Sentirnos bien o no con nuestro cuerpo, con nuestra carrera profesional y hasta con las relaciones amorosas son algunos de los aspectos que trata la autoestima.
La autoestima es la percepción que tienen las personas sobre sí mismas y que puede afectar a su proyección con la sociedad. Pero se trata de algo muy complejo que no solo incluye la percepción, sino también la valoración individual. De modo que una persona puede preguntarse, por ejemplo, si es o no lo suficientemente válida para la familia, amigos y compañeros de trabajo.
Para entender cómo se forma la autoestima hay que remontarse a una edad temprana, ya que esta se ve influenciada por la educación, el entorno familiar y las experiencias personales, especialmente en el ámbito social. En este artículo exploramos qué es la autoestima en detalle, sus características, tipos y cómo podemos desarrollarla.
¿Qué es la autoestima según la psicología?
Empecemos por definir lo que significa autoestima desde un punto de vista psicológico. Si bien existen diferentes definiciones de autoestima, la más utilizada por los profesionales de la psicología es la siguiente:
“La autoestima es la percepción y valoración subjetiva que una persona tiene de sí misma, basada en la aceptación personal y en el autoconcepto, es decir, cómo se ve, siente y evalúa en relación con sus experiencias, habilidades y relaciones interpersonales.”
Como vemos, el concepto de autoestima y su significado van más allá de una simple evaluación positiva o negativa, ya que implica la aceptación personal y el autoconcepto, es decir, la percepción propia que se forma a través de experiencias y evaluaciones objetivas.
En psicología, la autoestima siempre ha sido un concepto muy investigado y relevante, y a nivel clínico se han documentado diferentes estrategias para conseguir que una persona aumente su autopercepción positiva, como:
- Usar un diálogo interno para enviar mensajes positivos a la mente.
- Estimular las habilidades para resolver problemas.
- Ayudar a interpretar situaciones o eventos que no dependen de la persona de una forma más positiva para la autoestima. Recuerda que no es posible controlarlo todo y las acciones de otros no dependen de ti.
- Modificar estándares cognitivos. Por ejemplo, evitar la creación de expectativas excesivamente altas.
- Mejorar las habilidades comunicativas.
La psicología y sus disciplinas concluyen que la autoestima juega un papel fundamental en la relación de los seres humanos con otras personas y en el desarrollo personal. Por ejemplo, alguien puede sentirse merecedor de ciertos tratos amorosos o maltratos en función de su nivel de autoestima. En particular, la autoestima en la pareja afecta significativamente cómo nos valoramos y cómo nos permitimos ser tratados en una relación.
Asimismo, hay investigaciones que han demostrado que la autoestima alta se relaciona fuertemente con la felicidad y, aunque la causalidad no está completamente establecida, se considera que la alta autoestima conduce a una mayor felicidad (Baumeister et al., 2003).
Importancia de la autoestima en la salud mental
La autoestima, desde la perspectiva de la psicología clínica, representa un aspecto fundamental para el bienestar emocional y puede ayudar a prevenir diferentes dificultades psicológicas. Contar con una autoestima saludable suele funcionar como un recurso de protección frente al estrés, los fracasos o las críticas, y facilita la adaptación y la resiliencia ante los retos cotidianos.
De acuerdo con investigaciones recientes en Salud mental, mantener una autoestima adecuada puede contribuir a prevenir situaciones como la depresión, la ansiedad y los trastornos de la conducta alimentaria, ya que influye en la manera en que cada persona interpreta y afronta los desafíos diarios.
Diversos estudios han evidenciado que una baja autoestima está relacionada con una amplia variedad de trastornos mentales y problemas sociales, incluyendo problemas internalizantes (como depresión, tendencias suicidas, trastornos alimentarios y ansiedad) y externalizantes (como violencia y abuso de sustancias) (Mann et al., 2004).
En la práctica clínica, los profesionales de la psicología suelen observar que trabajar sobre la autoestima no solo ayuda a mejorar la percepción que la persona tiene de sí misma, sino que también puede favorecer la recuperación y la prevención de recaídas en diferentes dificultades emocionales. Por este motivo, la autoestima suele considerarse un objetivo terapéutico prioritario en muchas intervenciones psicológicas.
Manifestaciones clínicas de la autoestima: ejemplos y señales
En la consulta psicológica, la autoestima suele reflejarse en diferentes actitudes, pensamientos y comportamientos que pueden observarse tanto en personas con autoestima saludable como en quienes experimentan una autoestima baja. Algunas señales de una autoestima saludable pueden ser:
- Capacidad para reconocer y aceptar errores: la persona reconoce sus equivocaciones y puede aceptarlas sin que esto afecte de manera significativa su autovaloración.
