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Familia
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min

La llegada de los hijos a la pareja: antes y ahora

La llegada de los hijos a la pareja: antes y ahora
Sara Schetter
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
24.7.2026
La llegada de los hijos a la pareja: antes y ahora
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La llegada de un bebé convierte el sistema familiar en algo permanente e irrepetible. El nacimiento de un hijo es una etapa importante en la que la maternidad y la paternidad suponen, en el plano personal, un momento significativo dentro del proceso evolutivo de cada persona.

Cómo cambia la pareja con la llegada de un hijo

El nacimiento de un hijo hace aún más visible la unión de la pareja: representa algo irrevocable y sella algo permanente, porque el rol de madre o padre no puede borrarse. Esta etapa del ciclo de vida de la pareja exige un compromiso significativo por parte de los padres, que deben asumir las responsabilidades y el papel de la crianza.

La transición de pareja conyugal a pareja parental, junto con el cuidado y la crianza, modifica los equilibrios que existían antes y da lugar a nuevas normas y a una redefinición de los espacios interpersonales. Acoger a quien acaba de llegar en un sistema familiar ya formado puede resultar exigente, pero es fundamental.

Es necesario que la pareja se redefina e incluya los aspectos relacionados con el cuidado de los hijos para así transformarse de pareja conyugal en pareja parental. Esto dará lugar a nuevos acuerdos y modelos de comunicación, y a la adaptación de los anteriores al nacimiento del nuevo miembro de la familia.

Quien acaba de llegar se integra en un sistema ya organizado, con una arquitectura temporal compleja y singular, única e irrepetible, marcada sobre todo por historias individuales y experiencias compartidas, y estructurada en torno a vínculos intergeneracionales.

Un nuevo vínculo que entrelaza pasado y futuro

La familia tiene un tiempo propio, marcado por las líneas evolutivas de un pasado lejano, ligado a ciertos mitos que transmiten las generaciones anteriores, y que se proyecta hacia un futuro que vive en las experiencias y los proyectos que los mayores dirigen a las nuevas generaciones. El núcleo recién formado nace de dos historias familiares, arraigadas en una red genealógica que influye en los nuevos vínculos.

Kelly Sikkema - Unsplash

Las etapas del desarrollo de los hijos y su impacto en la pareja

El crecimiento de los hijos también puede traer nuevos retos y oportunidades de cambio para la pareja. Cada fase evolutiva del niño puede influir en el equilibrio familiar:

  • Primera infancia (0-3 años): exige una presencia constante y puede reducir el tiempo disponible para la pareja, lo que aumenta el cansancio físico y emocional.
  • Etapa preescolar y escolar: surgen nuevas necesidades educativas y sociales, que pueden dar lugar a discrepancias sobre normas y valores.
  • Adolescencia: la búsqueda de autonomía de los hijos puede poner en cuestión las dinámicas familiares y exigir una renegociación de los roles parentales.

Ser conscientes de estas etapas y de sus efectos puede ayudar a la pareja a prepararse y a apoyarse mutuamente a lo largo de todo el proceso de crecimiento familiar.

Modelos psicológicos de referencia en la transición a la parentalidad

La transición a la parentalidad se ha estudiado ampliamente en psicología a través de distintos modelos teóricos que ayudan a comprender los cambios individuales y de pareja.

Uno de los más conocidos es la teoría del apego de John Bowlby (psiquiatra y psicoanalista británico), que destaca cómo las experiencias tempranas con las figuras de referencia influyen en la capacidad de construir vínculos seguros también en la vida adulta y, por tanto, en la forma de afrontar el papel de madre o padre.

Otro modelo importante es el de los procesos de identificación: convertirse en padres lleva a menudo a revivir y reelaborar la propia experiencia como hijos, lo que influye en las decisiones educativas y en la relación con el bebé.

Por último, el modelo del ciclo de vida familiar (Carter y McGoldrick, 1989) describe el nacimiento de un hijo como una de las principales fases de transición, que puede requerir que la pareja redefina roles, límites y formas de comunicación para favorecer la adaptación y el bienestar de todos sus miembros.

La familia y el bebé

El embarazo, para algunas mujeres, es el momento más importante de la vida. Son muchos los cambios físicos que acompañan a la madre durante los nueve meses de gestación: la mujer es la primera en darse cuenta de que va a nacer un bebé y esa conciencia le llega antes que al hombre.

En la mente de una madre

Para la mayoría de las mujeres, ser madre significa cumplir un deseo asociado a la necesidad de filiación y de continuidad de la especie. Los cambios son más evidentes, sobre todo los del cuerpo, y van acompañados de cambios psíquicos marcados por impulsos afectivos, agresivos y narcisistas hacia una misma y hacia las relaciones.

El periodo de espera es el resultado de varios cambios:

  • hormonales,
  • biológicos,
  • neurológicos,
  • psicológicos.

