La sertralina es uno de los antidepresivos más prescritos en España, y alrededor de su nombre pueden surgir muchas preguntas, tanto de quien ha recibido una prescripción como de familiares y personas que quieren entenderla mejor. Es el principio activo de varios medicamentos, de marca y genéricos, y pertenece a la familia de los ISRS.
Aquí vemos cómo actúa, para qué trastornos se usa, cuáles son sus contraindicaciones y efectos adversos y por qué a menudo se combina con la psicoterapia. Conviene tener presente desde el principio que su efecto terapéutico no es inmediato y que cualquier cambio en el tratamiento debe consultarse y pautarse con el médico.
De qué clase forma parte y con qué nombres se comercializa
La sertralina pertenece a la clase de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), uno de los grupos de antidepresivos más estudiados y prescritos del mundo.
En España se comercializa con la marca original Besitran, junto a varios genéricos que contienen la misma molécula a las mismas dosis (Sertralina Normon, Cinfa o Kern, entre otros). Las formulaciones principales son los comprimidos y concentrado para solución oral.
Ya sea Besitran o un genérico, el principio activo es el mismo, porque la equivalencia terapéutica entre la molécula y las distintas marcas está garantizada por la normativa farmacéutica. La elección entre uno y otro depende de factores prácticos, como la disponibilidad o el precio, no de la eficacia.
Cómo funciona y para qué se usa la sertralina
La sertralina actúa sobre todo en el sistema serotoninérgico del cerebro. Entre una neurona y otra existe un espacio diminuto denominado hendidura sináptica, a través del cual las neuronas se comunican liberando sustancias químicas. La serotonina es una de ellas y, tras transmitir su señal, es recaptada en parte por la neurona que la liberó.
La sertralina inhibe esa recaptación, de modo que la serotonina permanece disponible más tiempo en la hendidura sináptica. Este neurotransmisor participa en la regulación del estado de ánimo, el sueño, el apetito y la respuesta emocional.
Es importante aclarar que la depresión y la ansiedad no dependen únicamente de la química cerebral, sino de una interacción de factores biológicos, psicológicos y del entorno. La sertralina actúa modulando la respuesta neuroquímica, pero no resuelve por sí sola las causas emocionales o situacionales que originan el malestar.
Un aspecto importante es que el efecto terapéutico no es inmediato, ya que suelen ser necesarias de 2 a 4 semanas (y hasta 6-8 semanas para una respuesta completa) antes de que los beneficios sean perceptibles y estables. Por eso interrumpir el tratamiento por cuenta propia, sin hablarlo con el médico, puede ser contraproducente.
La AEMPS ha aprobado la sertralina para el tratamiento de varios trastornos:
- depresión mayor y prevención de sus recaídas, que puede cursar con ánimo persistentemente bajo, pérdida de interés y cansancio profundo,
- trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), con pensamientos intrusivos y recurrentes y conductas repetitivas,
- trastorno de pánico, con o sin agorafobia, con crisis repentinas de miedo intenso y síntomas físicos,
- trastorno de estrés postraumático (TEPT), que puede aparecer tras vivencias traumáticas,
- trastorno de ansiedad social, un miedo intenso y persistente a las situaciones sociales y al juicio de los demás.
En niños y adolescentes la sertralina solo está aprobada para el trastorno obsesivo-compulsivo, entre los 6 y los 17 años, ya que en la depresión no ha demostrado eficacia a esta edad. La valoración, la prescripción y el seguimiento corresponden al especialista, con una vigilancia estrecha de los pensamientos suicidas y las conductas autolesivas.

Contraindicaciones, advertencias y precauciones
Hay situaciones en las que la sertralina no debe prescribirse, y conocerlas es tan importante como saber para qué sirve, porque un tratamiento funciona de verdad solo cuando es seguro para la persona.
