Cuando los hijos imitan retos virales: cómo ayudarles a comprender los riesgos
Probó una broma que vio en internet y se hizo daño.
Ni siquiera sabía qué veía en la tablet.
Los niños aprenden mirando. Desde los primeros años de vida, la imitación es una de las principales formas a través de las cuales descubren el mundo, adquieren habilidades y construyen su propia identidad. Es un mecanismo natural y fundamental para su desarrollo.
El problema surge cuando los modelos que imitar dejan de ser solo las personas cercanas y pasan a ser los contenidos digitales que se suceden en la pantalla de una tablet o un smartphone. Los vídeos de bromas extremas pueden parecer divertidos e inofensivos, sobre todo para quienes son aún muy pequeños, mientras que la frontera entre la curiosidad y el comportamiento arriesgado suele ser muy fina en los niños.
Todavía no cuentan con las herramientas necesarias para valorar las consecuencias reales de lo que ven reproducido en vídeos aparentemente inofensivos. Y quienes se ocupan de ellos se encuentran ante un terreno educativo completamente nuevo, en el que las experiencias de la propia infancia ofrecen pocos puntos de referencia.
Si has descubierto que tu hijo ha intentado reproducir algo que ha visto en internet, o si te preocupa la idea de que pueda hacerlo, debes saber que es una preocupación compartida por muchísimas familias.
Las razones de la imitación
Qué lleva a los niños a repetir lo que ven online
Quiere imitar todo lo que ve en YouTube.
Sus amigos lo animan a reproducir los retos que ven en los vídeos.
Entender por qué los niños imitan los retos virales que ven en internet es el primer paso para poder acompañarlos de forma eficaz. En algunos casos, explorar estas dinámicas con el apoyo de un/a psicólogo/a puede ayudar a identificar las estrategias más adecuadas para cada situación familiar. De momento, intentemos explorar juntos algunas posibles razones de este comportamiento.
El atractivo de los modelos digitales
- Los niños buscan figuras de referencia y, cuando pasan mucho tiempo delante de una pantalla, pueden encontrar en los creadores de contenido online modelos que imitar.
- A diferencia de quienes están presentes en su vida cotidiana, estos personajes aparecen siempre divertidos, valientes y admirados por miles de personas: características muy atractivas para un niño.
- La capacidad de juicio crítico todavía está en desarrollo, y esto dificulta distinguir entre lo que es seguro y lo que no lo es.
La búsqueda de emociones y pertenencia
- Los retos y las bromas pesadas están pensados para generar reacciones emocionales intensas: risas, sorpresa, excitación. Para un cerebro en desarrollo, este tipo de estímulos resulta especialmente atractivo.
- El deseo de sentirse parte de un grupo lleva a muchos niños a repetir lo que resulta popular entre sus iguales. Participar en un reto puede convertirse en una forma de sentirse aceptados y reconocidos.
- Negarse a participar, por el contrario, puede vivirse como un riesgo de exclusión.
Cuando falta un filtro protector
- En contextos donde la supervisión es escasa o apenas se habla de estos temas, los niños pueden estar más expuestos a la influencia de contenidos arriesgados.
- La presencia activa de quienes cuidan de ellos es uno de los factores de protección más importantes: no porque sirva para controlarlo todo, sino porque ofrece un punto de referencia para dar sentido a lo que ven.
- La falta de experiencia directa impide a los más pequeños distinguir entre la ficción y la realidad: lo que en un vídeo parece inofensivo puede esconder riesgos que el niño no es capaz de prever.
Ejemplos de la vida cotidiana
Situaciones en las que podrías reconocerte
Descubrí por casualidad lo que veía en internet.
Me dijo que lo hacen todos en el colegio.
Las situaciones en las que la imitación de contenidos online se convierte en motivo de preocupación pueden ser muy distintas entre sí. Estas son algunas de las más comunes.
Cuando una broma deja de ser un juego y se convierte en un riesgo
- Un niño que ve repetidamente vídeos de bromas físicas podría intentar reproducirlas con sus hermanos, hermanas o compañeros de clase, sin comprender que lo que en la pantalla parece hacer gracia puede provocar dolor o lesiones reales.
- Algunos retos virales implican la ingestión de sustancias no comestibles o gestos arriesgados. Un niño puede convencerse de que si el creador de contenido que sigue lo ha hecho sin consecuencias visibles, para él también será seguro.
