Retrasos en el habla y la comunicación: dificultades para desarrollar habilidades de lenguaje y comunicación.
  • Interacción social limitada: poco interés en interactuar con otros, evitación del contacto visual y no responder al nombre.
  • Comportamientos repetitivos: preferencia por rutinas fijas y comportamientos como alinear objetos o agitar las manos.
  • Respuestas sensoriales inusuales: reacciones atípicas a estímulos sensoriales como sonidos fuertes o texturas. Las personas autistas pueden manifestar meltdowns (reacciones emocionales intensas y descontroladas que se traducen en llanto, por ejemplo), shutdowns (retirada emocional y social para aislarse del entorno) o burnout en respuesta a situaciones abrumadoras o estresantes.
  • Dificultades en la comprensión de emociones: problemas para interpretar y responder a emociones (mentalización o teoría de la mente) y expresiones faciales. En ocasiones, esto puede dar lugar a una marcada desregulación emocional (también presente en otras condiciones como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad; por lo que no hay confundir TDAH y autismo) o expresarse como un trastorno de alexitimia.
  • Preferencias por actividades solitarias: tendencia a jugar solo y dificultad en participar en juegos grupales. Esta tendencia al aislamiento no debe confundirse con otros trastornos mentales que comparten estas características, como el trastorno esquizotípico.
  • Intereses específicos y concentrados: fascinación intensa por temas o actividades particulares.
  • Patrones de conducta únicos: movimientos repetitivos y rutinas o rituales específicos.

Muchas personas autistas reaccionan a situaciones sociales estresantes o circunstancias muy demandantes con conductas de evitación extrema o bloqueo.

Grados del autismo

Existen distintos tipos de TEA. El espectro autista comprende varios grados y niveles, lo que refleja la diversidad y complejidad de esta condición. Los tipos de TEA varían desde condiciones que requieren apoyo significativo, hasta aquellos donde las necesidades de apoyo son menores.

Los grados del autismo se clasifican comúnmente en tres niveles definidos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), dependiendo de la severidad de los síntomas y el grado de apoyo requerido:

Nivel 1 - Autismo leve

En este grado de autismo, la persona requiere apoyo mínimo o moderado, especialmente en situaciones sociales, para interpretar señales no verbales y adquirir habilidades fuera de sus intereses inmediatos. Los familiares, compañeros y educadores con conocimiento sobre el autismo pueden brindar este apoyo. Este nivel a menudo se asocia con el "autismo de alto funcionamiento", donde la mayoría de las personas pueden llevar una vida relativamente normal e independiente.

Las personas en este nivel suelen comunicarse y desenvolverse con cierta independencia, aunque pueden experimentar dificultades en situaciones sociales y encontrar retos ante cambios inesperados. A menudo necesitan apoyo para organizar actividades y comprender normas sociales más complejas.

Nivel 2 - Autismo moderado

En este nivel, la necesidad de apoyo es más significativa. Además del soporte de familiares y educadores, se requieren terapias del lenguaje y asistencia profesional regular para manejar las necesidades y formas de expresión del individuo.

Las dificultades en la comunicación social y los comportamientos repetitivos suelen ser más evidentes en este nivel de autismo. Las personas pueden necesitar ayuda frecuente para gestionar la vida cotidiana y pueden encontrar complicado iniciar o responder a interacciones sociales.

Nivel 3 - Autismo severo

De los tres niveles de autismo, el severo significa que las personas con TEA necesitan un apoyo considerable en su vida diaria, incluyendo actividades básicas como la higiene personal y el cuidado propio. En este sentido, la supervisión constante y la ayuda profesional son esenciales para adquirir habilidades que incrementen su independencia.

Las personas con trastorno del espectro autista de nivel 3 pueden experimentar dificultades importantes en la comunicación verbal y no verbal, así como comportamientos muy restrictivos y repetitivos. Suelen requerir apoyo constante para las actividades básicas y pueden contar con una autonomía limitada.

Estos niveles también se diferencian en aspectos como la comunicación social, la flexibilidad cognitiva y los comportamientos restringidos y repetitivos. Una persona puede tener un nivel leve en comunicación social, pero moderado en comportamientos e intereses. Además, los grados de autismo pueden coexistir con:

  • discapacidades intelectuales,
  • trastornos del lenguaje,
  • trastornos de la conducta,
  • alteraciones sensoriales,
  • problemas alimenticios,
  • problemas de sueño.

