Personalidad y comportamiento pasivo agresivo: características y ejemplos

Personalidad y comportamiento pasivo agresivo: características y ejemplos
Marcello Delmondo
Redacción
Psicoterapeuta con orientación Psicoanalítica
Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica
PUBLICADO EL
28.8.2025
Si te ha gustado, compártelo:

"¿Vamos a cenar a casa de mis padres?", "¿Harías horas extras?"

"¡Preferiría no hacerlo!"

Esta podría ser la frase típica de una personalidad pasivo-agresiva, como señala Fea (2023), citando la respuesta del protagonista de la novela de Melville Bartebly, el escribiente. Una frase aparentemente inofensiva que, sin embargo, tira por la borda todo un bufete de abogados en la novela que hemos citado.

¿Con qué frecuencia utilizamos la pasividad en nuestras relaciones? ¿Cuándo se trata de un comportamiento pasivo-agresivo, cuándo de un mecanismo de defensa y cuándo de un verdadero trastorno? ¿Cuáles son las diferencias de matiz y cuáles son las características de una personalidad pasivo-agresiva? Intentaremos ilustrar el significado, las causas, el comportamiento y las estrategias para gestionar este tipo de personalidad.

Pasivo-agresivo: significado y características

En un artículo, el psicoanalista Cohen (2024) define la agresividad pasiva de la siguiente manera:

"es la forma indirecta y a menudo insidiosa en la que expresamos antagonismo o desobediencia mientras nos reservamos el poder de negar de forma creíble nuestras intenciones".

En su trabajo, Cohen destaca cómo la inclusión de los rasgos pasivo-agresivos en un trastorno de personalidad real ha sido objeto de debate desde la primera edición del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), que se remonta a 1952.

La lista de "síntomas" se tomó prestada de las consideraciones del coronel Menninger, psiquiatra militar, que se preguntaba por ciertas actitudes de evasión que mostraban los soldados. Sin embargo, se situaba en el contexto particular de un campo de batalla. Fuera de dicho ámbito y llevados a contextos relacionales, así como diagnósticos (por ejemplo, con referencia a la adolescencia), estos rasgos se asocian a una inadaptación en la personalidad. Hasta la tercera edición del DSM (1980) el trastorno pasivo agresivo se diagnosticaba en presencia de las siguientes características:

  • obstinación,
  • ineficiencia,
  • tendencia a dejar las cosas para más tarde,
  • ociosidad,
  • olvido.

Hoy en día, el diagnóstico ya no existe y Cohen sugiere que consideremos estos rasgos como potencialmente inherentes a cada uno de nosotros y a nuestra dificultad para reconocer las tendencias agresivas y coléricas en nuestra forma de relacionarnos. Por tanto, en mayor o menor medida, son rasgos que cada uno de nosotros puede expresar con actitudes que incluyen la ironía, el sarcasmo, el silencio y la cortesía como medios socialmente aceptados para expresar nuestro desagrado.

Causas del comportamiento pasivo-agresivo

Las causas del comportamiento o carácter pasivo agresivo pueden estar relacionadas con los modelos educativos vividos en la infancia y la adolescencia, pero también con aspectos culturales y sociales. Las causas psicológicas pueden ser las siguientes:

  • Un entorno educativo-familiar controlador que restringe la expresión de emociones como la ira o el conflicto mediante amenazas de consecuencias y castigos.
  • La imitación de actitudes pasivo-agresivas de los padres.
  • La dificultad para comunicar aspectos conflictivos y emociones relacionadas.

Por otro lado, desde un punto de vista moral y social, pueden intervenir modelos de valores, culturales o religiosos:

  • que retratan negativamente la ira y el conflicto;
  • que dan prioridad a la expresión del desacuerdo a través de la amabilidad y la cortesía.

En algunos casos, el comportamiento pasivo-agresivo puede estar integrado en una organización más amplia de la personalidad. Por ejemplo, los rasgos, actitudes o comportamientos pasivo-agresivos pueden estar presentes en personas con trastornos por abuso de sustancias y adicción a las drogas (Villani y Lorusso, 2004) o con un trastorno narcisista de la personalidad.

comportamiento pasivo agresivo
Anna Giorgia Zambrelli - Pexels

El comportamiento pasivo-agresivo en las relaciones

¿Cómo se manifiesta el comportamiento pasivo-agresivo en el amor? Estos son algunos ejemplos del comportamiento pasivo agresivo en las relaciones:

  • Uso del silencio como castigo.
  • Tendencia a echar la culpa a la pareja evitando asumir responsabilidades.
  • Tendencia a procrastinar.
  • Tendencia a ejercer el control evitando el conflicto abierto.
  • Comunicación ineficaz.
  • Uso del sarcasmo y la ironía.
  • Tendencia a eludir la confrontación fingiendo no entender.

La persona con una actitud agresiva pasiva puede utilizar las siguientes estrategias para acabar con una relación:

  • Uso de excusas para evitar confrontarse abierta y responsabilizarse.
  • Comportamiento provocador o irritante en un intento de mantener el control sobre la situación.
  • Tendencia a actitudes de evitación que empujan a la pareja a dar el primer paso.
  • Uso de una comunicación vaga e indirecta a través de indirectas.

La relación de pareja, al sacar a colación el tema del miedo a la dependencia (Cohen, 2024), puede convertirse en un terreno de experiencia que pone especialmente a prueba para una persona con un comportamiento pasivo-agresivo. De hecho, los contrastes, el conflicto y la emotividad están a la orden del día en el paisaje relacional y pueden complicar la experiencia sentimental de una persona con este tipo de comportamiento.

