Menopausia, cambios de humor y relación con el peso: ¿cómo procesar los cambios físicos y emocionales?

Me peso y a partir de ahí sé qué humor voy a tener todo el día.
Mi cuerpo cambia y no consigo seguirle el ritmo.

Te pesas por la mañana, miras el número y en un instante el humor del día parece ya decidido. Notas que la ropa aprieta un poco más, aunque tus hábitos no han cambiado, y te cuesta explicártelo.

La menopausia puede traer consigo cambios físicos y emocionales que se entrelazan, y a veces resulta difícil entender qué depende del cuerpo y qué de la mente.

En esta etapa, el peso corporal puede oscilar de un modo que parece desconectado de lo que comes o del movimiento que haces. Para quien ha aprendido a usar la báscula como medida diaria de autojuicio, esta imprevisibilidad puede generar una fuerte sensación de pérdida de control, que va mucho más allá del dato numérico.

Reconocer que se trata de cambios fisiológicos, y no de un fallo personal, puede ser un primer paso importante hacia una relación más serena con tu cuerpo.

Las raíces del cambio

Qué ocurre realmente durante la menopausia

Ya no sé si es el cuerpo o la cabeza lo que me hace sentir así.
Como para calmarme y luego me siento culpable.

Cuando nos sentimos a merced de emociones y sensaciones tan intensas, puede resultar difícil orientarnos por nuestra cuenta. En muchos casos, comprender el vínculo entre humor, comida e imagen corporal puede resultar más sencillo con la ayuda de un psicólogo o una psicóloga, que puede ofrecerte herramientas para cuidar tu bienestar en esta etapa de transición.

Mientras tanto, exploremos juntos algunas posibles razones que están detrás de estos cambios físicos y emocionales.

El papel de las hormonas en el humor

  • La disminución de estrógenos y progesterona puede alterar los niveles de serotonina, dopamina y endorfinas, los mensajeros que regulan el tono del humor, el apetito y la sensación de bienestar.
  • Los trastornos del sueño, los sofocos y el cansancio suelen amplificar la irritabilidad y la vulnerabilidad emocional, dando lugar a un círculo difícil de interrumpir.

El metabolismo y la relación con la comida

  • La reducción hormonal puede ralentizar el metabolismo y favorecer una acumulación de grasa diferente, independientemente de la cantidad de comida ingerida o del movimiento realizado.
  • El aumento del cortisol, junto con la disminución de estrógenos, favorece la búsqueda de alimentos dulces o ricos en carbohidratos con más frecuencia, lo que a menudo se llama hambre nerviosa.

Cuando resurgen viejas inseguridades

  • La percepción de un cuerpo que cambia de forma puede reactivar inseguridades relacionadas con la imagen de uno mismo, presentes quizá desde hace tiempo.
  • El número en la báscula puede convertirse en el centro de una reactividad emocional intensa, que influye en cómo nos miramos y nos juzgamos.
Perspectiva clínica
Los momentos difíciles parecen absorber toda nuestra energía, pero los retos y los problemas no definen nuestro valor personal. Darte tiempo para conocer mejor tus recursos, sin buscar una solución inmediata, y pedir ayuda a un profesional cuando lo necesites son los primeros pasos hacia un cambio positivo.
Momentos de la vida cotidiana

Situaciones en las que podrías reconocerte

Basta un vestido que aprieta para que se me arruine el día.
Evito las cenas fuera porque ya no me gusto.

A veces es en los pequeños gestos de cada día donde estas vivencias se hacen más evidentes. Aquí tienes algunas situaciones concretas en las que podrías reconocerte.

La báscula y el humor de la mañana

  • Sentirte desanimada justo al despertar después de pesarte, aunque el día anterior hayas comido equilibradamente y te hayas movido.
  • Sentir frustración al notar que una alimentación que antes te ayudaba ahora parece no dar los mismos resultados.

La comida como consuelo

  • Después de una noche agitada por un sofoco, sentirte más cansada y buscar algo dulce para animarte.
  • Notar que en los momentos de tensión o soledad te ocurre con más frecuencia comer para calmar una emoción, más que por hambre real.

La relación con la imagen de uno mismo

  • Notar que la ropa aprieta en la cintura, sin haber cambiado tus hábitos, y vivirlo como una dificultad que pesa sobre el humor.
  • Renunciar a una salida o a un momento social por el malestar relacionado con cómo te ves, incluso cuando el cambio es mínimo.
Un momento para parar
¿Te reconoces en alguna de estas situaciones?

¿A veces tu relación con la comida y con tu cuerpo te pesa?

