Mi hijo adolescente siempre está preocupado por sus notas: ¿qué puedo hacer?

Cada examen se vuelve un drama, ya no sé cómo ayudarlo.
La veo estudiar por horas y horas, pero siempre le entra el pánico.

Exámenes, pruebas, boletines de notas: para muchos adolescentes la escuela no es solo un lugar de aprendizaje, sino una fuente constante de tensión. Si su hijo o hija vive cada curso con una ansiedad que parece desproporcionada, probablemente te habrás preguntado muchas veces qué está pasando y qué puedes hacer al respecto.

Cierto nivel de ansiedad por los resultados escolares es natural e incluso puede ser motivador, pero cuando la ansiedad se vuelve constante y se manifiesta en dolores de estómago, insomnio, ataques de llanto o irritabilidad, entonces está comunicando algo más profundo.

A menudo, tras el miedo a una mala nota se esconde la percepción que el adolescente tiene de sí mismo, de su propia valía y de su capacidad para afrontar los retos.

La buena noticia es que, como padre, tu actitud puede marcar una gran diferencia. Entender lo que está pasando ya es un primer paso importante para ofrecer un apoyo eficaz.

Las raíces de la ansiedad

Qué puede haber detrás de la ansiedad por las notas

Me temo que cree que no sirve para nada más que para sacarse buenas notas.
Siempre me dice: “de todas formas no lo voy a conseguir”, me rompe el corazón.

Entender de dónde viene la ansiedad de un adolescente por las notas no es fácil, y a menudo requiere una mirada más profunda. Por eso, el apoyo de un psicólogo puede ayudar tanto al adolescente como a la familia a arrojar luz sobre dinámicas que, por sí solas, son difíciles de reconocer. Mientras tanto, intentemos explorar juntos algunas posibles razones de esta preocupación.

Miedo a decepcionar a sus allegados

  • Muchos adolescentes perciben, incluso sin que se les diga explícitamente, que su propio valor a los ojos de la familia está vinculado al rendimiento académico.
  • El miedo a defraudar las expectativas de sus seres queridos puede convertir cada examen en un momento cargado de tensión emocional, mucho más allá de la preocupación por la nota en sí.
  • A veces, un comentario hecho a la ligera, como un enfrentamiento con un hermano o una hermana, es suficiente para alimentar el sentimiento de no ser suficiente.

Falta de confianza en las propias capacidades

  • Cuando un adolescente tiene poca confianza en sí mismo, cada examen escolar puede parecer una amenaza: no es la nota lo que asusta, sino la idea de que un resultado negativo confirma el miedo a no ser capaz.
  • Esto puede llevar a establecer estándares muy altos para sí y con ello experimentar cada actuación menos que perfecta como un fracaso personal.
  • El perfeccionismo, en estos casos, no es sinónimo de ambición, sino una forma de protección frente a un juicio temeroso.

El círculo vicioso entre ansiedad y rendimiento

  • La ansiedad de rendimiento puede, de manera paradójica, bloquear lo que pretende proteger, es decir, la capacidad de estudiar con eficacia.
  • Un adolescente muy centrado en el miedo a suspender puede tener dificultades para memorizar, concentrarse y organizar el estudio, lo que desencadena un círculo vicioso difícil de romper.
  • Además, el entorno escolar puede amplificar esta dinámica: la confrontación entre compañeros, las preguntas delante de la clase y la importancia que se da a las notas contribuyen a la presión percibida.
Perspectiva clínica
Las relaciones son fundamentales para nuestra salud biopsicosocial. Pero los vínculos entre las personas no son estáticos: evolucionan y, a veces, se rompen. Para prevenir y resolver problemas relacionales es necesario comunicar con claridad nuestras necesidades emocionales. Aprender a hablar con los demás de forma auténtica es el primer paso hacia un equilibrio duradero.
Señales a las que debes prestar atención

Situaciones en las que podrías reconocerte

La noche anterior al examen lloró durante una hora.
Ya no me cuenta nada del colegio, me preocupa.

A veces, la ansiedad por las notas no se manifiesta de forma evidente, sino que puede esconderse detrás de comportamientos que parecen otra cosa, como desgana, cerrazón y enfado. He aquí algunas situaciones que puedes haber experimentado.

