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¿Amor u obsesión? Comprender los celos patológicos y sus riesgos

¿Amor u obsesión? Comprender los celos patológicos y sus riesgos
Enrico Reatini
Psicólogo con orientación Cognitivo-Conductual
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
6.2.2026
¿Amor u obsesión? Comprender los celos patológicos y sus riesgos
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Los celos son una emoción compleja y universal que, en diferentes situaciones e intensidades, forma parte de la vida de todas las personas. En determinadas circunstancias, sin embargo, podemos sentirnos desbordados por ellos, hasta el punto de que pueden adoptar formas que rozan lo patológico. Cuando los celos se vuelven obsesivos o desadaptativos, por ejemplo, pueden afectar negativamente al bienestar personal y de los demás, comprometer la calidad de las relaciones afectivas y aumentar el riesgo de conductas disfuncionales o peligrosas.

En este artículo exploramos qué son los celos patológicos, cómo reconocerlos, por qué se producen y qué estrategias pueden ser útiles para afrontarlos y manejarlos.

De los celos a los celos obsesivos

Los celos obsesivos se distinguen de los “celos normativos” por su intensidad, persistencia y la presencia de pensamientos intrusivos, rumiativos y de difícil control, que suelen conducir a conductas de vigilancia o control.

En la literatura científica, esta condición se denomina celos mórbidos y describe un cuadro caracterizado por pensamientos irracionales y comportamientos extremos, centrados en la creencia infundada de la infidelidad de la pareja (Kingham y Gordon, 2004).

A diferencia de la experiencia normal de los celos, en la que la persona es capaz de gestionar el impacto emocional modificando sus creencias a la luz de información alternativa, quienes padecen celos mórbidos tienden a atribuir significado patológico a estímulos neutros o ambiguos, interpretar acontecimientos irrelevantes como pruebas de infidelidad y mantienen tales creencias incluso ante pruebas contrarias.

Otro elemento distintivo se refiere a la gestión del riesgo interpersonal. Los celos mórbidos no solo afectan a la salud mental de la persona que los padece, sino que pueden acarrear graves consecuencias para la pareja y la relación, con comportamientos controladores, agresiones y, en casos graves, la necesidad de intervenciones clínicas intensivas, como hospitalización o el tratamiento en entornos seguros o contextos protegidos (Kingham y Gordon, 2004).

No obstante, reconocer los celos obsesivos puede ser complejo, ya que muchos de los signos que hay que vigilar representan los extremos de las experiencias comunes de celos. Los que más hay que vigilar son:

  • la presencia de pensamientos intrusivos, persistentes y rumiativos sobre la infidelidad de la pareja;
  • la interpretación distorsionada de acontecimientos neutros;
  • conductas de control, vigilancia o comprobación;
  • la incapacidad de modificar las propias creencias incluso ante la evidencia de lo contrario.

Estos aspectos subrayan la importancia de una evaluación clínica precisa y una intervención temprana, que puede incluir intervenciones psicoterapéuticas y, en casos graves, farmacológicas o protección en un entorno hospitalario.

Foto de Budgeron Bach - Pexels

Celos obsesivos: causas y consecuencias

“¿Por qué los celos se pueden convertir en celos enfermizos?”

Al abordar las causas de los celos obsesivos, es importante tener en cuenta que los celos son una emoción común que puede tener valor adaptativo dentro de las relaciones de pareja. Por lo tanto, podemos preguntarnos qué lleva a algunas personas a experimentarlos de forma persistente, intensa e intolerable.

Desde una perspectiva evolutiva, Easton, Schipper y Shackelford (2007) proponen que los celos patológicos surgen de una "descalibración" de los mecanismos emocionales. En otras palabras, reacciones que normalmente solo se desencadenan cuando los celos son muy fuertes —como el control o la sospecha— también se disparan en situaciones mínimas en las que realmente no habría razón para ello.

Los autores de diversas investigaciones sugieren que esto podría ocurrir porque en historias vitales anteriores este modo desempeñó una función adaptativa de protección de la relación.