El vínculo entre las emociones, la comida y la imagen que tenemos de nosotros mismos es profundo y más común de lo que parece. Estos artículos pueden ayudarte a entender mejor cómo estos aspectos suelen estar entrelazados.

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Si tu relación con la comida te hace sufrir, pedir ayuda puede marcar la diferencia

Cuando los pensamientos sobre la comida y el cuerpo ocupan mucho espacio, hablar con un psicólogo puede ayudarte a darles un sentido. Descubre cómo funciona la terapia, explicada sin juicios.

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Si tu relación con la comida condiciona tus días, hablemos del tema

Cuando la relación con la comida y el cuerpo afecta a tu bienestar, un psicólogo puede acompañarte. Encuentra el psicólogo adecuado para ti: solo necesitas unos minutos.

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Estrategias prácticas

Cómo recuperar un equilibrio más sereno

He empezado a preguntarme qué siento antes de abrir la nevera.
Hablarlo me quitó un peso que llevaba sola.
1

Desplazar la atención del número

Prueba a observar indicadores de bienestar más amplios que la báscula, como los niveles de energía, la calidad del sueño o cómo te sientes después de caminar. Son señales que hablan de ti mucho más que un número.

2

Cuidar la alimentación con amabilidad

Prioriza, en la medida de lo posible, una alimentación variada y equilibrada, sin convertirla en otro terreno de control o autojuicio. El objetivo puede ser nutrirte, no aprobar un examen cada día.

3

Detenerte antes de responder al hambre emocional

Cuando sientas el impulso de comer en un momento de tensión, prueba a esperar unos minutos y preguntarte qué estás sintiendo. El hambre nerviosa puede ser a menudo una petición de consuelo: darle tiempo a esa sensación puede ayudarte a entender qué necesitas realmente.

4

Reservar un tiempo para el movimiento

Una actividad física regular, aunque sea ligera, puede sostener el humor a través de la liberación de endorfinas y ayudarte a sentirte más en sintonía con tu cuerpo. No hace falta un objetivo de rendimiento: puede bastar con algo que te haga sentir bien.

5

Poner nombre a las emociones

Anotar cómo te sientes, quizá con un pequeño diario, puede ayudarte a reconocer cuándo la comida se convierte en una forma de gestionar una emoción. Poner en palabras lo que sientes ya es una forma de cuidarte.

6

Valorar un proceso de acompañamiento

Un proceso de psicoterapia puede representar un espacio valioso para aflojar el vínculo entre el humor y la báscula, y para reconstruir una relación más serena con el cuerpo y con la comida. No es necesario esperar a que la situación se vuelva muy difícil para acudir a un psicólogo o una psicóloga: es un espacio en el que sentirte comprendida y acompañada en una etapa de cambio.

7

Acudir también a otros profesionales

Cuando los síntomas físicos se vuelven muy intensos, puede ser útil hablarlo con tu ginecólogo o ginecóloga, o con un endocrinólogo o una endocrinóloga, para valorar juntos procesos personalizados adecuados para ti.

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Hacia más serenidad

Una nueva forma de estar en tu cuerpo

Estoy aprendiendo a mirarme con ojos más amables.
No es culpa mía: mi cuerpo solo está cambiando.

Los cambios de peso y de humor que pueden acompañar a la menopausia tienen raíces biológicas concretas: no son la señal de una falta de fuerza de voluntad.

Desligar tu valor personal del número en la báscula es un proceso posible, aunque requiere tiempo y delicadeza contigo misma.

Esta etapa puede convertirse también en una ocasión para redefinir tu relación con el cuerpo, basándola más en la escucha y en el cuidado que en el control. Reconocer y nombrar las emociones ligadas a este cambio puede ayudarte a atravesarlo con más ligereza.

Si sientes que el vínculo entre el humor, la comida y tu imagen está pesando en tus días, el acompañamiento de un psicólogo o una psicóloga puede marcar la diferencia. No estás sola en esto, y pedir ayuda es ya un gesto de cuidado hacia ti misma.

El siguiente paso, si te sientes preparado/a

La terapia psicológica no es solo para quienes atraviesan una crisis, es un espacio de escucha para cuidar de tu bienestar mental.

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FAQ

Preguntas frecuentes

En esta etapa el peso corporal puede oscilar de un modo que parece desconectado de lo que comes o del movimiento que haces. La reducción hormonal puede ralentizar el metabolismo y favorecer una acumulación de grasa diferente, independientemente de la cantidad de comida ingerida o del movimiento realizado. Reconocer que se trata de cambios fisiológicos, y no de un fallo personal, puede ser un primer paso importante hacia una relación más serena con tu cuerpo.