En este momento emergen conflictos profundos ligados a fases anteriores del desarrollo, y los aspectos positivos y negativos pueden proyectarse sobre el feto dentro del cuerpo materno.

¿Qué le ocurre al hombre?

En el hombre se producen otros cambios:

  • la mentalización del embarazo llega en un momento posterior al de la mujer;
  • su vida está condicionada por la calidad de la relación de pareja: cuanto mayor sea el entendimiento con su pareja, más implicado se sentirá en el proceso de tener un hijo.

Con la crianza, la pareja vive momentos de especial complicidad. Ambos se dan ánimos y la dimensión afectiva se vuelve más intensa. El bebé existe incluso antes de la concepción y sobre él se proyectan fantasías y deseos.

Jonathan Borba - Unsplash

El bebé imaginario, el bebé fantasmático y el bebé real

¿Quién no se ha imaginado alguna vez en el futuro con una familia e hijos? Mientras que el bebé fantasmático aparece en los sueños de la madre como expresión de su mundo inconsciente, el bebé imaginario es la construcción consciente y compartida que la pareja crea a partir de sus percepciones del bebé y de los deseos que proyecta en él.

En la pareja se alternan momentos muy empáticos y centrados en el deseo con otros marcados por la angustia y el miedo, sobre todo ante la idea de no concebir un hijo sano y feliz. Cuando el bebé nazca, todas las proyecciones de la pareja se encontrarán con el bebé real.

Un gran reto

El periodo de espera es uno de los más bonitos y, a la vez, más exigentes para una pareja. El nacimiento de un hijo, si por un lado es el fruto de la relación y sella su unión, por otro también la pone a prueba. Un hijo, aunque todavía no haya nacido, puede influir en la pareja, sobre todo en los comportamientos sexuales y afectivos.

La pareja tiene que aprender a reajustarse y reconstruirse en función de nuevos roles, con la atención puesta sobre todo en el compromiso y el cuidado de los hijos. El nacimiento de un hijo supone un fuerte componente de gratificación narcisista, en el que se vive al bebé como una prueba de la fuerza generativa y una extensión de la pareja parental.

Las dificultades más comunes y el papel del acompañamiento psicológico

Afrontar la crianza puede poner a la pareja ante numerosas dificultades, tanto prácticas como emocionales. Entre las más frecuentes están:

  • La comunicación reducida: el cansancio y las nuevas obligaciones pueden reducir el diálogo y la conexión emocional.
  • La gestión del estrés: la presión asociada a las nuevas responsabilidades puede aumentar los niveles de ansiedad y tensión.
  • La disminución del deseo sexual: los cambios físicos y emocionales y el cansancio pueden influir en la esfera íntima de la pareja.
  • Las diferencias educativas: pueden surgir diferencias en los valores y en los estilos de crianza, a menudo ligadas a la historia familiar de cada uno.

En estos momentos, el acompañamiento psicológico puede ser una gran ayuda. La terapia de pareja ofrece un espacio seguro en el que:

  • explorar las dificultades sin juicios,
  • mejorar la comunicación y la comprensión mutua,
  • desarrollar estrategias compartidas para afrontar los cambios.

Consejos prácticos para afrontar la transición a la parentalidad

Afrontar el paso de pareja a familia puede requerir consciencia y pequeños pasos diarios. Estas son algunas estrategias útiles:

  • Mantener el diálogo abierto: reservar momentos para hablar de lo que vivís, de vuestros miedos y expectativas puede ayudaros a sentiros más cerca y comprendidos.
  • Pedir ayuda cuando haga falta: contar con familiares o amigos de confianza puede aligerar la carga y prevenir la sensación de aislamiento.
  • Repartir las responsabilidades: dividir las tareas del cuidado del bebé y de la casa puede favorecer el equilibrio y reducir las tensiones.
  • Cuidar la relación: incluso los momentos breves de intimidad o las actividades compartidas pueden reforzar el vínculo.
  • Aceptar la imperfección: reconocer que no existen madres ni padres perfectos permite vivir con más serenidad las dificultades inevitables.

Estos pequeños gestos, aunque parezcan sencillos, pueden marcar la diferencia a la hora de mantener sólida la relación de pareja durante una de las etapas más delicadas de la vida.

Acompañaros mutuamente en la crianza

Convertirse en madre o padre puede ser un viaje extraordinario, hecho de emociones intensas, nuevas responsabilidades e inevitables cambios en la relación de pareja.

Si sientes que necesitas apoyo para afrontar esta transición, recuerda que no estás solo/a: pedir ayuda es un acto de autocuidado hacia ti, hacia tu pareja y hacia tu familia. Con Unobravo puedes encontrar un psicólogo online que te acompañe en este proceso y te ayude a reforzar el diálogo, gestionar las dificultades y, en algunos casos, vivir con más serenidad cada etapa de la crianza.

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