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Salud mental
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Misoginia: el odio a las mujeres

Misoginia: el odio a las mujeres
Redacción Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
3.2.2026
Misoginia: el odio a las mujeres
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El concepto de misoginia evoca imágenes y sentimientos de aversión o menosprecio hacia las mujeres. Se trata de un fenómeno persistente a lo largo de la historia que ha permeado en muchos ámbitos de nuestra sociedad. Pero, ¿cuál es el origen de la misoginia? ¿Qué significa “ser un misógino”?

En este artículo explicamos qué es la misoginia, cuáles son sus causas y consecuencias, en qué consiste el comportamiento misógino y algunos ejemplos de realidades cotidianas en las que la misoginia hace acto de presencia.

Misoginia: definición y origen del término

La etimología de la palabra misoginia nos lleva a sus raíces griegas: misein, que significa "odiar", y gynē, que se traduce como "mujer". Según la RAE, la definición de misoginia es:

“Aversión a las mujeres.”

Este término no solo abarca el desprecio o el odio a la mujer, sino que también refleja un miedo subyacente que podría remitir al hecho de que las mujeres desafíen el estatus dominante tradicionalmente asignado a los hombres.

El significado de misógino se relaciona directamente con esta definición y se refiere a una persona que muestra misoginia o aversión hacia las mujeres. A lo largo de la historia, la palabra misoginia ha sido utilizada para describir una actitud que va más allá de la discriminación de género, implicando una profunda desigualdad y un prejuicio arraigado en la mayoría de las sociedades.

La historia de la misoginia se traduce en una marginación de las mujeres a roles subordinados, justificando su exclusión de ciertas funciones sociales. A lo largo de la historia, lo femenino se ha subvalorado y estigmatizado, y el desarrollo personal de las mujeres se ha visto limitado: desde Aristóteles y la Grecia clásica —una sociedad profundamente patriarcal donde las actitudes misóginas eran comunes y socialmente aceptadas—, hasta las cacerías de brujas y la imagen de la "femme fatale" en el cine.

Este legado, fruto de una sociedad patriarcal, ha minimizado cualquier tipo de contribución femenina en ámbitos como el académico, el literario, el social, etc.

Diferencias entre misoginia, machismo y sexismo

Aunque los términos misoginia, machismo y sexismo suelen utilizarse de manera similar, es importante diferenciarlos para comprender con mayor claridad el fenómeno de la misoginia.

  • Misoginia: se refiere a un rechazo, desprecio o aversión profunda hacia las mujeres. Puede manifestarse a través de actitudes, comportamientos y estructuras sociales que buscan menospreciar o dañar a las mujeres por el hecho de serlo.
  • Machismo: es un conjunto de creencias o una ideología que sostiene la superioridad del hombre sobre la mujer. El machismo fomenta la dominación masculina y la subordinación femenina, aunque no siempre se basa en el odio, sino en una visión jerárquica de los géneros.
  • Sexismo: hace referencia a la discriminación basada en el sexo o género, tanto hacia mujeres como hacia hombres, aunque históricamente ha afectado más a las mujeres. El sexismo puede ser evidente o sutil y se expresa a través de normas, leyes y prácticas sociales que mantienen la desigualdad.

Por ejemplo, una persona puede mostrar actitudes sexistas al considerar que ciertos trabajos son "solo para hombres", tener una visión machista al pensar que los hombres deben tomar todas las decisiones importantes en la familia y manifestar misoginia si expresa rechazo o desprecio directo hacia las mujeres.

¿En qué consiste el comportamiento misógino?

“¿Qué es ser misógino?”

En pocas palabras, el comportamiento misógino consiste en adoptar una actitud de odio hacia las mujeres y actuar de manera injusta o dañina hacia ellas. Ahora bien, tener una actitud misógina implica mucho más que una simple antipatía hacia las mujeres, se trata de una actitud compleja que se manifiesta tanto a nivel cultural como psicológico.

Culturalmente, la misoginia se refleja en normas, prácticas y creencias que perpetúan la inferioridad, el desprecio o el odio hacia las mujeres. Por ejemplo: creer que se puede hacer lo que se quiera con una mujer, con consentimiento sexual o sin él. Psicológicamente, puede considerarse como una predisposición o un conjunto de actitudes arraigadas que llevan a una persona a menospreciar a las mujeres, ya sea de manera manifiesta o sutil.

