Lamentablemente, la violencia de género es un fenómeno generalizado que afecta a todas las clases socioculturales y económicas, independientemente de la edad, las creencias religiosas o la raza.
La violencia de género comienza de forma sutil, con ciertos comportamientos, actitudes de misoginia, comentarios y episodios ocasionales. Al igual que en las relaciones tóxicas, es muy importante desde el principio no subestimar estos hechos ni restarles importancia, algo que suele suceder en las primeras etapas de la relación.
Saber reconocer las señales iniciales de una relación abusiva puede ser fundamental para ponerle fin antes de que la persona afectada se vuelva cada vez más vulnerable, pierda progresivamente capacidad de autodefensa y se vea inmersa en una espiral de la que puede resultar difícil salir. Por eso, en este artículo, nos centramos en el ciclo de la violencia de género y sus fases, cómo reconocerlo y cómo se puede afrontar.
¿Qué es el ciclo de la violencia de género?
El círculo de la violencia de género es un concepto desarrollado por la psicóloga norteamericana Lenore E. Walker. Es un modelo creado para explicar la complejidad y la coexistencia de la violencia en el contexto de las relaciones interpersonales. En las relaciones de pareja, el ciclo de violencia se refiere a un abuso repetido y peligroso que sigue un patrón, en el cual la violencia aumenta de forma cíclica o en espiral ascendente.
De acuerdo con Walker, existen tres fases en este ciclo ascendente. En cada una de ellas, la persona que ejerce la violencia busca controlar y aislar aún más a la víctima. Comprender este patrón puede ser crucial para detener el ciclo de violencia en las parejas, que se produce principalmente contra las mujeres.
Definición de violencia de género
Asimismo, es relevante abordar brevemente qué se entiende por violencia de género en la actualidad. Para ello, tomamos la definición de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que en sus artículos 1.1 y 1.3 define todo acto de violencia:
“como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”.
“la violencia de género a que se refiere la presente Ley comprende todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad”.
Impacto y prevalencia del ciclo de la violencia de género
El ciclo de la violencia de género impacta no solo a nivel individual, sino que también representa un problema social de gran relevancia.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha vivido situaciones de violencia física o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida (OMS, 2021).
Asimismo, en España, desde 2003 (momento en que se empezaron a recopilar datos) hasta octubre de 2025, se cifra en 1.329 las mujeres víctimas mortales por violencia de género (por parte de la pareja o expareja), según datos de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género del Ministerio de Igualdad (2025).
Estos datos resaltan la importancia de dar visibilidad al ciclo de la violencia de género y de contar con recursos efectivos para su prevención y abordaje.
Las diferentes formas de violencia
Dentro del ciclo de la violencia de género, existen muchas formas de violencia en la pareja que a menudo pueden darse juntas:
- Violencia física: es aquella que emplea la fuerza física contra la otra persona y se caracteriza por el daño físico, con golpes, tirones de pelo, empujones, patadas, mordiscos, etc.
- Violencia psicológica: provoca miedo a través de la intimidación, las amenazas y el chantaje emocional. También puede forzar a la persona a distanciarse de sus amistades y familiares con el objetivo de obtener control sobre ella.
- Violencia emocional: incluye acciones y comentarios que buscan minar la autoestima de la persona a través de críticas constantes, infravalorando sus capacidades y sometiéndola a abuso verbal.
- Violencia económica: incluye cualquier acción destinada a controlar o limitar la autonomía económica para lograr la dependencia financiera de la otra parte y, por tanto, tener el control sobre ella.
- Violencia sexual: cualquier acto sexual no deseado para el que no se haya dado, o no se haya podido dar el consentimiento sexual.
Además, dentro de la violencia de género se engloba la violencia vicaria (aquella violencia que se ejerce sobre los hijos para herir a la mujer) o la violencia doméstica (cualquier forma de abuso físico, emocional, sexual, psicológico o financiero perpetrado por un miembro de la familia o pareja íntima contra otro miembro de la familia o pareja).
Por otro lado, también está el acoso, que es cualquier comportamiento persecutorio repetido, intrusivo y no deseado. El acoso psicológico, el acoso sexual, el acoso físico o stalking o el ciberacoso representan otras formas de causar en las víctimas sentimientos de angustia y malestar.
Las mujeres que experimentan una espiral de violencia de género y viven en una relación abusiva pueden sentir miedo, verse atrapadas y sin salida, y experimentar un profundo aislamiento. Es normal preguntarse cómo se llegó a ese punto y a sentirse así. Como decíamos antes, al inicio de una relación estos comportamientos suelen ser sutiles y esporádicos, para luego volverse gradualmente más fuertes y frecuentes.
Pero, ¿por qué puede ser tan difícil romper una relación abusiva en la que existe la violencia de género? Veamos la estrategia de la gradualidad de la que habla Noam Chomsky.