- Asertividad en la comunicación: expresa sus necesidades y opiniones de forma clara y respetuosa, sin sentir un temor excesivo al rechazo.
- Resiliencia ante la crítica: tolera las críticas constructivas y puede aprender de ellas, sin que su autoconcepto se vea amenazado.
Por otro lado, una autoestima baja suele manifestarse en:
- Autocrítica constante: la persona tiende a juzgarse de manera severa y a restar importancia a sus logros.
- Dificultad para aceptar cumplidos: puede sentir incomodidad o desconfianza cuando recibe reconocimiento positivo.
- Evitar desafíos o nuevas experiencias: el miedo a equivocarse o a ser juzgada limita su iniciativa y su desarrollo personal.
Estos ejemplos pueden ayudar a identificar cómo se expresa la autoestima en la vida cotidiana y por qué resulta importante abordarla en el contexto del cuidado de la salud mental.
Diferencias entre autoconcepto y autoestima
El autoconcepto y la autoestima son conceptos relacionados, pero con diferencias significativas.
- El autoconcepto se refiere a la imagen mental que una persona tiene de sí misma, una construcción cognitiva de sus habilidades, características, y su identidad en general. Este concepto abarca la forma en que una persona se ve en diversas áreas de su vida, como en sus relaciones, sus capacidades académicas o laborales, y su apariencia física.
- La autoestima es la valoración emocional que una persona otorga a ese autoconcepto, es decir, el grado de aceptación y aprecio hacia su propia imagen y características personales.
La principal diferencia entre autoconcepto y autoestima radica en que el autoconcepto es una evaluación más objetiva y descriptiva, mientras que la autoestima es evaluativa y tiene una carga emocional. Algunos ejemplos de autoestima pueden ser una persona que, a pesar de reconocer sus logros y habilidades, no se valora a sí misma (autoestima baja), en contraste con otra que, aunque tiene limitaciones, encuentra valor en sí misma (autoestima alta).
Por su parte, algunos ejemplos de autoconcepto positivo pueden ser una persona que reconoce sus habilidades o logros sin necesariamente tener una alta autoestima, ya que puede no valorarse o sentirse inseguro. Y, al contrario, una persona con un autoconcepto menos positivo puede desarrollar una alta autoestima si es capaz de aceptar sus limitaciones y encuentra valor en sí misma, independientemente de sus características objetivas.
Es importante comprender estas diferencias entre autoestima y autoconcepto para poder trabajar eficazmente en el desarrollo personal y en una terapia psicológica.
¿Qué determina cuánta autoestima tienes?
La autoestima se va desarrollando desde la infancia y marca la relación que una persona tiene consigo misma. Todas las personas cuentan con su propia proyección mental y la manera en la que se perciben, lo que influye en si su autoestima es positiva o negativa, así como alta o baja. Además, la autoestima está estrechamente relacionada con la percepción del propio valor en los ojos de los demás, abarcando tanto la sensación de adecuación personal —es decir, sentirse valioso o con estatus— como la conexión social, que implica sentirse querido, aceptado o incluido (Rimes et al., 2023).
Aunque la autoestima no es un rasgo hereditario en el sentido genético, ciertos patrones de comportamiento y autopercepción pueden transmitirse indirectamente de una generación a otra a través de la crianza. El entorno en el que se crece y las relaciones con los padres van definiendo los niveles de autoestima.
En definitiva, la educación en el hogar, la relación con los amigos, el entorno escolar, social y familiar contribuyen a forjar la autoestima. Por ejemplo, la relación entre una madre narcisista y su hija puede desencadenar problemas como el body shaming o la vergüenza que una mujer tiene sobre su propio cuerpo. Esto es algo que no solo se limita a la relación entre madre e hija, sino también se extiende a los hijos e incluso, entre padres e hijos y entre hermanos.
La percepción que una persona tenga sobre sí misma puede llevarla a involucrarse en relaciones tóxicas que podrían reducir los niveles de autoestima o destruirla por completo. Por ejemplo, uno de los miembros de la pareja puede hacer que el otro se vea a sí mismo de manera negativa o pierda la autoestima que tenía. En algunos casos, el miedo a no ser suficiente hace que una persona tolere tratos negativos o incluso busque validación en relaciones que son poco saludables.

