En los últimos años, la identidad de género se ha convertido en un tema cada vez más presente en las conversaciones cotidianas, en los medios de comunicación, en los centros educativos y en el trabajo. Con ella han llegado también términos nuevos que pueden parecer complejos o lejanos.
“Cisgénero” es una de esas palabras que leemos a menudo, pero cuyo significado no siempre está claro para todo el mundo.
Este espacio está pensado para cualquier persona que quiera entender mejor el concepto, ya sea para explorar algo de sí misma o para aprender a relacionarse con más respeto y conciencia con las personas que la rodean. En este artículo encontrarás todo lo que necesitas para orientarte con claridad.
Qué significa cisgénero, explicado de forma sencilla
Con la palabra cisgénero nos referimos a una persona cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer. Dicho de otro modo, si al nacer te asignaron el sexo femenino y te identificas como mujer, o si te asignaron el sexo masculino y te identificas como hombre, eres una persona cisgénero.
La Universidad del País Vasco (UPV/EHU), en su Glosario de diversidad sexual y de género, recoge una definición de cisgénero basada en la correspondencia entre el género con el que se identifica una persona y el que se le atribuyó al nacer. Esta referencia ofrece un marco institucional en español para contextualizar el término (UPV/EHU, s. f.).
El término surge de la unión del prefijo latino “cis”, que significa “de este lado”, con la palabra “género”. No es casualidad: “cis” es justo lo contrario de “trans”, que en latín significa “al otro lado”. Los dos prefijos forman así una pareja simétrica, sin que ninguno de ellos implique un juicio de valor sobre el otro.
En el día a día, se usa a menudo la forma abreviada “cis”: hablamos de mujer cis (o mujer cisgénero) para referirnos a una persona a la que se asignó el sexo femenino al nacer y que se identifica como mujer, y de hombre cis (u hombre cisgénero, a veces con la expresión inglesa cis male) para una persona a la que se asignó el sexo masculino al nacer y que se identifica como hombre.

Cisgénero, sexo biológico y orientación sexual: aclaremos conceptos
También conviene aclarar un aspecto que a menudo genera confusión: ser cisgénero tiene que ver con la identidad de género, una dimensión independiente tanto del sexo biológico como de la orientación sexual. Estas tres dimensiones, de hecho, no se determinan entre sí:
- Sexo biológico: conjunto de características biológicas, como los cromosomas, las hormonas, la anatomía reproductiva y los caracteres sexuales, que se utilizan para clasificar a las personas como de sexo femenino o masculino, aunque existen variaciones intersexuales.
- Identidad de género: la vivencia interna y profunda de ser hombre, mujer u otra identidad de género.
- Orientación sexual: la atracción emocional, romántica o sexual hacia otras personas.
Por tanto, ser cisgénero no dice nada sobre a quién ama o desea una persona: se refiere solo a la relación entre cómo se percibe y el sexo que se le asignó al nacer.
El término cisgénero se difundió en los debates sobre identidad de género y en los espacios académicos y activistas para nombrar a las personas cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer. Su uso permite hablar de las experiencias cis y trans sin presentar una de ellas como la única referencia posible.
En 2015, el término entró en el Oxford English Dictionary, lo que supuso un reconocimiento formal de su valor lingüístico y cultural. Cisgénero no es un insulto ni una etiqueta negativa, sino un descriptor neutro.
Identidad de género: qué es en realidad
La identidad de género es la vivencia interna que una persona tiene de su propio género. Puede identificarse como hombre, mujer, con otra identidad o con ninguna de estas categorías, independientemente de cómo exprese su género ante los demás. No tiene que ver solo con cómo nos vemos en el espejo, sino con cómo nos percibimos por dentro, de forma auténtica y, a menudo, difícil de poner en palabras.
Es importante distinguirla de la expresión de género, que es la forma en que elegimos presentarnos al mundo: a través de la ropa, el lenguaje corporal o la manera de hablar. Dos personas pueden tener la misma identidad de género y expresarla de formas muy distintas. Como hemos visto en la sección anterior, la identidad de género y la orientación sexual son, además, dimensiones separadas e independientes.
Cuando hablamos de identidad de género, nos movemos en un espectro amplio y diverso: hay personas cisgénero, personas transgénero, personas no binarias, personas de género fluido (genderfluid) y muchas otras.