- Un padre o una madre descubre que su hijo ha intentado reproducir un reto visto en internet solo después de que se haya hecho daño, y se da cuenta de que apenas sabía nada de los contenidos que consumía cada día.
La presión del grupo
- Un grupo de compañeros de clase se reta a repetir bromas pesadas cada vez más extremas vistas en las redes sociales, y así se crea una dinámica de escalada en la que quien se niega corre el riesgo de ser excluido o de que se burlen de él.
- Un niño podría grabarse mientras imita una broma agresiva para compartirla con sus amigos, y exponerse tanto al riesgo físico como a las posibles reacciones negativas en internet, incluidas las burlas.
Cuando el valor personal se liga a los “me gusta”
- Algunos niños pueden participar en retos online con el objetivo de conseguir más visualizaciones y pueden empezar a vincular su autoestima a la aprobación que reciben en internet, y esto puede generar preocupación y tensión relacionadas con el rendimiento.
- La necesidad de ser vistos y valorados en internet puede llevar a buscar contenidos y retos cada vez más arriesgados, con la esperanza de conseguir más atención.
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Ver los vídeos juntos y comentarlos
Cuando sea posible, puedes probar a sentarte junto a tu hijo mientras ve sus vídeos favoritos y, sin juzgar ni prohibir, comentar juntos lo que veis: “¿Tú qué crees que podría pasar si alguien hiciera de verdad esta broma?”. Compartir ese momento puede convertir un consumo pasivo de contenidos en una oportunidad para reflexionar juntos sobre lo que aparece en la pantalla.
Establecer reglas claras y explicar el motivo
Puedes definir junto a tus hijos algunas reglas sobre el uso de los dispositivos digitales, como los horarios y el tiempo de uso. Lo más importante es que estas reglas estén motivadas y explicadas, no impuestas sin contexto: un niño que entiende el “porqué” de un límite tiende a respetarlo más que quien recibe una prohibición sin explicaciones.
Priorizar las preguntas antes que las prohibiciones
Ante un contenido que te preocupa, puedes probar a usar preguntas abiertas en lugar de prohibiciones tajantes, como por ejemplo: “¿Qué crees que pasaría en la vida real?” o “¿Te parece que esta persona podría hacerse daño?”. Este tipo de diálogo ayuda a los niños a desarrollar poco a poco la capacidad de valorar los riesgos por sí mismos.
Interesarse de forma genuina por su mundo digital
Preguntar a tus hijos quiénes son sus youtubers favoritos, qué vídeos les divierten y qué les parece interesante puede parecer un gesto sencillo, pero tiene un valor enorme: sentirse escuchados sin juicios hace que a un niño le resulte más fácil abrirse y contar también aquello que le cuesta.
Proponer actividades que respondan a las mismas necesidades
Muchos retos online resultan atractivos porque responden a necesidades reales, como la de sentir una emoción, el sentido de pertenencia y el reconocimiento. Puedes probar a ofrecer alternativas concretas que satisfagan esas mismas necesidades de forma más segura, como actividades deportivas, creativas o momentos con otros niños de su edad. No se trata de sustituir lo digital, sino de ampliar las posibilidades.
Evitar reaccionar impulsivamente desde el enfado
Si descubres que tu hijo ha imitado un reto peligroso, es natural sentir miedo o frustración, pero puede ser útil tomarse unos minutos antes de reaccionar: una respuesta dada en caliente corre el riesgo de cerrar el diálogo justo en el momento en que más se necesita, y esperar un poco puede ayudar a transformar la reacción en una conversación.
Valorar un proceso con un psicólogo
Si sientes que la situación te preocupa de forma significativa o que te cuesta encontrar la manera adecuada de gestionar estos aspectos del crecimiento de tus hijos, un proceso con un/a psicólogo/a puede ser un espacio valioso: puede ofrecer apoyo y orientación sin tener que esperar a que las dificultades se hagan muy grandes, en una responsabilidad para la que nadie recibe un manual de instrucciones.
Habla de cómo te sientes con un psicólogo online
Encuentra el profesional más adecuado para ti con nuestro cuestionario confidencial, nos ayudará a entender mejor tus necesidades.

