La inseguridad es ese estado de ánimo provocado por el hábito de creer que no se puede, por la tendencia a imaginar futuros nefastos, malos finales, fracasos y desastres que desalientan los intentos y provocan así la derrota anunciada. Tener una personalidad insegura se caracteriza por expectativas negativas que alimentan la espiral de desvalorización, limitan la autonomía y hacen que la persona pueda perseguir continuamente confirmaciones de su sensación de inadecuación.
Podríamos decir que guarda relación con el síndrome de Casandra, que desde la perspectiva psicológica es una tendencia a formular sistemáticamente profecías adversas sobre el propio futuro y el de los demás (muchas veces negativas), para acabar realizando la catástrofe pronosticada, lo que hace que aumente el riesgo de ansiedad y desmotivación, y perpetúa la inseguridad. Pero, ¿de dónde viene la inseguridad y cómo puede superarse? ¿Cuándo se vuelve inseguridad patológica?
¿Cómo se manifiesta la inseguridad? Síntomas comunes
Las personas con inseguridad a menudo experimentan una serie de señales emocionales y conductuales. Reconocerlas es el primer paso para poder gestionarlas. Algunos de los síntomas más habituales son:
- Dudas constantes: dificultad para tomar decisiones, desde las más pequeñas a las más importantes, por miedo a equivocarse o el miedo a la imperfección.
- Necesidad de aprobación externa: buscar constantemente la validación de los demás para sentirse seguro sobre las propias acciones u opiniones.
- Comparación social: tendencia a medirse con los demás, habitualmente sintiéndose inferior o envidiando sus logros.
- Hipersensibilidad a la crítica: tomar cualquier comentario negativo como una confirmación de la propia falta de valía.
- Perfeccionismo y autoexigencia: fijarse metas poco realistas y sentir una gran frustración ante el más mínimo error.
- Aislamiento social: evitar situaciones sociales por miedo a ser juzgado o no saber cómo actuar.
Tipos de inseguridad
La inseguridad hace que se desperdicien talentos y oportunidades, se convierte en la causa del autosabotaje y es una lacra en nuestras relaciones con los demás. Hay muchos contextos en los que se puede experimentar una sensación de inseguridad, que a veces puede llegar a ser patológica. Podemos sentir diferentes tipos de inseguridad y en distintas áreas de nuestras vidas:
- Inseguridad en el amor o en la pareja: se suele asociar con la dependencia emocional, la baja autoestima en el amor y la ansiedad sexual.
- Inseguridad física: puede reflejarse en malos y arriesgados hábitos alimenticios (cuando afecta a la apariencia física puede incluso dar lugar a afecciones como la dismorfia corporal).
- Inseguridad en el trabajo: a menudo relacionada con miedos como el miedo a no estar a la altura o el miedo a hablar en público.
- Inseguridad emocional con uno mismo: dificultad para regular emociones o confiar en el propio juicio.
- Inseguridad femenina —en la que con frecuencia puede darse el síndrome del impostor— o, por el contrario, inseguridad con las mujeres, que puede llevar a actitudes relacionadas con la misoginia y el rechazo a las mujeres.
- Inseguridad masculina o inseguridad con los hombres.
Pero, ¿cuáles son las causas de la inseguridad patológica?

Las causas de la inseguridad: creencias sobre uno mismo
Muchas personas han comprendido cómo las creencias propias influyen en su presente y su futuro. Todo pasa por el filtro de las expectativas y las predicciones.
Según la teoría de la disonancia cognitiva y la autopercepción, las personas cambian de actitud para alinearse con lo que profesan. En esta dirección van también efectos como el placebo, la expectativa y el pigmalión, muestran cómo las expectativas influyen en la percepción y conducta, reforzando patrones de autovaloración negativa.
También merece la pena reflexionar sobre hasta qué punto el pensamiento se traduce en actitud y esta repercute en uno mismo y en los demás, hasta llegar a alterar sustancialmente la realidad. Por ejemplo, es el caso del efecto Pigmalión, según el cual, si un profesor cree que un niño está menos dotado que los demás, tenderá a tratarle de forma diferente. Este juicio será interiorizado por el niño, que se dará cuenta.