Hay que tener en cuenta que el autismo, desde un enfoque tradicional y biomédico, puede ser considerado una discapacidad en función de cómo afecta a las habilidades de comunicación y socialización de la persona. No obstante, es importante señalar que la percepción del autismo como discapacidad o diferencia puede depender de la perspectiva y el enfoque utilizado, ya que desde la perspectiva de las neurodivergencias, las personas con TEA no son consideradas disfuncionales o discapacitadas.

Asimismo, cabe recordar que el nivel de gravedad puede cambiar a lo largo del tiempo, ya que depende de factores como el acceso a intervenciones, el entorno y el desarrollo de habilidades. Por eso, es importante realizar una evaluación periódica y personalizada.

Autismo infantil
Foto de Mikhail Nilov (Pexels)

¿Cuáles son las causas del autismo?

El origen y la etiología del autismo sigue siendo un tema de investigación y debate en la comunidad científica. Aunque la causa precisa es desconocida, se cree que una combinación de factores genéticos y ambientales juega un papel crucial en su desarrollo. Las evidencias sugieren una fuerte influencia genética, ya que se ha observado una mayor prevalencia de TEA en familias donde ya existe un caso. Por este motivo, se dice que el autismo es hereditario.

No obstante, igual que no se puede decir que hay una sola causa del autismo, tampoco se puede afirmar rotundamente que “el autismo es genético”, ya que hay otros factores ambientales, como el uso de ciertos medicamentos durante el embarazo, que también pueden contribuir al desarrollo de este trastorno del neurodesarrollo.

Otras teorías más allá de la genética del autismo que aún están en estudio proponen diferentes causas potenciales. Algunos investigadores están explorando la posibilidad de que alteraciones en la amígdala cerebral puedan estar involucradas, mientras que otros estudian la hipótesis de que haya virus específicos que podrían desencadenar los síntomas del autismo. Con todo, es importante destacar que las vacunas no están relacionadas con el TEA, como lo confirman múltiples estudios científicos y organizaciones médicas y gubernamentales.

El autismo también se ha asociado con alteraciones en el desarrollo cerebral temprano, posiblemente debido a mutaciones en genes que regulan el crecimiento cerebral y la comunicación neuronal. Estas alteraciones pueden ser evidentes en estudios de imagen cerebral, y a menudo implican cambios en la morfología cerebral, como el agrandamiento de los ventrículos cerebrales y anomalías en el cerebelo y el lóbulo frontal.

Prevalencia y factores de riesgo del trastorno del espectro autista

El trastorno del espectro autista puede presentarse en personas de todas las culturas, etnias y niveles socioeconómicos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que aproximadamente 1 de cada 100 niños en el mundo presenta TEA (trastorno del espectro autista), aunque la prevalencia puede variar dependiendo de los métodos de diagnóstico y la región geográfica (OMS, 2023).

Entre los factores de riesgo que se han identificado para el desarrollo del TEA se encuentran:

  • Factores genéticos: tener antecedentes familiares de TEA puede aumentar la probabilidad de que un niño presente este trastorno. Se han identificado varios genes asociados con el autismo, aunque su interacción resulta compleja.
  • Edad avanzada de los padres: algunos estudios sugieren que la edad materna y paterna avanzada podría estar relacionada con un mayor riesgo de TEA en los hijos.
  • Complicaciones durante el embarazo y el parto: factores como bajo peso al nacer, partos prematuros o la exposición a ciertas sustancias durante el embarazo pueden aumentar el riesgo, aunque su impacto suele ser menor en comparación con los factores genéticos.
  • Condiciones genéticas asociadas: algunos síndromes, como el síndrome de X frágil o el síndrome de Rett, pueden estar relacionados con la aparición de síntomas del espectro autista.

Ahora bien, es crucial entender que no todas las personas con estos factores de riesgo desarrollarán autismo. La complejidad del TEA y su amplio espectro de manifestaciones sugieren que las causas son multifactoriales y varían de un individuo a otro.

¿Cómo saber si mi hijo tiene TEA?

Una de las preguntas clave que suele preocupar a padres y madres es: ¿cómo saber si mi hijo tiene autismo y a qué edad se detecta?

