Cuando las bromas en el trabajo nos incomodan: ¿qué hacer?
Me río para no crear problemas, pero por dentro lo paso mal.
Cada mañana espero que hoy nadie haga bromas.
El entorno laboral se compone de relaciones cotidianas, plazos, colaboraciones e, inevitablemente, también de momentos de distensión e informalidad. Las bromas entre compañeros pueden aligerar el día y crear una sensación de cercanía. Sin embargo, a veces la broma deja de divertir y empieza a generar incomodidad, tensión o malestar.
El límite entre una broma inocente y un comportamiento que hiere no siempre es fácil de trazar, sobre todo en contextos donde el grupo tiende a minimizar con frases como “venga, solo es una broma” o “no seas tan sensible”. En estas situaciones, lo que cuenta no es solo la intención de quien bromea, sino sobre todo el efecto que el chiste produce en quien lo recibe.
Sentir incomodidad por bromas recurrentes, burlas sobre el aspecto, las costumbres o características personales no es señal de fragilidad. Es una reacción comprensible ante una falta de respeto, aunque se presente bajo la apariencia del humor.
Muchas personas se sienten atrapadas entre el deseo de no parecer “las que no saben aceptar una broma” y la necesidad auténtica de que las traten con dignidad. Esta tensión interior, si se prolonga en el tiempo, puede generar estrés, ansiedad y minar poco a poco la autoconfianza.
Las raíces del malestar
Qué hay detrás de las bromas que hieren
No entiendo por qué siempre la toman conmigo.
Me pregunto si el problema es de verdad mío.
Entender por qué ciertas bromas en el trabajo nos hacen sentir mal puede ser un paso importante para dejar de dudar de nuestras reacciones. Para explorar a fondo estas dinámicas y encontrar herramientas concretas con las que protegerte, el apoyo de un psicólogo o una psicóloga puede marcar la diferencia. Mientras tanto, intentemos explorar juntos algunas posibles razones del malestar que generan estos comportamientos.
La broma como herramienta de poder
- En algunos casos, la broma puede convertirse en una forma, a menudo inconsciente, de afirmar la posición dentro del grupo a costa de quien es el blanco de las burlas.
- La risa de los demás funciona como una especie de confirmación social: quien bromea se siente legitimado, mientras que quien lo sufre se siente cada vez más solo.
- En muchos entornos laborales falta una verdadera cultura del respeto mutuo: la ironía hiriente se considera parte del día a día, y quien la sufre es percibido como “demasiado sensible”.
La inseguridad de quien bromea
- Detrás de las bromas repetidas y dirigidas puede esconderse una inseguridad personal de quien las hace: menospreciar a los demás a través de las bromas puede ser una forma de descargar tensión sin asumir responsabilidades.
- En algunos casos, quien bromea no se da cuenta del impacto de sus palabras porque nunca ha recibido un feedback claro o porque el contexto siempre ha tolerado esos comportamientos.
Momentos de mayor vulnerabilidad
- Los momentos de transición, como la incorporación a un nuevo equipo o un cambio de puesto, pueden dejar a las personas especialmente expuestas: quien todavía busca su lugar en el grupo puede convertirse en un blanco más fácil.
- La repetición es un factor importante: una broma aislada puede parecer inocente, pero cuando las bromas se concentran siempre en la misma persona o en el mismo tema y se prolongan en el tiempo, dejan de ser una diversión inocente y pueden convertirse en una forma de acoso.
Bromas en el trabajo: ejemplos concretos
Situaciones en las que podrías reconocerte
Se ríen todos, me siento el raro por sentirme mal.
Lo intenté explicar, pero se burlaron de mí.
A veces es difícil ponerle nombre a lo que vives, sobre todo cuando el contexto tiende a minimizar. Estas son algunas situaciones concretas con las que podrías sentirte identificado.
La “bienvenida” que humilla
- Entrar en un nuevo equipo y que te reciban con apodos ridículos o situaciones embarazosas presentadas como “rito de iniciación”. Lo que se vende como una bienvenida divertida puede ser en realidad una experiencia humillante que marca el inicio de la relación con los compañeros.