Cuando estudiar se convierte en una actividad interminable

  • Tu hijo/a pasa horas y horas en los libros, releyendo las mismas páginas sin conseguir sentirse preparado. No es un problema de método, sino que es la tensión lo que les impide asimilar lo que leen.
  • Incluso después de estudiar durante mucho tiempo, él/ella sigue repitiendo frases como "no estoy preparado" o "no me acuerdo de nada", y la víspera de un examen le cuesta dormirse.
  • Puede ocurrir que por la mañana manifieste síntomas físicos como náuseas, dolor de estómago o de cabeza, hasta el punto de pedir quedarse en casa.

Cuando las notas se convierten en un secreto

  • El adolescente evita contar cómo le ha ido en el colegio, cambia de tema o responde de forma muy vaga. No es desinterés: es el miedo a la reacción de los que tiene delante.
  • Cuando saca una mala nota, se encierra en su habitación y reacciona con rabia o lágrimas a cualquier pregunta sobre el colegio. Incluso un simple "¿cómo te ha ido?" puede sonar como un interrogatorio.
  • Minimiza los resultados positivos, convencido de que nunca son suficientes: un siete se convierte en "podría haber hecho más", un ocho "es solo suerte".

Cuando la comparación con los demás se convierte en una trampa

  • Compara constantemente sus propias notas con las de sus compañeros y siempre se siente un paso por detrás, incluso cuando sus resultados son buenos.
  • Puede llegar a decir frases como "no soy superdotado" o "los demás son más listos que yo", lo que revela un sentimiento de inadecuación que va mucho más allá de una única calificación.
  • En algunos casos, la confrontación constante puede llevarle a evitar por completo situaciones en las que podría no estar a la altura, renunciando a participar o a exponerse.
Un momento para parar
¿Te reconoces en alguna de estas situaciones?

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Cuando las relaciones pesan sobre tu bienestar, hablar puede ayudar

Si los problemas con las personas que te importan te generan intranquilidad, un profesional te puede ayudar a orientarte. Solo necesitas unos minutos para encontrar el psicólogo más adecuado para ti.

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Estrategias para los padres

Pequeños pasos para marcar la diferencia

Dejé de pedirle notas y volvió a hablar.
Empezamos un proceso de terapia juntos y nos hace bien a los dos.
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Escuchar sin minimizar

Cuando tu hijo/a expresa preocupación por una nota, frases como "no es nada" o "estudia más" corren el riesgo de hacerle sentir incomprendido. En su lugar, puedes intentar decir algo como "entiendo que esto sea importante para ti" o "¿puedes decirme qué te preocupa?". Reconocer sus emociones le ayuda a sentirse menos solo/a en la dificultad.

2

Separar el valor de la persona del resultado

Puedes ayudar a tu hijo adolescente a entender que su valor no se mide por un número. Una forma concreta de hacerlo es valorar el esfuerzo y el camino, no solo el resultado. Decir "he visto lo mucho que has estudiado" tiene un efecto muy distinto a "¿cuánto has conseguido?".

3

Evitar las comparaciones

Cualquier comparación con compañeros, hermanos o con el propio pasado escolar corre el riesgo de aumentar el sentimiento de inadecuación. Incluso cuando la intención es motivar, frases como "tu hermana a tu edad..." o "¿qué tal le fue a tu compañero?" pueden alimentar un sentimiento de competición que genera más ansiedad.

4

Elegir los momentos adecuados para hablar del colegio

Puede que notes que las conversaciones más sinceras se producen en momentos menos oficiales, por ejemplo, durante un paseo, en el coche, mientras cocináis juntos. Intentar crear espacios para un diálogo ligero, sin que parezca una cuenta pendiente, puede ayudar mucho. Preguntas como "¿qué te ha gustado hoy?" abren más la conversación que "¿qué nota has sacado?".

5

Posponer la reacción unos minutos

Cuando tu hijo te cuente sobre una mala nota y tú sientas que aumenta la frustración, puedes intentar esperar unos minutos antes de responder. Incluso una breve pausa puede ayudarte a elegir palabras que transmitan confianza en lugar de decepción. La primera reacción es la que más recuerda un adolescente.