Un camino que construir juntos
Estar presente importa más que hacerlo todo perfecto
Quiero estar ahí para él, aunque no tenga todas las respuestas.
Quizá pedir ayuda sea el primer paso acertado.
Lo que los niños viven y observan durante las etapas más importantes de su desarrollo contribuye a formar su manera de estar en el mundo. Los contenidos digitales con los que se encuentran hoy pueden influir en sus hábitos, sus actitudes y la forma en que valorarán los riesgos en el futuro.
Esto no significa que cada vídeo visto en internet vaya a dejar una huella indeleble, ni que sea posible o necesario controlarlo todo. Proteger no significa aislar, sino acompañar poco a poco en el desarrollo de herramientas para moverse en el mundo digital con mayor conciencia.
El papel de las personas adultas que acompañan a un niño no exige perfección, sino presencia. Cometer errores al intentar orientarse en un mundo que cambia deprisa es inevitable, pero lo que marca la diferencia son las ganas de seguir entendiendo, de hacer preguntas, de mantener el diálogo.
Fomentar la curiosidad y el pensamiento crítico suele ser más eficaz que recurrir únicamente a las prohibiciones. Un niño que aprende a preguntarse “¿por qué?” ante lo que ve desarrolla recursos que lo acompañarán también de adulto.
Si sientes que necesitas apoyo en este camino, un/a psicólogo/a puede ayudarte a encontrar tu propia manera de afrontar estos retos, respetando las necesidades de tu familia y los ritmos de crecimiento de tus hijos.
El siguiente paso, si te sientes preparado/a
La terapia psicológica no es solo para quienes atraviesan una crisis, es un espacio de escucha para cuidar de tu bienestar mental.
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FAQ
Preguntas frecuentes
¿Es normal preocuparse si mi hijo imita lo que ve online?
Sí, preocuparse es una reacción muy común y comprensible. La imitación es un mecanismo natural de aprendizaje en los niños: desde los primeros años de vida aprenden observando y repitiendo lo que ven. El problema surge cuando los modelos que imitan provienen de contenidos digitales que pueden esconder riesgos no evidentes para quien todavía está creciendo. Los niños aún no cuentan con las herramientas para valorar las consecuencias reales de lo que parece divertido o inofensivo en un vídeo. Si te has dado cuenta de que tu hijo reproduce retos o bromas pesadas que ha visto en internet, no significa que hayas actuado mal como madre o padre; significa que has detectado una situación sobre la que merece la pena intervenir. Esa conciencia ya es un primer paso importante para acompañarlo con mayor presencia en su relación con lo digital.
¿Por qué los niños se sienten tan atraídos por los retos y las bromas pesadas online?
Los retos y las bromas pesadas están diseñados para generar reacciones emocionales intensas, como risas, sorpresa y excitación, estímulos especialmente atractivos para un cerebro que todavía está en desarrollo. A esto se suma el deseo de sentirse parte de un grupo: participar en un reto popular puede convertirse en una forma de sentirse aceptado por los iguales, mientras que negarse puede vivirse como un riesgo de exclusión. Además, los niños tienden a encontrar en los creadores de contenido modelos que imitar, figuras que aparecen siempre divertidas, valientes y admiradas por miles de personas. Como el pensamiento crítico todavía está desarrollándose, dificulta distinguir entre lo que es seguro y lo que no lo es, y entre la ficción y la realidad.
¿Cómo puedo hablar con mi hijo de los riesgos online sin que se cierre en banda?
Para hablar con tu hijo de los riesgos online sin que se cierre, el enfoque más eficaz suele ser hacer preguntas abiertas en lugar de imponer prohibiciones. Ante un contenido que te preocupa, puedes probar a preguntar: “¿Qué crees que pasaría en la vida real?” o “¿Te parece que esta persona podría hacerse daño?”. Este tipo de diálogo ayuda a desarrollar poco a poco la capacidad de valorar los riesgos de forma autónoma. Otro paso importante es mostrar un interés sincero por su mundo online: pregúntale quiénes son los creadores que sigue, qué le divierte, qué le llama la atención. Sentirse escuchados sin sentirse juzgados hace que a un niño le resulte más fácil abrirse, también sobre aquello que le cuesta. Si descubres que ha imitado algo peligroso, intenta tomarte unos minutos antes de reaccionar: una respuesta dada en caliente corre el riesgo de cerrar el diálogo justo cuando más se necesita.
