Puede que te haya ocurrido observar esta escena: el hermano mayor se acerca al pequeño, le abraza, le besa y, justo cuando como padre/madre empiezas a derretirte ante la ternura de la escena, te saltan las lágrimas. Durante el cariñoso intercambio, el mayor no puede evitar darle un buen pellizco en la mejilla al pequeño. Te quiero tanto que te hago daño.
¿Y qué decir del pequeño, que se cuelga de los labios del mayor, imita sus gestos, imita su habla con palabras aún en formación, pero en cuanto le tocan un juguete se pone a gritar como si le hubieran hecho la mayor injusticia del mundo? El odio y el amor, el afecto y los celos se mezclan en un mecanismo de defensa, la formación reactiva, que Freud ya había señalado.
En este artículo, intentaremos abordar el tema de los celos entre hermanos y reconstruir de manera breve la historia del concepto e intentar razonar algunas estrategias para afrontarlos.
Celos entre hermanos: una larga historia
La complejidad de las relaciones entre hermanos es una cuestión antropológica, histórica, social y psicológica que viene de lejos. Los primeros testimonios literarios, los mitos griegos, nos hablan de peleas entre hermanos, así como entre padres e hijos, maridos y esposas. Entre los hijos de Zeus, cada uno dotado de sus recursos y personalidad, hay mala sangre. Los vemos codo con codo con los héroes de la Ilíada, divididos en facciones opuestas que luchan entre sí por el destino de los humanos.
La música no cambia al adentrarnos en la Biblia. Caín y Abel, Jacob y Esaú, José condenado por sus hermanos a la esclavitud en Egipto, son solo algunos ejemplos de luchas caracterizadas por la agresividad y la violencia (incluso hasta el asesinato).
Según Macciò y Vallino (2008), es la preferencia parental la que desencadena la reacción agresiva y furiosa de quien se siente poco visto/a, descuidado/a, de quien siente que no tiene suficiente espacio en la mente del padre.

Celos entre hermanos: teorías psicoanalíticas
Sommantico (2018; 2021) repasa las principales teorías psicoanalíticas sobre los celos entre hermanos:
- Freud: el padre del psicoanálisis habla de los celos entre hermanos como un fenómeno universal, primario, inevitable, fundamento ineludible de la vida psíquica y social, capaz de crear una herida narcisista (“ya no soy el único en la mente y el corazón de la madre”), una hostilidad abierta (“no quiero al hermano pequeño”), un deseo de eliminar al rival (la teoría de partida es la relacionada con el complejo de Edipo), lo que genera, sin embargo, procesos de identificación en la edad adulta.
- Klein: según Melanie Klein, la llegada de un hermano o hermana es portadora de envidia (es una relación dual derivada del hecho de que el otro posee lo que yo deseo), celos (relación triádica que implica a tres personas y sentirse robado del amor, en este caso materno). El recién llegado es vivido como un intruso, objeto de ataques agresivos que generan culpabilidad. Los celos están entrelazados con pulsiones primitivas que, sin embargo, pueden transformarse hacia formas relacionales más evolucionadas.
- Winnicott: el enfoque relacional del psicoanalista inglés considera los celos como un factor ambiental crítico que puede adoptar la forma de un acontecimiento traumático (con síntomas somáticos, regresiones, comportamientos antisociales) o como un factor de crecimiento relacional. Todo depende de la capacidad del entorno familiar para contenerlo (es una función que favorece la posibilidad de pensar las emociones y transformarlas).
- Lacan: para Lacan, los celos fraternales están en el centro del complejo de intrusión (también se cita a San Agustín, que habla de la palidez del niño al ver a su hermano en el seno de su madre), proceso fundamental en la construcción de la identidad (el hermano es visto como un usurpador, un espejo revelador de su imagen, un objeto de odio y de identificación).
- Pontalis: el autor habla de la "fraternidad" haciendo hincapié en el entrelazamiento de amor y violencia, un abrazo mortal en tensión constante entre proximidad y diferenciación.
- Assoun: en su reflexión subraya el valor vincular de los celos, que no son, por tanto, un elemento destructivo de la relación.
- Mitchell: los celos pasan de ser únicamente un elemento intrapsíquico a ser también un aspecto intersubjetivo (propio de la relación), con el hermano visto como fuente traumática de aniquilación, pero también como motor de diferenciación sexual e identitaria.
