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Trastornos del sueño: causas, señales y cómo afrontarlos

Trastornos del sueño: causas, señales y cómo afrontarlos
Redacción Unobravo
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Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
6.8.2026
Trastornos del sueño: causas, señales y cómo afrontarlos
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  • Según el Unobravo Data Lab en España, el 62 % de las personas con problemas de sueño sufre cansancio y falta de energía durante el día (Unobravo, 2024): los trastornos del sueño son un problema de salud relevante que puede afectar al bienestar psicológico, no una simple falta de voluntad o un hábito inadecuado.
  • El sueño perturbado y trastornos como la ansiedad y la depresión se alimentan mutuamente en un círculo vicioso: actuar solo sobre el síntoma sin abordar las causas psicológicas subyacentes rara vez es suficiente.
  • Un trastorno del sueño se distingue de los malos hábitos porque persiste aun cuando intentas corregir las conductas incorrectas, dura más de unas semanas y compromete el funcionamiento diario.
  • Dormir mal tiene consecuencias concretas sobre el trabajo, las relaciones y la calidad de vida, y merece atención clínica: pedir acompañamiento a un psicólogo o una psicóloga puede marcar la diferencia.

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Los problemas del sueño están entre los trastornos más frecuentes de la población: se calcula que cerca de un tercio de los adultos tiene dificultades para dormir de forma regular y satisfactoria. Solo en España, cerca de 12 millones de personas padecen insomnio y más de 4 millones lo sufren de forma crónica (Sociedad Española de Neurología, 2023).

No se trata de una pequeña molestia, porque el sueño es una necesidad fundamental y, cuando falla, todo se resiente: el estado de ánimo se vuelve más frágil, la concentración baja y las relaciones pueden volverse más difíciles de gestionar.

Dormir mal no es, por tanto, sólo una cuestión de cansancio: es algo capaz de condicionar todo un día y, a veces, muchos días seguidos. En los siguientes apartados exploramos cuáles son los trastornos del sueño, las causas más frecuentes y las estrategias para afrontarlos.

Qué son los trastornos del sueño

Dormir mal de vez en cuando es humano: una noche agitada antes de un examen, un despertar brusco tras un día estresante o unas horas perdidas por un pensamiento que no consigues acallar son episodios que, por molestos que sean, forman parte de la experiencia común.

Un verdadero trastorno del sueño, en cambio, es un problema que se repite en el tiempo, que interfiere en la calidad de vida y que no se resuelve solo con una noche de recuperación.

Los trastornos del sueño reconocidos clínicamente son varios:

  • insomnio crónico: dificultad para conciliar el sueño, para mantenerlo o despertares precoces, con el consiguiente cansancio diurno;
  • parasomnias: comportamientos inusuales durante el sueño, como el sonambulismo o las pesadillas recurrentes;
  • apneas del sueño: interrupciones temporales de la respiración durante el sueño, a menudo sin que la persona se dé cuenta;
  • síndrome de las piernas inquietas: un impulso irresistible de mover las piernas, a menudo acompañado de sensaciones desagradables, que empeora al final del día;
  • trastornos del ritmo circadiano: un desajuste entre el reloj biológico interno y los ritmos del mundo exterior;
  • hipersomnias: somnolencia excesiva durante el día, incluso tras una noche aparentemente larga, como ocurre en la narcolepsia.

Vale la pena distinguir también entre sueño perturbado y sueño no reparador: en el primer caso se duerme poco o hay despertares frecuentes, mientras que en el segundo se duerme un número suficiente de horas, pero aun así te levantas cansado, como si el descanso no hubiera recargado de verdad las energías.

En cuanto a la necesidad de sueño, puede variar de forma notable con la edad:

  • los niños pequeños pueden necesitar de 10 a 14 horas;
  • los adolescentes, alrededor de 8 a 10;
  • las personas adultas suelen situarse en las 7 a 9 horas;
  • las personas mayores el sueño tiende a volverse más ligero y fragmentado, con una necesidad que ronda las 7-8 horas.
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MÖV  Frame – Pexels

Cómo se manifiesta un trastorno del sueño

Reconocer un problema de sueño no siempre es inmediato, porque a menudo nos acostumbramos al cansancio, casi como si se hubiera convertido en la normalidad, aunque el cuerpo y la mente manden señales precisas.

