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Diazepam: qué es, para qué sirve, efectos secundarios y contraindicaciones

Diazepam: qué es, para qué sirve, efectos secundarios y contraindicaciones
Redacción Unobravo
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Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
28.7.2026
Diazepam: qué es, para qué sirve, efectos secundarios y contraindicaciones
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El diazepam es una de las benzodiazepinas más conocidas y es el principio activo de medicamentos como Valium o Diazepan Prodes. Pertenece al grupo de las benzodiazepinas de acción prolongada actuando sobre el sistema nervioso central con un efecto ansiolítico, sedante, relajante muscular y anticonvulsivante.

Sus indicaciones clínicas principales incluyen el tratamiento a corto plazo de la ansiedad severa, incapacitante o que somete a la persona a un sufrimiento inaceptable, además de otras situaciones neurológicas. En esta página vemos qué es y cómo funciona el diazepam, para qué está indicado, cuáles son sus contraindicaciones y efectos secundarios, cuándo puede crear dependencia y cómo la psicoterapia puede acompañar el tratamiento.

De qué clase forma parte y con qué nombres se comercializa

El diazepam pertenece a la clase de las benzodiazepinas, uno de los ansiolíticos más utilizados, y forma parte del subgrupo de las benzodiazepinas de acción prolongada, una característica que se refiere al tiempo que permanece activa la molécula en el organismo después de tomarla.

El mismo principio activo se comercializa con nombres diferentes. En España, los más habituales son:

  • Valium, en comprimidos y solución inyectable,
  • Diazepan Prodes, disponible también en gotas (solución oral),
  • Stesolid, en solución rectal, para situaciones agudas,
  • genéricos como Diazepam Normon, Cinfa o Stada.

Cambia el nombre del envase, pero la molécula es la misma. Las formulaciones disponibles varían según el contexto clínico e incluyen gotas, comprimidos, solución inyectable y solución rectal.

Cómo funciona y para qué se usa el diazepam

El diazepam actúa sobre el sistema GABAérgico, el principal sistema neurotransmisor inhibidor del cerebro. El GABA funciona como un freno natural de la actividad neuronal, de modo que, cuando este sistema está en equilibrio, ayuda a mantener una buena relación entre excitación y calma.

El fármaco potencia la acción de este neurotransmisor y reduce la excitabilidad de las neuronas. De ahí derivan sus principales efectos terapéuticos, que son ansiolítico (reducción de la ansiedad), relajante muscular, sedante y anticonvulsivante.

Un rasgo que distingue al diazepam es su larga permanencia en el organismo. Una vez tomado, se transforma en metabolitos activos, en particular en desmetildiazepam (o nordiazepam), que siguen actuando durante muchas horas.  Esto hace que los efectos se prolonguen con las tomas repetidas. De modo que, en ciertas poblaciones, como las personas mayores, podría tener un efecto acumulativo de metabolitos activos y es recomendable un seguimiento por parte del médico.

La acción del diazepam es, en todo caso, sintomática y temporal. El fármaco interviene en la transmisión neuroquímica, mientras que los factores asociados a la ansiedad y a las demás condiciones tratadas son múltiples, de naturaleza biológica, psicológica y ambiental. Al ser un tratamiento puramente sintomático, no resuelve las causas subyacentes de la ansiedad, por lo que las guías clínicas recomiendan que su uso sea a corto plazo (generalmente no más de 8-12 semanas, incluyendo la retirada gradual).

Las indicaciones aprobadas por las autoridades reguladoras se refieren sobre todo a los estados de ansiedad intensos, con los síntomas físicos que suelen acompañarlos como palpitaciones y tensión muscular, y a los trastornos del sueño con insomnio. Según la formulación y el contexto clínico, el diazepam también puede emplearse para:

  • espasmos musculares de origen central o periférico,
  • convulsiones y epilepsia, como tratamiento de apoyo en la fase aguda,
  • síndrome de abstinencia alcohólica, donde puede contribuir a manejar los síntomas en las primeras fases del proceso de deshabituación.

En cuanto a la edad pediátrica, el diazepam se utiliza solo cuando existe una necesidad clínica real, durante el menor tiempo posible y bajo estricto control especializado. Según la ficha técnica, no se recomienda en menores de 6 meses. Nunca es una decisión que se pueda tomar por cuenta propia.