¿Un pasivo-agresivo puede amar?

La persona con un comportamiento pasivo-agresivo puede experimentar sentimientos de amor y apego, pero tiende a vivir la relación de forma ambivalente. La dificultad para expresar emociones y necesidades directamente, combinada con el miedo al conflicto y a la dependencia, puede obstaculizar la construcción de un vínculo auténtico.

El miedo a ser vulnerable puede llevar a comportamientos de cierre, distanciamiento emocional, evitación o sabotaje de la relación. Incluso cuando está implicada, la persona pasivo-agresiva puede experimentar la intimidad como una amenaza, lo cual hace que sea difícil que su pareja comprenda las experiencias emocionales reales.

Comportamiento pasivo-agresivo en el trabajo

En la novela de Melville, Bartleby, el escribiente (1853), el protagonista contratado como copista en un bufete de abogados responde a la petición de examinar un documento con un cortés "preferiría no hacerlo". En ese momento se cruza de brazos y se niega a abandonar el despacho día y noche. Inmóvil y silencioso, el "exasperantemente respetable" escribiente provoca la ruina del bufete.

La literatura nos ofrece así un ejemplo de comportamiento pasivo-agresivo en el trabajo. La oposición no adopta la forma de acciones descaradamente agresivas o conflictivas que puedan justificar aplicar sanciones. Más bien se manifiesta en una oposición silenciosa, casi impecable en su aparente cortesía. De nuevo, las actitudes relacionadas con una comunicación subóptima, los silencios, la procrastinación, el no asumir la responsabilidad, el sarcasmo, el obstruccionismo y la evitación de la confrontación representan el sello identitario del comportamiento agresivo pasivo.

cómo afrontar el comportamiento pasivo agresivo
Cottonbro Studio - Pexels

¿Cómo afrontar el comportamiento pasivo-agresivo?

En su artículo, Cohen (2024) relata una viñeta clínica de una de sus sesiones con un paciente. De este modo, pone de relieve cómo a menudo se responde de forma simétrica al comportamiento pasivo agresivo en una especie de concurso de quién se siente con más derecho a pasar por la víctima indefensa.

La agresividad es una herramienta para reaccionar ante la debilidad y la impotencia de sentirse indefenso. La forma pasiva permite escapar de este sentimiento de dependencia e inferioridad evitando pasar por formas de comportamiento que no están socialmente aceptadas. Se crea así una danza entre antagonistas no declarados que intentan ganar la primacía del victimismo haciendo que el otro se sienta culpable.

Una comunicación desprovista de hostilidad, capaz de permitir la expresión de contenidos fuertes y complejos sin trascender hacia la agresividad, presupone entornos relacionales desprovistos de juicios, espacios en los que es posible razonar abiertamente sobre lo que sentimos tratando de reconocer el sentir del otro, posibles dinámicas de proyección con las que podemos llegar a adoptar la mirada del otro (nuestra forma de ver las cosas vuelve a nosotros como si fuera una expresión del punto de vista del otro).

Un espacio así puede encontrarse dentro de un proceso de psicoterapia. Aunque a menudo no es fácil construirlo en el ámbito laboral, familiar o relacional, cuando los estilos de comunicación son claramente disfuncionales y cuando se genera malestar en la relación debido a formas de control ejercidas a través de silencios castigadores y obstruccionismo, puede ser útil recurrir a un profesional para abordar las causas, los orígenes y las estrategias de transformación de estos comportamientos.

Cambiar el "preferiría no hacerlo" por lo que siento

Los comportamientos pasivo-agresivos pueden ser más o menos conscientes. En algunos casos son formas de adaptación a entornos sociales caracterizados por lógicas jerárquicas y dinámicas de poder complicadas. En otros casos, es una respuesta a sentimientos individuales de inferioridad e impotencia que no somos incapaces de expresar de otra forma. En otras circunstancias, se trata de una serie de comportamientos que se oponen al bienestar individual, relacional, de pareja e incluso corporativo.

Un proceso de apoyo psicológico con un profesional, como una psicóloga o psicólogo online, puede ser útil para reconocer nuestros recursos para expresar sentimientos complejos como aquellos que están relacionados con la conflictividad y la agresividad. Pasar del "preferiría no hacerlo" a la expresión clara de lo que sentimos, aunque sea doloroso o difícil de afrontar por ser una potencial fuente de conflicto, es el primer paso importante hacia un mayor bienestar psicológico.

Bibliografía
Este contenido es de tipo divulgativo y no puede reemplazar el diagnóstico de un profesional. Artículo revisado por nuestra redacción clínica

Scarica il report

Scarica il report

Te pueden interesar

Apego seguro: qué es, características y cómo desarrollarlo
Relaciones

Apego seguro: qué es, características y cómo desarrollarlo

Apego desorganizado: qué es, ejemplos y cómo trabajarlo
Relaciones

Apego desorganizado: qué es, ejemplos y cómo trabajarlo

Mariposas en el estómago: qué son y por qué las sentimos
Relaciones

Mariposas en el estómago: qué son y por qué las sentimos

No items found.
Ver todos los artículos

Preguntas frecuentes

Suscríbete a la newsletter

Con Aurora recibirás en tu email muchos recursos con los que cultivar tu bienestar psicológico. ¡No te la pierdas!

Email