El síndrome de la rana hervida
El síndrome de la rana hervida, del filósofo estadounidense Noam Chomsky, es una analogía que nos permite entender cómo se llega a vivir una relación de pareja abusiva. Es útil para comprender el concepto de aceptación pasiva y cómo hay situaciones que cambian progresivamente, causando daños que no se perciben a corto plazo y generando reacciones tardías.
La historia de la rana hervida:
Imagina una olla llena de agua fría en la que una rana nada tranquilamente. Se enciende un fuego bajo la olla y el agua se calienta lentamente. Pronto se vuelve tibia. A la rana no le resulta desagradable y sigue nadando. La temperatura empieza a subir y el agua pasa a estar caliente. Es una temperatura más alta de lo que le gusta a la rana. Se cansa un poco, pero no se asusta. El agua pasa a estar muy caliente y a la rana le resulta muy desagradable, pero está debilitada y no tiene fuerzas para reaccionar. La rana aguanta y no hace nada. Mientras tanto, la temperatura vuelve a subir y la rana acaba, simplemente, hervida.
Esta teoría de Chomsky, conocida como estrategia de la gradualidad, nos hace ver que cuando un cambio se produce de forma gradual, escapa a la conciencia y, por tanto, no provoca ninguna reacción u oposición. Si el agua ya estuviera hirviendo, la rana nunca habría entrado en la olla o, si se hubiera sumergido directamente en agua a 50 °C, habría salido disparada.

Teoría y fases del ciclo de la violencia de género
La situación en la que se encuentra la rana en la olla de agua hirviendo es similar a la que viven muchas mujeres que tratan de salir de una relación violenta. Para entender mejor cómo una mujer que sufre violencia de género lucha por romper esa relación, nos remitimos de nuevo a la teoría del ciclo de la violencia de la psicóloga Lenore Walker.
El ciclo de violencia de Walker se asocia a la violencia de género, que se divide en tres fases, que se repiten cíclicamente en el curso de una relación abusiva:
- Acumulación de tensión.
- Explosión de tensión.
- Luna de miel.
Fase de acumulación de tensión
A menudo, en esta primera fase la violencia empieza con incidentes menores: gritos, pequeñas peleas, miradas y comportamientos hostiles. Después, estos episodios empiezan a aumentar.
La persona que ejerce la violencia culpabiliza a la mujer de todo lo que pasa e intenta imponer sus ideas y razonamientos. La víctima empieza a sentirse como si caminara sobre cáscaras de huevo. Para evitar cualquier cosa que pueda detonar la ira de la pareja, acaba aceptando todo; incluso puede dudar de su propio criterio.
Fase de explosión de tensión
El agresor pierde el control y estalla la violencia tanto física como psicológica (en algunos casos, también puede haber violencia sexual y económica).
Se trata de una violencia gradual. Comienza con empujones o bofetadas y puede ir degenerando hasta acabar en feminicidio. Tras un episodio de violencia, aunque la persona que agrede pueda llegar a reconocer su pérdida de control, suele justificarlo haciendo responsable de su comportamiento a la otra parte.
Fase de luna de miel
El agresor se muestra arrepentido por su conducta y actitud y se disculpa. Promete que cambiará, asegura que no volverá a suceder nada parecido. Y realmente, al principio, cambiará. La tensión y la violencia desaparecen, no hay escenas de celos, y dejan espacio a un comportamiento de "reparación, seducción y disculpa".
Tiene detalles, concede, atribuye la culpa de su comportamiento a razones externas (una dificultad económica, problemas laborales). Cambia su comportamiento y la otra parte vuelve a creer en la pareja. Pero cuando el agresor se siente seguro y perdonado, el ciclo inicia de nuevo partiendo de la fase de acumulación.
En las sucesivas vueltas del ciclo de la violencia de género, cada vez la fase de luna de miel se da con menos frecuencia (y es más breve) y la del estallido de la violencia llega antes (incluso puede que con mayor intensidad y con nuevas formas de violencia).
Posibles consecuencias emocionales en cada fase
Comprender cómo se presentan las fases del ciclo de la violencia de género en la vida cotidiana puede facilitar su identificación y favorecer la búsqueda de apoyo a tiempo.
- Fase de acumulación de tensión: aparecen comentarios despectivos, control sobre la vestimenta o las amistades, y se genera un ambiente de incomodidad. La persona puede experimentar ansiedad, temor a desencadenar conflictos y una sensación creciente de inseguridad.
- Fase de explosión de tensión: se presentan episodios de violencia verbal, física o psicológica. La persona puede sentir miedo intenso, confusión y una profunda vulnerabilidad.
- Fase de luna de miel: quien ejerce la violencia pide disculpas, promete cambiar y muestra gestos de afecto. La persona puede sentir alivio temporal, esperanza de que la situación mejore y culpa ante la idea de dejar la relación.
