En nuestro día a día nos enfrentamos a una gran diversidad de situaciones que provocan en nosotros diferentes formas de sentir y comportarnos. Esto se debe a que en dichos momentos entran en juego las emociones, respuestas que nuestro cerebro genera, en ocasiones no de manera consciente, y nos guían a la hora de sentir y comportarnos.
El concepto de emoción se erige como un pilar fundamental para comprender la complejidad de la experiencia humana. Estas fuerzas internas, a menudo llamadas "sentimientos", tejen la trama de nuestras vidas cotidianas, por lo que aprender a gestionarlas resulta sumamente importante.
La psicología emocional nos enseña que todas las emociones, desde la alegría hasta la tristeza, juegan un papel crucial en nuestro desarrollo emocional. Aprender a identificar y validar emociones es esencial para mantener un equilibrio emocional y promover una salud mental y emocional óptima.
En este artículo, exploramos qué son las emociones, su relación con los sentimientos y por qué es esencial aprender a gestionarlas para cultivar una salud mental sólida.
Las emociones: ¿qué son y cómo se clasifican?
Comencemos respondiendo a la pregunta principal: ¿qué son las emociones? Una emoción es un fenómeno complejo que involucra respuestas psicofisiológicas, cognitivas y conductuales frente a los estímulos más relevantes del entorno. A lo largo de la historia de la psicología, cada autor ha contribuido con una definición de las emociones que captura diferentes aspectos de este fenómeno multidimensional.
Por ejemplo, según los desarrollos teóricos de Robert Plutchik (1980), la emoción puede entenderse como un estado afectivo complejo que implica una serie de cambios psicológicos y fisiológicos, acompañados por una tendencia a la acción.
Otra autora destacada, Lisa Feldman Barrett (2017), propone en su teoría sobre la emoción que las emociones son construcciones del cerebro que combinan información sensorial con experiencias pasadas y expectativas culturales para crear lo que sentimos.
Estas definiciones reflejan la naturaleza dinámica de las emociones, que no solo incluyen componentes subjetivos, sino también expresiones conductuales y cambios en la activación fisiológica. En la psicología de las emociones, se destaca la importancia de entender los estados emocionales como respuestas adaptativas a nuestro entorno, lo que nos ayuda a navegar por la complejidad de las relaciones humanas y las diversas situaciones de la vida.
Paul Ekman (1992), un destacado psicólogo y pionero en el estudio de las expresiones faciales y las emociones humanas, desarrolló una clasificación de las mismas que ha tenido un impacto significativo en la psicología. Su trabajo, basado en la observación de expresiones faciales universales, le llevó a identificar 6 emociones básicas o emociones primarias:
- Alegría
- Tristeza
- Miedo
- Ira
- Sorpresa
- Asco
Para Ekman, esta lista de emociones básicas son innatas y universales, manifestándose de manera similar en diversas culturas y poblaciones.

Además de las emociones básicas identificadas por Ekman, existen las emociones secundarias, que son más complejas y a menudo surgen de la combinación de emociones básicas. Estas incluyen sentimientos como:
- la culpa,
- el orgullo,
- la vergüenza,
- la envidia.
Cabe destacar que algunas categorías básicas de emociones parecen ser universales, mientras que las categorías subordinadas son específicas de cada cultura (Russell, 1991). Las emociones secundarias son generalmente más elaboradas, ya que están influenciadas por factores cognitivos, culturales y personales, y pueden variar de forma significativa entre individuos y culturas.
Por otra parte, en ocasiones se habla de emociones positivas y emociones negativas, en función de si son más o menos agradables. No obstante, es importante señalar que todas las emociones son adaptativas y necesarias para nuestra supervivencia, por lo que no hay emociones “malas” o “buenas”.
Modelos teóricos de las emociones: básicos y dimensionales
A lo largo de la historia de la psicología, diferentes modelos han buscado explicar la naturaleza y la variedad de las emociones. Los modelos básicos, como los de Paul Ekman y Robert Plutchik, plantean que existe un número limitado de emociones universales. Estas emociones se consideran innatas y compartidas por todas las personas, y suelen expresarse a través de expresiones faciales y respuestas fisiológicas similares en distintas culturas.