Asimismo, en un estudio de 398 casos clínicos, los autores hallaron diferencias de género coherentes con las teorías evolutivas: los hombres tendían a fijarse más en la infidelidad sexual y en el estatus de los "rivales", mientras que las mujeres eran más sensibles a la infidelidad emocional y a la juventud y atractivo de los "rivales".

Estos resultados sugieren que los celos "normales" y los obsesivos no son fenómenos separados, sino dos extremos de un mismo continuo. Lo que realmente cambia es el umbral: en las personas con celos obsesivos, la gestión de los celos y los mecanismos de defensa se activan con mucha más facilidad, incluso en situaciones que para otros no despertarían sospechas ni miedo a la pérdida.

Consecuencias de los celos patológicos

Esta dinámica relacional también tiene profundas consecuencias en términos de sufrimiento y seguridad en las relaciones íntimas. Easton y Shackelford (2009) han observado que, en los celos obsesivos, los hombres tienden con más frecuencia que las mujeres a mostrar comportamientos controladores y violentos, que en algunos casos pueden llegar a la tentativa o al asesinato.

Estos datos, aunque reflejan diferencias de género también presentes en los celos "normales", se vuelven especialmente alarmantes cuando los celos adoptan una forma patológica. Ya que también nos recuerdan que detrás de la violencia siempre hay sufrimiento: el de quien la sufre y, de forma diferente, también el del agresor.

Entender ambas dimensiones —sin justificar, sino tratando de comprender— es esencial para prevenir, curar y romper los ciclos de dolor que pueden generar los celos patológicos.

Enfoques terapéuticos para tratar los celos obsesivos

Desde un punto de vista psicopatológico, los celos obsesivos han sido interpretados a través de diferentes enfoques.

Tarrier, Beckett, Harwood y Bishay (1990) propusieron un modelo cognitivo-conductual, señalando que el núcleo de la patología está representado por pensamientos intrusivos y rumiaciones obsesivas sobre la infidelidad de la pareja, acompañados de conductas de comprobación y control (por ejemplo, acecho, interrogatorio, inspección de objetos personales). Este patrón presenta similitudes con el trastorno obsesivo-compulsivo, en el que las creencias disfuncionales generan rituales destinados a reducir la ansiedad.

En general, la literatura subraya que los celos mórbidos u obsesivos no pueden reducirse a una única condición psicopatológica (Todd & Dewhurst, 1955, citado en Kingham & Gordon, 2004), sino que más bien deben considerarse como un posible efecto de varios diagnósticos (esquizofrenia, trastornos de la personalidad, adicciones, entre otros).

Foto de Mikhail Nilov - Pexels

Estrategias de intervención y apoyo

La intervención y acompañamiento en casos de celos obsesivos requieren un enfoque que combine empatía, contención emocional y tratamiento psicoterapéutico específico.

Construir un diálogo es el primer paso fundamental y para ello es central reconocer las emociones y miedos de la otra persona. Esto puede ser crucial para ayudar a la persona a comprender sus propias inseguridades y facilitar así una comunicación más abierta y el establecimiento de límites claros dentro de la relación.

El apoyo psicológico es crucial para explorar los orígenes de los celos y desarrollar estrategias personalizadas, y varios estudios han demostrado la eficacia de diferentes enfoques terapéuticos. Los celos mórbidos, como hemos visto, pueden presentarse en formas similares al trastorno obsesivo-compulsivo y, en estos casos, ser parcialmente tratables con psicoterapia conductual.

Cobb y Marks (1979) demostraron que ciertas técnicas conductuales, como la exposición con evitación de respuesta, el entrenamiento en habilidades sociales y la terapia de pareja, pueden reducir los rituales de control incluso en presencia de rumiación. Según Dolan y Bishay (1996), el trabajo específico sobre las creencias disfuncionales puede producir beneficios estables en el tiempo que también son confirmados por la pareja.

La eficacia de la psicoterapia cognitiva refuerza la idea de que los celos mórbidos se sustentan en procesos de pensamiento irracionales y que su reestructuración es crucial para aliviar el sufrimiento.