Según el análisis del Unobravo Data Lab en España, el 62 % de las personas participantes sufre cansancio y falta de energía durante el día, y un tercio (33 %) refiere dificultad para concentrarse (Unobravo, 2024). Son cifras que muestran hasta qué punto está extendido el malestar ligado al sueño, incluso cuando no se percibe como un verdadero problema.

Las señales más comunes son:

  • cansancio diurno persistente, incluso tras horas aparentemente suficientes de descanso;
  • dificultad para concentrarte, con la sensación de que los pensamientos se te escapan o de que cuesta el doble mantener la lucidez;
  • irritabilidad y cambios de humor que no consigues explicarte del todo;
  • dolor de cabeza al despertar, a menudo infravalorado pero frecuente en quienes duermen mal.

Es importante distinguir cómo se manifiestan los problemas ligados al sueño. Para algunas personas se trata de una dificultad para conciliar el sueño; para otras, se manifiesta en un despertar mucho antes de lo previsto sin conseguir volver a dormir, o en dormirse con facilidad pero despertarse repetidamente durante la noche.

Este último aspecto, en particular, parece muy común: según el Unobravo Data Lab, más de un cuarto de las personas encuestadas (28 %) declara tener despertares nocturnos con dificultad para volver a dormir y despertares precoces por la mañana (Unobravo, 2024).

Pero, ¿cuándo se vuelven realmente preocupantes estas señales? La respuesta está en la persistencia y en el impacto sobre la vida diaria. Si la falta de sueño compromete la memoria, la coordinación, el estado de ánimo o las relaciones de forma continuada, ya no se trata de una molestia pasajera.

Hay, sin embargo, una distinción importante: los malos hábitos de sueño a menudo pueden mejorar con pequeños cambios de conducta. Pensemos, por ejemplo, en el uso del móvil hasta tarde o en los horarios de descanso irregulares. En un análisis del Unobravo Data Lab, el 36 % de las personas encuestadas declaró usar dispositivos electrónicos —como móvil, ordenador o tablet— justo antes de dormir, todos los días y durante más de 30 minutos. El porcentaje sube hasta el 61 % entre quienes tienen entre 30 y 44 años (Unobravo, 2024).

Son hábitos muy extendidos, sobre los que es posible actuar de forma concreta. Un verdadero trastorno, en cambio, tiende a persistir aun cuando intentas hacer "las cosas bien": si la dificultad para conciliar o mantener el sueño no desaparece a pesar de los esfuerzos, puede ser la señal de que vale la pena hablarlo con un profesional.

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Polina ⠀ – Pexels

Por qué no consigues dormir: las causas más frecuentes

Los motivos por los que aparecen los problemas del sueño son varios y, a menudo, están entrelazados entre sí.

Entre los factores que más pesan está el trabajo: según un análisis del Unobravo Data Lab, para casi la totalidad de las personas encuestadas (89 %) el trabajo altera el sueño, y más de la mitad le atribuye un impacto significativo. La situación empeora para quienes trabajan por turnos: el 85 % habla de una influencia considerable del trabajo en su descanso y el 15 % lo identifica como la causa principal de sus dificultades para dormir bien (Unobravo, 2024).

Entre las otras causas ligadas al contexto en el que vivimos encontramos:

  • estrés laboral o familiar prolongado;
  • exposición a ruido o luz durante las horas nocturnas;
  • consumo de cafeína, alcohol o nicotina, sobre todo al caer la tarde;
  • uso de pantallas (móvil, tablet, televisión) antes de acostarte;
  • horarios de sueño irregulares o trabajo por turnos, que desorientan el reloj biológico interno.