Por otro lado, los modelos dimensionales sugieren que las emociones no son categorías fijas, sino que pueden describirse a partir de dimensiones continuas. Uno de los modelos más reconocidos es el de valencia y activación (arousal), que organiza las emociones según dos ejes principales:
- Valencia: indica si una emoción resulta agradable o desagradable. Por ejemplo, la alegría suele asociarse con una valencia positiva, mientras que la tristeza se vincula a una valencia negativa.
- Activación (arousal): hace referencia al nivel de energía o excitación que acompaña a la emoción. El miedo y la ira suelen estar relacionados con una alta activación, mientras que la calma o la tristeza tienden a asociarse con una baja activación.
Estos modelos facilitan la comprensión de la complejidad y la diversidad de las experiencias emocionales, y permiten analizar cómo las personas pueden vivir matices emocionales diferentes ante situaciones similares.
Diferencias entre emociones y sentimientos
A menudo, las palabras "emoción" y "sentimiento" se utilizan indistintamente en el lenguaje cotidiano, pero en el ámbito de la psicología, estos dos fenómenos tienen significados distintos y específicos. Veamos cuáles son las diferencias entre emoción y sentimiento.
- Las emociones son respuestas psicofisiológicas primarias a estímulos internos o externos. Son inmediatas, intensas y generalmente de corta duración. Por ejemplo, sentir miedo cuando escuchamos un ruido fuerte o alegría cuando nos dan una buena noticia.
- Los sentimientos, por otro lado, son interpretaciones subjetivas y conscientes de esas emociones. Son más duraderos y menos intensos que las emociones, y suelen estar influenciados por nuestras experiencias pasadas, creencias y pensamientos.
Por último, a diferencia de ambos, los estados de ánimo son disposiciones afectivas más generales y persistentes, que influyen en la percepción de diversos eventos, sin estar ligados a un estímulo específico. Por tanto, la apatía o la incomodidad son ejemplos de estados de ánimo.

El cerebro y las emociones
Ahora que ya sabemos lo que es una emoción, vamos a ver qué papel juega el cerebro, órgano clave en la dirección y regulación de procesos fisiológicos, cognitivos y emocionales.
Básicamente, el cerebro juega un papel central en la generación, procesamiento y regulación de las emociones. Desde la liberación de neurotransmisores hasta la activación de regiones específicas, la fisiología de las emociones revela un intrincado ballet neuronal que da vida a nuestras reacciones emocionales.
La parte emocional del cerebro, compuesta principalmente por el sistema límbico, incluye estructuras como la amígdala y el hipotálamo, que son fundamentales para el procesamiento y la expresión de las emociones. Estas áreas trabajan en conjunto para evaluar el significado emocional de los estímulos y generar respuestas apropiadas.
Por un lado, la amígdala, ubicada en el sistema límbico, desempeña un papel crucial en el procesamiento emocional, especialmente en la respuesta al miedo y la formación de recuerdos emocionales. Además, cumple una función central en la evaluación e integración de información sensorial, asignando valores emocionales como la valencia, la intensidad y la tendencia de acercamiento o evitación (Šimić et al., 2021).
Por otro lado, el hipotálamo, conectado con la anterior, está involucrado en la liberación de hormonas del estrés, y la corteza prefrontal es la región con la que se asocia la regulación emocional, la toma de decisiones y la planificación.
También es importante destacar cómo las partes del cuerpo y las emociones están íntimamente conectadas. Por ejemplo, la expresión de emociones con el cuerpo se manifiesta a través de gestos, posturas y expresiones faciales, que son regulados por el sistema nervioso. En concreto, el nervio vago juega un papel significativo en este proceso. Este nervio, que se extiende desde el cerebro hasta el abdomen, influye en la respuesta emocional y fisiológica, que afecta la frecuencia cardíaca, la digestión y la relajación.
Esta comprensión del cerebro y las emociones es fundamental para entender cómo las emociones en las personas influyen en su comportamiento y en la toma de decisiones.
Función de las emociones
¿Para qué sirven las emociones? Es importante entender que las emociones tienen una función evolutiva y adaptativa, e influyen en:
- el pensamiento,
- la toma de decisiones,
- la interacción social,
- la adaptación al entorno.