Otro enfoque es la terapia racional-emocional. Ellis (1989) subrayó que los celos se vuelven patológicos cuando se basan en creencias irracionales como la necesidad absoluta de ser amado, creencias que alimentan la inseguridad, la ira y la intolerancia a la frustración. La Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC) interviene identificando y modificando tales creencias, promoviendo respuestas emocionales más equilibradas.

Asimismo, la EMDR, desarrollada inicialmente para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático, también ha encontrado aplicación en los celos mórbidos cuando están relacionados con traumas previos. Blore (1997) describe el caso de un veterano de guerra en el que los celos patológicos, vinculados a recuerdos traumáticos de encarcelamiento, fueron tratados eficazmente con esta técnica, lo que sugiere cómo las experiencias traumáticas pueden constituir una base importante para la aparición del trastorno.

Es importante destacar que la búsqueda de ayuda profesional resulta crucial cuando los celos afectan negativamente a la vida cotidiana y a las relaciones. Esto puede ser un factor clave para facilitar el acceso al tratamiento. La motivación personal del paciente sigue siendo crucial para la eficacia del tratamiento (Cobb & Marks, 1979).

Foto de Negar Nikkhah - Unsplash

De la prevención a la educación: estrategias para reducir las conductas de riesgo

Los celos obsesivos pueden conducir no solo a malestar psicológico, sino también a comportamientos peligrosos. En este sentido, las estrategias de prevención y educación emocional desempeñan un papel central. Cultivar la confianza en uno mismo, desarrollar la conciencia emocional y mejorar las habilidades de gestión del estrés son formas útiles de reducir el riesgo de comportamientos disfuncionales.

La investigación científica demuestra que, para comprender realmente los celos, no basta con fijarse únicamente en los mecanismos biológicos: también hay que tener en cuenta el contexto evolutivo, cognitivo y social en el que surgen. Un importante análisis realizado por Harris (2003) demostró que las reacciones de celos pueden variar entre hombres y mujeres, pero no pueden explicarse simplemente por diferencias "de naturaleza": también entra en juego la forma en que pensamos, nos comunicamos y experimentamos las relaciones.

Teniendo esto en cuenta, algunos estudios han explorado el uso de estrategias de comunicación preventivas, basadas en la llamada teoría de la inoculación —un enfoque que, al igual que una vacuna psicológica, pretende fortalecer a las personas contra las emociones destructivas antes de que se vuelvan incontrolables—.

Por ejemplo, un estudio piloto de Sutton (2001) demostró que recibir mensajes de este tipo puede ayudar a las personas a enfrentarse a los celos de una forma más constructiva, lo que fomenta el diálogo y la concienciación en lugar del conflicto o la cerrazón. Aunque se trata de una investigación preliminar, estos resultados sugieren que educar sobre las emociones y la comunicación puede ser una de las claves para prevenir los efectos más dolorosos de los celos en las relaciones.

En resumen, las intervenciones experimentales nos ofrecen una gran oportunidad para comprender mejor los mecanismos de los celos obsesivos, pero es crucial no pasar por alto la importancia que la intervención clínica puede desempeñar en estas situaciones. El apoyo psicológico profesional puede ofrecer un espacio seguro para procesar los miedos y aprender estrategias personalizadas para gestionar el comportamiento disfuncional.

Convivir con los celos para no hundirse en ellos

Afrontar los celos obsesivos significa reconocer que luchar contra una emoción puede ser un reto muy doloroso que puede comprometer la calidad de vida y las relaciones. Sin embargo, mediante el trabajo terapéutico y el apoyo psicológico, es posible recuperar el sentido profundo de esta emoción compleja, reducir la intensidad de las obsesiones y devolver a los celos su función original: la de señalar una necesidad de seguridad, conexión y comunicación.

El objetivo terapéutico no es eliminar por completo los celos, sino reintegrarlos en una dimensión saludable, donde se conviertan en una oportunidad para el crecimiento personal y el fortalecimiento de la relación. La transición de los celos patológicos a los celos funcionales no es solo una liberación, sino también un paso hacia relaciones más equilibradas basadas en la confianza mutua.

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