Esto también es cierto en el sentido contrario. En el lado opuesto a las creencias negativas sobre las propias capacidades y el pensamiento de que el control de los acontecimientos no depende de uno mismo, sino de factores externos, se encuentra la percepción de autoestima y la de la autoeficacia, así como la creencia de que uno puede intervenir en los acontecimientos de su vida y cambiarlos.
Según el psicólogo Bandura, la autoeficacia es la creencia en la propia capacidad para producir determinados resultados de forma eficaz. Quienes la poseen se perciben a sí mismos como capaces de hacer frente a las dificultades, de manejar el fracaso y, al hacerlo, son más proclives a recibir comentarios sobre la eficacia de su gestión, así como el reconocimiento y la confianza de los demás, lo que hace que encuentren en estas actitudes remedios para la inseguridad.
¿Cuál es el origen de la inseguridad?
La inseguridad no aparece de la nada. Suele ser el resultado de una combinación de factores que se han ido acumulando a lo largo del tiempo. Las causas más comunes incluyen:
- Experiencias en la infancia: crecer en un entorno con críticas constantes, sobreprotección o padres excesivamente exigentes puede sentar las bases de una autoimagen negativa.
- Experiencias traumáticas: situaciones de acoso escolar (bullying), fracasos repetidos o rechazo social pueden dejar cicatrices emocionales profundas que alimentan la inseguridad.
- Baja autoestima: la inseguridad y la autoestima están estrechamente vinculadas. Una percepción negativa de uno mismo suele ser al mismo tiempo causa y consecuencia de la inseguridad, lo cual puede crear un círculo vicioso difícil de romper. Realizar un test de autoestima puede ser un primer paso para trabajar una autoestima baja.
- Creencias limitantes: interiorizar pensamientos como “no soy suficiente”, “siempre me equivoco” o “no sé hacer nada” puede condicionar nuestras acciones y refuerza la inseguridad.
¿Cuándo se convierte la inseguridad en patológica?
La premisa necesaria es que no existe una respuesta exhaustiva a esta pregunta. La inseguridad patológica se caracteriza clínicamente por intensidad, persistencia y malestar funcional significativo. La personalidad se estructura gracias a la concomitancia de innumerables factores, es comparable a un vaso donde se depositan las experiencias, los encuentros y las vivencias, especialmente las traumáticas. Sin embargo, se puede afirmar con certeza que sus cimientos se asientan en la infancia por las figuras parentales y de referencia, a través de las normas, el pensamiento y el ejemplo.
La inseguridad patológica también fue analizada por el padre del psicoanálisis S. Freud, según el cual es en el superyó donde confluyen estos condicionamientos, estructurando así un "juez interior" que nos lleva a sufrir los efectos de la vergüenza y también una cierta "anestesia emocional".
Las normas y modelos transmitidos por los padres se interiorizan, proporcionando límites dentro de los cuales actuar y dando lugar a juicios y expectativas. A veces, este juez se convierte en un auténtico perseguidor, con el efecto de paralizar, provocar baja autoestima, depresión y generar inseguridad crónica.
Esto ocurre cuando los modelos de referencia son exageradamente estrictos. Es el caso de un padre perfeccionista o punitivo, que tiende a hacer hincapié en los errores del niño en lugar de valorar sus buenas acciones. Este acabará adaptándose a dicha educación, tratando siempre de no cometer errores para protegerse de una reprimenda, desarrollará una tendencia a no hacer y a retraerse y consolidará su convicción de que es propenso a cometer errores.
Inseguridad patológica: otras causas
Otros factores que contribuyen a aumentar la inseguridad y la percepción de fracaso son los objetivos inalcanzables y las expectativas excesivamente altas de uno mismo y de los demás.
El hábito del perfeccionismo, el miedo al rechazo y la fijación de objetivos difíciles de alcanzar son actitudes que generan miedo a defraudar las expectativas y a no completar la tarea fijada, desalentando la proactividad y provocando ansiedad por inseguridad. Cuando se tienen estas actitudes también es más probable que la persona pueda desarrollar problemas como un complejo de superioridad para compensar inseguridades y subir la autoestima.

Consecuencias de la inseguridad en tu vida
Vivir con una inseguridad constante puede afectar negativamente a múltiples áreas de tu vida, limitando tu potencial y bienestar. Algunas de las consecuencias más frecuentes son:
- Problemas en las relaciones: puede generar celos, dependencia emocional o, por el contrario, aislamiento y dificultad para intimar.