Las emociones actúan como mecanismos de adaptación que nos ayudan a enfrentarnos y responder eficientemente a situaciones del entorno. Nos proporcionan información valiosa sobre nuestras preferencias, valores y experiencias pasadas para que podamos tomar mejores decisiones y, además, facilitan la comunicación y la conexión social al expresar cómo nos sentimos a otros individuos (Keltner & Haidt, 2001).
La función adaptativa y evolutiva de las emociones
Las emociones han evolucionado como mecanismos esenciales para favorecer la supervivencia y la adaptación al entorno. Desde una perspectiva evolutiva, las emociones permiten responder de manera ágil y eficaz ante situaciones que pueden representar una amenaza o una oportunidad. Por ejemplo, el miedo activa respuestas fisiológicas que preparan al organismo para huir o protegerse, mientras que la alegría puede fortalecer los lazos sociales y favorecer la cooperación dentro de un grupo.
Además, las emociones cumplen funciones sociales relevantes, ya que facilitan la comunicación no verbal y contribuyen a regular las relaciones interpersonales. Expresar emociones como la tristeza o la ira puede ayudar a solicitar apoyo o a establecer límites con otras personas. Según la psicología evolutiva, estas funciones han sido seleccionadas a lo largo del tiempo porque pueden aumentar las probabilidades de supervivencia y bienestar tanto individual como colectivo.
Comprender la función adaptativa de las emociones nos permite valorarlas como aliadas en la vida cotidiana, más allá de si resultan agradables o desagradables. Sin embargo, las emociones no siempre son aliadas. En ciertos contextos, las emociones pueden convertirse en obstáculos y dar lugar a problemas psicológicos como la ansiedad o la depresión. Por este motivo, aprender a gestionar las emociones es clave si queremos prevenir problemas psicológicos.
Aprender a gestionar las emociones
La gestión emocional, que forma parte de la inteligencia emocional, es una habilidad indispensable que podemos entrenar a través de ejercicios y técnicas que nos permitirán entender, aceptar y regular nuestras emociones.
Algunos ejemplos son:
- La psicoeducación emocional,
- El desarrollo de la empatía,
- Técnicas de meditación y mindfulness,
- El establecimiento de límites en nuestra vida personal,
- El autoconocimiento y la aceptación.
Estas prácticas nos empoderan para enfrentar desafíos emocionales y mejorar nuestra calidad de vida. También hay otras actividades para trabajar las emociones muy efectivas, como la escritura expresiva o las artes plásticas, por ejemplo.
La escritura expresiva o journaling, como llevar un diario emocional, ayuda a procesar y entender mejor las emociones, y proporciona una salida para expresar sentimientos y pensamientos.
Por su parte, las artes plásticas —como dibujar o pintar— permiten explorar y expresar emociones con el cuerpo de manera creativa y no verbal. Además, la práctica de técnicas de respiración y relajación puede ayudar a calmar la mente y el cuerpo, facilitando una mejor gestión de las emociones intensas.
Para los más pequeños, ver series o películas de emociones (por ejemplo, Del revés de Pixar) puede ser una buena oportunidad para educarse en el autocontrol emocional y aprender habilidades relacionadas con la gestión emocional. Asimismo, aprender a gestionar las emociones es también clave para la educación afectivo-sexual, ya que permite a las personas desarrollar una mayor autoconciencia y habilidades de comunicación efectivas que son fundamentales para establecer y mantener relaciones saludables y respetuosas.
La importancia de la salud emocional y mental
Reconocer la necesidad de dirigirse a un profesional de la salud mental es crucial cuando las emociones se vuelven abrumadoras y no tenemos estabilidad emocional. Es aquí donde servicios como el que ofrecemos desde Unobravo pueden desempeñar un papel vital.
Al brindar acceso a profesionales especializados, Unobravo se convierte en un recurso valioso para las personas que buscan comprender, manejar y superar los desafíos emocionales. En este viaje de autodescubrimiento, contar con un apoyo experto puede marcar la diferencia en la búsqueda de una salud mental plena y equilibrada.


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