6

Fomentar el autocuidado también es importante

Ver a su hijo en dificultades es agotador. No subestimes tus emociones: un padre que se siente tranquilo y consciente es más eficaz a la hora de apoyar a los que le rodean. Hablar de ello con alguien de confianza, reservar momentos para ti, puede ayudarte a encontrar la energía que necesitas.

7

Plantear el inicio de terapia con un psicólogo

Cuando la ansiedad por las notas se vuelve omnipresente e influye en la vida cotidiana, un proceso de psicoterapia puede ser un espacio valioso para tu hijo adolescente. No hay que esperar a que las cosas se pongan muy difíciles para pedir ayuda: un psicólogo o una psicóloga puede ofrecer herramientas concretas para comprender las raíces de la ansiedad y aprender a gestionarla. Iniciar una terapia familiar o una dirigida a ti como padre o madre también puede ser útil para entender cuál es la mejor manera de apoyar a tu hijo/a.

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Un mensaje para el lector

Cada interacción es una oportunidad para transmitir confianza

Me di cuenta de que la forma en que reaccionaba contaba más que la nota.
Pedir ayuda fue la mejor decisión que pude tomar.

La ansiedad por las notas no es un capricho ni un signo de debilidad, sino una señal de que tu hija/o adolescente está experimentando una presión emocional importante, que merece atención y escucha.

La forma en que reaccionas ante sus resultados escolares contribuye, día tras día, a forjar la imagen que tiene de sí misma/o. Cada conversación sobre los estudios es una oportunidad para transmitir confianza o, por el contrario, para alimentar una inseguridad que podría pesar mucho.

No existe una receta única, ya que cada adolescente es diferente y lo que funciona para uno puede no ser adecuado para otro. Conocer a tu hijo/a, con sus debilidades y recursos, sigue siendo la brújula más fiable.

Incluso los momentos difíciles relacionados con la escuela pueden convertirse en oportunidades de crecimiento: aprender a levantarse después de una decepción, a pedir ayuda, a no identificarse con un número son habilidades que permanecerán para toda la vida.

Si sientes que la situación te preocupa o que la ansiedad de tu hijo adolescente no da señales de remitir, plantearte una consulta con un psicólogo es un acto de cuidado, hacia él y hacia toda la familia.

El siguiente paso, si te sientes preparado/a

La terapia psicológica no es solo para quienes atraviesan una crisis, es un espacio de escucha para cuidar de tu bienestar mental.

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FAQ

Preguntas frecuentes

Cierta ansiedad por los resultados escolares es común entre los adolescentes e incluso puede ser motivadora. Se convierte en algo en lo que centrarse cuando la ansiedad es constante y desproporcionada en comparación con la situación: los ataques de llanto antes de los exámenes, el insomnio, el dolor de estómago, la irritabilidad o la negativa a ir al colegio son señales que indican un sufrimiento más profundo. A menudo, detrás del miedo a una mala nota se esconde la forma en que su hijo/a percibe su valor: no es solo el número lo que asusta, sino la idea de no ser suficiente. Si notas que esta preocupación interfiere en la vida diaria, el sueño, las relaciones o la capacidad de estudiar, es hora de prestar más atención y, si es necesario, considerar el apoyo de un psicólogo.

La forma de abordar el tema de los estudios puede marcar una gran diferencia. Evita preguntas directas como "¿qué nota has sacado?" e intenta enfoques más abiertos, por ejemplo, "¿qué te ha gustado hoy?" o "¿qué tal el día?". Cuando tu hijo o hija comparta una preocupación, resiste la tentación de restarle importancia con frases como "no es nada" o "estudia más", pero reconoce sus emociones con un simple "entiendo que esto sea importante para ti" para ayudarle a sentirse comprendido. Elige los momentos adecuados para hablar: las conversaciones más auténticas suelen surgir en contextos informales, durante un paseo o en el coche. Si te comunica una mala nota y sientes que aumenta tu frustración, date unos minutos antes de responder, porque tu primera reacción es la que él/ella recordará durante más tiempo.