- Limitaciones profesionales: a causa del miedo a asumir nuevos retos, a hablar en público o a pedir un ascenso, lo que frena el crecimiento laboral.
- Ansiedad y estrés crónicos: la preocupación constante por el juicio de los demás y el miedo a fallar pueden generar un estado de alerta continuo.
- Procrastinación y autosabotaje: dejar las cosas para más tarde o abandonar proyectos por miedo a no estar a la altura.
Cómo combatir la inseguridad
Un elemento clave para combatir la inseguridad es fijarse objetivos concretos, alcanzables y a corto plazo, lo cual puede contribuir a que la persona se sienta a la altura de la tarea y dispuesta a intentarlo —lo que a su vez ayuda a aumentar las probabilidades de éxito—. Por el contrario, alimentar expectativas de perfección expone a la persona a repetidas decepciones.
A través de la experiencia nos evaluamos a nosotros mismos y predecimos el futuro, por eso experimentar el éxito nos convence de que somos capaces de volver a tener éxito. Mientras que las experiencias repetidas de fracaso alimentan la percepción de inseguridad y miedo, lo que puede dar lugar a experiencias traumáticas de fracaso repetido.
Superar la inseguridad: entre la aceptación y el cambio
Para cualquier persona que se escuche a sí misma, se abre un camino hacia el cambio. Ser tu propio e inestimable compañero de viaje es importante, así como desarrollar sentimientos de:
- Autocompasión: hay que ser indulgente con uno mismo, no demasiado exigente ni duro. Saber reconocer la difícil tarea de existir y tomar conciencia de las herramientas y circunstancias, así como de los resultados, es fundamental para construir un enfoque saludable del problema.
- Autoconciencia: peculiaridades, límites, inclinaciones, sentimientos. Desarrollar la conciencia sobre todo de los propios automatismos, buscar sus raíces en el pasado, reconstruir la propia historia y darse cuenta de que una vez fueron funcionales y hoy ya no lo son. Readaptarse al aquí y ahora con las nuevas herramientas y condiciones.
Cómo afrontar y superar la inseguridad
Aunque superar la inseguridad es un proceso, existen estrategias concretas que puedes empezar a aplicar hoy mismo para construir tu confianza.
Muchas de estas estrategias se basan en la terapia cognitivo-conductual (TCC), cuya eficacia para mejorar la baja autoestima ha sido respaldada por la investigación. Una revisión sistemática encontró que las intervenciones de TCC en sesiones semanales mostraron un tamaño del efecto grande en la mejora de la autoestima (Kolubinski et al., 2018).
En el espacio seguro de la terapia, es posible aprender a:
- Identificar y cuestionar los pensamientos negativos: por ejemplo, cuando aparece una idea como “no puedo hacerlo”, podemos preguntarnos “¿qué pruebas tengo de que es verdad? ¿Y si intentara verlo de otra forma?”
- Enfocarse en las fortalezas: hacer una lista de nuestras cualidades y logros pasados para poder leerla cuando sea necesario para recordar nuestra valía.
- Establecer metas pequeñas y realistas:en lugar de un gran objetivo que pueda ser abrumador, podemos dividir nuestras metas en pequeños pasos alcanzables. Cada éxito puede contribuir a reforzar tu confianza.
- Dejar de compararnos: recordar que en las redes sociales y en la vida, la gente suele mostrar solo su mejor cara. De modo que es importante centrarnos en nuestro propio camino y progreso.
- Practicar la autocompasión: tratarnos con la misma amabilidad con la que trataríamos a un amigo que está pasando por un mal momento. El error es parte del aprendizaje.
Encuentra el apoyo que necesitas para recuperar tu confianza
Reconocer la inseguridad y su impacto en tu vida es un acto de valentía. A veces, los consejos prácticos no son suficientes y necesitamos el acompañamiento de un profesional para desentrañar las raíces del problema y construir una autoestima sólida. Un psicólogo puede ofrecerte un espacio seguro para explorar emociones y creencias limitantes, y brindarte herramientas personalizadas para que te reencuentres con tu valía y desarrolles todo tu potencial.
Si sientes que la inseguridad afecta a tu bienestar, en Unobravo, estamos aquí para acompañarte en ese camino y ayudarte a encontrar tu psicólogo online.





