Padres y madres con diagnóstico oncológico: ¿cómo construir un espacio para tu dolor cuando te sientes responsable de tus hijos?

Me dije enseguida que ahora no podía derrumbarme, tengo a los niños.
No hay un momento en el que piense solo en cómo estoy yo.

Te han dado un diagnóstico de cáncer y, mientras por dentro todo parece temblar, lo primero en lo que piensas no eres tú, sino tus hijos.

Te repites que debes mantenerte fuerte, que no puedes derrumbarte, que hay deberes que supervisar, cenas que preparar, sonrisas que mantener, de modo que tu dolor acaba al final de la lista.

No porque sea menos real, sino porque parece no haber espacio ni tiempo para sentirlo de verdad. Recibir un diagnóstico oncológico puede desestabilizar el modo en que percibes tu cuerpo, tu historia y tus relaciones y, cuando eres padre o madre, esto se entrelaza enseguida con el sentido de responsabilidad.

Sin embargo, concederte un lugar seguro como un espacio terapéutico en el que procesar el miedo, sin tener que sostenerlo todo, no es un lujo y puede ser uno de los primeros pasos para afrontar lo que viene después.

Las raíces de esta vivencia

Por qué el dolor de un padre o una madre enfermos queda en segundo plano

Tengo miedo de que, si me ven débil, mis hijos se sientan perdidos.
Siento que debería proteger, no dejarme ver asustada/o.

Dejar de lado su sufrimiento para proteger a los hijos es una experiencia muy frecuente entre quienes afrontan una enfermedad oncológica.

En muchos casos, explorar las raíces de emociones tan intensas y aprender a hacer espacio para tu dolor puede ser más sencillo con la ayuda de un psicólogo o una psicóloga, en particular con formación en psicooncología, que puede ofrecerte herramientas pensadas para tu bienestar.

Mientras tanto, exploremos juntos algunas posibles razones que están detrás de la dificultad de un padre o una madre para reconocer su vivencia emocional tras un diagnóstico de cáncer.

El miedo a transmitir el sufrimiento a los hijos

  • Puedes temer que mostrar tu fragilidad asuste a tus hijos o los haga sufrir más.
  • Podrías creer que ocultar las emociones es una forma de protegerlos, cuando en realidad esto tiende a dejarte más solo/a con tu angustia.
  • El temor a desestabilizar el equilibrio familiar puede llevarte a minimizar o dejar de lado lo que vives.

El sentido de responsabilidad parental

  • El papel protector hacia los hijos puede activar una fuerte necesidad de tener bajo control todo lo que ocurre en casa.
  • Puedes sentir que la prioridad debe recaer siempre y solo en ellos, lo que deja poco espacio a tu miedo personal.
  • Podrías percibir como egoísta el simple hecho de pensar en dedicarte tiempo a ti mismo/a.

La falta de modelos que te den permiso para que te cuiden

  • La cultura en la que vivimos tiene dificultades para reconocer el derecho al dolor de quien es padre o madre y, a la vez, está enfermo.
  • Se espera a menudo que un padre o una madre sea siempre quien cuida, nunca quien necesita que lo cuiden.
  • Esta expectativa implícita puede hacer muy difícil pedir ayuda sin sentirte culpable.
Perspectiva clínica
Los momentos difíciles parecen absorber toda nuestra energía, pero los retos y los problemas no definen nuestro valor personal. Darte tiempo para conocer mejor tus recursos, sin buscar una solución inmediata, y pedir ayuda a un profesional cuando lo necesites son los primeros pasos hacia un cambio positivo.
Vivencias cotidianas

Situaciones en las que podrías sentirte identificado/a

Solo lloro por la noche, cuando los niños duermen.
Me salté una visita médica para llevar a mi hija a baile.

El modo en que un padre o una madre deja de lado su dolor toma forma en muchos pequeños gestos cotidianos. Aquí tienes algunas situaciones concretas en las que podrías reconocerte.

Ocultar las emociones para proteger a los hijos

  • Evitas llorar delante de tus hijos y buscas un momento para aislarte, convencido/a de que mostrar fragilidad puede hacerles daño.
  • Intentas ocultar a los más pequeños el verdadero alcance del diagnóstico, y acabas viviendo tu angustia en soledad.
  • Te esfuerzas por mantener un tono sereno incluso en los días en que el cansancio y el miedo son muy intensos.

Poner siempre a la familia en primer lugar

  • Te ocupas de la rutina familiar, de los deberes y las actividades de tus hijos, y aplazas visitas, terapias o momentos de desahogo personal.
  • Minimizas tus síntomas físicos y emocionales ante tu pareja o tu familia, para no añadir preocupaciones a quien ya piensa en los niños.
  • Te cuesta reservarte aunque sean solo unos minutos para ti, porque te parece tiempo que le quitas a la familia.

