Según el DSM-5, el trastorno por atracón (binge eating disorder en inglés) se caracteriza por episodios recurrentes de atracones, sin el uso regular de las conductas compensatorias inapropiadas características de la bulimia nerviosa. Llevar un diario emocional puede marcar la diferencia a la hora de afrontar este y otros trastornos de la conducta alimentaria, entre los que también se incluyen la anorexia nerviosa y la bulimia. Veamos cómo.
¿Qué son los atracones?
El síntoma central del trastorno por atracón son los atracones, es decir, la ingesta en un tiempo limitado de una cantidad de comida muy superior a la que la mayoría de las personas sin un trastorno alimentario comería en el mismo tiempo y en la misma situación. No se consideran atracones ni las ingestas excesivas durante una celebración ni el hecho de repetir de forma consciente de un plato que nos ha gustado.
Durante el atracón, que a menudo se produce en soledad, aparece una sensación de pérdida de control sobre la comida y un fuerte sentimiento de vergüenza por el comportamiento, hasta el punto de que poder llegar a hablar de adicción a la comida. A este acto le sigue una desagradable sensación de:
- plenitud gástrica,
- asco,
- tristeza,
- culpa.
Además, esta forma de alimentarse se vive con malestar y se produce, de media, al menos dos días a la semana durante seis meses.
Existen muchos estudios dedicados al riesgo y a la aparición del trastorno por atracón y, aunque no se han encontrado respuestas del todo concluyentes, podemos identificar algunos factores desencadenantes de tipo genético, neuroendocrino, ambiental y social. Las experiencias difíciles en la infancia, la presencia de trastornos depresivos en los padres, la tendencia a la obesidad y la exposición repetida a comentarios negativos sobre el cuerpo, el peso y la forma de alimentarse parecen desempeñar un papel central.
¿Qué significados esconde el atracón?
En las personas con trastorno por atracón, el atracón tiene un significado hedónico: satisface la necesidad de sentir placer. Durante un atracón se aprecian el olor, el sabor y la textura de la comida. Las emociones y la comida están estrechamente ligadas: de hecho, muchas personas recurren a alimentos diferentes en función de su estado emocional para llevar a cabo el atracón:
- alimentos de textura “consistente”, salados y grasos, cuando sienten ansiedad;
- alimentos “que se deshacen en la boca”, dulces y ricos en chocolate, cuando están tristes.
También la cantidad y la calidad de la comida ingerida parecen estar relacionadas con las emociones que siente la persona. Las mayores cantidades se suelen ingerir en respuesta a la ansiedad, mientras que el estado de ánimo depresivo llevaría a buscar alimentos concretos de los que bastan cantidades menores: la cantidad es ansiolítica; la calidad, consoladora.
Un estado de ánimo particular
Los atracones se caracterizan por un estado de ánimo peculiar. El malestar inicial deja paso, durante un breve periodo, a sensaciones gratificantes ligadas al sabor de la comida y a la sensación de plenitud, a las que siguen rápidamente el agotamiento, el malestar físico y un empeoramiento del estado de ánimo.
Las personas con trastorno por atracón parecen estar más centradas en los efectos inmediatos de sus acciones y en el bienestar que estos producen (reducción de la ansiedad y consuelo) que en las consecuencias a largo plazo (aumento de peso y patologías relacionadas con la obesidad). Por eso, no refieren un aumento inmediato de la ansiedad tras el atracón ligado al miedo a engordar.
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El diario emocional
Según la terapia cognitivo-conductual clásica, el sufrimiento de la persona viene determinado, más que por la situación real, por sus creencias y por las emociones que se derivan de ellas. A menudo la persona no es plenamente consciente de lo que le ocurre y se considera:
- glotona,
- perezosa,
- inconstante,
- sin fuerza de voluntad,
- a merced de un impulso que la lleva a darse atracones, sin motivaciones externas conscientes.
Encontrar una nueva conciencia
La clave para aprender nuevos comportamientos es la práctica. Esto vale para todos los tipos de aprendizaje, como tocar un instrumento musical, practicar deporte o aprender un idioma.
En este caso, para ayudar a la persona a hacer seguimiento de los cambios y a tomar conciencia de sus estados mentales, una herramienta útil es el diario emocional. Para usarlo solo es necesario anotar todos los episodios en los que hayamos sentido malestar, describiendo:
- qué ha pasado,
- qué pensamos,
- qué sentimos,
- qué hacemos en una situación determinada.
El objetivo es tomar conciencia de las situaciones cotidianas que nos generan malestar y de nuestra forma de afrontarlas.
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