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Terrores nocturnos en niños: qué son y qué hacer

Terrores nocturnos en niños: qué son y qué hacer
Redacción Unobravo
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Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
29.10.2026
Terrores nocturnos en niños: qué son y qué hacer
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  • Los terrores nocturnos son episodios de despertar parcial durante el sueño no REM, frecuentes en la infancia. El niño normalmente no está completamente despierto y no recuerda lo ocurrido al día siguiente. Suelen desaparecer con el crecimiento.
  • Durante un episodio de terror nocturno, lo más importante es no despertar al niño: quedarse cerca en silencio, hacer que el entorno sea seguro y esperar a que el episodio termine por sí solo.
  • Los principales desencadenantes son el cansancio excesivo, la fiebre, el estrés emocional y estímulos físicos como las apneas o el reflujo; una rutina estable antes de dormir y un descanso suficiente para la edad pueden reducir la frecuencia de los episodios.
  • Los terrores nocturnos se diferencian de las pesadillas porque se producen en la fase no REM, en el primer tercio de la noche: el niño no se puede consolar y por la mañana no lo recuerda, mientras que con las pesadillas se despierta, recuerda el sueño y se le puede tranquilizar.
  • Los terrores nocturnos también pueden aparecer en adultos. Si comienzan en esta etapa, se repiten con frecuencia o provocan lesiones, conviene consultar con un médico para valorar las posibles causas.

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Puede ocurrir que, en plena noche, lleguen gritos desgarradores desde la cama de tu hijo o hija y que, al acudir, lo encuentres sentado, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada. Como si estuviera despierto, aunque en realidad no lo esté.

Esa sensación de impotencia, de no saber qué hacer mientras tu hijo parece aterrorizado por algo que no puedes alcanzar, es una de las experiencias más desconcertantes que puede vivir un padre o una madre.

En este artículo vemos qué son los terrores nocturnos (también llamados pavor nocturno), en qué se diferencian de las pesadillas, cómo actuar durante un episodio, si se pueden prevenir y, sobre todo, cuándo conviene hablarlo con el pediatra.

Qué son los terrores nocturnos y por qué no deben asustarte

El ciclo del sueño se compone de varias fases. Los terrores nocturnos aparecen justo durante las más profundas, las del sueño no REM, cuando el cerebro del niño está inmerso en un descanso intenso y difícil de interrumpir. En términos técnicos, se trata de una parasomnia, es decir, un comportamiento anómalo que surge durante el sueño sin que la persona sea consciente de ello (American Academy of Sleep Medicine, 2014).

Afectan sobre todo a niños de entre 2 y 12 años, con un pico de frecuencia entre los 3 y los 8 años, justo en la etapa en la que el sistema nervioso está en plena maduración. Durante un episodio, el niño no está despierto de verdad y, sobre todo, por la mañana no recuerda nada.

Los terrores nocturnos son relativamente frecuentes durante la infancia, especialmente en los primeros años. La mayoría de los niños deja de experimentarlos a medida que crece, aunque algunos pueden seguir teniendo episodios durante más tiempo.

Lo más importante que debes tener en cuenta es que los terrores nocturnos infantiles suelen ser benignos y desaparecer con el crecimiento. Por sí solos, no indican que el niño tenga un problema psicológico ni que exista una enfermedad neurológica. Si los episodios son muy frecuentes, provocan lesiones o presentan características poco habituales, conviene consultar con el pediatra.

Padre e madre che leggono al loro bambino a letto durante la notte per una calda storia della buonanotte.
Pavel Danilyuk – Pexels

Cómo se manifiesta un episodio de terror nocturno

Así es como se presenta, en concreto, un episodio de terror nocturno:

  • gritos repentinos o llanto inconsolable, a menudo muy intensos;
  • ojos muy abiertos (o, a veces, cerrados) y mirada ausente, que no se cruza con la tuya;
  • sudoración abundante y respiración acelerada;
  • taquicardia, es decir, un latido cardiaco mucho más rápido de lo habitual;
  • total ausencia de respuesta a las palabras, las caricias o los intentos de consuelo.

El niño no te reconoce, no responde a su nombre y no se calma aunque lo abraces. En algunos casos puede parecer incluso más agitado, como si tu presencia le molestara.