Identificar a una persona con un comportamiento misógino no siempre es sencillo, ya que a menudo pueden presentarse inicialmente como personas encantadoras y seductoras. Sin embargo, un patrón común es el trato diferencial y despectivo hacia las mujeres en comparación con los hombres.

Asimismo, el comportamiento misógino se suele caracterizar por una conducta inconsistente, la apropiación de ideas femeninas sin reconocerlas y la adopción de actitudes tanto demandantes como evasivas en las relaciones sexuales. Estos comportamientos reflejan una actitud subyacente de menosprecio y control hacia las mujeres.

En las relaciones, su comportamiento puede variar entre ser excesivamente controlador y desinteresadamente negligente, dependiendo de lo que él perciba que la mujer espera de él. Su competitividad se agudiza especialmente cuando una mujer tiene éxito, mostrando una doble moral a la hora de evaluar lo que es un hombre y una mujer.

Manifestaciones y características de la misoginia

La misoginia puede manifestarse de muchas maneras, desde actitudes sutiles hasta comportamientos que resultan abiertamente hostiles. Algunas de las formas más habituales en las que puede aparecer son:

  • Lenguaje despectivo o humillante: empleo de insultos, bromas o comentarios que ridiculizan, minimizan o sexualizan a las mujeres.
  • Desacreditación de logros femeninos: restar valor a los logros de una mujer o atribuir su éxito a factores externos, como la suerte o la ayuda de otra persona, en lugar de reconocer su propio mérito.
  • Control y limitación de la autonomía: imponer restricciones a la libertad de las mujeres, ya sea en el entorno familiar, laboral o social, justificando estas acciones como "protección" o "tradición".
  • Doble moral: valorar de manera más estricta a las mujeres por comportamientos que, en los hombres, suelen considerarse aceptables o incluso positivos.
  • Negación de la voz femenina: interrumpir, ignorar o restar importancia a las opiniones y aportaciones de las mujeres en conversaciones, reuniones o debates.

Estas formas pueden ser tanto explícitas como sutiles, y con frecuencia se encuentran normalizadas en la vida diaria, lo que puede dificultar su reconocimiento y abordaje. Identificarlas resulta esencial para poder abordarlas y prevenir su impacto.

Hostilidad hacia el éxito y el liderazgo de las mujeres

Como ya hemos mencionado, una de las formas que puede persistir en la misoginia es la hostilidad hacia el éxito y el liderazgo de las mujeres. Esta actitud suele aparecer cuando el crecimiento profesional, académico o social de una mujer se percibe como una posible amenaza al orden tradicional o al ego masculino. Algunos ejemplos de esta hostilidad pueden ser:

  • Desconfianza o sospecha hacia mujeres en posiciones de poder: a veces se cuestiona la legitimidad de su autoridad o se atribuye su éxito a factores externos a su capacidad, como el favoritismo o la apariencia física.
  • Resistencia a la promoción de mujeres: en algunos entornos laborales, puede observarse cierta reticencia a ascender a mujeres a puestos de responsabilidad, incluso cuando cumplen con todos los requisitos.
  • Aislamiento o boicot: mujeres que asumen roles de liderazgo pueden quedar fuera de redes informales de poder o enfrentarse a boicots sutiles por parte de colegas que no reconocen su autoridad.

Estas actitudes pueden afectar no solo a las mujeres de manera individual, sino que también contribuyen a mantener la desigualdad estructural y pueden limitar el desarrollo de organizaciones y sociedades más justas e inclusivas.

Causas de la misoginia

La misoginia surge de una interacción de factores culturales, psicológicos y sociales. En el origen de la misoginia se encuentra la estructura patriarcal de muchas sociedades, donde el poder y la autoridad están dominados por los hombres, relegando a las mujeres a roles subordinados. Este sistema patriarcal perpetúa estereotipos de género y desigualdades, creando un ambiente propicio para el desarrollo de actitudes misóginas.