La dificultad para pedir ayuda

  • Te gustaría hablar con un psicólogo, una psicóloga o un grupo de apoyo, pero el sentimiento de culpa por el tiempo que te dedicas te bloquea.
  • Evitas pedir ayuda práctica a familiares o amigos por miedo a que te juzguen como un padre o una madre inadecuados.
  • Renuncias a hablar de cómo estás porque temes parecer frágil ante quienes te rodean.
Un momento para parar
¿Te reconoces en alguna de estas situaciones?

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Pasos posibles

Cómo construir un espacio para tu dolor

Con mi psicóloga por fin pude decir cómo estoy.
Hablarlo con otros padres me hizo sentir menos solo.
1

Reconocer que cuidarte forma parte de cuidar a tus hijos

Dedicar atención a tus emociones no le quita energía a tus hijos. A largo plazo, puede ayudarte a construir una base más estable desde la que seguir presente junto a ellos.

2

Encontrar pequeños espacios cotidianos para ti

Puedes intentar reservarte aunque sean solo unos minutos al día para escuchar lo que sientes, sin la tarea de tener que gestionar o resolver cada emoción de inmediato. A veces basta con darte el permiso de sentir.

3

Compartir el peso poco a poco con quien tienes cerca

Puedes intentar hablar de cómo te sientes con tu pareja o con una persona de confianza, poco a poco. Afrontar la carga emocional del diagnóstico en soledad tiende a hacerla más pesada.

4

Adaptar la comunicación con tus hijos a su edad

Hablar con tus hijos de un modo ajustado a su capacidad de comprensión puede ayudarte a no tener que dejar completamente de lado lo que sientes en su presencia. Mostrar que las emociones difíciles se pueden atravesar es también un mensaje valioso.

5

Considerar un grupo de apoyo entre padres y madres

Hablar con otros padres y madres que viven situaciones similares puede ayudarte a sentirte menos solo/a y a dar legitimidad a tu necesidad de ser escuchado/a.

6

Considerar un acompañamiento psicológico especializado

Un proceso terapéutico con un psicólogo o una psicóloga, en particular con formación en psicooncología, puede ofrecerte un espacio protegido en el que expresar los miedos ligados a la enfermedad, al papel parental y al futuro. No hace falta esperar a que todo se vuelva muy difícil para evaluar el comenzar con este tipo de acompañamiento: puede ser un espacio en el que sentirte comprendido/a y acompañado/a, y en el que tu dolor encuentre escucha.

Habla de cómo te sientes con un psicólogo online

Encuentra el profesional más adecuado para ti con nuestro cuestionario confidencial, nos ayudará a entender mejor tus necesidades.

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Un paso cada vez

Tu dolor merece un espacio

Entendí que estar bien yo también les sirve a ellos.
Darme permiso para sufrir fue el primer alivio.

El dolor de un padre o una madre que afronta una enfermedad oncológica no es menos legítimo que el que se vive en otros papeles familiares. Merece un espacio reconocido, no relegado al final de la lista.

Escuchar tus emociones no significa quitarles algo a tus hijos. Puede significar, en cambio, construir una base más estable desde la que atravesar juntos el proceso de tratamiento.

Procesar el miedo es un recorrido gradual, con fases que no son lineales, que requiere tiempo, paciencia y el permiso de no ser siempre fuerte.

Pedir apoyo, profesional o informal, no es una muestra de debilidad, sino un gesto de cuidado hacia ti y hacia tu familia. Si sientes que esta carga es demasiado grande para llevarla solo/a, valorar el inicio de un proceso terapéutico con un psicólogo o una psicóloga puede ser un espacio valioso en el que sentirte por fin sostenido/a, un paso cada vez.

El siguiente paso, si te sientes preparado/a

La terapia psicológica no es solo para quienes atraviesan una crisis, es un espacio de escucha para cuidar de tu bienestar mental.

Habla de cómo te sientes con un psicólogo

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FAQ

Preguntas frecuentes

Puedes temer que mostrar tu fragilidad asuste a tus hijos o los haga sufrir más. Podrías creer que ocultar las emociones es una forma de protegerlos, cuando en realidad esto tiende a dejarte más solo con tu angustia. El temor a desestabilizar el equilibrio familiar puede llevarte a minimizar o dejar de lado lo que vives. El papel protector hacia los hijos puede además activar una fuerte necesidad de tener bajo control todo lo que ocurre en casa y hacer que percibas como egoísta el simple hecho de pensar en dedicarte tiempo para ti.

El modo en que un padre o una madre deja de lado su dolor toma forma en muchos pequeños gestos cotidianos. Puedes evitar llorar delante de tus hijos y buscar un momento para aislarte, o esforzarte por mantener un tono sereno incluso en los días en que el cansancio y el miedo son muy intensos. Puedes ocuparte de la rutina familiar y aplazar visitas, terapias o momentos de desahogo personal, y minimizar tus síntomas físicos y emocionales para no añadir preocupaciones a quien ya piensa en los niños. Te cuesta reservarte, aunque sean solo unos minutos para ti, porque te parece tiempo que le quitas a la familia.