Uomo adulto pensieroso in maglione verde acqua seduto su divano vintage, assorto nei suoi pensieri.
khezez  | خزاز – Pexels

Contraindicaciones, advertencias y precauciones

El diazepam no es adecuado para todo el mundo. Algunas condiciones lo hacen estar contraindicado y otras exigen especial cautela, y conocerlas es fundamental para usarlo con seguridad.

Existen situaciones en las que el fármaco está contraindicado de forma absoluta, es decir, no debería tomarse:

  • alergia al diazepam o a otras benzodiazepinas,
  • miastenia gravis, una enfermedad neuromuscular que causa debilidad,
  • insuficiencia hepática severa,
  • insuficiencia respiratoria grave,
  • síndrome de apnea del sueño,
  • glaucoma de ángulo cerrado.

Hay además condiciones que requieren cautela, en las que el médico valora con atención la relación entre beneficios y riesgos, como una historia de abuso de sustancias o de alcohol, una insuficiencia cardiorrespiratoria o una circulación sanguínea reducida en el cerebro.

En el embarazo el diazepam está contraindicado en el primer trimestre. En fases más avanzadas, la exposición puede asociarse a efectos en el recién nacido, como dificultades respiratorias, hipotonía y síntomas de abstinencia tras el nacimiento. Durante la lactancia el fármaco pasa a la leche materna, por lo que su uso está contraindicado.

Quien toma diazepam debería evitar conducir o manejar maquinaria, porque el fármaco puede provocar somnolencia, confusión y reducción del tono muscular, con un mayor riesgo de accidentes.

Las personas mayores o con una salud frágil suelen ser más sensibles y necesitan dosis más bajas. En estos casos también es más probable que aparezcan reacciones paradójicas, es decir, respuestas opuestas a las esperadas, como agitación en lugar de calma. Quien tiene problemas de hígado o riñón requiere además un seguimiento atento.

Es importante evitar el alcohol durante todo el tratamiento, sin referencia a ventanas de tiempo concretas, porque el alcohol potencia el efecto sedante del fármaco con consecuencias potencialmente peligrosas. Cualquier cambio en la terapia, ya sea de dosis, frecuencia o interrupción, siempre debe acordarse con el médico.

Efectos secundarios

Como todos los medicamentos, el diazepam puede causar efectos indeseados, aunque no todas las personas los manifiestan. Conocerlos de antemano no debe asustar, sino ayudar a reconocerlos y a saber cómo actuar.

Los efectos adversos más comunes afectan al sistema nervioso central e incluyen somnolencia, sedación, cansancio, confusión, reducción de la coordinación motora y mareo. Aparecen sobre todo en las primeras semanas y a menudo tienden a atenuarse con el tiempo. Si no mejoran, conviene comunicárselo al médico, que podrá valorar ajustes de la terapia.

Con menos frecuencia pueden aparecer molestias gastrointestinales, dolor de cabeza, visión borrosa o cambios en el deseo sexual. Más raras, pero posibles, son las reacciones paradójicas (agitación o irritabilidad), la amnesia anterógrada, es decir, la dificultad para formar nuevos recuerdos, y algunas reacciones cutáneas.

Merece atención especial la dependencia, física y psicológica, un riesgo típico de las benzodiazepinas como clase. Aumenta con dosis altas y tratamientos prolongados, y es mayor en quienes tienen una historia de abuso de sustancias o alcohol. No significa que toda persona que tome diazepam vaya a desarrollarla, pero conviene vigilar junto al médico.

Si el fármaco se suspende de forma brusca pueden aparecer síntomas de abstinencia, como ansiedad de rebote, insomnio, irritabilidad, temblores y sudoración. Por eso la reducción siempre debe ser gradual y bajo control médico, nunca improvisada.

Conviene aclarar una distinción que a menudo se malinterpreta. En el caso de las benzodiazepinas se habla de abstinencia, que implica una dependencia física real. En el de los antidepresivos, en cambio, se habla de síndrome de discontinuación, un fenómeno distinto que no conlleva dependencia física. Son dos mecanismos diferentes.

Con el tiempo puede desarrollarse además tolerancia, lo cual implica que el mismo efecto tiende a reducirse. Si notas que el diazepam parece perder efectividad, coméntalo con el médico y nunca aumentes la dosis por tu cuenta.

