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Vomiting: comer y vomitar entre el placer y la trampa

Vomiting: comer y vomitar entre el placer y la trampa
Redacción Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
13.2.2026
Vomiting: comer y vomitar entre el placer y la trampa
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El vomiting o vómito psicógeno es un trastorno alimentario poco conocido que a menudo se confunde con otros trastornos de la conducta alimentaria (TCA). En el contexto clínico, el vómito psicógeno se refiere a una condición en la que el vómito autoinducido se convierte en el propósito mismo de la conducta alimentaria, representando un momento de placer más allá de un modo de liberación de la culpa, como suele ocurrir en la bulimia nerviosa (DSM-5-TR).

Es importante reconocer las características específicas de este trastorno y su impacto psicológico y social. Los vómitos pueden tener consecuencias significativas en la salud física, psicológica y social de una persona, afectando negativamente a la autoestima, la regulación emocional, las relaciones interpersonales y la calidad de vida de las personas que los padecen.

Vómitos psicógenos y diagnóstico diferencial

A diferencia de la bulimia nerviosa, en la que el vómito es una respuesta a episodios de atracones para controlar el peso, en el vómito psicógeno el vómito autoinducido se busca por el placer que se deriva de él, lo cual lo convierte en una conducta central y ritualizada. Esta distinción es crucial para un correcto diagnóstico diferencial de otros TCAs como la anorexia nerviosa, donde el foco está en el control del peso y la restricción alimentaria. 

Los vómitos psicógenos pueden aparecer en personas que ya han padecido otros trastornos de la conducta alimentaria, evolucionando hacia una forma en la que se busca el vómito por razones distintas al simple control del peso.

Cuando las náuseas y los vómitos se prolongan en el tiempo, es importante descartar la presencia de enfermedades gastrointestinales, infecciosas, metabólicas, neurológicas, psiquiátricas o afecciones relacionadas con la ingesta de fármacos o la exposición a toxinas (Johns y Lawrence, 2024).

Debido a esta complejidad, el diagnóstico diferencial es crucial. En ocasiones, los vómitos se confunden erróneamente con otras afecciones, como la emetofobia (miedo intenso y persistente a vomitar) o los denominados vómitos por estrés, en los que el episodio emético representa una respuesta fisiológica a estados de estrés emocional grave, y no una conducta voluntaria o buscada intencionadamente.

Olly - Pexels

Comer y vomitar: ritual, placer, adicción y falsos mitos

El vomiting, como otros trastornos de la alimentación, se basa en una ritualidad compleja. La secuencia de atracones y vómitos puede convertirse en un guión tranquilizador, un "refugio seguro" en el que refugiarse cuando todo parece fuera de control. 

En algunos casos, la ritualidad adquiere los contornos de un verdadero placer: la liberación de la comida, la percepción de ligereza corporal y la sensación de omnipotencia que se deriva de poder "borrar" lo ingerido, al generar una ilusión de control, pueden funcionar como reforzadores negativos y positivos, y mantener el comportamiento en el tiempo. Sin embargo, este placer es efímero y a menudo deja lugar a sentimientos de culpa, vergüenza y desesperación.

El vómito puede adquirir características propias de una adicción conductual: la persona es consciente de las consecuencias negativas, pero no puede parar. Puede incluso pasarse horas en Internet buscando técnicas para vomitar de manera más eficaz o menos dolorosa. 

En este contexto, es crucial disipar algunos falsos mitos muy peligrosos: por ejemplo, que vomitar es un método eficaz para perder peso, que es una forma "controlada" de manejar la comida o que el cuerpo puede tolerar esta tensión sin consecuencias. En realidad, vomitar no es una solución, sino un problema que puede conducir a una creciente pérdida de control. No es una elección, sino una trampa que puede cerrarse gradualmente.

Síntomas y signos clínicos del vomiting

Los vómitos psicógenos se manifiestan a través de una serie de síntomas y signos clínicos que pueden afectar significativamente a la vida cotidiana, escolar y laboral. Los signos clínicos más frecuentes son:

  • episodios recurrentes de náuseas y vómitos en ausencia de una causa orgánica evidente;
  • asociación temporal con estados de ansiedad, estrés o tensión emocional intensa;
  • sensación de pérdida de control vinculada a la activación emocional más que a la conducta alimentaria;
  • evitación de situaciones percibidas como estresantes (por ejemplo, escuela, trabajo, contextos sociales);
  • retraimiento social y reducción progresiva de las actividades cotidianas;
  • síntomas físicos secundarios, como dolor de garganta, irritación esofágica, erosión dental o inflamación de las glándulas salivales.

Impacto de los vómitos en la vida cotidiana

Cuando las náuseas y los vómitos se cronifican, se asocian a una elevada morbilidad y a una marcada reducción de la calidad de vida, lo que hace necesario un enfoque diagnóstico y terapéutico estructurado (June Tome et al., 2022). También puede tener un gran impacto en el funcionamiento escolar y laboral, y provocar:

  • ausencias frecuentes;
  • disminución del rendimiento;
  • dificultad para concentrarse;
  • aumento del aislamiento y de la vergüenza, que contribuyen al mantenimiento del problema.

El papel de la ansiedad, el perfeccionismo y la necesidad de control

Las personas que padecen vómitos suelen presentar un perfil psicológico complejo, en el que la ansiedad, el perfeccionismo y la necesidad de control desempeñan un papel central. 