- Que te digan “aquí lo hacemos así con todos los nuevos”, como si eso bastara para hacer aceptable un comportamiento que incomoda.
- Verte en la posición de tener que sonreír para no parecer fuera de lugar, mientras por dentro sientes vergüenza o incomodidad.
Las bromas recurrentes sobre el aspecto y las costumbres
- Comentarios repetidos sobre el aspecto físico, los hábitos alimentarios o el estilo de vida, siempre seguidos de la fórmula “venga, que estoy bromeando”. La repetición sistemática de estas bromas crea un trasfondo de menosprecio que, día tras día, puede erosionar la confianza en ti mismo.
- Bromas de carácter sexual o alusiones hechas delante de otros compañeros que se ríen o asienten: la complicidad del grupo amplifica la sensación de aislamiento de quien las sufre.
- Bromas que atacan las competencias profesionales o la forma de trabajar, presentadas como ironía, pero que en realidad deslegitiman la aportación de la persona al equipo.
Cuando expresar el malestar empeora las cosas
- Intentar decir que una broma ha dolido y que te respondan “no sabes aceptar una broma” o “era solo una broma, relájate”. Este tipo de respuesta invalida las emociones de quien las expresa y cierra cualquier posibilidad de diálogo.
- Quedar de manera sistemática al margen de conversaciones o decisiones y que te digan en tono de broma “ah, ¿no te lo habíamos dicho?”: una exclusión disfrazada de algo sin importancia.
- Renunciar a decir algo por miedo a represalias o a que te etiqueten como una persona difícil.
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Estrategias prácticas
Pequeños pasos para proteger tu bienestar
Empecé a apuntarlo todo y ahora lo veo más claro.
Poco a poco aprendo a decir que algo no me parece bien.
Reconocer que tu malestar es legítimo
Si una broma te hace sentir mal, tu reacción tiene valor al margen de las intenciones de quien la hizo. No hace falta convencerte de que exageras solo porque los demás se rían. Escuchar lo que sientes es el primer paso para cuidarte.
Intentar poner un límite, aunque sea pequeño
No hace falta plantear de entrada una conversación larga o conflictiva. Puedes probar con frases breves y directas como “esta broma no me hace gracia” o “preferiría que no se bromeara con esto”. Incluso elegir no reírte puede ser una forma de interrumpir la dinámica sin alimentarla. No tienes que justificarte ni dar más explicaciones.
Tomar nota de lo que ocurre
Anotar los episodios que te generan malestar, con fechas, contexto y las palabras que se dijeron, puede ayudarte a mantener la claridad sobre la situación. Cuando ciertos comportamientos se repiten en el tiempo, es fácil quitarles importancia con el paso de los días. Tener un registro por escrito te permite ver el panorama con más detalle.
Hablar con alguien de confianza
Compartir lo que experimentas con una persona cercana, ya sea un familiar, un amigo o un compañero de confianza, puede ayudar a sentirte menos solo y a poner la situación en perspectiva. A veces basta con una mirada externa para confirmar que lo que percibes es real.
Acudir a una persona de referencia dentro de la organización
Si el diálogo directo no es posible o no surte efecto, puedes valorar comentarlo con el responsable de personal o con una persona de referencia dentro de la empresa. No es un gesto de debilidad: es una forma legítima de proteger tu bienestar y tu dignidad profesional.
Posponer el impulso de reaccionar por instinto
Cuando una broma te afecta, el primer impulso puede ser responder en el mismo tono o, al contrario, cerrarte. Puedes probar a esperar aunque solo sean unos minutos antes de reaccionar: a menudo, la necesidad de responder de inmediato está ligada a una activación emocional intensa que, con un poco de tiempo, tiende a bajar. Esto no significa ignorar lo ocurrido, sino darte el espacio para elegir cómo afrontarlo.