Atención

La información recogida en este artículo tiene fines informativos y no sustituye la valoración de un médico. Cada persona reacciona de forma individual a los medicamentos, incluida la aparición de posibles efectos adversos. En caso de dudas o inquietud sobre el tratamiento, es necesario consultar con el médico y leer el prospecto del medicamento.

Interacciones con otros medicamentos y sobredosis

El diazepam puede interactuar con muchos otros medicamentos y sustancias, y algunas de estas interacciones pueden ser peligrosas. Por eso es fundamental informar siempre al médico de todo lo que se toma, incluidos complementos, productos de fitoterapia y medicamentos sin receta, aunque parezcan inofensivos.

Las interacciones principales documentadas por las fuentes oficiales incluyen:

  • Opioides (como morfina, codeína o tramadol): la combinación puede aumentar de forma significativa el riesgo de depresión respiratoria, sedación profunda y, en los casos más graves, coma. Su uso conjunto solo se justifica cuando no existen alternativas.
  • Otros depresores del sistema nervioso central (sedantes, hipnóticos, otros ansiolíticos y antihistamínicos sedantes): el efecto sedante se suma, con mayor riesgo de somnolencia y reducción de los reflejos.
  • Antipsicóticos y algunos antidepresivos (como fluvoxamina y fluoxetina): pueden aumentar los niveles de diazepam en sangre y potenciar sus efectos y riesgos.
  • Antiepilépticos: la toma simultánea puede alterar de forma recíproca los niveles plasmáticos de los fármacos implicados.
  • Cimetidina, omeprazol y algunos antifúngicos: pueden ralentizar el metabolismo del diazepam y hacer que permanezca más tiempo en el organismo.
  • Anestésicos: antes de una intervención o un procedimiento con anestesia es imprescindible informar al médico y al anestesista de que se toma diazepam.

La sobredosis de diazepam requiere atención médica inmediata. Los síntomas que pueden aparecer incluyen:

  • somnolencia profunda o letargo marcado,
  • confusión y desorientación,
  • hipotonía muscular y ataxia, es decir, dificultad para coordinar los movimientos,
  • descenso de la presión arterial,
  • depresión respiratoria y, en los casos más graves, pérdida de conciencia o coma.

Si sospechas una sobredosis, en ti o en otra persona, llama de inmediato al 112 o acude al servicio de Urgencias más cercano, y lleva contigo el envase. No induzcas nunca el vómito por tu cuenta, porque el tratamiento de la sobredosis corresponde al personal médico, el cual dispone de los medios para gestionar la emergencia con seguridad.

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Vitaly Gariev – Pexels

Diazepam y psicoterapia: dos herramientas en el proceso de cuidado

El diazepam y la terapia psicológica no compiten entre sí, y ninguno de los dos es más importante que el otro, porque actúan en planos distintos y en muchos casos se complementan.

El fármaco puede ofrecer un alivio rápido en los momentos en los que la ansiedad se vuelve difícil de manejar o cuando aparecen ataques de pánico, y crea un espacio de respiro valioso. La terapia psicológica trabaja en un plano diferente, porque ayuda a explorar los factores que alimentan el malestar y a desarrollar estrategias personales y herramientas para gestionarlo.

Si ya tomas diazepam, un proceso psicológico puede ayudarte a entender qué se esconde detrás de la ansiedad y, con el tiempo, podría hacer que el fármaco sea menos necesario, lo cual podría ir acompañado de una posible reducción gradual siempre bajo decisión del médico.

Entre los diferentes enfoques terapéuticos, la terapia cognitivo-conductual puede apoyar el proceso de retirada gradual de las benzodiazepinas (Soyka, 2017; Baza Bueno et al., 2020).

En fases agudas durante la terapia psicológica, la valoración de un apoyo farmacológico temporal es una decisión que siempre debe ser consultada, evaluada y pautada por un médico.

Es natural sentir temor, como el miedo a depender del fármaco o a la sensación de sentirse “como en una nube”. Son preocupaciones legítimas y la psicoterapia es precisamente el espacio donde llevarlas y explorarlas sin juicio.

Con el cuestionario de Unobravo puedes encontrar un psicólogo o una psicóloga que se adapte a tus necesidades y valorar juntos qué tipo de apoyo se ajusta mejor a tu situación.

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