En muchos casos, el acto de inducir el vómito se convierte inicialmente en una estrategia para gestionarla ansiedad relacionada con la comida y el control del peso, ofreciendo una aparente sensación de poder sobre las propias emociones y el propio cuerpo. Sin embargo, este mecanismo pronto resulta engañoso: el síntoma escapa al control, convirtiéndose en una prisión de rituales y obsesiones.

Los vómitos psicógenos representan un reto complejo tanto para quienes los padecen como para los profesionales de la salud mental. La principal dificultad radica en la propia naturaleza del trastorno: quienes lo padecen no suelen reconocer inmediatamente la gravedad de su comportamiento, minimizando el impacto que comer y vomitar puede tener en su salud física y psicológica.

La falta de concienciación y la vergüenza también pueden dificultar el acceso a un apoyo adecuado. Pero reconocer el problema es el primer paso hacia la recuperación.

Estrategias prácticas para afrontar las náuseas, las arcadas y la urgencia

Afrontar las náuseas y la sensación de urgencia en los vómitos psicógenos puede ser muy complejo y, a veces, profundamente desmoralizador. Es comprensible sentirse desanimado cuando el cuerpo parece "descontrolarse", pero existen algunas estrategias prácticas que pueden ayudarte a controlar estos síntomas a diario. 

Recuerda que estas sugerencias no sustituyen a una terapia con un profesional de la salud mental, que puede ofrecerte un apoyo más profundo y personalizado.

  • Técnicas de respiración: la respiración diafragmática o la técnica 4-7-8 pueden ayudar a calmar el sistema nervioso y reducir la intensidad de las náuseas, sobre todo si se practican con regularidad.
  • Distracción: implicarse en actividades placenteras, como leer, escuchar música, dibujar o ver una película, puede ayudar a desviar la atención de los síntomas físicos y reducir el círculo vicioso ansiedad-náuseas.
  • Cambios en el estilo de vida y la dieta: además de evitar los alimentos demasiado ricos o irritantes y preferir comidas ligeras y frecuentes, puede ser útil reponer líquidos y electrolitos con regularidad y limitar, en la medida de lo posible, los alimentos que pueden desencadenar o empeorar los síntomas (Johns y Lawrence, 2024). Llevar un pequeño diario de alimentos puede ayudar a identificar más fácilmente los desencadenantes personales.
  • Atención plena: prácticas como la meditación, el escaneo corporal o los ejercicios de conciencia de respiración corta pueden ayudarle a entrar en contacto con tus sensaciones corporales de una forma más suave y sin prejuicios, reduciendo la ansiedad relacionada con los síntomas y el miedo a que puedan "apoderarse de usted".
  • Apoyo social: compartir lo que estás experimentando con personas de confianza, como amigos, familiares o grupos de apoyo, puede aligerar la carga emocional, hacer que te sientas menos solo y normalizar tu experiencia.

Controlar las náuseas requiere paciencia, perseverancia y mucha comprensión de uno mismo. Si notas que tus síntomas persisten, empeoran o empiezan a limitar significativamente tu vida diaria, es fundamental que busques ayuda de un profesional, que podrá valorar contigo el curso de acción más adecuado.

Producción de Shvet - Pxexels

Cómo hablar de los vómitos recurrentes con la pareja, amigos y familiares

Afrontar los vómitos con las personas que te rodean puede parecer difícil. El miedo a ser juzgado o a no ser comprendido puede bloquear el diálogo, pero el apoyo familiar y social es crucial en el camino hacia el cambio. 

Elige un momento tranquilo y un lugar seguro. Utiliza palabras sencillas : "Me enfrento a un trastorno que me hace recurrir al vómito para gestionar el estrés y las emociones. No es una cuestión de voluntad, sino un mecanismo complejo que me hace sufrir”. Dejar claro que se trata de un trastorno y no de una debilidad puede ayudar a tus seres queridos a comprender mejor la situación. Su apoyo, hecho de escucha y presencia, puede marcar la diferencia.

Psicoterapia estratégica a corto plazo y otros enfoques

Elegir un itinerario psicoterapéutico para los vómitos puede parecer una tarea compleja, pero es el primer paso hacia el cambio. 

La psicoterapia breve estratégica, en particular, se centra en los mecanismos que mantienen el síntoma, ayudando a romper el círculo vicioso mediante estrategias específicas y concretas. El objetivo no es solo reducir los episodios de vómitos, sino modificar profundamente la relación con la comida y reforzar los recursos personales. 

También existen otros enfoques eficaces, como la psicoterapia cognitivo-conductual o el enfoque integrado, que combina distintas técnicas terapéuticas. En algunos casos, puede ser útil el trabajo en equipo con un nutricionista y un médico, para abordar el trastorno de forma integral. El tratamiento es siempre personalizado y adaptado a sus necesidades. 

No hay una solución única para todos, sino un camino compartido que tiene en cuenta tu historia, tus recursos y tus objetivos.

Buscar ayuda e iniciar un tratamiento

Pedir ayuda para los vómitos psicógenos es un acto de valentía. Puede ser útil hacerlo cuando los episodios se repiten y parecen incontrolables, cuando los pensamientos sobre la comida y los vómitos ocupan gran parte de tu día y cuando sientes que tu calidad de vida se resiente. 

Si sientes que necesitas ayuda, recuerda que no tienes por qué afrontarlo en soledad. En Unobravo, puedes encontrar psicólogos y psicólogas preparados para acompañarte en tu proceso terapéutico. Puedes dar el primer paso rellenando el cuestionario para encontrar tu psicólogo online.

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