La ambivalencia en psicología hace referencia, en concreto, a la coexistencia de dos necesidades que son contradictorias entre ellas, pero tienen el mismo valor. En resumen, se trata de dos necesidades que tienden a ser opuestas pero de igual medida e importancia, que hacen que la persona tenga la sensación de ser arrastrada por dos fuerzas iguales pero opuestas.
En este artículo abordaremos el concepto de ambivalencia, el significado de ambivalente y las herramientas que la terapia psicológica ofrece para gestionar los comportamientos, pensamientos y emociones ambivalentes.
El significado de ambivalencia
La ambivalencia —también conocida como comportamiento ambivalente— se refiere a la existencia simultánea de sentimientos y actitudes contradictorios, como amor y odio o cordialidad y hostilidad, hacia una misma persona, objeto, acontecimiento o situación.
La palabra ambivalencia combina los dos términos latinos ambi (ambos) y valentia (fuerza), que describen bien el significado de ambivalente: una persona que se siente “arrastrada” por dos fuerzas opuestas.
Una de las primeras definiciones de ambivalente la acuñó el psiquiatra suizo Eugen Bleuler en 1910. Según Bleuler, la persona con comportamiento ambivalente tiene una actitud psíquica que hace que experimente dos sentimientos o impulsos contrarios, de forma simultánea o alternada, hacia el mismo objeto.
La ambivalencia en psicología
El significado psicológico de ambivalencia no difiere mucho de su significado más amplio. En psicología, la ambivalencia se refiere a un estado, temporal o permanente, en el que coexisten dos sentimientos, generalmente opuestos. Esta situación ambivalente se produce cuando existe la presencia simultánea de pulsiones opuestas e inseparables hacia un mismo objeto, o la oposición de procesos primarios e inconscientes, lo que produce una contradicción a nivel de los procesos secundarios conscientes.
La ambivalencia es algo habitual en los seres humanos. Es un estado mental en el que una persona tiene sentimientos contradictorios respecto a alguna cosa. Además, investigaciones recientes han mostrado que la ambivalencia, cuando se presenta como un rasgo de personalidad, está asociada a una menor presencia de sesgos cognitivos en la percepción de otras personas (Schneider et al., 2021).
Todos, incluso los niños, podemos experimentar una actitud ambivalente. Podemos comprobar sentimientos positivos y negativos por un mismo objeto al mismo tiempo. Por ejemplo, puede gustarnos el sentido del humor de una persona, pero no su falta de fiabilidad, o podemos apreciar la valentía de una persona, pero pensar que no tiene compasión.

Neurobiología de la ambivalencia: ¿cómo procesa el cerebro esta experiencia?
Desde la neurociencia, la ambivalencia se comprende como el resultado de la interacción entre diferentes áreas cerebrales que participan en el procesamiento de las emociones, la toma de decisiones y el control de los impulsos.
- La amígdala interviene en la evaluación emocional de los estímulos, generando respuestas que pueden ser tanto positivas como negativas ante una misma situación.
- La corteza prefrontal participa en la regulación y el análisis racional de los conflictos internos, ayudando a reflexionar sobre las opciones y a tomar decisiones.
- El cuerpo estriado también influye en la motivación y la recompensa, afectando la tendencia a acercarse o evitar ciertos estímulos.
La presencia simultánea de señales diferentes entre estas áreas puede dar lugar a la experiencia subjetiva de ambivalencia, en la que una persona puede sentir que "quiere y no quiere" algo al mismo tiempo. Este proceso es completamente natural y refleja la complejidad del funcionamiento cerebral humano.
Ambivalencia en personas con trastornos mentales: ejemplos clínicos
La ambivalencia forma parte de la experiencia humana cotidiana y, en algunos casos, puede convertirse en un aspecto central de diferentes condiciones relacionadas con la salud mental.
- Esquizofrenia: Eugen Bleuler describió la ambivalencia como uno de los síntomas principales de esta condición, ya que puede presentarse como dificultad para mantener una actitud o emoción estable hacia personas o situaciones.
- Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC): las personas pueden vivir pensamientos intrusivos y opuestos, lo que genera una sensación interna de conflicto entre el deseo de realizar una acción y el impulso de evitarla.
- Trastorno bipolar: durante los episodios mixtos, pueden aparecer al mismo tiempo sentimientos de euforia y tristeza, lo que puede dar lugar a una ambivalencia emocional significativa.
- Adicciones: es frecuente que las personas experimenten, de manera simultánea, el deseo de dejar una conducta adictiva y la dificultad para hacerlo, lo que puede influir en el proceso de cambio.
Comprender cómo se manifiesta la ambivalencia en estos contextos clínicos ayuda a los profesionales a adaptar las estrategias terapéuticas y a acompañar de manera más cercana a quienes la experimentan.