¿Debo prohibirle a mi hijo el uso de la tablet y el smartphone?
Prohibir por completo la tablet y el smartphone no suele ser necesario: proteger no significa aislar del mundo digital. En lugar de prohibirlo todo, puede ser más útil establecer reglas compartidas sobre el uso de los dispositivos, explicando siempre el motivo: un niño que entiende el “porqué” de un límite tiende a respetarlo más. Cuando sea posible, puedes sentarte junto a tu hijo mientras ve sus vídeos favoritos y transformar el visionado pasivo en un momento de diálogo y reflexión conjunta. Otra estrategia es proponer actividades alternativas que respondan a las mismas necesidades que satisfacen los retos, como la emoción, la pertenencia y el reconocimiento: deporte, actividades creativas o momentos con otros niños de su edad. El objetivo no es sustituir lo digital, sino ampliar las posibilidades y acompañar poco a poco el desarrollo de herramientas para moverse en internet con mayor conciencia.
¿Cuándo conviene acudir a un psicólogo o una psicóloga en estas situaciones?
No significa que hayas actuado mal como madre o padre; significa que has detectado una situación sobre la que merece la pena intervenir. Si sientes que la situación te preocupa de forma significativa, si te cuesta encontrar la manera adecuada de gestionar la relación de tus hijos con los contenidos digitales, o si notas que la imitación de retos online se repite a pesar de tus intentos de diálogo, un proceso con un psicólogo puede ser un espacio valioso. Puede ayudarte a identificar las estrategias más adecuadas para tu situación familiar, a sentirte acompañado en tu papel educativo y a comprender mejor las dinámicas que llevan a tu hijo hacia ciertos comportamientos. Ocuparse de un niño en un contexto digital en constante evolución es un reto nuevo, para el que nadie ha recibido instrucciones: pedir ayuda es un gesto de responsabilidad, no de debilidad.
Preguntas frecuentes sobre la terapia
¿Cuántos tipos de terapia hay en Unobravo?
Con Unobravo puedes realizar terapia psicológica individual o terapia de pareja, en función de tus necesidades. Por ejemplo, la terapia individual después de una infidelidad puede ser útil para mejorar la comunicación y afrontar los retos personales que influyen en las dinámicas relacionales. Tras una infidelidad, optar por la terapia individual o de pareja depende de las necesidad de cada uno.
¿Qué es y en qué consiste la terapia individual con Unobravo?
Un proceso de terapia individual puede ofrecer un espacio seguro para explorar tus emociones y comportamientos junto a un profesional de la salud mental.
Aunque no siempre sea fácil saber cómo encontrar apoyo y empezar un proceso terapéutico, con Unobravo no tendrás que preocuparte de cómo elegir un psicólogo. Solo necesitas rellenar el cuestionario y, en la primera cita gratuita, conocer al psicólogo que te haya sido asignado entre los psicólogos y psicólogas de Unobravo.
Si resulta ser el profesional adecuado para ti, emprenderéis juntos un proceso creado a medida para ti.
¿Por qué elegir la terapia online?
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¿Cuánto cuesta la terapia individual?
El precio del psicólogo presencial puede variar mucho, sin contar con el tiempo y el coste que supone desplazarse a la consulta del profesional.
Con Unobravo, cada sesión tiene un precio fijo y accesible de 45 € y también puedes hablar con tu psicólogo cuando estés de viaje, de vacaciones o en una pausa del trabajo, sin dedicar tiempo y dinero a desplazamientos.
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¿Cuánto dura un proceso de terapia individual?
La decisión de cuánto dura un proceso terapéutico la tomaréis entre tu psicólogo y tú: cada persona es única y también lo es el viaje hacia tu bienestar psicológico.
¿Cómo puedo saber si necesito hacer terapia?
Cada proceso terapéutico es único y la motivación o la necesidad de empezar a hacer terapia depende de cada uno. Es importante recordar que ir a terapia no solo ayuda a afrontar dificultades y a tratar trastornos, también es un apoyo para quienes desean emprender un proceso de crecimiento personal y proporciona herramientas y estrategias útiles para mejorar el bienestar cotidiano.
Es importante recordar que hacer terapia es una forma de autocuidado y no un signo de debilidad, así que no es necesario esperar a estar al límite para pedir ayuda.
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