“¿Determino yo los acontecimientos por la forma en que los afronto o son los acontecimientos los que determinan mi vida?”
El grado en que una persona percibe que controla su propio destino se denomina locus de control. En este artículo examinaremos detenidamente el concepto de locus de control, cómo evaluarlo y cómo gestionarlo gracias al proceso psicológico.
Locus de control: definición y significado en psicología
¿Qué es el locus de control? El locus de control (Rotter, 1954) es un concepto psicológico que explica por qué, en situaciones problemáticas, las personas pueden decidir esforzarse por conseguir lo que desean o, por el contrario, dejar que las cosas sigan su propio curso.
La teoría del locus de control
Entre los principales autores de la teoría del locus de control se encuentra el psicólogo estadounidense Julian B. Rotter. En su práctica clínica, Rotter observó que algunas personas parecían confiar plenamente en su capacidad para controlar los acontecimientos, mientras que otras se consideraban completamente a merced del destino.
Para Rotter, el locus de control depende del tipo de explicación que se produce ante las dificultades. Por lo general, cuando las personas tienen que atribuir una causa a determinados acontecimientos, tienden a hacerlo dirigiendo su atención hacia el interior, fijándose en sus características personales, o bien hacia el exterior, hacia las características del contexto.
El locus de control, dependiendo del tipo de explicación que se produzca, puede ser interno o externo:
- Locus de control interno: tendemos a atribuir a nuestra forma de ser, la causa principal de lo que ocurre.
- Locus de control externo: tendemos, en mayor medida, a atribuir las causas de un determinado acontecimiento a lo que ocurre en el exterior.
Posteriormente, otros autores como la psicóloga Hanna Levenson (1973) criticaron la idea inicial de Rotter de que el locus de control interno y externo eran dos polos opuestos de una misma dimensión. De hecho, cada persona puede mostrar explicaciones tanto "internas" como "externas", o formular explicaciones bilocales, que combinan los dos tipos de locus de control. Hoy en día, el locus de control se considera un constructo bidimensional.

¿Cómo evaluar el locus de control?
Para medir el locus de control, Rotter desarrolló en 1966 la Escala de Locus de Control Interno-Externo. Se trata de una prueba en la que hay que indicar el grado de acuerdo con determinadas afirmaciones, como por ejemplo: "lo que me ocurre es el resultado de mis propias acciones" o "a veces siento que no tengo suficiente control sobre la dirección que está tomando mi vida".
Además, otros instrumentos como el test de autoestima pueden complementar esta evaluación, ya que la percepción del propio valor y la sensación de control sobre la vida están estrechamente relacionadas.
Desde entonces se han desarrollado numerosos instrumentos que han encontrado diversos campos de aplicación. He aquí algunos ejemplos:
- La Escala de Locus de Control de la Salud (HLC) y el Locus de Control Multidimensional de la Salud, utilizados para hacer predicciones sobre el comportamiento relacionado con la salud.
- La Mini Escala de Locus de Control, una escala breve que evalúa el locus de control de forma general.
- El LOC-C, un test que evalúa el locus de control en el ámbito laboral, considerado como una de las principales habilidades blandas de un empleado.
Locus de control y bienestar psicológico
Los conocimientos actuales sobre el locus de control se utilizan ampliamente para promover el bienestar psicológico. Las personas con un locus de control interno suelen tener buena autoestima y autoeficacia; mientras que las personas con un locus de control externo son más propensas a la ansiedad y la depresión.
Tanto el locus de control interno como la autoestima se correlacionan significativamente con el volumen del hipocampo en adultos jóvenes y adultos mayores (Pruessner et al., 2005). Asimismo, el autoempoderamiento se ve favorecido por tener un locus de control interno, así como un estilo de atribución orientado hacia uno mismo.
Locus de control y salud
El nivel de control que percibimos que tenemos sobre los acontecimientos que caracterizan nuestras vidas tiene un impacto directo en nuestro estado de salud. Por eso, en psicología de la salud se considera importante evaluar el locus de control de la salud.
Quienes tienen un locus de control interno son más propensos a sentir que pueden cuidar eficazmente de su salud y pondrán en práctica acciones protectoras, como usar el cinturón de seguridad, comer sano, dejar de fumar o aumentar la actividad física.
De hecho, se ha observado que las personas con un locus de control interno alto tienen más de un 40 % de probabilidad de realizar conductas saludables en comparación con quienes presentan un locus de control interno bajo, incluso después de ajustar por sexo, edad, valores de salud y otras escalas de locus de control (Steptoe & Wardle, 2001).
Sin embargo, esto no es suficiente. Para lograrlo son necesarios tanto el locus de control como la autoeficacia. Para empezar a practicar un deporte, por ejemplo, no sólo hay que pensar "hacerlo depende de mí", sino también "tengo las habilidades y capacidades necesarias". En otras palabras, hay que tener una alta autoeficacia percibida con respecto a esa actividad.