Las contraindicaciones absolutas, es decir, los casos en los que la sertralina no debe tomarse, son:
- hipersensibilidad al principio activo o a alguno de los excipientes,
- inhibidores de la MAO (IMAO), con un periodo de espera entre la retirada del IMAO y el inicio de la sertralina definido por el médico,
- pimozida, un antipsicótico con el que la sertralina puede interactuar de forma peligrosa.
Existen además situaciones que no excluyen su uso, pero requieren una valoración cuidadosa caso por caso, porque pueden modificar el equilibrio entre beneficios y riesgos.
En el embarazo el uso no queda automáticamente descartado, pero exige una reflexión detenida con el especialista, sopesando los beneficios para la madre y los posibles riesgos para el feto. Durante la lactancia la sertralina pasa a la leche materna en pequeñas cantidades, así que también es conveniente tener supervisión y seguimiento por parte del médico.
En las primeras semanas puede notarse una reducción de la concentración o de los reflejos, algo a tener en cuenta al conducir o manejar maquinaria.
Las personas mayores pueden ser más sensibles, sobre todo al riesgo de hiponatremia, es decir, un descenso del sodio en sangre que puede cursar con confusión, debilidad o dolor de cabeza, por lo que conviene un seguimiento médico más frecuente. En caso de insuficiencia hepática se debe ajustar la dosis a la baja (o aumentar el intervalo entre tomas); en insuficiencia renal, por lo general, no se requiere ajuste de dosis.
Se recomienda evitar el alcohol durante el tratamiento, porque puede potenciar algunos efectos adversos e interferir con la eficacia. Quien toma anticoagulantes, AINE o ácido acetilsalicílico debe comunicarlo al médico, porque la sertralina puede aumentar el riesgo de hemorragias.
Un aspecto que conviene nombrar con claridad es que, en las primeras semanas, en algunos casos pueden aparecer o intensificarse pensamientos suicidas, sobre todo en niños, adolescentes y adultos jóvenes menores de 25 años. No es una certeza, sino una posibilidad que no debe ignorarse, y si ocurriera es importante contactar de inmediato con el médico.
En general, cualquier cambio en la terapia debe acordarse siempre con el médico que la prescribe.
Efectos secundarios
Como todos los medicamentos, la sertralina puede causar efectos adversos, aunque no todas las personas los manifiestan. Se clasifican según la frecuencia con la que pueden aparecer.
- Muy frecuentes (más de 1 de cada 10 personas): náuseas, dolor de cabeza, diarrea, insomnio o somnolencia, sequedad de boca, mareos y fatiga.
- Frecuentes (hasta 1 de cada 10): disfunciones sexuales, como disminución del deseo y dificultades en la erección o el orgasmo, temblores, sudoración, vómitos, cambios de peso y apetito, nerviosismo, ansiedad y agitación.
- Poco frecuentes (hasta 1 de cada 100): reacciones cutáneas, alteraciones visuales, acúfenos, taquicardia y parestesias.
- Raros (hasta 1 de cada 1.000): convulsiones, síndrome serotoninérgico, hepatitis, pancreatitis y reacciones alérgicas graves.
Muchos de estos efectos tienden a atenuarse en las primeras semanas a medida que el organismo se adapta, y los primeros días suelen ser los más exigentes. Si persisten o empeoran, conviene contactar con el médico para valorar ajustes, sin esperar a la siguiente visita.
Merecen una mención aparte las disfunciones sexuales: aunque pueda resultar incómodo nombrarlas, conviene comunicarlas tanto al médico como al psicólogo, porque pueden influir en la calidad de vida y en el proceso de tratamiento. La disfunción sexual tiende a persistir durante todo el tratamiento si no se realiza una intervención clínica.
Conviene aclarar el tema de la retirada de la sertralina. Como los demás antidepresivos, no crea dependencia en el sentido de las sustancias de abuso, porque no genera conducta de búsqueda compulsiva (adicción) ni deseo irrefrenable de consumo (craving). Si se interrumpe de forma brusca, en cambio, pueden aparecer síntomas temporales como mareo, irritabilidad, náuseas, parestesias (sensación de hormigueo o de “descargas eléctricas”) o alteraciones del sueño.