Las 3 dimensiones del comportamiento ambivalente
Para comprender plenamente el significado de una persona ambivalente y la razón de la incoherencia de sus actitudes, debemos distinguir las tres dimensiones en las que se divide, según Bleuler, el comportamiento ambivalente:
- La dimensión cognitiva racional en la que reside el conocimiento, la creencia o la opinión sobre algo. Bleuler la denominó dimensión intelectual. Las ambivalencias en esta área incluyen, por ejemplo, argumentos que incorporan dos puntos de vista opuestos sobre un mismo tema.
- La dimensión afectiva en la que reside la ambivalencia emocional con sentimientos de amor y odio hacia un mismo objeto o persona.
- La dimensión conductual se define como la forma en que una persona reacciona ante algo. Bleuler definió esta dimensión como volitiva, ya que está sujeta a la voluntad. Las actitudes conductuales ambivalentes se manifiestan, por ejemplo, en incoherencias entre lo que sentimos y cómo nos comportamos.
En la mayoría de los casos, la ambivalencia se presenta como una falta de coherencia respecto al valor positivo o negativo que se atribuye a cada una de las dimensiones que acabamos de citar. Por ejemplo, las personas con comportamiento ambivalente pueden querer mucho a una persona, pero mantenerse alejadas de ella. El valor positivo hacia la dimensión afectiva es contradictorio con el valor negativo de su dimensión conductual, lo que se traduce en una actitud de ambivalencia hacia el ser querido.
La ambivalencia emocional
La ambivalencia emocional o ambivalencia afectiva se da en las relaciones íntimas y en el amor cuando coexisten emociones y deseos opuestos hacia una persona. Podemos amarla por completo y, al mismo tiempo, sentir un inmenso resentimiento hacia ella.
El amor y el odio están presentes de la misma manera, y esto puede acabar por afectar tanto a nosotros mismos como a nuestra relación, porque no hay nada peor a nivel emocional que amar a alguien y saber que dicha relación nos hace daño. Un ejemplo clásico de relación ambivalente es la relación entre madre e hija, en la que existe un conflicto entre la necesidad de afecto, seguridad y pertenencia y la necesidad de independencia y libertad.

¿Cómo reconocer una relación ambivalente?
Las relaciones dominadas por la ambivalencia suelen ser muy complejas, ya que en su interior se alternan momentos agradables y de convivencia con otros de frialdad y desapego.
No se puede hablar de una personalidad ambivalente en el amor, ni en ningún otro ámbito, sino de personas con comportamientos, pensamientos o emociones ambivalentes. En estos casos, la persona puede enviar a su pareja señales intermitentes de interés que alimentan sus esperanzas y expectativas, como ocurre, por ejemplo, con el breadcrumbing.
Estas dinámicas no solo se refieren al amor sexual, sino también a otros tipos de relaciones en las que entra en juego un fuerte valor emocional, por ejemplo:
- las relaciones entre amigos íntimos, colegas o socios comerciales,
- la relación profesor-alumno,
- las relaciones entre hermanos,
- la relación padre-hijo,
- la relación entre un terapeuta y un paciente.
Las causas de la ambivalencia afectiva
Una hipótesis sobre las causas de la ambivalencia es que está asociada a la incapacidad de elegir y tomar decisiones. Existe la opinión de que la ambivalencia suele ser el resultado de valores sociales contradictorios relacionados con diferencias de cultura, raza, origen étnico, creencias religiosas, etc. Las construcciones sociales, las normas y los valores percibidos dentro de una determinada sociedad pueden dar forma a los sentimientos contradictorios de muchas personas.
Sin embargo, la mayoría de los psicólogos atribuyen las causas de la ambivalencia al miedo inconsciente a cometer un error y a la falta de madurez emocional.
El apego ambivalente
En el apego ambivalente, el cuidador responde de forma alterna y contradictoria a las necesidades del niño. Algunas veces aparece como un padre ausente o indiferente y otras como excesivamente presente y a veces incluso molesto.
Esto hace que el niño acabe adquiriendo en su interior una imagen parental que ama y odia al mismo tiempo. En casos graves, este cambio puede producirse de forma tan brusca que se convierte en uno de los mecanismos de defensa más clásicos y típicos de quienes padecen un trastorno límite de la personalidad, la escisión.
Necesidad de simplicidad
Según el filósofo y psicoanalista Umberto Galimberti, el ser humano es ambivalente por naturaleza, pero, con el tiempo, ha llegado a desvalorizar la ambivalencia en favor de la coherencia y la identidad, como si los rasgos ambivalentes fueran algo negativo que hay que borrar o resolver a toda costa.
Sin embargo, el objetivo no debería ser “resolver” los sentimientos de ambivalencia, sino tomar conciencia de ellos, aceptarlos y legitimarlos para así poder aprender a gestionarlos de manera funcional.
De hecho, es habitual que, para resolver la ambivalencia, simplemente acabemos deshaciéndonos de algunas partes de nosotros mismos, distorsionando nuestra experiencia o no percibiéndola de forma auténtica. Optamos (no siempre conscientemente) por escuchar y reconocer solo una parte en lugar de la otra, sin darnos cuenta de que, de alguna manera, estamos negando nuestros verdaderos sentimientos y necesidades, así como nuestra experiencia plena.