Locus de control y enseñanza metacognitiva
La teoría del locus de control también ha encontrado aplicación en el ámbito escolar, y es que, al parecer, un locus de control interno también puede garantizar un mayor éxito en la escuela.
Pensemos en un alumno que suspende un examen. Si cree que es víctima de su profesor, es poco probable que se esfuerce por estudiar más en el siguiente examen. Por el contrario, si cree que la calidad de su empeño puede marcar la diferencia, es probable que se automotive para cambiar sus hábitos de estudio para hacer frente al examen.
Reconocer por qué pensamientos se ve influido el comportamiento de estudio de cada uno es precisamente uno de los objetivos de la enseñanza metacognitiva, que pretende fomentar en los estudiantes una mayor capacidad para identificar las estrategias de aprendizaje más adecuadas para ellos mismos.
La distorsión cognitiva en el locus de control
Las personas que tienen tendencia a atribuir en exceso las causas de los acontecimientos a factores externos pueden sentirse sin percepción de control de lo que ocurre a su alrededor, generando así la percepción de que no tienen control sobre su propio destino. Quienes tienen un locus de control externo pueden encontrarse con un miedo a la felicidad derivado de la creencia de que un acontecimiento positivo es sólo "una casualidad" y que, hagan lo que hagan, no volverá a repetirse.
Por otro lado, las personas que tienden a percibirse a sí mismas como las responsables directas de lo que les ocurre corren el riesgo de culparse en exceso, ya que piensan que ellas mismas son la causa principal de lo que les ha sucedido. Sin embargo, en contextos de violencia estructural extrema, adoptar un locus de control externo puede reflejar de manera más precisa la experiencia vivida y, en estos casos, se ha observado que se asocia a mejores resultados de salud mental (Kaiser, 2024). Un desequilibrio excesivo del locus de control en una dirección, ya sea interna o externa, puede conducir a la estructuración de mecanismos psicológicos disfuncionales que influyen negativamente en la forma en que nos percibimos a nosotros mismos en relación con los demás y con nuestras vidas.
Locus de control externo: el fenómeno de la indefensión aprendida
Este fenómeno se produce cuando estamos en presencia de un locus de control excesivamente dirigido hacia el exterior. Se manifiesta en aquellas personas que llegan a creer que son incapaces de ejercer ninguna influencia sobre su entorno, hasta el punto de adoptar una actitud generalizada y masiva de renuncia hacia su propia vida.
Esto se refleja en una actitud pesimista generalizada que con frecuencia puede estar presente en el llamado "síndrome de Casandra" y en la depresión mayor. La indefensión aprendida, el pesimismo y la depresión están, por tanto, relacionados.
La indefensión aprendida también está estrechamente relacionada con la ansiedad. Un ejemplo de ello es la sensación de profunda impotencia de quienes experimentan ecoansiedad (término utilizado para describir una forma específica de ansiedad causada por el cambio climático) a la hora de cambiar el destino de nuestro planeta.
Hipercrítica, baja autoestima y locus de control interno
La baja autoestima y la depresión también pueden estar presentes cuando existe un desequilibrio excesivo del locus de control interno. Como ya hemos visto, esto puede llevar al desarrollo de fuertes sentimientos de culpa derivados de una excesiva responsabilidad por lo que ocurre en nuestras vidas. Esto puede dar lugar a fuertes sentimientos de:
- devaluación,
- inadecuación,
- hipercrítica,
que disminuyen la autoestima y afectan negativamente al estado de ánimo.
El efecto actor-observador
Este mecanismo se refiere a la tendencia de las personas a atribuir sus propias acciones a factores situacionales y las de los demás a factores personales. Esto puede influir directamente en la calidad de las relaciones personales.
Así, la persona puede asumir:
- Una actitud culpabilizadora hacia el comportamiento del otro, del que se espera una mayor capacidad de control.
- Una actitud de no responsabilidad hacia los propios, porque están causados por elementos situacionales externos.

Sesgo cognitivo y falsa atribución
Las personas utilizan la distorsión para mantener una imagen elevada del Yo. Atribuirse los propios méritos a sí mismas y los fracasos a causas externas, permite protegerse de posibles sensaciones de inadecuación y desvalorización.
Aunque esto pueda parecer un mecanismo que promueve un estado de bienestar, en realidad es una distorsión que a largo plazo puede llevar a la creación de una autoimagen ilusoria del Yo sustentada estratégicamente por la evitación de situaciones potencialmente infructuosas.
Ejemplos prácticos de locus de control interno y externo
Comprender el locus de control puede resultar más sencillo si lo relacionamos con situaciones cotidianas. A continuación, encontrarás ejemplos que ilustran cómo se manifiestan el locus de control interno y externo en diferentes áreas de la vida:
- En el trabajo:
- Locus de control interno: una persona que recibe una evaluación negativa puede pensar: "Puedo mejorar mi desempeño si me esfuerzo más y busco nuevas estrategias". Esta actitud fomenta la proactividad y la búsqueda de alternativas.