La disminución de estrógenos y progesterona puede alterar los niveles de serotonina, dopamina y endorfinas, los mensajeros que regulan el tono del humor, el apetito y la sensación de bienestar. Los trastornos del sueño, los sofocos y el cansancio pueden amplificar la irritabilidad y la vulnerabilidad emocional, dando lugar a un círculo difícil de interrumpir.

El aumento del cortisol, junto con la disminución de estrógenos, puede llevar a buscar con más frecuencia alimentos dulces o ricos en carbohidratos, lo que a menudo se llama hambre nerviosa. En los momentos de tensión o soledad es más frecuente comer para calmar una emoción, más que por hambre real. El hambre nerviosa puede ser a menudo una petición de consuelo: darle tiempo a esa sensación puede ayudar a entender qué se necesita realmente.

La percepción de un cuerpo que cambia de forma puede reactivar inseguridades relacionadas con la imagen de uno mismo, presentes quizá desde hace tiempo. El número en la báscula puede convertirse en el centro de una reactividad emocional intensa, que influye en cómo nos miramos y nos juzgamos, llegando incluso a hacer renunciar a una salida o a un momento social por el malestar relacionado con cómo nos vemos, incluso cuando el cambio es mínimo.

Se puede intentar observar indicadores de bienestar más amplios que la báscula, como los niveles de energía, la calidad del sueño o cómo nos sentimos después de caminar. Es útil priorizar una alimentación variada y equilibrada, sin convertirla en otro terreno de control o autojuicio, y reservar un tiempo para el movimiento, aunque sea ligero, que puede sostener el humor. Anotar cómo nos sentimos, quizá con un pequeño diario, puede ayudar a reconocer cuándo la comida se convierte en una forma de gestionar una emoción.

No es necesario esperar a que la situación se vuelva muy difícil para acudir a un psicólogo o una psicóloga: es un espacio en el que sentirse comprendidos y acompañados en una etapa de cambio. Un proceso de psicoterapia puede representar un espacio valioso para aflojar el vínculo entre el humor y la báscula, y para reconstruir una relación más serena con el cuerpo y con la comida. Cuando los síntomas físicos se vuelven muy intensos, puede ser útil hablarlo también con el propio ginecólogo o ginecóloga, o con un endocrinólogo o endocrinóloga, para valorar juntos procesos personalizados.

Preguntas frecuentes sobre la terapia

Con Unobravo puedes realizar terapia psicológica individual o terapia de pareja, en función de tus necesidades. Por ejemplo, la terapia individual después de una infidelidad puede ser útil para mejorar la comunicación y afrontar los retos personales que influyen en las dinámicas relacionales. Tras una infidelidad, optar por la terapia individual o de pareja depende de las necesidad de cada uno.

Un proceso de terapia individual puede ofrecer un espacio seguro para explorar tus emociones y comportamientos junto a un profesional de la salud mental.

Aunque no siempre sea fácil saber cómo encontrar apoyo y empezar un proceso terapéutico, con Unobravo no tendrás que preocuparte de cómo elegir un psicólogo. Solo necesitas rellenar el cuestionario y, en la primera cita gratuita, conocer al psicólogo que te haya sido asignado entre los psicólogos y psicólogas de Unobravo.

Si resulta ser el profesional adecuado para ti, emprenderéis juntos un proceso creado a medida para ti.

Con un psicólogo online de Unobravo puedes cuidar de ti estés donde estés. Podrás usar la App o la Web App para concertar tus citas, realizar las sesiones, chatear con tu psicólogo y realizar pagos seguros.

Todo cómodamente online, usando cualquier dispositivo y conectándote donde y cuando quieras.

El precio del psicólogo presencial puede variar mucho, sin contar con el tiempo y el coste que supone desplazarse a la consulta del profesional.

Con Unobravo, cada sesión tiene un precio fijo y accesible de 45 € y también puedes hablar con tu psicólogo cuando estés de viaje, de vacaciones o en una pausa del trabajo, sin dedicar tiempo y dinero a desplazamientos.

Para conectar con tu bienestar psicológico, solo necesitas un click.

La decisión de cuánto dura un proceso terapéutico la tomaréis entre tu psicólogo y tú: cada persona es única y también lo es el viaje hacia tu bienestar psicológico.

Cada proceso terapéutico es único y la motivación o la necesidad de empezar a hacer terapia depende de cada uno. Es importante recordar que ir a terapia no solo ayuda a afrontar dificultades y a tratar trastornos, también es un apoyo para quienes desean emprender un proceso de crecimiento personal y proporciona herramientas y estrategias útiles para mejorar el bienestar cotidiano.

Es importante recordar que hacer terapia es una forma de autocuidado y no un signo de debilidad, así que no es necesario esperar a estar al límite para pedir ayuda.

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