Esto se debe a que, en psicología, la persona tiende a simplificar la complejidad de la contradicción mediante la búsqueda de la unicidad, la exclusión, el orden y la coherencia, para lo cual solo una de las dos cosas opuestas puede ser verdad. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que la ambivalencia incrementa la percepción de orden visual en las personas (van Harreveld et al., 2014), lo que sugiere que la experiencia de contradicción puede, paradójicamente, reforzar la necesidad de estructura y claridad.
- si lo amo, no puedo no amarlo;
- si lo quiero, no puedo no quererlo;
- si lo deseo, no puedo tenerle miedo.

¿Cuándo se convierte en un problema la ambivalencia?
Si la ambivalencia no tiene acceso a nuestra conciencia, puede surgir una condición en la que experimentamos:
- estancamiento: “nunca sé qué elegir”,
- falta de constancia: deseo frente a fatiga, empezar algo sin terminarlo,
- confusión: “no sé qué quiero”,
- comportamientos contradictorios,
- impulsividad: “he dejado el trabajo, pero no sé por qué lo he hecho”.
Cuando la persona se encuentra en este estado de inconsciencia, tiende a mantener una condición de incongruencia y le suele costar entrar en contacto con sus auténticas experiencias corporales, emocionales y afectivas. También tiende a recurrir a la disociación de la experiencia para negar una de las partes de su ambivalencia y distorsionar así su percepción de la experiencia global.
Detrás de la no aceptación y de la legitimación de la ambivalencia, se suele encontrar:
- una dificultad para definir y reconocer nuestras propias necesidades,
- una dificultad para priorizarlas, dejarlas ir o elegir,
- una visión de las elecciones como puntos sin retorno,
- una brecha entre el yo real y el yo ideal,
- la presencia de constructos rígidos.
Herramientas de evaluación y preguntas clínicas para identificar la ambivalencia
En la práctica clínica, los profesionales cuentan con herramientas específicas que permiten evaluar la ambivalencia y comprender su impacto en la vida de cada persona.
- Cuestionario de Ambivalencia Emocional (AEQ): facilita la medición del conflicto o la ambivalencia de las propias emociones.
- Decisional Conflict Scale (DCS): ayuda a valorar el nivel de conflicto interno que una persona puede experimentar al tomar decisiones importantes.
Durante la anamnesis, los profesionales suelen emplear preguntas abiertas para explorar la ambivalencia, como:
- "¿Sientes que tienes deseos opuestos respecto a esta situación?"
- "¿Hay algo que te gustaría cambiar, pero al mismo tiempo te genera miedo o dudas?"
- "¿Puedes identificar emociones contradictorias hacia una persona o decisión?"
Estas herramientas y preguntas permiten detectar la ambivalencia y abordarla de forma consciente dentro del proceso terapéutico.
Ambivalencia: el apoyo de la terapia
Un tipo de ambivalencia clásica y habitual es aquella relacionada con el cambio:
- “quiero cambiar y no quiero cambiar”,
- “deseo cambiar y tengo miedo de cambiar”.
El objetivo de la psicoterapia no es dar una solución a la ambivalencia emocional, sino ayudar a que la persona pueda aprender a nombrarla, reconocerla y aceptarla, para así disminuir la intensidad del miedo relacionado con el cambio. De modo que la terapia psicológica tiene como objetivo dar cabida a los dos polos de la ambivalencia:
- captar las experiencias del paciente al respecto,
- explorar y otorgar la misma dignidad,
- ayudar a comprender cómo la ambivalencia condiciona el comportamiento.
Técnicas terapéuticas para abordar la ambivalencia
Existen enfoques terapéuticos que pueden resultar útiles para acompañar a las personas en el trabajo con la ambivalencia en psicología.
- Entrevista motivacional: este enfoque se orienta a explorar y abordar la ambivalencia respecto al cambio, acompañando a la persona a identificar sus propios motivos y recursos para avanzar.
- Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): ayuda a analizar pensamientos y creencias que pueden resultar contradictorios, facilitando así decisiones más alineadas con los valores personales.
- Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): fomenta la aceptación de emociones y pensamientos ambivalentes, y acompaña a la persona a comprometerse con acciones coherentes con sus valores.
- Terapia Dialéctico-Conductual (TDC): puede ser especialmente útil cuando aparecen emociones intensas y contradictorias, ya que enseña habilidades para tolerar la ambivalencia y regular las respuestas emocionales.
La elección de la técnica depende de las características de cada persona y del contexto en el que surge la ambivalencia, siempre con el objetivo de favorecer el bienestar y la autonomía personal.
Si no sabes cómo afrontar la ambivalencia de forma autónoma, no dudes en consultar a un profesional de la salud mental, como una psicóloga o un psicólogo online. En Unobravo encontrarás profesionales formados en el tema, que podrán acompañarte en un proceso de terapia adaptado a tus necesidades. Anímate a dar ese primer paso hacia tu bienestar emocional.