Diferencias entre cisgénero y transgénero
Para entender de verdad qué significa ser cisgénero, puede ser útil ponerlo en relación con su término complementario: transgénero.
Una persona transgénero es aquella cuya identidad de género no se corresponde con el sexo que se le asignó al nacer. Por ejemplo, si a alguien se le asigna el sexo masculino al nacer, pero su identidad profunda es femenina, esa persona puede identificarse como mujer transgénero.
Conviene distinguir la identidad transgénero de la disforia de género. Esta última se refiere al malestar clínicamente significativo que algunas personas pueden experimentar en relación con la incongruencia entre su identidad de género y el sexo que se les asignó al nacer. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022) recoge los criterios clínicos para evaluar esta experiencia.
Solo algunas personas transgénero experimentan disforia de género a lo largo de su vida, lo que pone de manifiesto que no identificarse como cisgénero no implica de forma automática sufrimiento o malestar (Malorni et al., 2022).
Cisexual, no binario e intersexual
El término cisexual también aparece en algunos contextos, aunque está mucho menos extendido que cisgénero y su uso no es uniforme. Por claridad, en este artículo utilizamos cisgénero para referirnos a la coincidencia entre la identidad de género y el sexo asignado al nacer. Existen, además, personas no binarias, que no se reconocen de forma exclusiva ni en el género masculino ni en el femenino, y personas intersexuales, que nacen con características biológicas que no encajan en las definiciones típicas de hombre o mujer.
Palabras como “cisgénero” y “transgénero” no tienen un significado fijo y universal. En uno de sus documentos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aclaró que muchas de las definiciones relacionadas con la identidad de género son dinámicas y evolucionan con el tiempo: su significado puede cambiar según el idioma, el periodo histórico y el contexto cultural en el que se utilizan (World Health Organization, 2024).
Ser cisgénero y no reconocerse en los estereotipos
Ser cisgénero no implica reconocerse en todos los estereotipos asociados al propio género. Un hombre cisgénero puede no sentirse cómodo con los modelos tradicionales de masculinidad, y una mujer cisgénero puede rechazar los roles femeninos convencionales sin que esto ponga en duda, ni por un momento, quién siente que es.
Explorar nuestra identidad y preguntarnos quiénes somos más allá de las expectativas sociales es un proceso sano y legítimo, no una señal de confusión que haya que resolver con prisa.
Sin embargo, si esta exploración genera un malestar persistente, que pesa en el día a día y que resulta difícil de gestionar por tu cuenta, puede ser útil hablar con un psicólogo, en un contexto seguro y libre de juicios.

El cisgenerismo: cuando lo cis se convierte en la norma
El cisgenerismo es la suposición implícita, a menudo inconsciente, de que la identidad cisgénero es la norma universal, el punto de partida con el que se mide todo lo demás. Esta idea se manifiesta en la cisnormatividad, es decir, en la tendencia de la sociedad a organizar espacios, lenguajes y expectativas como si todas las personas fueran cisgénero por definición.
Para quienes no se reconocen en esta norma, el mensaje implícito puede ser que su identidad es una excepción que deben explicar o justificar. En algunos casos, estas experiencias pueden afectar a la autoestima y al bienestar emocional. Por ejemplo, un estudio exploratorio del Ministerio de Igualdad sobre la inserción sociolaboral de las personas trans en España documentó experiencias de discriminación laboral relacionadas con la identidad de género (Ministerio de Igualdad, 2022).
¿Privilegio o factor de estrés?
El concepto de privilegio cisgénero hace referencia a las ventajas sociales que pueden tener las personas cisgénero, por ejemplo, no tener que justificar su identidad o enfrentarse a cuestionamientos sobre ella en trámites e interacciones cotidianas. La ausencia de estas ventajas puede contribuir a experiencias de discriminación y afectar al bienestar de las personas trans y no binarias.
Una investigación publicada en la revista JAMA Network Open puso de relieve que las personas pertenecientes a minorías sexuales o de género viven a menudo mayores desigualdades en salud y en el acceso a la atención sanitaria que las personas heterosexuales cisgénero. Esto ocurre a causa del estigma, la discriminación y lo que se conoce como estrés de minorías: el conjunto de experiencias como el prejuicio, el miedo constante al rechazo, la necesidad de ocultar la propia identidad o haber interiorizado mensajes negativos sobre quiénes somos.