Los episodios suelen producirse en el primer tercio de la noche, cuando el sueño profundo está en su punto máximo. La duración puede variar mucho: desde unos pocos segundos hasta 20-30 minutos, tras los cuales el niño vuelve a dormirse por sí solo, como si no hubiera pasado nada.

La frecuencia es irregular y difícil de prever: puede haber semanas sin episodios y, después, varias noches con episodios muy próximos, sin un patrón claro.

Cuáles son las posibles causas de los terrores nocturnos

Los terrores nocturnos son episodios de despertar parcial que se producen durante el sueño profundo no REM. En la infancia suelen estar relacionados con la maduración de los mecanismos que regulan el sueño y la vigilia. No indican por sí solos que exista un problema psicológico ni que el niño haya vivido una experiencia traumática.

Sin embargo, existen algunos factores que pueden hacer que estos episodios sean más frecuentes o más intensos:

  • cansancio excesivo o falta de sueño;
  • fiebre o malestar físico;
  • estrés emocional, también de tipo positivo (como un día muy intenso);
  • estímulos físicos como la tos, las apneas del sueño, el reflujo gastroesofágico o tener la vejiga llena.

También los cambios familiares, como una mudanza, el nacimiento de un hermanito o una separación, pueden aumentar el nivel de estrés del niño y favorecer los episodios, aunque no sean su causa directa.

Otro elemento importante es el componente genético: los terrores nocturnos tienden a repetirse dentro de una misma familia, a menudo junto con otras parasomnias como el sonambulismo (Leung et al., 2020).

El fenómeno puede aparecer ya alrededor de los 12-24 meses, justo porque en esta fase el sistema del sueño todavía se está construyendo y las transiciones entre las distintas fases pueden ser menos fluidas.

Terrores nocturnos y pesadillas: cómo distinguirlos

Las pesadillas y los terrores nocturnos se confunden a menudo, pero son fenómenos muy distintos entre sí, tanto por cómo se manifiestan como por lo que vive el niño.

Estas son las principales diferencias:

  • Pesadillas: se producen en la fase REM del sueño, es decir, en la segunda mitad de la noche. El niño se despierta, recuerda el sueño, está asustado, pero reconoce a quien tiene al lado y se le puede consolar.
  • Terrores nocturnos: se producen en la fase no REM, en el primer tercio de la noche. El niño no llega a despertarse del todo, no recuerda nada y, durante el episodio, no se le puede alcanzar ni consolar, aunque la activación física sea mucho más intensa.

Por último, conviene distinguirlos de los ataques de pánico nocturnos, un fenómeno más propio de la edad adulta. En ese caso, la persona se despierta por completo, lo recuerda todo y vive una experiencia de terror consciente, muy diferente de lo que ocurre en los terrores nocturnos.

Qué hacer durante un episodio de terror nocturno

La regla más importante que debes recordar es no despertar al niño.

Por instinto, ver a tu hijo en ese estado te empuja a abrazarlo, sacudirlo o llamarlo por su nombre con insistencia. Sin embargo, interrumpir el episodio de golpe puede desorientarlo todavía más, porque su sistema nervioso se encuentra en una fase de transición que no es ni sueño ni vigilia. En este sentido, despertarlo a la fuerza puede resultar más angustiante que la propia crisis.

Qué puedes hacer, en concreto:

  • Mantén la calma y espera a que el episodio termine.
  • No intentes despertarlo ni sujetarlo para que deje de moverse, porque podrías aumentar su agitación.
  • Prioriza su seguridad: aparta los objetos con los que podría hacerse daño y bloquea el acceso a escaleras, ventanas y otros lugares peligrosos.
  • Intervén con suavidad si existe riesgo de lesión: si se levanta, guía sus movimientos con cuidado para evitar que se haga daño y, cuando sea posible, acompáñalo de vuelta a la cama.
  • Deja que vuelva a dormirse cuando termine el episodio. Lo habitual es que no recuerde lo ocurrido por la mañana.

Cómo prevenir los terrores nocturnos

No existe una forma de eliminar por completo los terrores nocturnos, pero hay medidas concretas que pueden reducir la frecuencia de los episodios, ya que actúan sobre los principales desencadenantes.