Estas consecuencias emocionales pueden mantener el ciclo, dificultando la posibilidad de salir de la situación y favoreciendo la dependencia emocional. Además, se ha observado que la violencia constante provoca alteraciones en el funcionamiento estructural y en los conflictos psicológicos de las víctimas, manifestándose en dificultades para mentalizar, inestabilidad en las relaciones, dependencia emocional, abandono de la propia vida en favor de la pareja y problemas para mantener un sentido de identidad (Both et al., 2019).
Mecanismos psicológicos que pueden mantener el ciclo
Salir del ciclo de la violencia de género puede resultar especialmente difícil por la presencia de diversos mecanismos psicológicos que influyen tanto en la persona que la sufre como en su entorno. Entre los más habituales se encuentran:
- Minimización: la persona afectada puede restar importancia a los episodios de violencia, justificando el comportamiento de quien agrede o considerándolo como un hecho aislado.
- Justificación: a veces se buscan explicaciones externas para la conducta violenta, como el estrés laboral o dificultades económicas, lo que puede mantener la esperanza de que la situación cambie.
- Dependencia emocional: quien agrede puede alternar el maltrato con muestras de afecto, generando un vínculo de dependencia que puede dificultar la decisión de poner fin a la relación.
- Culpa y vergüenza: es posible que la persona que sufre la violencia se sienta responsable de lo que ocurre, lo que puede aumentar el aislamiento y dificultar que pida ayuda.
Estos mecanismos han sido desarrollados con posterioridad a la teoría de Lenore Walker y respaldados por investigaciones clínicas y señalan como pueden favorecer que el ciclo se repita y, con el tiempo, se intensifique.
Señales de alerta para identificar el ciclo de la violencia de género
Reconocer en qué fase del ciclo de la violencia de género se encuentra una relación puede ser un paso importante para actuar a tiempo. Algunas señales de alerta pueden ser:
- Cambios notables en el comportamiento de la pareja, como pasar de la amabilidad al control o mostrar hostilidad sin una razón clara.
- Aislamiento gradual de familiares y amistades, que suele ser promovido por la persona que ejerce la violencia.
- Sentimientos de miedo, ansiedad o inseguridad ante la posible reacción de la pareja.
- Promesas reiteradas de cambio después de episodios de violencia, seguidas de recaídas.
Identificar estas señales puede ser un primer paso para salir del ciclo y buscar apoyo profesional.
Indefensión aprendida
Además del ciclo de la violencia de género, Walker conceptualizó la teoría de la indefensión aprendida, basada en la teoría de Seligman del mismo nombre.
El psicólogo Martin Seligman observó que los animales de sus investigaciones sufrían depresión ante determinadas situaciones y decidió llevar a cabo un experimento. A animales enjaulados se les empezó a aplicar descargas eléctricas con intervalos de tiempos variables y aleatorios para evitar que pudieran detectar un patrón.
Aunque al principio los animales intentaron escapar, pronto vieron que era inútil y que no podían evitar una repentina descarga eléctrica. Así que, cuando les dejaron escapar, no hicieron nada. Habían desarrollado una estrategia de afrontamiento (la adaptación). Este efecto se llamó indefensión aprendida.
A través de la teoría de la indefensión aprendida, Walker quiso explicar la sensación de parálisis y anestesia emocional que experimentan las mujeres víctimas de la violencia de género. La mujer, que vive en condiciones abusivas, ante las amenazas de violencia o incluso de muerte, ante la sensación de impotencia, puede rendirse. Es como vivir esperando la repentina descarga eléctrica en una espiral de violencia que la lleva al aislamiento.

Cómo salir del ciclo de la violencia de género
Conocer qué es la violencia de género y cómo actuar es el primer paso para acabar con ella.
¿Qué hacer si sufres violencia de género?
Lo primero es buscar el apoyo de familiares y amistades, romper el silencio y denunciar.
Dar el paso no es fácil y es normal tener miedo, por eso se necesita el apoyo de seres queridos y profesionales para romper ese círculo. Con una pareja que ejerce la violencia y el maltrato no es posible ser feliz.
Si sufres violencia de género, te recomendamos contactar con el teléfono gratuito de información y asesoramiento jurídico 016. Es un servicio público puesto en marcha por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, funciona las 24 horas del día y está atendido por profesionales especializados en esta materia. También puedes comunicarte por WhatsApp (600 000 016) y por correo electrónico escribiendo a 016-online@igualdad.gob.es
Es importante que las mujeres víctimas de violencia de género sepan que no están solas y que tienen la posibilidad de ser acompañadas en un camino de liberación accediendo al apoyo jurídico, informativo y psicológico. Si precisas de un psicólogo o psicóloga con experiencia en temas de violencia, en Unobravo puedes encontrar numerosos profesionales disponibles para apoyarte y acompañarte.