- Kaës: los celos organizan, junto con la rivalidad, la curiosidad, la identificación y el amor, el complejo fraternal. Existen dos formas: la arcaica (confusional y ligada al cuerpo materno), la edípica (triangular y ligada al rival). Los celos son, pues, un operador psíquico y social, parte del trabajo de alianza fraternal fundamental para el nacimiento de los vínculos relacionales.
Los celos se configuran así como un motor de desarrollo, un lugar de conflicto y una matriz de relaciones, un vínculo y un recurso (Sommantico, 2007).
Celos entre hermanos y defensas psíquicas
La llegada de un usurpador, un intruso que amenaza la primacía y la presencia exclusiva en la mente de la madre, activa respuestas psíquicas defensivas o mecanismos de defensa, desde las más arcaicas hasta las más evolucionadas:
- Escisión: la madre es mala cuando no está presente, buena cuando en cambio está disponible en un proceso que sirve para defender al yo de la confusión y la angustia ligadas a la persecución.
- Proyección: mi agresividad se transforma en: "la culpa es del hermano que es malo, me odia, me hace daño".
- Identificación proyectiva: partes vinculadas a su agresividad se insertan en el hermano.
- Idealización y devaluación: el hermano se convierte en un modelo a seguir o en un rival a destruir.
- Negación: "no es realmente mi hermano", se cuestiona la realidad para evitar admitir que su lugar y espacio en la mente de la madre está amenazado.
- Formación reactiva: amor excesivo que encubre la agresión (la escena del abrazo-picnic descrita al principio del artículo). Puede estar especialmente presente en familias que hacen hincapié en la fraternidad armoniosa.
- Eliminación: la agresión se elimina a menos que reaparezca en el juego, en lapsus o en otras formas de comportamiento a nivel inconsciente.
- Racionalización: "está bien que la madre se ocupe de él/ella porque es más pequeño/a que yo", la razón interviene en un intento de controlar lo que es emocionalmente perturbador.
- Identificación narcisista: el hermano se convierte en un espejo, el doble, el alter ego que sirve para metabolizar la pérdida de unicidad.
- Competencia compensatoria: permite al niño encontrar su área para diferenciarse y "especializarse" en relación con su hermano.
- Retraimiento narcisista: el niño se cierra de manera defensiva para evitar la confrontación. En este caso, si se aplica con excesiva rigidez, puede llegar a ser crítico.
Entre los mecanismos más evolucionados están:
- Sublimación: los celos y la rivalidad se elevan a ambición, creatividad, deseo de superación.
- Identificación: el rival se convierte en modelo.
- Reparación: prevalecen los intentos de remediar las fantasías agresivas.
Todos estos mecanismos circulan entre los hermanos en un campo psíquico compartido.

El complejo de Caín
Kaës (2006) habla de complejo de hermano. Este complejo también suele rebautizarse haciendo referencia a una de las fraternidades míticas más famosas: las de Caín y Abel.
En el relato bíblico, el fratricidio tiene significados simbólicos, históricos, antropológicos y psicológicos muy importantes (Macciò y Vallino, 2008). Caín es el primogénito, recolector y agricultor, representante de las instancias sedentarias de las comunidades humanas de los orígenes. Abel es el segundo hijo, pastor y representante de las instancias nómadas. Dios, la figura paterna, prefiere las cabras de Abel a los primogénitos recogidos por Caín. Se genera una herida narcisista insoportable, que el primogénito intenta remediar eliminando a su rival.
La psicología, y en particular el psicoanálisis, como hemos visto, se han ocupado de diversas maneras del acontecimiento resumido por el relato mítico (de hecho, esta parte de la Biblia se acerca a los cánones narrativos del mito con el fin de abordar e intentar explicar temas que son candentes para la humanidad).
El nacimiento del hermano
La llegada de un hermano puede vivirse como un auténtico tsunami emocional, un primer gran trauma que desestabiliza el mundo del niño. Este acontecimiento arrastra consigo una profunda herida narcisista, ligada a la dolorosa pérdida de la exclusividad y la unicidad ante los ojos maternos. En este escenario, emergen la rivalidad, la competencia y fantasías agresivas que, inevitablemente, generan sentimientos de culpa. Todo este entramado configura el complejo fraternal, que puede manifestarse a través de síntomas reales señalados por autores como Winnicott: desde regresiones psicosomáticas —como el retorno de la enuresis— hasta estallidos emocionales o comportamientos antisociales que parecían ya superados.
Se pasa entonces por diferentes etapas:
- Celos primarios: quiero lo que él tiene y quiero que no exista (como enseña Caín).