Consecuencias de la baja autoestima en la vida diaria
La baja autoestima puede influir no solo en cómo una persona se percibe a sí misma, sino también en sus relaciones sociales, en su desempeño académico o laboral y en su bienestar general. Algunas de las consecuencias más habituales de una autoestima baja incluyen:
- dificultades en las relaciones interpersonales, donde las personas pueden experimentar dependencia emocional o temor al abandono o evitación social;
- disminución en el rendimiento, ya que la inseguridad y el miedo a no alcanzar los objetivos pueden hacer que se eviten nuevos retos o que no se aprovechen oportunidades de crecimiento personal y profesional;
- mayor vulnerabilidad a trastornos psicológicos, una autoestima baja puede aumentar la fragilidad a experimentar depresión, ansiedad o trastornos de la conducta alimentaria;
- tendencia al aislamiento social, ya que el temor al juicio o la sensación de no ser suficiente pueden llevar a evitar situaciones sociales, lo que puede aumentar la soledad y el malestar emocional.
Además, hay investigaciones que han demostrado que los adolescentes con baja autoestima presentan peor salud mental y física, peores perspectivas económicas y mayores niveles de conducta delictiva en la adultez, en comparación con quienes tienen alta autoestima (Trzesniewski et al., 2006).
Identificar estas consecuencias resulta esencial para comprender por qué es importante abordar la autoestima desde una perspectiva psicológica y preventiva.
Tipos de autoestima
La autoestima se manifiesta en distintos tipos que pueden influir de varias maneras en nuestro comportamiento y en la percepción de nosotros mismos. Cada tipo de autoestima tiene características particulares y efectos específicos sobre el bienestar psicológico y las relaciones interpersonales.
Autoestima alta y estable
Este tipo de autoestima se caracteriza por una valoración positiva y constante de uno mismo.
Según Nathaniel Branden (1994), considerado como uno de los padres de la autoestima y pionero en investigarla, las personas con esta forma de autoestima suelen tener una percepción clara de sus capacidades y limitaciones, pero mantienen una actitud de aceptación y respeto hacia sí mismas independientemente de las circunstancias externas. Esta estabilidad proporciona una base sólida para manejar las dificultades y para tomar decisiones personales de forma coherente y autónoma.
Autoestima baja y estable
Las personas con autoestima baja y estable mantienen una visión negativa y persistente de sí mismas. Rosenberg (1965) sugiere que estas personas experimentan una constante autocrítica y dudas sobre su valor, lo que frecuentemente conduce a problemas como depresión y ansiedad. La estabilidad de esta percepción negativa hace difícil para ellos ver mejoras posibles, creando un ciclo de autodesvalorización que puede ser difícil de romper.
Autoestima alta e inestable
Este grupo incluye a individuos que generalmente se valoran positivamente, pero cuya autoestima es susceptible a los cambios debido a factores externos. Baumeister et al. (2003) argumentan que este tipo de autoestima puede llevar a comportamientos de riesgo cuando estas personas se sienten amenazadas, pues la necesidad de mantener una imagen positiva puede provocar reacciones defensivas ante críticas o fracasos.
Autoestima baja e inestable
En este caso, las personas no solo tienen una percepción negativa de sí mismas, sino que también experimentan fluctuaciones significativas en cómo se sienten respecto a sí mismas. Esta inestabilidad emocional puede llevar a problemas de autoestima y envidia, ya que suelen sentirse inferiores o menos exitosas que los demás.
El psicólogo Michael Kernis, quien ha estudiado el factor de estabilidad en la autoestima, postula que esta variabilidad puede resultar en mayor vulnerabilidad a trastornos emocionales, como la depresión (Kernis, 1991).
Además, se ha demostrado que la estabilidad de la autoestima predice aspectos del funcionamiento psicológico más allá del nivel general de autoestima (Kernis, 2005), lo que resalta la importancia de considerar no solo cómo se valora una persona a sí misma, sino también la consistencia de esa valoración a lo largo del tiempo.
Las personas con este tipo de autoestima pueden tener momentos de sentirse competentes, pero estos son generalmente temporales y fácilmente desestabilizados por contratiempos. La inestabilidad en la autoestima aumenta la vulnerabilidad a desarrollar un problema de autoestima severo, ya que la constante variabilidad emocional puede llevar a trastornos emocionales como la depresión y la ansiedad, afectando el bienestar psicológico y las relaciones personales.
Para una evaluación inicial de estos tipos o niveles de autoestima, existen distintas herramientas y test de autoestima que pueden ayudar a una persona a obtener una idea más clara de su autopercepción y a identificar posibles áreas en las que trabajar.
La importancia de quererse a uno mismo
¿Por qué es tan importante la autoestima? La percepción que tengas sobre ti repercute directamente en la salud mental. De hecho, como sabemos por el efecto Pigmalión, las expectativas que depositamos en los demás o en nosotros mismos pueden influir en nuestro comportamiento.
El amor propio y la autoestima son factores clave para establecer una relación saludable con uno mismo y, por extensión, con los demás. Un adecuado desarrollo de bienestar, autoestima y felicidad permite a la persona vivir de manera más plena y estable, construyendo una vida emocional más resiliente y satisfactoria.