Tener una buena rutina antes de dormir es fundamental: acostarse a la misma hora cada noche, con rituales previsibles como leer un cuento, unos mimos o un momento tranquilo juntos, ayuda al sistema nervioso del niño a prepararse para el sueño de forma gradual y serena.

Igual de importante es garantizar las horas de sueño adecuadas para su edad: el cansancio excesivo es uno de los principales factores que favorecen los episodios, así que respetar las necesidades de descanso del niño puede marcar una diferencia real.

Estas son otras medidas útiles:

  • Apagar las pantallas al menos una hora antes de dormir y evitar contenidos estimulantes o excitantes al final del día.
  • Evitar las bebidas con cafeína y procurar que la cena y el horario de acostarse se adapten a las necesidades del niño, sin convertir la alimentación en una fuente de preocupación innecesaria.
  • Cuidar el ambiente del dormitorio: una temperatura fresca, una oscuridad adecuada y silencio favorecen un sueño más profundo y estable.
  • Proponer pequeñas técnicas de relajación adaptadas a su edad, como respiraciones lentas, un ejercicio de “inflar y desinflar la barriga” o unos minutos de silencio compartido antes de apagar la luz.

Estas medidas no son una garantía absoluta, pero construir un marco estable y relajante por la noche suele ser uno de los cambios más útiles que pueden hacer los padres.

Una scena confortante di un adulto che mette a letto un bambino, creando un'atmosfera calda e pacifica per la buonanotte.
Artem Podrez – Pexels

Cuándo hablar con el pediatra

La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, los terrores nocturnos desaparecen por sí solos con el crecimiento, sin necesidad de ninguna intervención médica específica.

Sin embargo, hay algunas situaciones en las que conviene comentarlo con el pediatra:

  • los episodios son muy frecuentes, por ejemplo, todas o casi todas las noches durante semanas seguidas;
  • durante el episodio, el niño corre un riesgo real de hacerse daño (se cae de la cama, se mueve de forma brusca, camina dormido);
  • el fenómeno persiste más allá de los 12 años, edad a la que suele desaparecer;
  • se sospechan otros trastornos del sueño, como apneas del sueño o crisis epilépticas, que pueden parecerse a los terrores nocturnos o desencadenarlos.

En estos casos, el pediatra puede valorar pruebas como la polisomnografía (un registro completo del sueño) o un electroencefalograma (EEG) para descartar causas neurológicas. Si los episodios se producen con frecuencia y suelen aparecer a una hora previsible, el pediatra puede valorar estrategias como los despertares programados. Esta técnica consiste en despertar suavemente al niño poco antes de la hora habitual del episodio y puede ser útil en determinados casos.

Es importante no dar medicamentos ni remedios naturales sin haber consultado antes con un médico. Incluso las soluciones que parecen inofensivas pueden interferir en el sueño del niño de formas difíciles de prever.

Terrores nocturnos en adultos

Aunque los terrores nocturnos son un fenómeno típico de la infancia, en algunos casos pueden persistir en la edad adulta o aparecer por primera vez después de los 18 años. Se trata de una situación poco habitual, pero no imposible.

Aunque los terrores nocturnos son más frecuentes en la infancia, también pueden persistir en la edad adulta o aparecer por primera vez en esta etapa. En estos casos, pueden intervenir factores como la falta de sueño, el estrés, determinados medicamentos u otros trastornos del sueño.

Si los episodios comienzan en la edad adulta, son frecuentes o provocan lesiones, conviene consultar con un médico para valorar sus posibles causas y determinar si es necesario acudir a un especialista en medicina del sueño.

La ansiedad de quien lo presencia: cómo lo viven los padres

Ver a tu hijo gritar en la oscuridad, con los ojos muy abiertos y el cuerpo presa del terror, es una experiencia que puede dejar sin aliento incluso al adulto más tranquilo. No tiene nada de extraño sentirse desbordado, asustado o preguntarse si se está haciendo lo suficiente.

Esa impotencia, la sensación de no poder llegar hasta tu hijo aunque lo tengas delante, es una de las experiencias más difíciles que puede atravesar un padre o una madre. Y es una emoción real, que merece ser reconocida.

La implicación emocional de quien lo presencia es del todo natural: estamos programados para proteger a nuestros hijos y, cuando sentimos que no lo conseguimos, algo dentro de nosotros se activa con fuerza.