Otras causas, en cambio, vienen de dentro:

  • ansiedad y preocupaciones recurrentes, con pensamientos que giran en bucle justo cuando querrías apagarlo todo;
  • depresión y otros trastornos del estado de ánimo, que a menudo se manifiestan precisamente a través del sueño;
  • pensamientos intrusivos, es decir, esos pensamientos no deseados que llegan sin ser llamados y no dejan espacio al descanso;
  • acontecimientos vitales importantes, como un duelo, una separación, un cambio importante o una experiencia traumática;
  • determinadas condiciones médicas, como problemas cardíacos, respiratorios, hormonales o el dolor crónico.

El insomnio se reconoce hoy como un trastorno que merece atención clínica. A menudo, sin embargo, se entrelaza con otras dificultades, como el estrés, la ansiedad o experiencias vitales importantes, que a su vez piden ser escuchadas.

Rumiación y ansiedad nocturnas: qué son y por qué se producen

La rumiación nocturna es una situación que se produce en el momento en que te tumbas en la cama con la intención de dormirte y que puede resultar agotadora.

Según un análisis del Unobravo Data Lab, muchas personas describen sus noches marcadas por la preocupación y el estrés, y declaran no conseguir dormir todas las horas que necesitan por despertares precoces por la mañana, con dificultad para volver a conciliar el sueño (Unobravo, 2024).

[Nota para revisión: el original citaba cifras del Unobravo Data Lab Italia (68,3 % y 55 %) que no tienen equivalente directo en el estudio español; se ha reformulado la frase sin porcentaje. Verificar si existe un dato español que encaje.]

Durante el día, las actividades, las conversaciones y las pequeñas distracciones continuas mantienen estos pensamientos en un segundo plano, para amplificarse luego en el silencio de la noche.

A esto se suma algo que ocurre también en el cuerpo: la ansiedad nocturna activa una especie de estado de alerta general, en el que la mente se acelera y los músculos permanecen en tensión, como si el organismo se preparara para afrontar un peligro.

Se alimenta así un círculo vicioso: cuanto más temes no conseguir dormir, más se convierte ese miedo en un obstáculo. La presión de tener que dormir genera tensión, la tensión mantiene despierto, y así el problema se retroalimenta.

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Dorran - Pexels

Cómo influyen los trastornos del sueño en tu vida

En el plano emocional, los efectos de un trastorno del sueño pueden ser intensos: irritabilidad, cambios de humor repentinos, una tendencia a verlo todo con un filtro más sombrío. Cosas que normalmente gestionarías con facilidad se vuelven difíciles de soportar.

También puede haber repercusiones en las relaciones personales y en el trabajo. Cuando estás agotado, la capacidad de concentración baja, los tiempos de reacción se alargan y aumenta el riesgo de cometer errores. Según los datos del Unobravo Data Lab, el 62 % de las personas con problemas de sueño sufre cansancio y falta de energía durante el día, con efectos sobre la concentración, la memoria, el estado de ánimo y la capacidad laboral (Unobravo, 2024).

A largo plazo, además, un sueño crónicamente insuficiente también puede tener efectos sobre el cuerpo: el sistema cardiovascular, el metabolismo y las defensas inmunitarias pueden resentirse.

Cuando quien está a tu lado no lo entiende

Sentirte poco valorado por quienes quieres es una de las experiencias más frustrantes que se pueden vivir cuando tienes un problema de sueño. No porque las personas a tu alrededor sean malas, sino porque lo que tú vives cada noche, ese cansancio silencioso, no se ve desde fuera. Y cuando tu malestar se reduce a una obsesión o a un capricho, el peso emocional puede volverse aún más difícil de llevar.

Si quieres intentar que entiendan cómo estás de verdad, puede ayudar hablar de forma concreta, describiendo el impacto real en tu día a día, para hacer el problema más visible y, por tanto, más difícil de ignorar.