- Herida narcisista: pérdida de su lugar y del papel exclusivo y único (en el centro de la mente y del corazón de la madre), pérdida de su valor (si no existo como único, no soy suficiente y no existo en absoluto).
- Fantasías de eliminación: "¿lo devolvemos?", "¿lo tiramos por el retrete?", hasta actos agresivos en toda regla hacia el recién llegado en cuanto los padres bajan la guardia.
- Identificación ambivalente: el proceso de identificación abre las relaciones sociales. Del cierre narcisista de "solo existo yo", se puede pasar a ver al otro como modelo, doble, rival, espejo. El otro empieza a existir y esto también permite que el ego crezca, y abandone dolorosamente las fantasías omnipotentes.
- Culpa y reparación: la agresión genera un sentimiento de culpa, pero también un deseo progresivo de reparación hasta asumir la responsabilidad de proteger al hermano.
Celos entre hermanos: ¿un tsunami con efectos constructivos?
Teniendo en cuenta lo expuesto, es evidente que la llegada de un hermano puede experimentarse como un auténtico tsunami emocional cargado de matices traumáticos. No obstante, este acontecimiento y los celos entre hermanos que surgen de forma inevitable, también albergan aspectos profundamente valiosos. Y sí, para aquellos padres que aseguran no haber percibido nunca rastro alguno de rivalidad en su primogénito: en su inconsciente bullen fantasías y emociones. Esto no responde a una falta de bondad ni a errores en la crianza, sino que es una reacción puramente humana y fisiológica, intrínseca a nuestro propio desarrollo mental.
¿Cuáles son los "efectos positivos" de los celos?
- confrontación y desarrollo con y del tema de la diferencia,
- aceptación de la no unicidad y la no exclusividad,
- desarrollo de las capacidades de compartir, cooperar y aliarse,
- posibilidad de reconocer y transformar la envidia y la rivalidad,
- aparición de vínculos sociales (según Freud, la identificación, fomentada por la relación con un hermano, es un paso fundamental en la creación del vínculo social).
Los celos entre hermanos son, pues, un aspecto estructurante de la vida psíquica y social.
¿Cómo tratar los celos entre hermanos?
Winnicott destaca la importancia del entorno familiar para marcar la diferencia entre los celos como acontecimiento traumático crítico y los celos como elemento de crecimiento transformador. La contención de los padres será crucial para actuar como punto de inflexión. ¿Qué comportamiento adoptar? ¿Qué significa capacidad de contención?

Abrazar las emociones y los sentimientos
Intentemos ponernos en la piel de un niño que, de repente, ve cómo cambian los espacios, los tiempos, la disponibilidad, debido a la llegada de un bebé que está rodeado de misterio (todas las fantasías sobre la sexualidad y el coito de los padres, el origen de la nueva llegada).
Los celos, la envidia, la ira no hacen mal, son parte del desarrollo
La tentación de negar y corregir estos sentimientos conduce al control. El control rígido e intransigente es uno de los peores enemigos de la contención. Existe el riesgo de pasar la idea de que los celos son algo malo, evitable, si se presenta el resultado de la falta de ser buenos hijos (que a menudo es la proyección del miedo narcisista de no ser buenos padres).
Con este enfoque, se corre el riesgo de fomentar una desregulación de las emociones que puede convertirse en agresividad, experiencias de culpa que no se pueden reparar, vergüenza y pérdida de confianza en su valía.
- "¿Quizás estás experimentando celos? Ayúdame a entender cómo te sientes".
- "¿Probamos un dibujo o un juego para ayudarme a entender cómo te sientes?".
- "Por supuesto que la llegada de tu hermano o hermana puede ser difícil de aceptar. ¿Cómo te hace sentir?".
Si podemos hablar de una emoción, es porque podemos sentirla y esto la hace más manejable y menos aterradora. Si negamos los celos, corremos el riesgo de convertirlos en un monstruo inmanejable.
En el caso de que los celos se exterioricen, intentamos comprender, dialogar, explicar lo que ha pasado.
Recurrir a un profesional en busca de apoyo psicológico también puede ser útil para promover el bienestar familiar en un momento importante de transición y cambio como es el nacimiento de un hermano o hermana.
Más allá de Caín y Abel
La literatura y la psicología enseñan que los celos son algo universal y potencialmente fundamental para el desarrollo psíquico individual y social. Reconocidos, aceptados y contenidos abren una valiosa toma de conciencia (hay un otro de mí del que puedo diferir, con el que puedo identificarme, con el que puedo estar en competencia, con el que puedo enfadarme y luego buscar reparación, alianza y cooperación).