El diagnóstico del TEA suele realizarse típicamente alrededor de los 2 o 3 años e implica una evaluación exhaustiva realizada por profesionales especializados. Los padres que sospechan que su hijo puede tener autismo tienen que buscar una evaluación diagnóstica, que generalmente incluye observaciones del comportamiento del niño, pruebas de desarrollo y, en algunos casos, pruebas neurológicas para detectar autismo.

Diagnóstico de autismo en niños pequeños

El proceso de diagnóstico en niños pequeños se divide en dos etapas.

En la primera etapa, se evalúa el desarrollo general de los niños durante los chequeos periódicos recomendados por la APA (2024), especialmente durante los controles a los 9, 18 y 24 o 30 meses. La evaluación específica para los trastornos del espectro autista se realiza en las consultas a los 18 y 24 meses, con la posibilidad de evaluaciones adicionales si existe un alto riesgo. Además, se presta atención a las experiencias e inquietudes de los padres u otros cuidadores como parte integral del proceso de evaluación.

Cabe destacar que, según investigaciones recientes, el grupo de edad con mayor tasa de diagnóstico de TEA durante todo el periodo fue el de niños de 5 a 8 años (Grosvenor et al., 2024).

La segunda etapa implica una evaluación de diagnóstico adicional realizada por un equipo de profesionales de la salud con experiencia en trastornos del espectro autista. Esta evaluación comprende:

  • exámenes médicos y neurológicos,
  • pruebas cognitivas,
  • evaluación del habla y lenguaje,
  • observación del comportamiento,
  • entrevistas detalladas con los cuidadores,
  • evaluación de habilidades necesarias para la vida diaria.

Además, puede incluir análisis de sangre y pruebas de audición si es necesario. El diagnóstico y las recomendaciones de tratamiento se basan en los resultados de esta evaluación completa.

Diagnóstico de autismo en niñas

Asimismo, es fundamental reconocer que el autismo en niñas a menudo se subdiagnostica debido a diferencias en la presentación de los síntomas en comparación con los niños. Lo cual también está influido por la existencia de un sesgo diagnóstico de género, lo que implica que las niñas que cumplen criterios para trastorno del espectro autista (TEA) tienen un riesgo desproporcionado de no recibir un diagnóstico clínico (Loomes et al., 2017).

Las niñas con autismo pueden mostrar habilidades de camuflaje social y comunicación más avanzadas, lo que dificulta su identificación temprana y el acceso a servicios adecuados. Por este motivo, es importante que exista una mayor conciencia y comprensión de las manifestaciones del autismo en niñas para garantizar una detección y apoyo adecuados.

Diagnóstico de autismo en niños mayores y adolescentes

En el caso de niños mayores y adolescentes en edad escolar, el diagnóstico puede ser iniciado por padres, maestros o el equipo de educación especial de la escuela, quienes pueden notar síntomas relacionados con el espectro autista, especialmente en la comunicación sutil y las dificultades sociales.

Diagnóstico de autismo en adultos

Finalmente, diagnosticar trastornos del espectro autista en adultos puede ser más complejo, pero es esencial buscar la evaluación de un profesional de la salud con experiencia en este campo, como un psicólogo especializado en autismo o un neuropsicólogo especialista en trastornos del neurodesarrollo, que es quien diagnostica el autismo.

Criterios diagnósticos del TEA según el DSM-5

El Manual DSM-5 ofrece criterios claros para identificar el trastorno del espectro autista (TEA). Estos criterios permiten a los profesionales de la salud mental reconocer el TEA de manera precisa y coherente. Para diagnosticar el TEA, es necesario que existan dificultades persistentes en dos áreas principales:

  • Déficits en la comunicación e interacción social: esto puede incluir dificultades para mantener una conversación, comprender normas sociales, compartir intereses o emociones, y crear o mantener relaciones. Por ejemplo, una persona puede experimentar desafíos para interpretar gestos, expresiones faciales o el lenguaje no verbal.
  • Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades: esto abarca movimientos repetitivos (como el aleteo de manos), uso repetitivo de objetos, apego estricto a rutinas, intereses muy intensos o reacciones poco habituales ante estímulos sensoriales.

Para confirmar el diagnóstico, estos síntomas deben estar presentes desde las primeras etapas del desarrollo, aunque a veces pueden hacerse más evidentes cuando las demandas sociales aumentan. Además, los síntomas deben generar una alteración significativa en la vida social, laboral u otras áreas importantes del día a día.