Plantearte un proceso de apoyo psicológico
Un proceso con un psicólogo o una psicóloga puede ser un espacio valioso para reforzar tu capacidad de expresar los límites, comprender las dinámicas que dificultan reaccionar y desarrollar estrategias para protegerte sin sentirte culpable. No hace falta esperar a que las cosas se pongan muy difíciles para empezar: es un espacio de crecimiento y reflexión que también puede ser útil para sentirte comprendido y acompañado.
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Cuidarte en el trabajo
Pedir respeto nunca es pedir demasiado
He entendido que pedir respeto no es exagerar.
Todos merecemos un trabajo tranquilo.
Ningún contexto laboral, por informal o distendido que sea, justifica comportamientos que hieren de forma recurrente la dignidad de una persona. El humor que funciona es el que une y aligera, no el que aísla y menosprecia.
La intención de quien bromea no borra el impacto que la broma puede tener en quien la recibe: repetir “solo hacia un chiste” no es una justificación válida cuando la otra persona ha expresado su malestar. Sentirte mal por las bromas en el trabajo nunca es una cuestión de poco sentido del humor: es la señal de que se ha cruzado un límite personal.
Escuchar esa señal y actuar en consecuencia es un acto de autocuidado. Un entorno de trabajo en el que las personas se sienten libres de expresar su malestar sin miedo a que las ridiculicen es un entorno más sano para todos: la cultura del respeto no limita el buen humor, sino que lo hace de verdad posible.
Si sientes que la situación te pesa, recuerda que no tienes que afrontarla solo. Un proceso terapéutico con un psicólogo o una psicóloga puede ayudarte a recuperar seguridad y a elegir cómo protegerte, a tu ritmo y de la forma que sientas más adecuada para ti.
El siguiente paso, si te sientes preparado/a
La terapia psicológica no es solo para quienes atraviesan una crisis, es un espacio de escucha para cuidar de tu bienestar mental.
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FAQ
Preguntas frecuentes
¿Es normal sentirse incómodo por las bromas en el trabajo?
Sí, sentirse incómodo por las bromas en el trabajo es una reacción del todo comprensible y legítima. Cuando una broma afecta a aspectos personales como el aspecto físico, las costumbres o las competencias profesionales, el malestar que sientes no depende de una falta de sentido del humor: significa que se ha cruzado un límite personal. Lo que cuenta no es tanto la intención de quien bromea, sino el efecto que esa broma tiene en ti. Muchas personas se sienten atrapadas entre el deseo de no parecer “las que no saben aceptar una broma” y la necesidad auténtica de que las traten con respeto. Si te reconoces en esta tensión, ten presente que no exageras. Escuchar lo que sientes es el primer paso para cuidar tu bienestar, también en el trabajo.
¿Cómo saber si las bromas de los compañeros son una forma de acoso laboral?
Hay algunas señales que pueden ayudarte a distinguir una broma puntual de un comportamiento que se acerca al acoso. La primera es la repetición: si las bromas se concentran siempre en la misma persona o en el mismo tema y se prolongan en el tiempo, ya no se trata de una diversión inocente. Otra señal importante es la reacción del grupo cuando intentas expresar tu malestar: si te responden “no sabes encajar una broma” o “era solo una broma, relájate”, tus emociones quedan invalidadas y se cierra cualquier posibilidad de diálogo. Presta atención también a las dinámicas de exclusión disfrazadas de algo sin importancia, como quedar al margen de conversaciones o decisiones. Anotar los episodios con fechas y contexto puede ayudarte a ver el panorama general con más claridad.
¿Qué puedo hacer si una broma en el trabajo me ha hecho sentir mal?
Puedes empezar con pequeños pasos concretos. No hace falta una gran confrontación: frases breves y directas como “esta broma no me hace gracia” o “preferiría que no se bromeara con esto” ya son una forma eficaz de poner un límite. Incluso elegir no reírte puede interrumpir la dinámica. Si en el momento de la broma sientes una activación emocional fuerte, prueba a esperar unos minutos antes de reaccionar: así te das el espacio para elegir cómo afrontar la situación con más claridad. También puede ser útil tomar nota de los episodios que te han afectado. Si el diálogo directo no funciona, valora comentarlo con una persona de referencia dentro de la empresa, como el responsable de personal: es una forma legítima de proteger tu dignidad profesional, no una señal de debilidad.