Además, factores como la educación, los medios de comunicación, las religiones y las normas sociales también juegan un papel importante en la perpetuación de la misoginia. Desde una edad temprana, se transmiten a ambos géneros expectativas y roles específicos que a menudo refuerzan la idea de la superioridad de los hombres y la inferioridad de las mujeres. Esta forma de educar es, a menudo, muy sutil, y no se cuestiona.

Asimismo, la falta de una representación equitativa y positiva de las mujeres en los medios y en la cultura en general contribuye a una visión sesgada y estereotipada de las mujeres, lo que refuerza aún más la misoginia en la sociedad. Esta influencia cultural y sistémica puede dar lugar a lo que se conoce como efecto Lucifer, que no es otra cosa que la transformación de personas comunes en perpetradores de maldades.

También existen factores psicológicos subyacentes, como una inseguridad patológica en ciertos hombres, que pueden desencadenar actitudes misóginas. Estas actitudes se utilizan como un mecanismo para afirmar su poder y mitigar sus propias inseguridades a través del menosprecio de las mujeres.

Asimismo, hay hombres que pueden sentirse amenazados por la independencia o el éxito de las mujeres, y recurren a la misoginia como una forma de control y dominación. Además, la falta de modelos masculinos positivos que muestren respeto y un trato normal hacia las mujeres también puede contribuir a la formación de actitudes misóginas en los hombres jóvenes.

Por último, si hablamos de las consecuencias de la misoginia, estas pueden ser profundas; desde la discriminación y limitación de oportunidades para las mujeres hasta la incitación de la violencia física y emocional. Esta actitud no solo afecta a las mujeres individualmente, sino que también daña a la sociedad en su conjunto porque perpetúa ciclos de violencia y abuso.

La misoginia a menudo forma parte del ciclo de la violencia de género, ya que estas actitudes negativas hacia las mujeres suelen ocurrir como un paso previo a actos como la violencia doméstica, el acoso sexual, la humillación por la apariencia física, la violencia vicaria y otras formas de agresión.

La misoginia en hombres es algo que ocurre en nuestra sociedad
Foto de Andrea Piacquadio (Pexels)

Tipos de misoginia

La misoginia puede adoptar diversas formas, cada una con sus características y modos de expresión específicos, desde la discriminación sutil hasta la violencia explícita. Veamos cuáles son los principales tipos de misoginia.

Misoginia tradicional

La misoginia tradicional se basa en creencias y estereotipos de género arraigados históricamente, donde las mujeres son consideradas inferiores a los hombres. Esta forma de misoginia se manifiesta a través de actitudes y comportamientos que subestiman las capacidades y los roles de las mujeres, relegándolas a posiciones secundarias en la sociedad.

Misoginia violenta

La misoginia violenta incluye actos de agresión física, emocional o sexual dirigidos específicamente hacia las mujeres. Esta violencia puede ser tanto explícita como sutil, y abarca desde el abuso doméstico y el acoso sexual hasta formas más encubiertas de intimidación y control. Este tipo de misoginia es especialmente peligrosa porque busca dañar directamente a las mujeres y minar su dignidad.

Misoginia institucional

La misoginia institucional se refiere a las políticas, leyes y prácticas que se dan en organizaciones y estructuras sociales que mantienen desigualdades de género y discriminación hacia las mujeres. Las consecuencias de este tipo de misoginia tienen que ver, por ejemplo, con la brecha salarial, una menor representación de mujeres en posiciones de liderazgo y la falta de políticas de apoyo a las mujeres en el ámbito laboral y social.

Misoginia interiorizada

La misoginia interiorizada o internalizada se produce cuando las mujeres asimilan y reproducen actitudes misóginas contra sí mismas o contra otras mujeres. Algunos ejemplos que ayudan a comprender la misoginia interiorizada incluyen la autocrítica excesiva, la justificación de la desigualdad y la discriminación, o la aceptación de roles de género restrictivos.

Este fenómeno no solo lleva a que las mujeres cuestionen su propio valor, limiten sus aspiraciones y perpetúen estereotipos negativos sobre su propio grupo social, sino que también se ha encontrado que la misoginia internalizada se asocia significativamente con un mayor malestar psicológico y un menor bienestar, incluso después de controlar otras formas de sexismo (Ertl & Ahn, 2025).