El DSM-5 indica también que estos síntomas no se explican mejor por una discapacidad intelectual o un retraso global del desarrollo, aunque pueden presentarse junto a estas condiciones. Por eso, la evaluación clínica debe ser completa y considerar tanto la historia evolutiva como el contexto de desarrollo de la persona.

Según el DSM-5, el diagnóstico de TEA incluye la especificación del nivel de gravedad, lo que ayuda a determinar el grado de apoyo que puede necesitar cada persona en las diferentes áreas.

Diagnóstico diferencial: diferencias entre TEA y otros trastornos del neurodesarrollo

El diagnóstico diferencial cumple un papel fundamental para poder distinguir el trastorno del espectro autista de otros trastornos del neurodesarrollo que pueden compartir algunos síntomas. Este proceso resulta clave para que cada persona reciba el apoyo y la intervención que mejor se ajusten a sus necesidades.

Algunos trastornos que pueden parecerse al TEA son:

  • Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH): aunque ambos pueden mostrar dificultades para regular las emociones y la atención, el TEA suele asociarse principalmente con dificultades en la comunicación social y comportamientos repetitivos. En cambio, el TDAH se caracteriza sobre todo por la impulsividad y la falta de atención.
  • Trastornos del lenguaje: los niños con trastornos específicos del lenguaje pueden experimentar dificultades para comunicarse, aunque generalmente no presentan los comportamientos repetitivos ni las dificultades sociales que suelen observarse en el TEA.
  • Discapacidad intelectual: aunque en ocasiones puede aparecer junto al TEA, la discapacidad intelectual por sí sola no implica necesariamente las dificultades sociales ni los intereses restringidos que caracterizan al espectro autista.
  • Trastornos de ansiedad social: las personas con ansiedad social pueden evitar situaciones sociales por miedo o incomodidad, aunque suelen comprender las normas sociales y no presentan los comportamientos repetitivos propios del TEA.

La evaluación clínica requiere ser cuidadosa y considerar la historia evolutiva, el contexto familiar y escolar, así como la observación directa del comportamiento. Un diagnóstico preciso ayuda a crear estrategias de intervención más ajustadas y útiles para cada persona.

¿Cómo tratar a una persona con TEA?

Una intervención multimodal temprana puede tener un impacto significativo en la mejora de personas con autismo. Un entorno altamente estructurado que involucre a educadores especializados, terapeutas del lenguaje, logopedas, formación vocacional y desarrollo de habilidades adaptativas puede ser beneficioso en este proceso.

Los enfoques conductuales desempeñan un papel fundamental al contribuir, por ejemplo, a:

  • reducir comportamientos no deseados,
  • fomentar la comunicación y las interacciones sociales,
  • promover habilidades que faciliten la independencia de los individuos con autismo.

Además, la colaboración activa de los padres en la búsqueda y acceso a los servicios disponibles en su área es crucial para el bienestar de sus hijos. En muchas ocasiones, las asociaciones de padres de niños con autismo pueden ser valiosas en la coordinación y distribución de recursos.

Asimismo, los programas educativos deben basarse en principios estructurados que incluyan:

  • estrategias de aprendizaje conductual,
  • terapia del lenguaje,
  • terapia ocupacional; especialmente en casos de autismo de alto funcionamiento y el trastorno de Asperger, con el objetivo de mejorar las habilidades sociales y la expresión emocional.

En lo que respecta al tratamiento farmacológico, si bien actualmente no existen medicamentos eficaces para tratar el autismo en sí, es importante señalar que la risperidona y el aripiprazol están aprobados para tratar la irritabilidad o agresividad en personas con autismo (Hirota & King, 2023).

Además, cabe destacar que en ocasiones, la depresión puede coexistir con el autismo debido a los desafíos sociales y emocionales asociados a la propia condición. Hay personas autistas que sufren problemas de salud mental por las dificultades que supone integrarse en un mundo adaptado para personas neurotípicas. Por ejemplo, las personas con autismo presentan tasas más altas de depresión, ansiedad, dificultades para dormir y epilepsia en comparación con la población sin autismo (Hirota & King, 2023).

En estos casos, es importante recurrir a profesionales de la salud mental, como psicólogos y psicólogas especializadas en autismo, para recibir el apoyo psicológico y la terapia adecuada.

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