Qué puedes hacer para empezar a dormir mejor

Cuando el sueño tarda en llegar, la tentación suele ser esperar a que las cosas mejoren solas, pero hay algunos hábitos concretos que puedes empezar a introducir desde ya:

  • Mantén horarios regulares: intenta acostarte y levantarte siempre a la misma hora, también el fin de semana. Tu cuerpo funciona mejor cuando puede contar con una rutina previsible.
  • Crea un ambiente favorable al sueño: una habitación fresca, oscura y silenciosa manda al cerebro una señal clara: es hora de descansar. Incluso pequeños detalles, como oscurecer las ventanas o bajar la calefacción, pueden marcar la diferencia.
  • Apaga las pantallas al menos una hora antes de dormir: la luz azul de los móviles y los ordenadores puede dificultar la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño.
  • Limita la cafeína y el alcohol por la tarde y por la noche: el café puede seguir activo en el organismo durante muchas horas y el alcohol, aunque al principio parezca relajante, tiende a fragmentar el sueño en la segunda parte de la noche.
  • Evita las cenas copiosas: comer muy tarde o en gran cantidad puede dificultar que concilies el sueño y empeorar la calidad del descanso.
  • Exponte a la luz solar durante el día: incluso un simple paseo matutino ayuda a regular el ritmo circadiano.
  • Prueba técnicas de relajación: los ejercicios de respiración lenta o de relajación muscular progresiva pueden ayudar a calmar el sistema nervioso antes de dormir.

Un hábito que marca mucha diferencia y que a menudo se infravalora es el de levantarte si llevas un rato en la cama y el sueño no llega. Quedarte despierto dando vueltas, mirando al techo, corre el riesgo de enseñar al cerebro a asociar la cama con la frustración y el nerviosismo, en lugar de con el descanso.

Levántate, haz algo tranquilo con una luz tenue y vuelve a la cama solo cuando notes que la somnolencia llega de verdad. Romper esa asociación es uno de los pasos más eficaces para recuperar una relación más serena con el sueño.

La calda luce del sole filtra attraverso le tende e illumina un letto accogliente e disfatto in una stanza tranquilla.
Alina Degli – Pexels

Cuándo es el momento de pedir ayuda

A veces nos decimos que basta con esperar, que tarde o temprano el sueño volverá solo, pero hay señales que vale la pena aprender a reconocer, porque indican que quizá haya llegado el momento de pedir acompañamiento profesional.

Plantéate acudir a alguien si:

  • el problema persiste desde hace más de unas semanas, sin mejoras evidentes;
  • las dificultades con el sueño comprometen tu trabajo, tus relaciones o tu vida diaria;
  • notas una ansiedad intensa ligada al momento de irte a dormir, o un estado de ánimo persistentemente bajo o deprimido;
  • las estrategias que has probado por tu cuenta no parecen bastar.

El médico de atención primaria suele ser el primer punto de contacto al que acudir, porque puede descartar causas orgánicas y, si hace falta, derivarte a un especialista. Una unidad del sueño, en cambio, ofrece una evaluación diagnóstica más profunda, que puede incluir la polisomnografía, una prueba que monitoriza lo que ocurre en tu cuerpo y en tu cerebro durante la noche.

Si, en cambio, sientes que detrás de tu problema hay ansiedad, un momento de crisis, un trauma o un estado de ánimo difícil de gestionar, un psicólogo o una psicóloga puede ayudarte a trabajar precisamente sobre esas raíces.

Volver a dormir, volver a vivir

Muchas personas pueden mejorar la calidad de su descanso cuando reciben el acompañamiento adecuado. No tienes que esperar a tocar fondo para decidir cuidarte. Dar el primer paso hacia un profesional es un acto de autorrespeto y de cuidado de tu bienestar.

Si sientes que ha llegado el momento de hacerlo, puedes encontrar un psicólogo o una psicóloga en Unobravo y empezar un proceso online, cómodamente desde casa. Porque mejorar el descanso puede contribuir a recuperar más energía, presencia y bienestar en el día a día.