Misoginia digital

La misoginia digital se manifiesta en el entorno virtual, especialmente en redes sociales, foros en línea y comunidades de juegos digitales, donde se fomentan y normalizan actitudes misóginas y sexistas hostiles, así como insultos y contenido de odio dirigido tanto a mujeres como a personas con identidades de género no conformes (Miller-Idriss, 2025).

Este tipo de misoginia incluye ciberacoso, comentarios sexistas, difusión de imágenes sin consentimiento y discursos de odio dirigidos a mujeres. Lo cual puede tener un impacto muy negativo en la autoestima de las mujeres, además de perpetuar una cultura de impunidad y anonimato que protege a los agresores.

Por ejemplo, un estudio reciente reveló que el 76 % de los profesores de secundaria y el 60 % de los de primaria reportaron estar extremadamente preocupados por la influencia de la misoginia online en sus escuelas (Over et al., 2025).

Diferencia entre misoginia y misandria

No hay que confundir la misoginia con la misandria. La misoginia, como ya hemos explicado a lo largo del artículo, se refiere al odio, desprecio o prejuicio contra las mujeres, mientras que la misandria es lo contrario de misoginia, es decir, el odio, desprecio o prejuicios hacia los hombres.

Una diferencia clave entre la misoginia y la misandria radica en su prevalencia y manifestación en la sociedad. La misoginia siempre ha sido más visible históricamente y se ha vinculado al machismo y al sexismo en general. Por su parte, la misandria, aunque también existe, ha tenido una presencia y un impacto históricamente menores en las estructuras sociales y culturales.

Ejemplos de misoginia

La misoginia sigue siendo el pan de cada día para muchas mujeres en diversas situaciones de su vida diaria. A continuación, presentamos algunos ejemplos y señales de comportamiento misógino en diferentes ámbitos.

Misoginia en el trabajo

La misoginia laboral es un claro ejemplo de cómo estas actitudes de rechazo y odio pueden infiltrarse en el ámbito profesional. Desde comentarios sexistas de un misógino en el trabajo hasta la brecha salarial y el techo de cristal, las mujeres a menudo tienen que hacer frente a dificultades únicas debido a este fenómeno.

Misoginia en la industria musical

La industria musical tampoco es ajena a los casos de misoginia. Desde letras de canciones que perpetúan estereotipos hasta la “cosificación” de las mujeres en videos musicales, la misoginia en la música es un reflejo de cómo la cultura popular puede influir y perpetuar estas actitudes negativas.

Misoginia en la literatura

Históricamente, la literatura también ha reflejado y a veces perpetuado la misoginia y una visión negativa de la mujer. Desde la representación de personajes femeninos en roles secundarios y estereotipados hasta la falta de reconocimiento de autoras, por ejemplo.

Libros que tratan la misoginia

Afortunadamente, en la actualidad, hay muchos libros que han abordado el tema de la misoginia y han analizado histórica y culturalmente este fenómeno. Aquí te dejamos algunos:

  • Historia de la misoginia de Esperanza Boch, Victoria A. Ferrer y Margarita Gili. Un libro que expone la idea de que la inferioridad femenina es la base del patriarcado, limitando a las mujeres y privando a la humanidad de su potencial.
  • Los hombres que odian a las mujeres de Laura Bates. En este libro, la autora cuenta cómo hay redes misóginas que operan encubiertas, radicalizando jóvenes y difundiendo su ideología extremista.

Una vida en la que la misoginia no tenga espacio

Reconocer la misoginia y comprender sus efectos puede ser un primer paso importante para crear relaciones y entornos más igualitarios y saludables. Si percibes que has experimentado actitudes misóginas, te resulta difícil identificar o establecer límites ante comportamientos dañinos, o deseas trabajar en tu bienestar emocional y fortalecer tu autoestima, la terapia puede ofrecerte un apoyo valioso y un espacio seguro.

En Unobravo, contamos con una amplia red de psicólogos y psicólogas que pueden acompañarte con empatía y profesionalidad, ayudándote a fortalecer tu confianza y a afrontar estas situaciones con mayor seguridad. Puedes dar el primer paso rellenando nuestro cuestionario para encontrar tu psicólogo o psicóloga online.

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