Este fenómeno se conoce como síntomas de retirada (a veces llamado síndrome de discontinuación) y es distinto de la abstinencia. La abstinencia, propia de las benzodiazepinas, implica una verdadera dependencia física. Los síntomas de retirada son solo una reacción temporal a la interrupción brusca.
Por eso la reducción de la sertralina debe ser gradual y bajo supervisión médica, según un plan acordado.
Interacciones con otros medicamentos y sobredosis
Antes de nada, una precaución concreta, informar siempre al médico de todos los medicamentos, complementos y productos de herbolario que se toman, incluidos los de venta libre o considerados “naturales”, porque la sertralina puede interactuar con varias sustancias.
Las interacciones principales documentadas incluyen:
- IMAO, contraindicación absoluta por el riesgo de síndrome serotoninérgico.
- Otros fármacos serotoninérgicos, como triptanes, litio, triptófano o la hierba de San Juan, que pueden aumentar el riesgo de síndrome serotoninérgico, igual que algunos analgésicos como el tramadol.
- Anticoagulantes orales y AINE, con un posible aumento del riesgo de sangrado.
- Fármacos metabolizados por el CYP2D6, como algunos antidepresivos tricíclicos y antiarrítmicos, cuyo metabolismo la sertralina puede ralentizar.
- Fármacos que prolongan el intervalo QT, cuya asociación requiere una valoración médica atenta.
La evaluación de estas interacciones y la decisión de combinar medicamentos corresponde exclusivamente al médico, que valora los beneficios y los posibles riesgos en cada caso.
La sobredosis requiere atención médica inmediata. Las señales más frecuentes son náuseas, vómitos, taquicardia, temblores, agitación, somnolencia y mareos, y en los casos más graves pueden aparecer síndrome serotoninérgico, convulsiones o pérdida de conciencia.
Si sospechas una sobredosis, llama de inmediato al 112 o acude al servicio de Urgencias, y lleva contigo el envase. No existe un antídoto específico, así que el tratamiento es de soporte y la rapidez marca la diferencia.

Sertralina y psicoterapia: dos herramientas en el proceso de cuidado
El tratamiento farmacológico y la psicoterapia actúan en planos distintos y pueden complementarse en distintas fases del proceso. A diferencia de las benzodiazepinas, la sertralina es un tratamiento de mantenimiento a medio y largo plazo para la depresión, no un simple alivio sintomático, y la evidencia respalda su combinación con la psicoterapia.
La sertralina puede reducir la intensidad de los síntomas y crear un espacio mental más accesible, en el que el trabajo terapéutico se vuelve posible.
La psicoterapia, por su parte, trabaja sobre las raíces del malestar, los patrones de pensamiento recurrentes y las estrategias que ya no funcionan, sobre todo con enfoques de amplia evidencia como la terapia cognitivo-conductual, que ayuda a desarrollar recursos de afrontamiento duraderos.
La evidencia indica que el tratamiento combinado puede ser más eficaz que cada enfoque por separado en condiciones como la depresión mayor, el TOC, el TEPT y el trastorno de pánico.
Si ya tomas sertralina, un proceso terapéutico puede reforzar los beneficios del fármaco y acompañarte también en la fase en la que, junto con el médico, valoréis una posible reducción de la dosis.
Si ya estás haciendo terapia, en algunas fases el médico puede valorar la conveniencia de añadir un apoyo farmacológico, una decisión que debe ser consultada, evaluada y pautada por un médico.
Con el cuestionario de Unobravo puedes encontrar un psicólogo o psicóloga que se adapte a tus necesidades y valorar juntos qué tipo de apoyo se ajusta mejor a tu situación.