¿Por qué algunos compañeros hacen bromas que incomodan a los demás?
Las razones pueden ser diversas. En algunos casos, la broma se convierte en una herramienta de poder, una forma de afirmar su posición dentro del grupo a costa de quien es el blanco de las burlas. La risa de los demás funciona como una especie de confirmación social que legitima el comportamiento. En otros casos, detrás de las bromas repetidas puede esconderse una inseguridad personal: menospreciar a alguien a través de la ironía puede ser una forma de descargar tensión sin asumir responsabilidades. También hay que tener en cuenta el contexto: en muchos entornos laborales falta una verdadera cultura del respeto mutuo, y la ironía hiriente se considera parte del día a día. Quien bromea podría no darse cuenta del impacto de sus palabras porque nunca ha recibido un feedback claro o porque ese tipo de comportamiento siempre se ha tolerado.
¿Cuándo conviene acudir a un psicólogo o una psicólogal por el malestar causado por las bromas en el trabajo?
No hace falta esperar a que la situación se vuelva insostenible. Si notas que el malestar relacionado con las bromas en el trabajo empieza a generarte estrés, ansiedad o una pérdida de autoconfianza, un proceso de apoyo psicológico puede ser un espacio valioso en el que trabajar en varios frentes. Con el acompañamiento de una psicóloga puedes reforzar tu capacidad de expresar tus límites, comprender las dinámicas que dificultan reaccionar y desarrollar estrategias para protegerte sin sentirte culpable. También es un espacio en el que sentirte comprendido y acogido, algo especialmente importante cuando el contexto laboral tiende a minimizar lo que vives. Cuidar tu bienestar emocional es un acto de autorrespeto, y pedir ayuda es una señal de conciencia, no de fragilidad.
Preguntas frecuentes sobre la terapia
¿Cuántos tipos de terapia hay en Unobravo?
Con Unobravo puedes realizar terapia psicológica individual o terapia de pareja, en función de tus necesidades. Por ejemplo, la terapia individual después de una infidelidad puede ser útil para mejorar la comunicación y afrontar los retos personales que influyen en las dinámicas relacionales. Tras una infidelidad, optar por la terapia individual o de pareja depende de las necesidad de cada uno.
¿Qué es y en qué consiste la terapia individual con Unobravo?
Un proceso de terapia individual puede ofrecer un espacio seguro para explorar tus emociones y comportamientos junto a un profesional de la salud mental.
Aunque no siempre sea fácil saber cómo encontrar apoyo y empezar un proceso terapéutico, con Unobravo no tendrás que preocuparte de cómo elegir un psicólogo. Solo necesitas rellenar el cuestionario y, en la primera cita gratuita, conocer al psicólogo que te haya sido asignado entre los psicólogos y psicólogas de Unobravo.
Si resulta ser el profesional adecuado para ti, emprenderéis juntos un proceso creado a medida para ti.
¿Por qué elegir la terapia online?
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¿Cuánto cuesta la terapia individual?
El precio del psicólogo presencial puede variar mucho, sin contar con el tiempo y el coste que supone desplazarse a la consulta del profesional.
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¿Cuánto dura un proceso de terapia individual?
La decisión de cuánto dura un proceso terapéutico la tomaréis entre tu psicólogo y tú: cada persona es única y también lo es el viaje hacia tu bienestar psicológico.
¿Cómo puedo saber si necesito hacer terapia?
Cada proceso terapéutico es único y la motivación o la necesidad de empezar a hacer terapia depende de cada uno. Es importante recordar que ir a terapia no solo ayuda a afrontar dificultades y a tratar trastornos, también es un apoyo para quienes desean emprender un proceso de crecimiento personal y proporciona herramientas y estrategias útiles para mejorar el bienestar cotidiano.
Es importante recordar que hacer terapia es una forma de autocuidado y no un signo de debilidad, así que no es necesario esperar a estar al límite para pedir ayuda.
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