En cambio, con una autoestima baja no es posible interactuar de manera sana con el medio que te rodea. Por ejemplo, cuando se atraviesa por un momento en el que la autoestima está baja, los ataques de otras personas pueden perturbar las emociones y desencadenar situaciones de estrés y ansiedad. Asimismo, con una baja autoestima, es más probable que desarrollemos problemas como un complejo de superioridad para compensar una inseguridad patológica.
Estar bien con nosotros mismos implica querernos y aceptarnos tal como somos de forma incondicional. Una persona que tiene una buena autoestima es capaz de mantener la calma, reaccionar con asertividad ante innumerables situaciones y sentirse bien con su forma de actuar.
Fortalecer la autoestima fomenta el autocuidado y ayuda a prevenir la aparición de ciertos trastornos psicológicos como la ansiedad o la depresión, así como permite crear una base óptima para relacionarse con otras personas. En definitiva, nuestra autoestima determina la forma en la que cada uno de nosotros se comporta con nuestro entorno.

¿Existen distintos niveles de autoestima?
Otra forma de entender la autoestima es mediante niveles, en lo que se conoce como la pirámide de la autoestima. Este concepto de pirámide refleja cómo, desde las bases del autoconocimiento y la aceptación personal, se va construyendo una autoestima más fuerte, estable y resiliente.
Estos son los niveles de la pirámide de abajo hacia arriba:
- Autoconocimiento
La base de la pirámide es el autoconocimiento. En este nivel, la persona se familiariza con sus propias características, cualidades y limitaciones, lo que le permite tener una imagen clara de quién es. Este conocimiento es fundamental, ya que sin una comprensión clara de uno mismo, es difícil desarrollar una autoestima sólida.
- Autoaceptación
Una vez que la persona se conoce, el siguiente paso es la autoaceptación. Esto implica aceptar tanto las propias fortalezas como las debilidades, sin juzgarse de manera negativa. La autoaceptación es esencial para evitar una visión distorsionada de uno mismo y permite que la persona se sienta en paz con quien es, incluso con sus imperfecciones.
- Autovaloración
Sobre la autoaceptación se construye la autovaloración. Este nivel implica reconocer el propio valor independientemente de los logros o el reconocimiento externo. La persona empieza a apreciar sus propias cualidades y habilidades, desarrollando una visión de sí misma más positiva y confiada.
- Autorrespeto
En el siguiente nivel de la pirámide está el autorrespeto, que es la capacidad de defender los propios límites, necesidades y valores. En esta etapa, la autoestima y la dignidad se refuerzan mutuamente, permitiendo que la persona mantenga límites saludables, actúe en congruencia con lo que piensa y evite situaciones o relaciones que comprometan su integridad emocional.
- Autoconfianza
Cuando se han consolidado el autoconocimiento, la autoaceptación, la autovaloración y el autorrespeto, se puede construir una autoconfianza sólida. Autoconfianza y autoestima son conceptos que están estrechamente relacionados, ya que la capacidad de confiar en las propias habilidades y decisiones es una parte esencial de una autoestima estable y saludable. Esta confianza permite a la persona enfrentar retos y adversidades con una actitud positiva.
- Autoestima alta y estable
En la cúspide de la pirámide se encuentra la autoestima alta y estable. En este nivel, la persona tiene una valoración positiva de sí misma que no depende de las circunstancias externas ni de los logros puntuales. Este tipo de autoestima se mantiene estable a lo largo del tiempo, proporcionando una base sólida para el bienestar emocional y para relacionarse con los demás de manera sana y respetuosa.
¿Cómo desarrollar una relación más saludable con nosotros mismos?
La percepción que tienes de ti mismo se forma desde la infancia mediante la experiencia y el aprendizaje. Esta percepción está influida por la educación que recibiste en casa, así como por las relaciones que has desarrollado con tus padres, hermanos, amigos e incluso profesores en la escuela. Sin embargo, a lo largo de la vida, esta percepción puede variar según nuestras experiencias. Pasamos por fases en las que nos sentimos más seguros y confiados y otras en las que eso cambia.
Si te sientes insatisfecho contigo mismo, sientes que no eres suficiente o que no mereces relaciones personales o laborales satisfactorias, o si los conflictos familiares y las opiniones de otros afectan tu tranquilidad, puede ser que te encuentres en una etapa donde percibas una baja confianza en ti mismo y te estés planteando cómo mejorar la autoestima.
Emprender un proceso de terapia con un psicólogo o psicóloga para la autoestima puede ser una manera eficaz para comprender qué es lo que te está haciendo daño, por qué no te sientes bien contigo mismo/a y qué medidas puedes tomar para ayudarte a quererte y aceptarte tal y como eres.