La cultura en la que vivimos tiene dificultades para reconocer el derecho al dolor de quien es padre o madre y, a la vez, está enfermo. Se espera a menudo que un padre o una madre sea siempre quien cuida, nunca quien necesita que lo cuiden, y esta expectativa implícita puede hacer muy difícil pedir ayuda sin sentirte culpable. Te gustaría hablar con un psicólogo o con un grupo de apoyo, pero el sentimiento de culpa por el tiempo que te dedicas te bloquea. Pedir apoyo, profesional o informal, no es, sin embargo, una muestra de debilidad, sino un gesto de cuidado hacia ti y hacia tu familia.

Hablar con tus hijos de un modo ajustado a su capacidad de comprensión puede ayudarte a no tener que dejar completamente de lado lo que sientes en su presencia. Mostrar que las emociones difíciles se pueden atravesar es también un mensaje valioso. Puedes intentar compartir el peso poco a poco con quien tienes cerca, hablar de cómo te sientes con tu pareja o con una persona de confianza, poco a poco, porque afrontar la carga emocional del diagnóstico en soledad tiende a hacerla más pesada.

Dedicar atención a tus emociones no le quita energía a tus hijos. A largo plazo, puede ayudarte a construir una base más estable desde la que seguir presente junto a ellos. Escuchar tus emociones no significa quitarles algo a tus hijos; puede significar, en cambio, construir una base más estable desde la que atravesar juntos el proceso de tratamiento. Puedes intentar reservarte aunque sean solo unos minutos al día para escuchar lo que sientes, sin la tarea de tener que gestionar o resolver cada emoción de inmediato: a veces basta con darte el permiso de sentir.

Iniciar un proceso terapéutico con un psicólogo o una psicóloga, en particular con formación en psicooncología, puede ofrecerte un espacio protegido en el que expresar los miedos ligados a la enfermedad, al papel parental y al futuro. No hace falta esperar a que todo se vuelva muy difícil para pedir este tipo de acompañamiento: puede ser un espacio en el que sentirte comprendido/a y acompañado/a, y en el que tu dolor encuentre escucha. Si sientes que esta carga es demasiado grande para llevarla solo, empezar a hacer terapia con un psicólogo o una psicóloga puede ser un espacio valioso en el que sentirte por fin sostenido, un paso cada vez.

Preguntas frecuentes sobre la terapia

Con Unobravo puedes realizar terapia psicológica individual o terapia de pareja, en función de tus necesidades. Por ejemplo, la terapia individual después de una infidelidad puede ser útil para mejorar la comunicación y afrontar los retos personales que influyen en las dinámicas relacionales. Tras una infidelidad, optar por la terapia individual o de pareja depende de las necesidad de cada uno.

Un proceso de terapia individual puede ofrecer un espacio seguro para explorar tus emociones y comportamientos junto a un profesional de la salud mental.

Aunque no siempre sea fácil saber cómo encontrar apoyo y empezar un proceso terapéutico, con Unobravo no tendrás que preocuparte de cómo elegir un psicólogo. Solo necesitas rellenar el cuestionario y, en la primera cita gratuita, conocer al psicólogo que te haya sido asignado entre los psicólogos y psicólogas de Unobravo.

Si resulta ser el profesional adecuado para ti, emprenderéis juntos un proceso creado a medida para ti.

Con un psicólogo online de Unobravo puedes cuidar de ti estés donde estés. Podrás usar la App o la Web App para concertar tus citas, realizar las sesiones, chatear con tu psicólogo y realizar pagos seguros.

Todo cómodamente online, usando cualquier dispositivo y conectándote donde y cuando quieras.

El precio del psicólogo presencial puede variar mucho, sin contar con el tiempo y el coste que supone desplazarse a la consulta del profesional.

Con Unobravo, cada sesión tiene un precio fijo y accesible de 45 € y también puedes hablar con tu psicólogo cuando estés de viaje, de vacaciones o en una pausa del trabajo, sin dedicar tiempo y dinero a desplazamientos.

Para conectar con tu bienestar psicológico, solo necesitas un click.

La decisión de cuánto dura un proceso terapéutico la tomaréis entre tu psicólogo y tú: cada persona es única y también lo es el viaje hacia tu bienestar psicológico.

Cada proceso terapéutico es único y la motivación o la necesidad de empezar a hacer terapia depende de cada uno. Es importante recordar que ir a terapia no solo ayuda a afrontar dificultades y a tratar trastornos, también es un apoyo para quienes desean emprender un proceso de crecimiento personal y proporciona herramientas y estrategias útiles para mejorar el bienestar cotidiano.

Es importante recordar que hacer terapia es una forma de autocuidado y no un signo de debilidad, así que no es necesario esperar a estar al límite para pedir ayuda.

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