Cuando un adolescente pasa horas estudiando sin sentirse preparado, el problema no suele ser el método de estudio, sino la ansiedad por el rendimiento. La tensión emocional puede bloquear la capacidad de memorizar, concentrarse y organizar la información, desencadenando un círculo vicioso: cuanto más estudia sin obtener resultados, más crece su miedo a fracasar. Detrás de este mecanismo puede estar la falta de confianza en sus capacidades: cada examen escolar se convierte en una amenaza, no por la nota en sí, sino porque un resultado negativo parece confirmar el miedo a no ser capaz. El perfeccionismo resultante no es ambición, sino una forma de protección frente al juicio. En estos casos, valorar más el esfuerzo que el resultado con palabras como "he visto cuánto has estudiado" puede ayudar, pero si la situación persiste, iniciar un proceso de terapia con un psicólogo o una psicóloga puede ofrecer herramientas concretas para romper este círculo.

Puede empezar con algunos gestos cotidianos que, con el tiempo, marcan la diferencia. El primero es separar el valor de la persona del resultado: decir "he visto tu esfuerzo" comunica algo muy distinto que pedir una nota enseguida. Evite las comparaciones con compañeros, hermanos o con su trayectoria escolar, aunque la intención sea motivar, porque cualquier comparación corre el riesgo de alimentar un sentimiento de inadecuación. Crea espacios para un diálogo ligero, sin que parezca un relato de la escuela. No subestime, pues, la importancia de cuidarte: ver a su hijo en dificultades es agotador, y un padre o una madre que se siente sereno/a y consciente puede ofrecer un apoyo más eficaz. Si la ansiedad se vuelve omnipresente y afecta a la vida cotidiana, plantearse un tratamiento de psicoterapia, incluida la psicoterapia familiar, es un acto de cuidado para toda la familia.

No es necesario esperar a que la situación se vuelva muy difícil para pedir ayuda. Algunas señales que sugieren considerar un inicio de terapia son: la ansiedad es constante y no mejora con el tiempo, interfiere con el sueño o la alimentación, se manifiesta con síntomas físicos recurrentes como náuseas o dolor de estómago, lleva a evitar la escuela o a aislarse, o su hija/o expresa con frecuencia frases como "no lo conseguiré" o "no soy capaz". Un psicólogo puede ofrecer un espacio seguro en el que explorar las raíces de la ansiedad y desarrollar herramientas concretas para gestionarla. Un proceso terapéutico dirigido a ti como padre también puede serte útil para comprender cuál es la mejor manera de apoyar a tu hijo/a adolescente. Pedir ayuda psicológica no significa que hayas fracasado: es una elección consciente de cuidar a tus seres queridos.

Preguntas frecuentes sobre la terapia

Con Unobravo puedes realizar terapia psicológica individual o terapia de pareja, en función de tus necesidades. Por ejemplo, la terapia individual después de una infidelidad puede ser útil para mejorar la comunicación y afrontar los retos personales que influyen en las dinámicas relacionales. Tras una infidelidad, optar por la terapia individual o de pareja depende de las necesidad de cada uno.

Un proceso de terapia individual puede ofrecer un espacio seguro para explorar tus emociones y comportamientos junto a un profesional de la salud mental.

Aunque no siempre sea fácil saber cómo encontrar apoyo y empezar un proceso terapéutico, con Unobravo no tendrás que preocuparte de cómo elegir un psicólogo. Solo necesitas rellenar el cuestionario y, en la primera cita gratuita, conocer al psicólogo que te haya sido asignado entre los psicólogos y psicólogas de Unobravo.

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La decisión de cuánto dura un proceso terapéutico la tomaréis entre tu psicólogo y tú: cada persona es única y también lo es el viaje hacia tu bienestar psicológico.

Cada proceso terapéutico es único y la motivación o la necesidad de empezar a hacer terapia depende de cada uno. Es importante recordar que ir a terapia no solo ayuda a afrontar dificultades y a tratar trastornos, también es un apoyo para quienes desean emprender un proceso de crecimiento personal y proporciona herramientas y estrategias útiles para mejorar el bienestar cotidiano.

Es importante recordar que hacer terapia es una forma de autocuidado y no un signo de debilidad, así que no es necesario esperar a estar al límite para pedir ayuda.

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