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FAQ

Distinguir si tu problema de sueño es solo estrés o la señal de ansiedad o depresión depende sobre todo de su duración y de los síntomas que lo acompañan. Si las dificultades para dormir persisten más de tres o cuatro semanas, se acompañan de estado de ánimo bajo, preocupaciones recurrentes o sensación de vacío, y no mejoran al reducir los factores de estrés, puede existir una relación con dificultades psicológicas como la ansiedad o la depresión. En estos casos el sueño perturbado no es la causa, sino un síntoma: acudir a un psicólogo o una psicóloga permite trabajar sobre la raíz del problema.
Que en cuanto te acuestas te asalten pensamientos negativos y preocupaciones tiene una explicación. De día, las actividades mantienen los pensamientos en un segundo plano; en el silencio nocturno, sin distracciones, la mente los amplifica. Este fenómeno, llamado rumiación nocturna, va acompañado de un estado de alerta fisiológica: la ansiedad activa el sistema nervioso, la musculatura permanece tensa y el cuerpo se prepara para un peligro que no existe. Las técnicas de respiración lenta, la relajación muscular progresiva y la psicoterapia están entre los enfoques más eficaces para interrumpir este patrón.
Los trastornos del sueño sí pueden empeorar la ansiedad, el estado de ánimo y las crisis de pánico: la relación entre sueño y salud mental es bidireccional. Dormir mal puede favorecer un aumento de la irritabilidad, la vulnerabilidad emocional y la aparición o empeoramiento de síntomas ansiosos y depresivos, que a su vez hacen el sueño más difícil. Para interrumpir el círculo vicioso es necesario actuar en ambos frentes a la vez, trabajando sobre los hábitos de sueño y sobre el malestar psicológico subyacente, idealmente con el acompañamiento de un psicólogo o una psicóloga.
Distinguir los malos hábitos de sueño de un verdadero trastorno es posible fijándote en algunos aspectos. Los malos hábitos (uso de pantallas antes de dormir, horarios irregulares, cafeína al caer la tarde) tienden a mejorar con pequeños cambios de conducta. Un verdadero trastorno del sueño persiste aun cuando intentas "hacer las cosas bien", dura más de unas semanas y compromete el funcionamiento diurno de forma continuada. Si, a pesar de los ajustes, el problema no cede, es el momento de hablarlo con un médico o con un psicólogo o una psicóloga.
Cuando el miedo a no dormir genera aún más ansiedad, lo que puede ocurrir es un patrón conocido como ansiedad anticipatoria relacionada con el sueño. Una estrategia que puede ayudar es reducir la presión del “tener que dormir”: si después de 20 minutos el sueño no llega, levantarte y hacer algo tranquilo con luz tenue evita que la cama se asocie a la frustración.
Los trastornos del sueño sí pueden estar ligados a traumas, duelos o grandes cambios de vida. Experiencias como un duelo, una separación, un trauma o el nacimiento de un hijo pueden desestabilizar profundamente el ritmo del sueño, incluso tiempo después del acontecimiento. En estos casos, el sueño perturbado es la respuesta de una mente que está procesando algo pesado. La psicoterapia permite trabajar sobre las causas emocionales subyacentes, facilitando tanto el procesamiento de la experiencia como la recuperación del descanso.
Para explicar a tu familia o a tu pareja que tus problemas de sueño tienen un impacto real, en lugar de decir genéricamente "duermo mal", describe las consecuencias concretas: "no consigo concentrarme en el trabajo", "me siento agotado ya a las diez de la mañana", "no tengo energía para estar con vosotros por la tarde". Hacer visible el impacto real en el día a día hace el problema más comprensible y difícil de minimizar.
¿Tienes más preguntas?
Hablar con un profesional podría ayudarte a resolver tus dudas.
  • Sociedad Española de Neurología. (2023). Informe sobre los trastornos del sueño. Sociedad Española de Neurología. https://www.sen.es/saladeprensa/pdf/Link398.pdf
  • Unobravo. (2024). El Unobravo Data Lab desvela las causas y efectos del insomnio y otros problemas del sueño en España. Unobravo. https://www.unobravo.com/es/dati/insomnio-y-problemas-del-sueno-en-espana

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