Por eso es importante no quedarnos solos con estas emociones. Hablarlo con alguien de confianza, ya sea un amigo, la pareja o un profesional, puede marcar una diferencia real. Los padres también merecen ser escuchados, no solo el niño.

Si la ansiedad relacionada con estos episodios se vuelve difícil de gestionar, o si notas que el miedo va más allá de las noches, un proceso de apoyo psicológico puede ayudarte a recuperar una sensación de estabilidad, para ti y, como consecuencia, para toda la familia.

No tienes que afrontarlo todo sin ayuda

Los terrores nocturnos son, en la gran mayoría de los casos, un fenómeno transitorio y benigno, que tiende a desaparecer con el crecimiento del niño. Esto no hace menos real el cansancio de quien los vive cada noche a su lado.

La preocupación de un padre o una madre nunca está fuera de lugar: es una muestra de lo mucho que te importa tu hijo, y merece la misma atención que darías a cualquier otro aspecto de su bienestar.

Si sientes que necesitas un espacio profesional en el que procesar las emociones ligadas a estas noches difíciles, en Unobravo puedes encontrar un psicólogo o una psicóloga que te acompañe en este proceso, con el cuidado y el respeto que mereces.


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FAQ

Los terrores nocturnos se reconocen por gritos repentinos en el primer tercio de la noche, ojos muy abiertos, sudoración, respiración acelerada y una ausencia total de respuesta a los intentos de consuelo. El niño parece despierto, pero no se le puede alcanzar y por la mañana no recuerda nada.
Para calmar un terror nocturno, es mejor no despertar al niño ni abrazarlo con insistencia. Lo que puede ayudar es quedarte cerca en silencio, hablar en voz baja y con tono tranquilo, hacer que el entorno sea seguro y esperar a que el episodio termine por sí solo, por lo general en 20-30 minutos.
Las causas de los terrores nocturnos se relacionan con una transición anómala entre las fases del sueño profundo no REM. Entre los desencadenantes más comunes están el cansancio excesivo, la fiebre, el estrés emocional, las apneas del sueño y estímulos físicos como la tos o el reflujo. También tienen un componente genético.
Un episodio de terror nocturno puede durar desde unos pocos segundos hasta 20-30 minutos. La frecuencia es irregular: pueden alternarse semanas sin episodios con varias noches muy seguidas, sin un patrón previsible.
En la infancia, los terrores nocturnos suelen estar relacionados con la maduración de los mecanismos del sueño y no indican por sí solos que exista un problema emocional. El cansancio, la fiebre, los cambios en las rutinas y el estrés pueden favorecer los episodios. Si son muy frecuentes o te preocupa el bienestar de tu hijo, consulta con el pediatra.
La diferencia entre terrores nocturnos y pesadillas está, sobre todo, en la fase del sueño y en el recuerdo. Las pesadillas se producen en la fase REM, en la segunda mitad de la noche: el niño se despierta, recuerda el sueño y se le puede consolar. Los terrores nocturnos se producen en la fase no REM, en el primer tercio de la noche: el niño no llega a despertarse, no recuerda nada y no se le puede consolar durante el episodio.
Sí. La mayoría de los niños deja de tener terrores nocturnos a medida que crece. Si los episodios continúan después de los 12 años, son muy frecuentes o implican riesgo de lesión, conviene consultar con el pediatra. También es recomendable buscar valoración médica si aparecen por primera vez en la edad adulta.
¿Tienes más preguntas?
Hablar con un profesional podría ayudarte a resolver tus dudas.
  • American Academy of Sleep Medicine. (2014). International classification of sleep disorders (3.ª ed.). American Academy of Sleep Medicine.
  • Leung, A. K. C., Leung, A. A. M., Wong, A. H. C., & Hon, K. L. (2020). Sleep terrors: An updated review. Current Pediatric Reviews, 16(3), 176–182. https://doi.org/10.2174/1573396315666191014152136
  • Petit, D., Touchette, É., Tremblay, R. E., Boivin, M., & Montplaisir, J. (2007). Dyssomnias and parasomnias in early childhood. Pediatrics, 119(5), e1016–e1025. https://doi.org/10.1542/peds.2006-2132

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