- Locus de control externo: en la misma situación, otra persona podría considerar: "No importa lo que haga, mi jefe siempre es injusto". Esta percepción puede generar desmotivación y una sensación de poca influencia sobre lo que ocurre.
- En las relaciones personales:
- Locus de control interno: al enfrentar un conflicto con un amigo, alguien con locus interno puede reflexionar: "Quizá puedo comunicar mejor mis necesidades para evitar malentendidos".
- Locus de control externo: por otro lado, una persona con locus externo puede pensar: "Siempre tengo mala suerte con las amistades, nada depende de mí".
- En la salud:
- Locus de control interno: una persona que decide adoptar hábitos saludables suele pensar: "Mi bienestar depende en gran parte de mis elecciones diarias".
- Locus de control externo: otra puede percibir que su salud está determinada únicamente por la genética o el entorno, y puede sentir que sus propias acciones tienen poco impacto.
Estos ejemplos ayudan a comprender cómo la percepción de control influye en la manera en que interpretamos y afrontamos los desafíos cotidianos. Identificar nuestro propio estilo puede ser un primer paso para desarrollar una actitud más equilibrada y flexible.
Consecuencias psicológicas del locus de control: una perspectiva basada en la evidencia científica
El tipo de locus de control que predomina en cada persona puede influir de manera notable en su bienestar psicológico. Diversas investigaciones han explorado cómo el locus de control interno y externo se relacionan con aspectos como la autoestima, la ansiedad y la motivación.
- Autoestima: las personas que tienen un locus de control interno suelen experimentar una autoestima más elevada, ya que perciben que sus logros y dificultades dependen en gran medida de sus propias acciones. En cambio, cuando predomina un locus de control externo, es posible que la valoración personal sea menor, al sentir que los resultados están determinados por factores ajenos a su voluntad.
- Ansiedad y depresión: un locus de control externo puede asociarse con niveles más altos de ansiedad y síntomas depresivos, ya que la sensación de no poder influir en lo que ocurre puede generar incertidumbre y falta de esperanza. Por otro lado, un locus de control interno muy marcado a veces puede favorecer la autocrítica y la culpa, especialmente cuando las cosas no salen como se espera.
- Motivación: la motivación intrínseca suele ser más intensa en quienes cuentan con un locus de control interno, ya que confían en su capacidad para influir en los resultados. Por el contrario, las personas que perciben un locus de control externo pueden sentir menor motivación, al considerar que sus esfuerzos no tienen un impacto significativo.
Estos resultados resaltan la importancia de buscar un equilibrio, evitando los extremos y fomentando una percepción realista sobre el grado de control que podemos ejercer en las distintas áreas de la vida.
¿Cómo gestionar el propio locus de control?
La percepción excesiva de tener pleno control sobre lo que nos ocurre o, por el contrario, no tenerlo en absoluto, puede acarrear consecuencias desastrosas para el bienestar psicológico. Entonces, ¿cómo podemos restablecer un estado óptimo de equilibrio entre estas dos actitudes diferentes?
El acompañamiento psicológico, por ejemplo con un psicólogo online, puede ayudarte a lo siguiente:
1. Adquirir una mayor conciencia de tus mecanismos de control
Tomar conciencia de estas dos actitudes mentales diferentes puede ser útil para comprender en cuál de los dos polos diferentes de control tiendes a posicionarte. De esta forma, podrás empezar a identificarlos y modificarlos.
2. Adoptar estrategias funcionales
Después de haber identificado en qué locus de control uno tiende a posicionarse, se puede empezar a modificar el propio proceso evaluativo observándose cada vez que ocurre un acontecimiento vital que tiene una importancia. Una persona que está más orientada hacia el exterior, debe preguntarse si podría haber tenido un comportamiento diferente. Por el contrario, quien se orienta más hacia el interior, debe permitirse pensar que a veces las cosas no dependen totalmente de uno mismo.
3. Restablecer una condición de equilibrio
El objetivo es alcanzar una condición óptima en la que cada acontecimiento vital que nos suceda se viva en igual medida como determinado por un conjunto de factores internos y externos que actúan para lograr un resultado específico. Por lo tanto, debemos intentar aceptar la idea de que cada acontecimiento puede controlarse "lo justo".
El locus de control se puede trabajar, así que si tu tipo de locus de control interfiere en tu día a día y te causa malestar, podemos ayudarte. En Unobravo, puedes encontrar psicólogos y psicólogas con los que trabajar y modificar las creencias desadaptativas para gestionar mejor las situaciones. Puedes dar el primer paso rellenando nuestro cuestionario para encontrar el psicólogo o psicóloga más adecuado para ti.