Las personas pertenecientes a minorías sexuales y de género pueden experimentar desigualdades en la salud y en el acceso a la atención sanitaria. Entre los factores que pueden contribuir a estas diferencias se encuentran el estigma, la discriminación y el estrés asociado a las experiencias de rechazo o exclusión (Tran et al., 2023).
Relaciones con personas transgénero: emociones y dificultades
Relacionarte con una persona transgénero, ya sea un familiar, tu pareja o una amistad, puede hacer que surjan emociones inesperadas. Puedes sentir incomodidad, miedo a decir algo inadecuado o una culpa difícil de explicar.
Puedes permitirte no tener todas las respuestas, siempre que mantengas la disposición a escuchar. Eso sí, es fundamental no minimizar la experiencia de la otra persona, incluso en los momentos en que lo que vive te resulte lejano o difícil de comprender del todo.
Cuando la identidad de género surge en una conversación con un familiar, tu pareja o tus hijos, puedes ofrecer algo fundamental: escuchar con atención y mostrar respeto, incluso si todavía tienes dudas o te cuesta comprender algunas experiencias.
Para afrontar los prejuicios inconscientes, puedes empezar con pequeños pasos prácticos:
- Infórmate en fuentes fiables, como asociaciones especializadas o textos escritos por personas con experiencia directa, en lugar de quedarte solo con lo que has oído.
- Practica la escucha activa: cuando alguien te habla de su experiencia, resiste el impulso de interpretar o corregir y deja espacio a lo que quiere contarte.
- Usa un lenguaje respetuoso: pregunta qué pronombres prefiere, utiliza el nombre que ha elegido la persona y no trates estas atenciones como una carga, sino como una forma natural de respeto mutuo.
- Reconoce tus límites sin avergonzarte: puedes decir “no lo sabía” o “todavía estoy aprendiendo”.
El cambio no exige ser perfectos. Requiere curiosidad y disposición a crecer, incluso cuando resulta incómodo.

Cómo puede ayudarte la terapia a entenderte mejor
A veces, el simple hecho de preguntarnos “¿quién soy de verdad?” puede resultar más pesado de lo que esperábamos. Un proceso de psicoterapia puede ofrecer un espacio seguro y libre de juicios en el que explorar tu identidad de género con calma, sin la presión de tener que llegar enseguida a una respuesta definitiva.
No se trata solo de quienes atraviesan una etapa de duda o de confusión profunda. También quienes se identifican como cisgénero pueden encontrar valor en trabajar temas como la vergüenza relacionada con el cuerpo, el miedo a hablar con libertad de lo que sienten o las dificultades que surgen en la relación con personas LGBTIQA+ cercanas.
Algunas señales pueden indicar que el acompañamiento psicológico podría marcar la diferencia:
- un malestar persistente relacionado con tu identidad o con la de alguien cercano;
- conflictos relacionales recurrentes sobre estos temas, que parecen no resolverse;
- ansiedad o culpa difíciles de explicar, que reaparecen a menudo.
Acudir a un profesional de la psicología puede ayudarte a comprender mejor lo que sientes y a explorar estas cuestiones en un espacio de escucha y respeto.
Toda identidad merece respeto, también la tuya
Entender quién eres, incluso cuando la respuesta parece obvia, es un acto de autocuidado profundo. Ser cisgénero no significa que tu identidad no merezca atención o exploración: mereces conocerte, sentirte a gusto con quien eres y construir relaciones auténticas con las personas que te rodean.
Comprendernos es el primer paso para relacionarnos con respeto y apertura con todas las identidades de género.
Si sientes que algo te pesa, que algunas preguntas vuelven a menudo o que te gustaría tener un espacio en el que reflexionar sin juicios, pedir ayuda a un profesional es un acto de valentía y de amabilidad contigo y con quienes te acompañan.
Cuidar de nuestra salud mental cambia la forma en que nos relacionamos con el mundo. En Unobravo puedes empezar un proceso terapéutico con un psicólogo o psicóloga cuando sientas que ha llegado el momento, sin prisas y sin vergüenza.





